Candela Vizcaíno

Candela Vizcaíno

 

Exceptuando la Edad Media, quizás no haya habido otro periodo histórico en el que las distintas manifestaciones sociales, políticas o artísticas estén tan imbricadas como lo fue el siglo XVIII, el llamado Siglo de las Luces. La cultura del Neoclasicismo responde, por un lado, a una confrontación total de las formas de vida inmediatamente anteriores y,  a la par, se intenta instaurar (en todos los ámbitos) un orden nuevo basado en la razón, el cientificismo, el empirismo y la sobriedad. Se generan nuevos ámbitos de discusión fomentándose el parlamentarismo contra la monarquía absoluta aliada con la iglesia. Por primera vez en la historia se produce un intento por reformar la educación a todos los niveles para adaptarla a las necesidades sociales. Al cambio no es ajena ninguna esfera vital. Así, se pretende que el arte (en todas sus manifestaciones) tenga un objetivo moral y didáctico. En definitiva, durante todo el siglo XVIII, primero en Europa y luego en América, se intenta trastocar la realidad para dotarla de significados nuevos. Lo antiguo no sirve, aunque se mira a la cultura clásica, la de Roma y Grecia. Lo vemos más detalladamente.

La importancia de los movimientos políticos a la hora de entender la cultura del Neoclasicismo  

El Neoclasicismo da comienzo en Francia e Inglaterra a inicios del siglo XVIII y pronto se extiende por toda Europa enarbolando la bandera de un orden nuevo. No tardaría mucho en llegar a Sudamérica primero y América del Norte después que comienzan sus procesos de independencia de las metrópolis. Las manifestaciones artísticas que se sustentan en estas nuevas formas de vida llega, en el caso de Estados Unidos, a extenderse durante buena parte del siglo XIX a través de los modelos propuestos por la arquitectura del Neoclasicismo. Pero, ¿qué ocurrió para que en toda la civilización occidental se diera un cambio radical en los órdenes establecidos? 

Resumiendo y reduciendo mucho, hay que anotar que los siglos anteriores habían estado protagonizados por el poder de monarquías absolutas nacionales que se habían ido apartando progresivamente de las necesidades del pueblo. Atrincheradas en suntuosos palacios y parapetadas bajo la influencia de la iglesia cuyo centro ya se encontraba en el Vaticano, la decadencia no tardaría en llegar. Esta se hace en forma de crisis económica, de apalancamiento en los sistemas educativos que no dan respuesta a la sociedad, en un arte, el estilo barroco, recargado y excesivo en extremo. Mientras el pueblo malvivía a duras penas en ciudades insalubres o soportando sucesivas malas cosechas, la riqueza se derrochaba por parte de una élite aristocrática que hacía de la fiesta y el lujo su razón de vida. Del sentir de la época tenemos conocimiento por la literatura barroca, la cual se hace eco de un ambiente social caracterizado por el pesimismo extremo y por el conformismo más absoluto. Únicamente el teatro (patrocinado por estos grandes señores) sirve de evasión con sus historias inverosímiles de enredo y malentendidos. 

Paralelamente, un sector de la intelectualidad, los llamados ilustrados, ve la necesidad de volver a la sobriedad,  de modificar las enseñanzas a todos los niveles para formar a la población en las nuevas necesidades de la industria y la manufactura. A la par, se intenta poner freno (en el ámbito de las ideas) a los desmanes monárquicos instaurando una suerte de parlamentarismo. La bandera de la libertad y de la igualdad se estaba diseñando y todo estallará por los aires con la Revolución Francesa, en 1789. La semilla estaba sembrada con anterioridad y se regaba con todas las manifestaciones de la cultura del Neoclasicismo.  Paralelamente, en América se inician guerras independentistas que desembocarán en nuevos estados soberanos, todos ellos imbuidos del espíritu republicano.  

La  cultura del Neoclasicismo eleva la razón al nivel de deidad casi  

Y así seguirá hasta bien entrado el siglo XIX. Cada país consigue este objetivo con desigual fortuna. Mientras en Francia desemboca en los lemas revolucionarios de “libertad, igualdad y fraternidad”, el Neoclasicismo español vive una lucha constante entre las fuerzas tradicionales (sustentadas en la monarquía y la iglesia) frente a los liberales. La Constitución de Cádiz de 1812 representa ese intento fallido por instaurar otras formas de vida centradas en la educación, la formación y combativa con la superstición y la desigualdad social.  Había que hacer tabla rasa y acabar con las prebendas eclesiásticas y aristocráticas. Estas ideas políticas se fraguaron entre tertulias,  bibliotecas de casinos y el nacimiento del periodismo. 

Cada nación, reitero, cumplió el objetivo con desigual fortuna. Mientras en Inglaterra se desarrolla el parlamentarismo y se crea un sistema educativo bastante universal, Francia camina hacia un estado laico y en España se da una involución con el reinado de Fernando VII que abre las puertas a guerras fratricidas que durarán por siglos incluso. A pesar de ello, la cultura del Neoclasicismo comienza a germinar en el urbanismo. En este sentido, se reforman las ciudades para hacerlas más saludables, se fomentan las academias y se organiza (aunque con éxito desigual) la alfabetización básica. El único país que llevó con extremado éxito la cultura del Neoclasicismo no solo a las artes sino a la política y a la sociedad éste fue Estados Unidos, a pesar de sus historias sangrientas posteriores.  

La cultura del Neoclasicismo no se entiende sin las excavaciones de Pompeya y Herculano  

Ni tampoco sin el Grand Tour. Vamos por partes. Si bien la literatura renacentista ya había recuperado los textos de la literatura griega y latina que habían pervivido a través de los libros medievales, ahora le toca el turno a las excavaciones arqueológicas. Se hacen prospecciones en Pompeya y Herculano, ambas detenidas en el tiempo por la erupción del Vesubio. Salen a la luz frescos, sobrios ejemplos de escultura romana (copiadas de los originales griegos), mosaicos e, incluso muebles, enseres y objetos de uso personal. Con ellos continúa el conocimiento de una sociedad pagana, de dioses que se mezclan con los humanos en sus sentimientos y pasiones. Y también (aunque con sus matices) un orden político basado en los valores republicanos. Todo esto alimenta los deseos de cambios en la esfera del poder.  

Además, todo este re-descubrimiento (iniciado en el Renacimiento recordemos) de la antigüedad pagana se alimenta con el Grand Tour. Era este un viaje casi iniciático por parte de la élite europea hacia tierras italianas. A veces, el periplo terminaba en Roma o Nápoles pero otros tenían la fortuna de poder continuar hacia Estambul e, incluso, hacia Egipto. El viaje era complicado y se necesitaba de bastante intendencia habida cuentas de que los caminos eran elementales y no existía apenas estructura hotelera. Sin embargo, la aventura compensaba con creces las incomodidades y el Grand Tour se siguió manteniendo durante buena parte del siglo XIX. Estos viajeros, cultos, formados y ricos volvían a sus países de origen con los ojos llenos de otra forma de vida. Y a través de diarios, dibujos y libros pusieron en valor una utópica forma de vida pasada.  

Los valores de la cultura neoclásica 

El racionalismo, el inicio de un proceso de fraternidad, el mirar hacia las necesidades de los pobres, la organización de un urbanismo mínimamente saludable impactaron positivamente en todos los estratos de la sociedad. Así, por nombrar únicamente un extremo, una de las características de la arquitectura neoclásica pone el foco en nuevos espacios ajenos a los palacios y las iglesias. Se crean academias, bulevares soleados, avenidas arboladas, parques procedentes de antiguos cotos de cazas aristocráticos o flamantes museos con las colecciones reales. Aunque el acceso público se hace con matices, ya es un paso hacia una universalización de la cultura que no llegará en Occidente hasta bien entrado el siglo XX. No obstante, no podemos olvidar que las bases se pusieron con los ilustrados del siglo XVIII. 

Todo esto desemboca en un bagaje artístico alejado de los siglos anteriores en los que se busca la sobriedad, la sencillez, la elegancia y la serenidad. Por primera vez se habla de buen gusto, el que se contrapone a los excesos del arte barroco e instala unas reglas de obligado cumplimiento en todos los géneros. Una de las bases del nuevo arte es la que promueve el orden y la mesura. Si bien la literatua se encuentra con algunos escollos, ya que este tipo de virtudes casan regular con la creación en el campo de las letras. Quizás por eso se imponen los ensayos y los relatos en prosa satírica que ironizan contra el régimen social establecido. Mientras tanto, la escultura neoclásica compite con el afán constructivo que llena las ciudades de Europa y América de edificios civiles, grandes museos, academias, centros administrativos o políticos. No podemos olvidar que todas las artes buscan la sobriedad, la limpieza, la contención, la elegancia, el buen gusto mientras se alejan de rebuscamientos pasionales y excesivos.  

Esta cultura del Neoclasicismo basada en la mesura e inspirada en el mundo pagano de las civilizaciones clásicas quiso, a la par, acabar con la desigualdad extrema promoviendo la educación básica y la formación en oficios. Otra cosa es que lo consiguiera, pero sí ere el eje del ideario de los intelectuales que se propusieron un cambio radical en lo concerniente a lo artístico, social y político. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

A Olite hay que ir en Julio y, a ser posible, durante la segunda quincena del mes. A lo largo de esas dos semanas, esta bella ciudad de Navarra, en otro tiempo capital del reino, vibra con su Festival de Teatro Clásico. Este se celebra en un emplazamiento inmejorable: en uno de los patios del Palacio Real. Pero, vayamos por partes que se ha dado mucha información en muy poco espacio y mucho que ver en Olite.

Los inicios históricos de Olite, la real 

Olite está en la zona media de Navarra, al Sur de Pamplona y a unos cuantos kilómetros de la capital. Aunque sus orígenes se remontan al siglo VII con una vaga referencia a una villa de raigambre goda, el esplendor de esta hermosa localidad comienza en el siglo XV, cuando Carlos III de Navarra (conocido como El Noble) y su esposa Leonor de Trastámara mudan la corte desde Estella (cuya palacio ha sido reconvertido en un museo dedicado al pintor local Gustavo de Maeztu) a Olite. Allí se hacen construir un magnífico castillo al estilo de los que se levantaban en Francia e instalan la corte. 

 Que ver en Olite 2

Castillo e Iglesia de Santa María, lo primero que tienes que ver en Olite

Anque no se conserva ni un solo mueble ni objeto decorativo original, disfruta de unas vistas inmejorables y la construcción en sí (sobre todo el jardín interior de la reina) es de una serena belleza. Visita obligada merece el patio dominado por una vieja morera. El Castillo de Olite fue construido con anterioridad a los impresionantes palacios del Valle del Loira aunque no tiene nada que ver con Chambord o Cheverny, ya que este es muchísimo más modesto. Aún  así tiene cierto parecido, aunque es menor en tamaño y más discreto en lujo y comodidades, con el de Amboise. Recuerdo que aquí está enterrado uno de los principales artistas del Renacimiento italiano: Leonardo da Vinci.  

El viajero no tendrá que andar mucho para disfrutar de la zona monumental de Olite, ya que lo más interesante está literalmente uno al lado del otro. Y cuando digo literalmente es que es literalmente. El palacio (centro neurálgico señalado desde la entrada de la localidad) está prácticamente adosado a la iglesia de arquitectura gótica de Santa María la Real, rodeada por un extraño pórtico con delicadas arcadas y junto al templo, se encuentra el Parador de Turismo (no recomendable para viajeros exigentes, ya que exhala un aire triste y rancio). Y junto al Parador, se encuentra el Centro de Atención al visitante con una exposición sobre los vinos de Navarra.

El Festival del Teatro Clásico de Olite 

Los aficionados al teatro clásico tienen una cita con este festival que se viene celebrando desde hace un par de décadas. Durante dos semanas, se representan obras del repertorio de los mejores autores españoles del Barroco con una puesta en escena única: el Castillo de Olite. La página web del lugar, publicita, con bastante anterioridad, los títulos en escena y permite comprar las entradas online, algo necesario en esta época tecnológica. Las obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca y de los dramaturgos del Siglo de Oro siempre se encuentran en cartel. 

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Museo del Teatro Clásico, otro punto que tienes que ver en Olite

Si no te es posible asistir a este evento cultural, en la plaza central, allí donde se concentran las tascas, restaurantes y las oficinas del Ayuntamiento, un sótano perfectamente acondicionado mantiene una exposición permanente con dos temáticas distintas y un solo hilo conductor. El nexo de unión son los trajes. 

Se exponen modelos (magníficamente confeccionados y diseñados) del atrezzo de algunas obras que se han representado en el Festival junto a recreaciones (inspiradas en obras perteneciente a la pintura renacentista europea) de la ropa usada en la época de mayor esplendor de esta villa real.  La idea es hacernos viajar al pasado, al siglo XV, cuando la Reina Leonor mantenía su corte con músicos y juglares llegados de Francia. 

Aunque hay mucho que ver en Olite, una sola mañana bastará para disfrutar tranquilamente y recorrer cada rincón de esta bella localidad navarra.  

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

 

 

El Castillo de Fontainebleau se encuentra a apenas una hora en coche desde el centro de París. Hay que recorrer sus instalaciones aristocráticas, sus jardines y el bosque de alrededor. Es una visita imprescindible si te encuentras en la zona.  

Fontainebleau y Francisco I 

Si tú, viajero, subes hasta Amboise, en pleno Valle del Loira y te atreves a sortear el viento para otear el horizonte, entonces entenderás la personalidad de un rey muy especial. Fue Francisco I, el monarca que puso las bases del Renacimiento en Francia e invitó al gran Leonardo a vivir sus últimos días como al genio le gustaba: con la creación. 

Aquí murió y en una capilla minúscula frente al castillo reposan sus restos. Pues bien, este mismo rey fue, también, el promotor de Fontainebleau, a apenas una hora de París. Fontainebleau es, sobre todo, su bosque, antiguo coto de caza de reyes, emperadores y gobernantes y hoy parque nacional. 

La escuela de Barbizon y su relación con Fontainebleau

La fauna, los regatos, las fuentes,  las luces y sombras de sus claros atrajeron a un gran número de artistas que, seducidos por la pintura al natural, se instalaron en la cercana Barbizon para dar cuenta de las luces de la naturaleza. Rousseau y Millet (el de Las espigadoras) son los mejores exponentes de esta escuela preciosista que recupera para el arte los espacios verdes salvajes cercanos a París. Aunque tiene importancia por sí misma, también influyó en los movimientos artísticos posteriores. Así, este gusto por la pintura de naturaleza y al aire libre sería una de las principales características del impresionismo.

 

 Fontainebleau 

El Castillo de Fontainebleau 

Pero Fontainebleau es también su fortaleza ordenada por ese rey humanista que fue Francisco I, por eso lo hemos mencionado al principio. Aunque existe indicios de una torre medieval e incluso de una abadía del siglo XII, Fontainebleau, tal como lo conocemos, es renacentista. Por supuesto, como suele suceder en este tipo de recintos palaciegos, ha habido ampliaciones, reformas, embellecimientos, decoraciones al gusto de la época, demoliciones, etc. etc. etc. 

Pero Fontainebleau conserva ese carácter armónico que caracteriza la arquitectura francesa tradicional. Diseñado en forma de U, el castillo se abre con una serie de jardines a la francesa que desembocan en la Escalera du Fer-à-Cheval, ejecutada en dos brazos y que es puerta de acceso a la mayoría de las estancias interiores de importancia. No hay que perderse:

  • Capilla de la Santa Trinidad, del siglo XVI.
  • Galería de Francisco I, con vistas al Patio de la Fontana y frescos de Rosso Fiorentino.
  • Petits y Grands Appartements donde descansaron desde Napoleón a todos los reyes que ha habido en Francia.
  • El Salón de Baile no relumbra con los dorados propios de Versalles y los palacios que nacieron a su imitación, pero es impresionante con su proporcionada dimensión al más puro estilo del Renacimiento.
  • El Salón del Trono. 

El bosque y los jardines de Fontainebleau 

Y Fontainebleau es, también, espacios verdes y no solo el bosque que rodea a este antiguo coto de caza o al pueblo homónimo sino también a sus cuidados jardines. En el inglés predominan cipreses, plátanos y árboles de sombra en romántico desorden. En el de Diana, presidido por una escultura de la diosa romana, se articula en torno a senderos, setos y césped.  

Si sales al bosque por el castillo, hazlo por la Puerta Dorada diseñada por Gilles Le Breton en la época de Francisco I.  Con más tiempo, hay que detenerse en las vitrinas del Museo de Fontainebleau  o deleitarse con la programación cultural de lugar: conciertos, concursos, exposiciones o conferencias, que estamos en la culta Francia.    

Fontainebleau está bien comunicado con la capital:Parísy puede ser una deliciosa excursión de un día.  

Por Candela Vizcaíno

 

Mínima biografía de El Tintoretto 

Nacido en 1518, en la Ciudad de los Canales, como Jacobo Comin, nombre que, curiosamente, no se ha descubierto hasta una fecha tan temprana como el año 2007. Es decir, antes de ayer, para que luego digan que ya está todo dicho en la historia del arte, este artista de la llamada Escuela Veneciana se encuentra a medio camino entre los artistas del Renacimiento tardío y las características del Barroco primitivo. Hijo menor de un tintorero, de aquí su apodo, aunque estudió con Tiziano (uno de los pintores barrocos más importantes), parece que las relaciones mentor-maestro no fueron buenas a decir de las malas lenguas.

Quizás por esta razón, trabajo durante toda su vida como freelance (algo poco común en la época, ya que se hacía imprescindible la existencia de un mecenas) recogiendo encargos para los grandes señores de Venecia. Por eso, sus grandes murales se encuentran en la Galería de la Academia de Venecia, en la Escuela de San Roque, en el Palacio Ducal de Venecia y en otros emplazamientos de la Ciudad de los Canales.

No se sabe muy bien cuántos hijos tuvo ni si todos fueron dentro del matrimonio. Probablemente fueron ocho vástagos. Sí hay unanimidad entre los historiadores que dos de ellos, Marietta y Dominico, estuvieron dotados con las mismas habilidades pictóricas de su padre. La chica ayudaba en el taller paterno vestida de hombre, para acallar los comentarios maldicientes de entonces y murió a la edad de treinta años. Su padre la retrató en su lecho mortuorio, tal como era costumbre en la época.

El pintor sucumbió en una de las múltiples epidemias de peste que asolaban, por entonces, la inundable Venecia. Eso fue el 31 de mayo de 1594. 

Tintoretto, una aproximación a su estilo 

Por el colorido de sus pinturas, la temática, la composición y el movimiento que imprime a sus personajes, El Tintoretto transmite, en sus grandes frescos, una fogosidad (uno de los apodos que se le dio en vida) que adelanta los temas propios del estilo Barroco. Encuadrado en la corriente manierista, pronto se distanció de Tiziano y del también exitoso Veronés para crear un estilo personal y claramente reconocible. 

De no ser así, no hubiera entrado en la historia del arte. Son la eficaz combinaciones de luces y sombras dentro de la composición y los movimientos de los personajes las características más importantes de la obra del artista. El abigarramiento y el tratamiento de los ropajes son propios del primer Barroco.

Aunque en él son importantes los retratos, destaca, sobre todo, sus lienzos de temas mitológicos de raigambre pagana y los religiosos de base cristiana, mezclándose, en ocasiones, entre sí, como es normal en este tipo de artistas. 

Obras de El Tintoretto: una selección personal y breve comentario

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Baco y Ariadna y la tradición clásica 

No nos vamos a detener en hacer un listado exhaustivo, pero sí me gustaría que nos fijáramos en algunos de temática de base pagana. Por ejemplo, el mito que narra el encuentro del dios Baco con la desdichada Ariadna, una vez ésta ha sido abandonada por Teseo tras dar muerte al Minotauro, fue objeto de atención de este artista único. Es, además, uno de los temas recurrentes de la literatura griega y latina. El dios, movido por el llanto amargo de la ninfa, tras ser humillada por el que creía su amado, la convierte en la constelación homónima, metamorfosis recogida en la obra de Ovidio.

 La Via Lactea

La Vía Láctea de El Tintoretto

De cariz semejante es La creación de la Vía Láctea en el que asistimos al origen de este grupo estelar por parte de Hera, esposa de Zeus, quien amamanta a un bebé abandonado. Al darse cuenta que el niño es, nada más y nada menos, que Heracles, fruto de los amores adúlteros de su esposo y Alcmena (una mortal), retira el pecho al pequeño. La leche derramada sube hasta el cielo convirtiéndose en estrellas.

 La ultima cena

La última cena de El Tintoretto

Los temas paganos de la tradición clásica no impiden tratar, con sentido religioso incluso, escenas del Nuevo Testamento, como las dos versiones de la Última cena, una de ellas (la que aparece en la imagen) se custodia en el Museo del Prado. La Sagrada Familia con San Juanito, la Traslación del cuerpo de San Marcos, San Jorge y el dragón o Susana y los viejos son otros títulos importantes del opus de El Tintoretto. Son todas obras no exentas de un fuerte carácter simbólico, tal como era característica del arte barroco que demandaba esa fuerza expresiva entre pinceladas de claroscuro.  Y, para aquellos que quieran quedarse con el resumen aquí os dejo un vídeo de mi canal de Youtube: 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

En Japón conviven desde hace siglos varias religiones: shinto o sinto, budismo, taoísmo e, incluso, cristianismo en perfecta armonía y sintonía. Más que de una creencia tenemos que hablar de un sincretismo en cuanto a la religión en Japón.  La religiosidad del pueblo nipón es una mezcla bastante curiosa de diversas religiones y de una manifestación local conocida como sintoísmo. Todas estas líneas de creencias conviven en armonía. Hacemos un breve repaso de las mismas. 

El sinto o Shinto, la religión de Japón 

El sinto (o Shinto), literalmente camino de los dioses, está estrechamente relacionado con creencias animistas y chamanistas que, a veces, se confunden con la superstición. Aún así, el sinto es una religión altamente espiritualizada centrada en una actitud vital que reverencia la naturaleza y sus leyes. De este modo, la sencillez, lo primigenio, la pureza y la armonía con el medio dado son los principios que rigen esta forma de entender lo religioso.   

 

El budismo en Japón

A esta religión autóctona se le une el budismo que fue introducido desde China a partir del año 805 por el monje Saichô. De todas las sectas budistas que fueron paulatinamente instalándose en territorio nipón, la rama zen es la que más arraigó en la espiritualidad japonesa. Ésta fue introducida por el monje Eisai (también desde China) a mediados del siglo XII justo cuando se estaba fraguando el arte del teatro Nô y el resto de las manifestaciones artísticas más conocidas de Japón (la jardinería, la ceremonia del té, la caligrafía, la poesía, etc.). Explicar el zen es querer trascender los límites de la palabra. El despertar o la liberación o el satori, al que se llega a través de la meditación y del despojamiento de toda materialidad del budismo zen no pueden ser descubiertos o descritos de forma intelectual.

La introducción de las distintas sectas budistas desde China a partir del siglo IX no significa que el pueblo nipón se adhiriera a una u otra confesión sino que, de forma espontánea, se va realizando un sincretismo paulatino entre ambas hasta llegar a una confusión total. 

El Tao y la filosofía de Confuncio, su importancia en la religión de Japón

El caos no acaba aquí, puesto que la influencia china se iría dejando sentir hasta bien entrado el siglo XVI y el entonces permeable pueblo nipón se fue empapando de las doctrinas del Tao y de Confucio de la misma manera que lo hizo antes con el budismo, es decir, tomando elementos de una y otra religión y de la filosofía ética-social confuciana. De Confucio se adopta, sobre todo, la fuerte piedad filial y el respeto a los superiores y del Tao la anulación de los contrarios para llegar a un estado de tranquilidad, armonía y quietud.

La influencia cristiana en Japón

Por si fuera poco, el cristianismo también dejó huella en territorio japonés tras las enseñanzas del santo Francisco Javier y los hermanos de la Compañía de Jesús. A pesar de las reformas operadas con la constitución de la Era Meiji (abril de 1868) en un intento por acabar con las “prácticas oscurantistas” y de la división un tanto arbitraria de las distintas confesiones religiosas en el mismo período, el pueblo nipón ha seguido siendo fiel a ese sincretismo en lo tocante a lo sagrado que hace tan difícil su descripción y, por supuesto, imposible el encasillamiento. 

Un sinfín de religiones, creencias y filosofías se mezclan para crear una idiosincrasia religiosa muy peculiar, la del pueblo japonés.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

En España, la poesía del Neoclasicismo se desarrolla en el último tercio del siglo XVIII siguiendo los preceptos de la Poética de Luzán y rechazando, a la par, los fundamentos literarios del estilo barroco. Encuadrada en la revolución cultural y social del llamado Siglo de las Luces, estaba llamada a fomentar el cambio educativo que, según la élite ilustrada, necesitaba el mundo. Es ahora cuando surgen los procesos científicos y racionalistas basados en el empirismo y la observación de la naturaleza. Y este proceso científico se pretende trasladar a todos los órdenes de la vida, desde la política o la organización social hasta las artes. 

 

Bases culturales para entender la poesía del Neoclasicismo

Antes de adentrarnos en sus características y modelos, es necesario entender los cambios que se producen en la época en todos los sentidos. En primer lugar, asistimos a transformaciones políticas de calado. El poder de la monarquía absoluta, atrincherada en una vida de excesos y alineada con la Iglesia, llega a su fin de una manera dramática: la Revolución Francesa. Reduciendo y resumiendo mucho, la época conoce el desarrollo de las ideas liberales, del parlamentarismo y, a la par, surgen las nuevas naciones americanas tras la independencia de las metrópolis. Todo ello crea un clima propicio para abrazar las libertades básicas y, a la par, se ahonda (al menos a nivel intelectual) en la necesidad de transformar la educación a todos los niveles. El objetivo era formar a las nuevas generaciones en oficios útiles para la sociedad más allá de los estudios memorísticos. Los tiempos se centran en crear espacios alejados del poder tradicional ensalzando las virtudes civiles. Todo ello se manifiesta en la rica arquitectura del Neoclasicismo empeñada en levantar edificios laicos en todos los rincones de Europa y América. 

A la par, no podemos entender el nuevo gusto ilustrado sin las excavaciones en Pompeya y Herculano, en Nápoles. Si el literatura renacentista había recuperado la tradición de la literatura griega o romana, ahora surgen las viviendas con sus frescos y enseres, esculturas romanas de elegante sobriedad prácticamente intactas y un urbanismo radicalmente distinto al existente. Se entienden los procesos de alcantarillado romano y se intenta emular en las nuevas ciudades europeas o americanas. Aunque parezca de poco importancia, la mejora de las condiciones sanitarias para un amplio porcentaje de la población hace que se tenga fe en un futuro radicalmente distinto al vivido en los siglos anteriores.  

Paralelamente, todo ese descubrimiento de la Antigüedad clásica que es fundamental para entender las características de la arquitectura neoclásica y la escultura de la época no sería posible sin el Grand Tour. Era este un viaje de fin de estudios por parte de la élite europea hacia las tierras italianas y, a veces, se llegaba hasta lugares remotos como Estambul y Egipto. El contacto con las ruinas del pasado crea un nuevo gusto, el “buen gusto”, elegante, mesurado, sencillo y tranquilo con el que se quiere caracterizar todas las artes, incluso, la poesía neoclásica.  

Definición de poesía del Neoclasicismo 

Con estas bases, podemos describir la poesía neoclásica como aquella surgida (en España que en Europa fue antes) a partir del último tercio del siglo XVIII y llega, incluso, hasta las primeras décadas del siglo XIX. Los literatos que se enfrentan a estas letras reniegan (aunque a veces no lo consiguen) de la oscuridad semántica de la literatura barroca y, especialmente, de los desmanes del último gongorismo. Para ello proponen que los versos sean sencillos, alejados de metáforas complejas y rebuscamientos innecesarios. A la par, rechazan las alegrías de la imaginación y promueven un arte literario útil encaminado al progreso moral de la sociedad. Esto propicia, como podemos leer en estos ejemplos de poemas del Neoclasicismo, que los versos estén desprovistos de pasión desaforada y que en ellos destaquen una serena sensibilidad sin los alardes estilísticos de las épocas anteriores. 

Características de la poesía neoclásica

Resumiendo mucho tenemos: 

1.- El escritor hace gala de un espíritu reformista y enarbola las banderas de cambio y libertad que se dan en la época. 

2.- Todo ello se hace con mesura, buen juicio, equilibrio elegante sin manifestar grandes pasiones como sucedería décadas más tarde con el Romanticismo literario. 

3.- La poesía tiene que poner de manifiesto esta nueva mentalidad de manera consciente. 

4.- El objetivo principal es la claridad y esta, además, tiene que surgir de un proceso mental más que del ahondamiento de los sentimientos. 

5.- Se busca el orden y la armonía. Y para ello se renuncia al ingenio, al rebuscamiento o a las metáforas elaboradas. 

6.- El lema es la búsqueda del buen gusto y este gira alrededor de la sobriedad, la serenidad y el clasicismo. 

7.- A la par que se reeditan los grandes autores de la Antigüedad en ediciones cuidadas desde el punto de vista filológico se retoma la lectura de la lírica renacentista. En España, se pone como modelo a Garcilaso de la Vega

8.- Se reniega de la trivialidad en la poesía, del sentimentalismo, de las emociones y se busca la belleza a través de la racionalidad. Sin embargo, todo esto coarta el genio y hace que pocos ejemplos de la poesía neoclásica alcancen el canon literario. 

9.- La literatura tiene que tener un objetivo pedagógico o moralizante y tiene que servir para formar a los lectores en los valores cívicos del Nuevo Régimen. 

10.- Todo esto degenera, a veces, en el prosaísmo. 

La poesía pastoril del siglo XVIII

Las normas antes reseñadas no han sido clarificadas a posteriori sino que estaban plenamente conscientes en la época. Por eso, algunos poetas, encontraron en los modelos de la novela pastoril la única manera de llevar a cabo estas normas y caracteres. El mundo bucólico, perfecto, ordenado en el que unos pastores idealizados expresan su amor se retoma en la poesía del Neoclasicismo para representar unos sentimientos medidos y amansados. Estamos de acuerdo con la palabras de Juan Luis Alborg:  

“El optimismo reformista encontraba en esta maravillosa escenografía bucólica la réplica artística a las aspiraciones ilustradas de un mundo mejor.”  

Poetas del Neoclasicismo español 

1.- Nicolás Fernández de Moratín, nacido en la Corte en 1737.  Recibió una exquisita educación y se dedicó a la escritura llevado de una profunda conciencia social. Realizó estudios críticos con el fin de reformar el teatro que, según su criterio, había degenerado en un espectáculo vulgar y deprimente. Sus poemas circularon por el circuito culto madrileño y no fueron editados hasta su muerte en 1780. 

2.- Leandro Fernández de Moratín, hijo del anterior, nació en Madrid en 1760. De complexión enfermiza y carácter retraído, fue un auténtico intelectual con gran desempeño en todos los géneros de la escritura. Crítico con la sociedad de su tiempo, emigró a París donde murió en 1828. Su obras teatrales El sí de las niñas o La derrota de los pedantes han entrado en el canon, así como los versos de Sátira contra los vicios.

3.- José María Vaca de Guzmán (1744-1803), autor de Viajes de Enrique Wanton

4.- El Conde de Noroña, Gaspar María de Nava (1760-1815), desempeñó, además, tareas diplomáticas. 

5.- José de Vargas Ponce (1760-1821) en la línea del perfecto erudito ilustrado. 

6.- Juan Bautista Arriaza (1770-1837) se inició en la poesía del Neoclasicismo, aunque acabó entrando en el prerromanticismo y, además, no participaba de los ideales liberales del Siglo de las Luces, ya que fue partidario del absolutista Fernando VII. 

7.- Fray Diego González (1733-1794), monje agustino perteneciente a la Escuela de Salamanca, escribió versos pastoriles de fuerte contenido amoroso. En sus poemas aparecía como Delio, pseudónimo con el que además firmaba sus libros. 

8.- Juan Meléndez Valdés (1754-1817) es quizás el mejor representante de la poesía del Neoclasicismo. Fue también un jurista comprometido con los ideales liberales. Murió en el exilio.  

En definitiva, la poesía del Neoclasicismo no puede entenderse sin la época en la que surgió. Los fuertes cambios políticos y sociales que se pretendían realizar (fallidos en España con el regreso del absolutista Fernando VII) necesitaban del apoyo de las artes. Es la época de la creación de las academias (historia, literatura…), el periodismo o las tertulias donde se debatía la necesidad del parlamentarismo. Se construyeron edificios civiles alejados de palacios e iglesias y se buscaba la sencillez (valor burgués) por encima de los fastos barrocos. Si bien el espíritu ilustrado pervivió en los ensayos y en la ciencia (en España a duras penas), en literatura muy pronto se buscó otros modelos que ensalzaran las pasiones y las emociones, a veces, alteradas. Eso llegó con el Romanticismo literario.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

La poesía neoclásica se produce en España en el último tercio del siglo XVIII dando sus últimos coletazos en las primeras décadas del siglo XIX. No puede entenderse sin los cambios culturales de la época que pretende, resumiendo y reduciendo mucho, acabar con el bagaje cultural del Antiguo Régimen e instaurar uno nuevo. Por eso hay un rechazo frontal a la literatura barroca en España y al sistema político que hay detrás y la sustenta: la monarquía absolutista aliada con la iglesia. En este sentido, hay que anotar que los escritores de la época están fuertemente imbuidos de carácter social.  Como normal general, se comprometen con una necesaria reforma educativa a todos los niveles y con la necesidad de avanzar a través de la ciencia. A la par, son beligerantes en la lucha contra la superstición y se alinean con un incipiente parlamentarismo. La literatura, para ellos, tiene que servir a estos intereses (considerados útiles, buenos, necesarios y al servicio de la sociedad)  haciendo uso de la claridad estilística, la mesura en la presentación de los sentimientos y de la elegancia. Todo ello se aunó bajo el concepto de buen gusto, el mismo que perdura hoy en día. Los preceptos de los poemas del Neoclasicismo quedaron reflejados en la Poética de Luzán, libro de cabecera y guía de los escritores de la época.  

La paloma de Filis de Juan Menéndez Valdés (1754-1817), el poeta más importante del Neoclasicismo español

 

    Teniendo su paloma

Mi Fili sobre el halda, 

Miré a ver si sus pechos

En el candor la igualan;

     Y como están las rosas

Con su nieve mezcladas, 

El lampo de las plumas

Al del seno aventaja. 

     Empero yo, con todo, 

Cuantas palomas vagan

Por los vientos sutiles,

Por sus pomas dejara. 

 

Considerado el poeta más excelso de la época, sigue los preceptos del movimiento en esa búsqueda de sentimientos mesurados y en el alejamiento de las pasiones. Aunque los poemas del Neoclasicismo huyen de la metáfora, del rebuscamiento y de la imaginación excesiva, Menéndez Valdés, en este ejemplo, se queda a medias, ya que las imágenes y las metáforas (sencillas, eso sí) están presentes en los versos. 

 

La esposa aldeana de Iglesia de la Casa, uno de los poemas del Neoclasicismo en la línea pastoril 

  

     El mi pastorcillo

Bien sé yo que suele

Por mí preguntaros,

Si estoy de él ausente.

     Y que, aunque lo calla,

Llora muchas veces,

Porque al verle venga

Y su mal consuele.

     Por otra zagala

No temo me deje,

Aun cuando enojado

De sí me deseche; 

     Pues sé que a la hora

Su amiga han de hacerme

De miel una orzuela,

Y un cuerno de leche. 

     Y si esto no basta,

Con que yo le deje

Jugar cierto juego, 

No podrá él valerse. 

 

Iglesias de la Casa (1748-1791)  pertenece a la escuela salmantina de la lírica neoclásica. Una de las características de la poesía de la época es su búsqueda del buen gusto, de la elegancia y de la mesura. Por eso reniega de los alardes pasionales del estilo barroco. En este orden, a la hora de representar los sentimientos humanos, en un alto porcentaje, se recurre a los procedimientos de la temática pastoril que tan buenos frutos se cosechó en la poesía renacentista. Ese buen gusto tan perseguido se manifiesta en este sencillo romance en ausencia de metáforas y de la huida de cualquier atisbo de rebuscamiento. 

A Melisa de Fray Diego González (1733-1794), el monje que amaba a las mujeres

 

     Volví a quedar dormido, 

Y sentado me hallé junto a una fuente,

Mirando su murmullo atento; 

Y estando divertido, 

Allí llegaste apresuradamente, 

Pidiendo de beber, y yo al momento

Un vaso te presento; 

Y dices tú con risa y burla mía: 

“No es esa, Delio, el agua que pedía; 

La sed que yo padezco es amorosa; 

Y siempre codiciosa

De tus eternos lazos, 

Sólo pueden templarla tus abrazos.” 

 

La poesía amorosa del siglo XVIII huye de los movimientos altamente pasionales de la centuria anterior. La racionalidad se impone de manera consciente. Sin embargo, otra cosa distinta es el inconsciente, siempre en búsqueda de esa comunión cantada en poesía a través de la unión amorosa. Esta se canta ahora, utilizando los parámetros de la novela pastoril. Para ello se sirven de la suavidad, la elegancia, la irrealidad a veces, el bucolismo y el amor mesurado de los pastores. Todas estas características se adivinan en estos versos de un fraile que solo compuso poesía sutilmente erótica.  

Uno de los poemas del Neoclasicismo perteneciente a la obra Poesías asiáticas del Conde de Noroña

 

     Si una noche en tu pecho reposara,

El alto empíreo con mi sien tocara, 

Rompiera al Sagitario sus saetas,

La corona a la luna arrebatara,

Me subiera veloz al nono cielo,

Y el orbe con soberbio pie pisara. 

Entonces, si tuviera tu hermosura,

O en tu lugar entonces me encontrara, 

Para los sin favor fuera piadoso, 

Benigno con los tristes me mostrara. 

 

En este poema, a pesar de los esfuerzos por seguir los preceptos de la Poética de Luzán, nos encontramos versos que, a duras penas, se acercan a esa mesura, claridad y buen gusto que se requería en la época. La racionalidad del movimiento queda aquí aparcada por un sentimiento pasional que sin llegar a los alardes del gongorismo, se acerca a la lírica renacentista de una forma un tanto rebuscada. Otra característica de la poesía neoclásica presente en este ejemplo es la búsqueda de inspiración y modelo en la literatura griega, romana y clásica.  

Uno de los poemas del Neoclasicismo de Leandro Fernández de Moratín  

Considerado el escritor más importante en todos los géneros (prosa, teatro y poesía) de la época, nació en Madrid en 1760 de padre dedicado a las letras. De carácter tímido y retraído, toda su vida la dedicó a los escritura donde alcanzó las más sublimes cotas del Neoclasicismo español. Murió en París (en el exilio) en 1828 y está enterrado en el Panteón de Hombres ilustres. El siguiente soneto pretende ser una suerte de autobiografía espiritual. Lleva por título La despedida. 

 

     Nací de honesta madre; dióme el cielo

Fácil ingenio en gracias afluyente,

Dirigir supo el ánimo inocente

A la virtud el paternal desvelo.

     Con sabio estudio, infatigable anhelo,

Pude adquirir coronas a mi frente: 

La corva escena resonó en frecuente

Aplauso, alzando de mi nombre el vuelo.

     Dócil, veraz, de muchos ofendido,

De ninguno ofensor, las Musas bellas

Mi pasión fueron, el honor mi guía. 

      Pero si así las leyes atropellas,

Si para ti los méritos han sido

Culpas, adiós, ingrata patria mía. 

 

En este hermoso soneto de Leandro Fernández de Moratín con versos encabalgados se condensa casi todas las características de la poesía del Neoclasicismo. En él se adivina una intención moral, didáctica que no es más que la presentación al público de una persona virtuosa que poco o nada de daño ha realizado al otro. No se entretiene con frivolidades o en desgranar situaciones de extrema imaginación. El poeta nos dice de su verdad más íntima y del dolor por luchas fratricidas que ya asolaban España en guerras que, de alguna manera u otra, durarían siglos. Esta considerado uno de los más hermosos poemas del Neoclasicismo e inaugura la temática alrededor del dolor del exilio que tanto predicamento tendría en décadas posteriores llegando a ser fuente, a la vez, de inspiración, por poner un caso, de Luis Cernuda

Este puñado de poemas del Neoclasicismo solo pretenden un acercamiento a un formato literario que quiso acabar con el pasado imponiendo criterios nuevos basados en la razón, la mesura y el exceso de conciencia que, a veces, es ajeno al quehacer literario. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

La escultura neoclásica alcanza su esplendor en Europa (Francia, Italia e Inglaterra) en el último tercio del siglo XVIII. Se siguen realizando obras en este estilo incluso en las primeras décadas del siglo XIX. Lo primero que tenemos que tener en cuenta para comprender esta manifestación artística es que estamos en una época de cambios profundos a nivel político, social, económico y cultural. Todo ello acaba influyendo en la producción artística. Resumiendo (y reduciendo mucho) en todos los órdenes se busca la sencillez, la estabilidad de la razón y se apela a nuevos modelos.  

Bases culturales para entender la escultura neoclásica

1.- El Grand Tour, el viaje iniciático de la élite europea  

Si bien este viaje que marcaba el paso hacia la edad adulta una vez terminados los estudios reglados influyó en todas las artes, es especialmente elocuente el bagaje que dejó en la escultura. Pero, ¿qué era y en qué consistía? Estamos a mediados del siglo XVIII. Comienzan las excavaciones en Pompeya y Herculano sacando a la luz la rica sociedad clásica con sus esculturas en piedra o metal, sus mosaicos y sus frescos casi intactos. Allí aparece un mundo pagano de dioses que aman como los humanos. Y, a la par, se presenta un orden social diferente basado, por épocas, en un imperfecto (a nuestros ojos) sistema democrático. Una vez acabados los estudios reglados, la élite aristocrática europea masculina (y alguna que otra dama) se embarca en un viaje de conocimiento hacia Roma, Grecia y, en ocasiones, Estambul o Egipto. La travesía era incómoda, necesitada de logística y de personal de apoyo. Sin embargo, la experiencia es del todo satisfactoria para sus protagonistas. En la Ciudad Eterna, entre ruinas, se accede a un mundo perdido que se antoja elegante, libre y sereno. Y aparecen hermosas esculturas que servirán de modelo para los parámetros neoclásicos. Este viaje, el Grand Tour, será favorito de la clase alta durante todo el siglo XIX cuando, el avance del ferrocarril, impone otros modelos.  

Escultura neoclasica

2.- Rechazo al arte barroco y a sus valores 

Paralelamente, en Europa la monarquía absoluta con todos sus excesos iba a enfrentarse a duras pruebas que culminarían con la Revolución Francesa. El alambicado estilo barroco se había convertido en la apoteosis de la complicación hasta desembocar en el rococó. La vida de fiestas sin límites de la aristocracia, alejada de las mínimas necesidades del pueblo y, a la par, aliada con la Iglesia, llevó a ciertos pensadores a proponer cambios en todos los órdenes. Y estos tenían que darse también en el arte. Se convierte, así, en el medio preferido de formación o de educación para las masas, nada nuevo bajo el sol, por otra parte. 

3.- Pensamiento ilustrado y Siglo de las Luces 

El positivismo surge en Inglaterra y pronto prende mecha por todo Europa e, incluso, hace mella en el Neoclasicismo español, en pugna constante entre la tradición y la modernidad. Se busca el conocimiento a través de la observación, de la comprobación y de la razón. A la par, se insta a abandonar los modelos obsoletos de enseñanza que, en algún caso, se heredaron de la Edad Media. En sustitución de estos, se aboga por la instrucción práctica y adaptada a las necesidades que demanda la sociedad.  El Siglo de las Luces, así llamada la época, se empeña en abandonar lo que a su juicio eran las tinieblas de una sociedad abatida por la superstición y la falta de libertad. Con este panorama, artistas y pensadores se vuelven hacia es antigüedad clásica reflejada primero en la literatura griega y romana (recogida en primera instancia por la literatura renacentista) y, después, por los restos físicos de los que dan cuenta las distintas excavaciones arqueológicas. 

Características de la escultura neoclásica  

Con este bagaje cultural, las artes se centran especialmente en la construcción, en el ensayo como medio para expresar las ideas y en la escultura como forma de representar un mundo ajeno al arte barroco de excesos y dramatismo. Resumiendo mucho, podemos anotar los siguientes caracteres: 

1.- La escultura neoclásica apela al mundo pagano de ninfas, dioses y seres mitológicos. Estos se revisten de un fuerte simbolismo y fuerza expresiva a dotarlos de sentidos complejos y contemporáneos a sus creadores. Los modelos a imitar pertenecen a ejemplares de la escultura romana que habían pervivido en Italia, muchos de ellos copias literales del arte griego

2.- Aunque también se utiliza el metal, hay una preferencia por el mármol. El trabajo de este material necesita de un taller, de ayudantes y de materia prima. Por eso, los mejores artistas, de alguna manera u otra, solo ejecutaban encargos institucionales o para grandes patronos. No podemos olvidar que estas obras tenían siempre una intencionalidad didáctica y/o propagandística centrada en los valores emergentes, los del Nuevo Régimen. Por eso también se utilizan en los edificios que responden a la arquitectura del Neoclasicismo

3.- Aunque hay algunas muestras de arte religioso, se abandona prácticamente la producción de tallas sagradas tan frecuentes en el arte barroco y se mira hacia el mundo civil, laico y heroico. Es la época de la pérdida de poder de las monarquías europeas, de la independencia y la creación de los distintos países de América, del parlamentarismo… Todo ello se transparenta en la escultura neoclásica, que a través de esos modelos mitológicos, nos presenta una nueva cosmovisión alejada de los preceptos del Antiguo Régimen. 

4.- El dramatismo barroco queda definitivamente aparcado. Se abandona la torsión y los movimientos imposibles y se sustituye por una serena suavidad, por una elegancia desprovista de cualquier distensión. Los modelos aparecen en semi reposo o con movimientos muy suaves. Apenas podemos adivinar el desgarro detrás de ellos, aunque sí la emoción contenida. 

5.- La escultura neoclásica parece obviar la muerte, la crisis o el dolor. Todo aparece inmutable y el momento captado siempre es de paz

6.- A pesar de estas características de la escultura neoclásica, también se apela a los movimientos de la revolución con una llamada a la fraternidad y a la igualdad. En este sentido, ni reyes ni santos ni altos aristócratas pueden servir de modelo. El regreso del paganismo y de los valores de compromiso cívico se reflejan en estas obras que quieren ser un vehículo de educación del pueblo. Por tanto, se apela a cerrar la puerta del pasado inmediato. 

Antonio Canova, el mayor representante de la escultura neoclásica 

El italiano Antonio Canova (1757-1822) es el mayor representante de la escultura neoclásica y su obra Psique reanimada por el beso de amor de Eros la más conocida y señera del movimiento. Favorito de Napoleón a quien representó como el mismísimo dios Apolo (obra que se guarda en la Pinacoteca de Brera), vamos a estudiar esta escultura, ya que condensa todas las características de la escultura neoclásica. 

El mito de Eros y Psique 

Aunque la historia es más larga, Psique es una princesa (la menor de tres hermanas) de tanta belleza que es envidiada por la mismísima Afrodita. Esta intenta vengarse de ella manipulando el Oráculo de Delfos. Allí insta a los padres de la desgraciada muchacha a abandonarla a su suerte en una alta montaña para evitar que la destrucción recaiga sobre su pueblo. Así lo hace la familia al completo con tal desconsuelo de la joven que es capaz de incitar a compasión al viento Céfiro. Este, movido por el llanto amargo de la muchacha, la transporta dejándola en un hermoso palacio lleno de lujo, bellas flores y fuentes cantarinas. 

No acaba aquí la historia de Psique ya que Eros, enamorado de la joven, desobedece a su madre y una noche la convence de que él es el esposo elegido por los dioses. Solo impone una condición para la convivencia: no ser visto. Psique disfruta del amor de Eros hasta la visita de sus hermanas quienes, muertas de envidia, recuerdan el oráculo y la necesidad de matar a quien se dice compañero de vida. La curiosidad de Psique hace el resto ya que, una noche, ilumina la alcoba y encuentra ante ella, en su lecho, durmiendo, al apuesto, bello y maravilloso dios. Cae una gota de cera de la lámpara y se despierta dolido porque considera que su amada esposa ha roto su promesa.  Y, sin pararse a pensar abandona a la desconsolada muchacha que, ahora más que nunca, se da cuenta de todo lo que ha perdido y del ardid envidioso de sus hermanas. 

Por si no fuera suficiente, Afrodita, para penar la osadía de la mortal, la condena a dormir un sueño eterno (sí como la Bella Durmiente). Lo que no contaba la aireada diosa es que su amado hijo, loco de amor, iría a implorar perdón y la inmortalidad para la joven ante los dioses del Olimpo. El deseo es concedido y Canova en su obra Psique reanimada por el beso de amor de Eros deja inmortalizado ese momento. 

Escultura neoclasica 2

Aproximación a la obra “Psique reanimada por el beso de amor de Eros” de Antonio Canova 

En una mínima lectura de la obra, nos topamos con los sentidos simbólicos de los distintos protagonistas. Psique representa la curiosidad (y esta, a su vez, es la base de la inteligencia y el conocimiento).  Es una viajera (eso sí con ayuda divina) y, además, ha sido bendecida con una belleza sobrehumana. Eros es el amor pasional, el de los esposos o de pareja. Este desobedece a su madre (la tradición y el poder) para crear un orden nuevo en el que una mortal pueda vivir para siempre con un dios. A esta nueva realidad se accede mediante un beso que despierta a la muchacha (lee curiosidad, inteligencia…) Y aquí nos sitúa la escultura invitándonos, como los protagonistas paganos, a recorrer un camino distinto al marcado por la tradición.  

La obra ha sido ejecutada con todas las características de la escultura neoclásica. No hay drama y sí espíritu didáctico. Se ha recurrido a un mundo pagano, elegante y suave en el que el conocimiento es la base para una vida nueva. Realizada en mármol blanco, se ha abandonado cualquier torsión exagerada para centrarse en un acto de gran fuerza expresiva. Psique, en el suelo, abraza a Eros, su esposo, con las alas alzadas en un intento por elevarla hacia el nuevo mundo permitido para ambos.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

  

Aunque nos encontramos ejemplos a principios del siglo XVIII (en Inglaterra y Francia sobre todo) la arquitectura del Neoclasicismo fue el estilo constructivo imperante desde mediados del siglo XVIII hasta principios del XIX (en Europa) y bien entrada la centuria (en América, especialmente en Estados Unidos). Sus modelos responden a una concepción moderna de la sociedad alejada de los mandatos de la iglesia y de los desmanes absolutistas de la monarquía. La arquitectura va de la mano del urbanismo, ya que se incorpora por primera vez grandes planeamientos. En esencia y resumiendo mucho, se busca la sobriedad, la elegancia, la sencillez, la comodidad y los espacios regulares (incluso fuertemente geométricos) con fuentes muy claras e, incluso, reconocidas: la arquitectura romana y griega. 

 

Bases artísticas y sociales para entender la arquitectura del Neoclasicismo

A mediados del siglo XVIII los desmanes de las décadas anteriores (en todos sus ámbitos) estallan por lo aires. Por un lado, tenemos como ejemplo del pasado a no seguir en Versalles. El palacio francés es la simbolización perfecta del estilo barroco con su gusto por el abigarramiento, la línea curva, la acumulación y la manifestación de poder extremo. Si la monarquía absoluta, alejada patológicamente del pueblo, tiene una clara representación artística, esta es Versalles. La Revolución Francesa, acaba, de golpe, con todo ello. Un nuevo período sangriento se abre y, tras él, la historia entra en el llamado Siglo de las Luces. Los modelos de la razón, el amor a la ciencia y a los métodos empíricos, el orden, la sobriedad y la elegancia serán los nuevos valores artísticos, educativos e, incluso, cívicos. Y bajo estos parámetros se levanta la arquitectura del Neoclasicismo.  

arquitectura neoclasica 7

Si Versalles era el modelo a no seguir y el que se intenta contrastar, el que se postula a imitar es el Panteón de Roma, en particular, y la arquitectura griega y romana en general. Estamos en la época de las excavaciones de Herculano y Pompeya, detenidas en el tiempo gracias a la lava del Vesubio. Ante los ojos europeos aparecen objetos domésticos, mobiliario, frescos y edificios casi intactos. Todo ello servirá como modelo para un arte decorativo que se materializará en objetos de todo tipo: telas, porcelana, vestuario, joyería… Por su parte, el Panteón de Roma, terminado bajo las órdenes de Adriano en el siglo II y que nunca acusó ruina total, será el modelo clásico a seguir. Su estructura circular con un pórtico con columnas rematado con un frontón se imita en iglesias (como la de la Magdalena de París) o edificios civiles (como el Mausoleo de Thomas Jefferson en Washington).

La arquitectura del Neoclasicismo busca la elegancia en la sobriedad (incluso en el minimalismo) y fía toda la fuerza a la creación de edificios geométricos, cuadriculados rodeados por columnas clásicas. Los frontones en triángulo se sitúan sobre puertas que dan cuenta por escrito del edificio que se traspasa o visita en los dinteles de las ventanas y en los huecos de ventilación. El orden se manifiesta en todos los elementos, creando estructuras en repetición. Hay un gusto especial por las filas de columnas, tal como es característica del arte griego. Se abandona la decoración superflua y las paredes se vuelven sencillas y lisas protagonizadas por la piedra o por el ladrillo. La búsqueda de los parámetros clásicos también se materializa en arcos de triunfos o en puertas de acceso a las grandes ciudades. Dos grandes ejemplos son la Puerta de Brandeburgo en Berlín o la Puerta de Alcalá en Madrid. 

Urbanismo y nuevos modelos sociales en la arquitectura del Neoclasicismo  

Si con anterioridad la construcción artística estaba centrada en levantar palacios, iglesias o catedrales, todo cambia a mediados del siglo XVIII y sus nuevos modelos políticos. La Revolución Francesa ensalza los valores democráticos (con sus reservas) y republicanos mientras en América comienzan a gestarse los movimientos independentistas que desembocarán en los nuevos estados modernos. La monarquía (incluso en Europa) va perdiendo poder en favor de parlamentarismo y, paralelamente, el espíritu ilustrado del Siglo de las Luces pone el foco en la formación y en la educación, incluso de todas las capas de la sociedad. Paralelamente, se realizan reformas educativas y universitarias para adaptar los planes curriculares a las nuevas necesidades sociales y al nuevo sentir cívico. 

Todo ello desemboca en la creación de teatros abiertos al público (como la Scala de Milán o la Fenice de Venecia), grandes museos a partir de las colecciones reales (entre ellos se encuentran el Museo del Louvre, el Museo del Prado de Madrid o el Museo Británico), academias (la de la lengua o de la historia españolas…), casinos, tertulias, edificios administrativos de hacienda o para la bolsa…  

Arquitectura Neoclasica 9

Paralelamente, se financian grandes proyectos urbanísticos cuya cota más ambiciosa la encontramos en la nueva Lisboa promovida por Pombal tras el terremoto del 1 de noviembre de 1755. Otro ejemplo es la reforma urbanística instigada por el rey Carlos III en Madrid con la creación de una red de saneamiento, alumbrado, parques, edificios públicos, avenidas arboladas… Las ciudades ya no se conciben como un laberinto desordenado de calles donde se apiñan las casas junto a iglesias o algún palacio sino que hay un plan racional y para todos. Ese para todos, por supuesto, hay que ponerlo con la salvedad de la época. Estas construcciones se levantan, en su gran mayoría, sobre solares vacíos y las guía el espíritu racional, el orden en su elementos, el recuerdo del pasado heroico clásico (que quiere mostrar un futuro prometedor), la sencillez y, por primera vez, la funcionalidad e, incluso, un atisbo de limpieza de la que carecían las ciudades occidentales. Si Lisboa es un ejemplo de las características de la arquitectura neoclásica (visible incluso en su línea de viviendas), otro es el Paseo del Prado de Madrid (ya declarado Patrimonio de la Humanidad). Aquí se levantan parques (como el Retiro) con sus arboledas ordenadas, un museo con las colecciones reales y siguiendo estos parámetros (el Prado), anchas avenidas, edificios civiles desconocidos hasta la fecha (como La Bolsa). A la par, se coloca el saneamiento y se hacen más seguras las calles y es el ejemplo más sublime del Neoclasicismo español.  

Fue el primer estilo arquitectónico común a toda América y a Europa 

Aunque el arte barroco tiene algunos ejemplos en los virreinatos españoles más antiguos (México y Perú), este no tiene el favor de los modelos de la arquitectura del Neoclasicismo, el cual se postula como favorito en esta parte de mundo. Ayuda en este éxito que coincide su auge con la independencia de los distintos territorios y, por tanto, aparecen nuevas fórmulas simbólicas alrededor del espíritu republicano y democrático. Y con estos llegan los conceptos de orden racional, amor por la ciencia, el empirismo, la comprobación… Se reniega de cualquier exceso y los edificios que se levantan de la nada responden a esa cosmovisión. En Sudamérica se diseñan los parlamentos o las sedes administrativas como la Casa de la Moneda de Santiago de Chile o el Capitolio Nacional de Colombia en Bogotá. 

Arquitectura neoclasica 8

Y la arquitectura del Neoclasicismo llega hasta bien entrado el siglo XIX en Estados Unidos (especialmente en el eje este) con la creación de todos sus edificios civiles, políticos, administrativos y políticos. De esta línea, por poner algunos ejemplos, son el Congreso o la Casa Blanca. Y la ciudad de Washington (como décadas antes había sucedido con Lisboa) se levanta de la nada con un urbanismo racional, ordenado y con tintes heroicos a pesar de sus valores cívicos y republicanos. Prácticamente las grandes obras de la capital americana hasta las primeras décadas del siglo XX responden a este estilo. Y vamos a más, los primeros rascacielos aúnan las características del Neoclasicismo con las fórmulas del Art Decó. Es, por tanto, el modelo constructivo común a todo Occidente y en él se manifiestan los cambios sociales e históricos de la época.  

Independencia y nuevos modelos de representación 

La arquitectura del Neoclasicismo constituye, resumiendo mucho, la simbolización de los nuevos valores cívicos y sociales, alejados del eje tradicional monarquía-iglesia. Se busca, para ello, la armonía, el orden, la elegancia y la sobriedad de las construcciones clásicas que, por entonces, comenzaban a aflorar en forma de excavaciones controladas. El espíritu republicano y democrático se traduce en la proliferación de edificios civiles e, incluso, públicos donde se dan a conocer las obras de arte antes reservada a la élite aristocrática. Aparecen los primeros museos, las academias, las tertulias, bibliotecas públicas… Los proyectos buscan funcionalidad sin olvidar una representación. Y se incluye, en el urbanismo y en la arquitectura,  al estrato popular de la población. Aunque aún se siguen levantando iglesias o casas palaciegas, la mayoría de las construcciones responden a este concepto de avance, de progreso, de creencia positiva en la educación y la formación. Paralelamente, se ordenan algunas ciudades, las que se pueden porque hay un desarrollo hacia un espacio vacío (París, Madrid, Milán…) o porque han sido destruidas (Lisboa) o sencillamente porque se levantan prácticamente de la nada (Washington). Eso incluye parques públicos, alamedas, avenidas arboladas, saneamiento, iluminación… La estructura de algunas de ellas, como Buenos Aires, por poner un ejemplo, responde a este afán de apertura.  

Conforme va avanzando el siglo XIX, en Europa se abrazan otros modelos, aunque nunca se abandona este espíritu racionalista (otro ejemplo es el Ensanche de Barcelona) y los modelos de la arquitectura del Neoclasicismo se concentran en América del Norte, especialmente en Estados Unidos. En Europa sus caracteres siguen vigentes en una fórmula novedosa: los primeros centros comerciales. Aunque estos aúnan aspectos modernistas o del Art Decó, la base es neoclásica. Ahora se incorporan avances técnicos, como las cúpulas de cristal presentes, por poner otros ejemplos, en la Galería Víctor Manuel de Milán o en las Galerías Reales de Bruselas.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

Las principales características de la arquitectura neoclásica comienzan a vislumbrarse en algunos países de Europa (Inglaterra o Francia) a principios del siglo XVIII. Si bien el auge del nuevo modelo toma fuerza a mediados de la centuria para irse apagando en el viejo continente conforme va avanzando el XIX. En esa fecha, se continúa el relevo constructivo en los distintos países americanos, primero en el sur y, posteriormente, en el norte. Así, estos modelos, inspirados en la arquitectura romana o griega, siguieron vigentes, como veremos, en algunas ciudades modernas creadas prácticamente de la nada a partir del siglo XIX. Este es el caso de Washington: julio de 1790. Si una de las principales características de la arquitectura neoclásica es su retorno a la arquitectura griega y romana, no se puede entender el movimiento sin el racionalismo exacerbado del llamado Siglo de las Luces. Este es el otro extremo que, en parte, explica, el movimiento.  

1.- El neoclasicismo arquitectónico surge como rechazo a los excesos del arte barroco y su representación 

El modelo creativo pasado lo encontramos en Versalles, grandiosa, monárquica, excesiva, absolutista y tan elitista que su forma de vida desembocó en la Revolución Francesa. Los cambios de régimen (en Francia) o de reyes (en España) o de modelo político (América) requerían una nueva forma de entender las ciudades y el urbanismo. De la exageración aristocrática (en todos los órdenes) se va evolucionando a un principio de minimalismo. Así, se imponen las fórmulas heredadas del pensamiento republicano cuyo objetivo (con sus salvedades) se centraban en un poder civil desvinculado de los reyes y de la iglesia. A ello contribuye el auge de la burguesía, del espíritu parlamentario, de las academias, de las reformas educativas y universitarias. A esta nueva cosmovisión responde la arquitectura del Neoclasicismo.  

2.- No se pueden entender las características de la arquitectura neoclásica sin la recuperación de las ruinas clásicas de Pompeya y Herculano

Va de la mano con lo anterior y continúa la corriente iniciada especialmente con la literatura renacentista. Ahora bien, si en el siglo XVI se vuelve a los textos de la literatura griega o romana, ahora se ahonda (en el sentido literal) en los restos de las civilizaciones clásicas. En este sentido, las excavaciones en Herculano y Pompeya, detenidas en el tiempo al ser enterradas por la lava del Vesubio, sacan a la luz enseres, esculturas o pinturas al fresco que sirven de modelos a imitar para la decoración y el arte. Aunque la pintura renacentista había recreado estos modelos, ahora aparecen en todo su esplendor y directamente, a la vista y al tacto de todos. A la par, se recuperan edificios con la sobriedad y la repetición características del arte griego. Sin ir más lejos el Partenón de Atenas. Y todo ello se contrapone fuertemente con los excesos anteriores, renegando con fuerza del estilo barroco. En definitiva, los nuevos arquitectos se reflejan en las obras del pasado para crear edificios adaptados a las necesidades contemporáneas. Y estas, como veremos, irán más allá de iglesias y palacios.

Panteon de Roma

3.- Uno de los edificios que se toma como modelo en la arquitectura neoclásica es el Panteón de Roma 

Situado en una plaza tan pequeña que apenas puede admirarse su grandeza y terminado en el siglo II por orden de Adriano sobre un templo anterior, el edificio nunca ha estado en ruina. La nave circular con su pórtico de columnas corintias en granito repetidas armónicamente y en orden ha servido de inspiración para iglesias (como la de la Magdalena de París o la Iglesia de San Francisco de Paula de Nápoles), edificios civiles o administrativos (como el Monumento a Thomas Jefferson de Washington).  En todos ellos la nave central está protagonizada por un espacio circular que termina en cúpula y el edificio en su conjunto se abre a un pórtico con columnas ordenadas y rematadas con un frontón en el que ahora se alaban los nuevos modelos religiosos (con la reforma asentada plenamente) o políticos (espíritu republicano y parlamentario).  

4.- Nacen construcciones para los nuevos modelos cívicos como los teatros públicos, museos y las academias 

Otra de las características de la arquitectura neoclásica es que abandona los modelos antiguos centrados en iglesias y palacios. El Siglo de las Luces supone la creación de espacios abiertos al público en general (con sus salvedades que de manera total no llegará hasta el siglo XX). Las grandes colecciones artísticas reales pasan a engrosar pinacotecas o museos con ejemplos soberbios en este estilo. Y nada más tengo que nombrar estos tres grandes nombres: Museo del Louvre, Museo del Prado o el Museo Británico. Estos espacios ya se conciben con ese carácter público diseñados con grandes salas, arcadas, pasillos y entradas siguiendo el orden racionalista de columnas. No encontramos apenas concesión a los adornos superfluos, curvas y roleos propios del Barroco. Un tanto de lo mismo sucede con las academias (la de la lengua o la historia en España por poner dos ejemplos) o los espacios de organización civil alrededor de los casinos o tertulias con sus bibliotecas y salas de reuniones. A la par, se abren teatros cómodos a los que se acceden mediante pago de entrada. Dos ejemplos representativos son el teatro de la Scala de Milán o el de la Fenice en Venecia.  

5.- Otra de las características de la arquitectura neoclásica es que está vinculada al nuevo urbanismo, racional y organizado.

El mejor ejemplo es la nueva concepción de Lisboa tras la devastación producida por el terremoto del 1 de noviembre de 1755.  De la mano del marqués de Pombal, estos modelos se llevaron a localidades muy pequeñas incluso, tal es el caso de Vila Real de Santo Antonio, en el Algarve portugués. En la capital, las calles estrechas heredadas de la cultura árabe solo perviven en Alfama y los nuevos espacios en torno la Plaza del Comercio se realizaron en cuadrícula con anchas avenidas, con modelos multiplicados y ordenados. Con ello se quería ofrecer un orden extremo que representara la nueva forma de vida en torno al racionalismo. Otro ejemplo es el Madrid diseñado por Carlos III y sus nuevas leyes. La limpieza (con la creación de una red básica de alcantarillado), la lucha contra la delincuencia (y también la disidencia política) con el fomento de un mínimo alumbrado y la creación de los novedosos edificios educativos y civiles (museos, academias, parques o la bolsa) tienen un claro ejemplo en el Paseo del Prado, hoy declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  

Arquitectura neoclasica 1: Teatro de la Scala de Milán

6.- Los espacios son sobrios, aireados, cuadriculados y amplios

Y este concepto se manifiesta tanto en los interiores como en los exteriores. Se crean plazas grandes, cuadradas, parques para el recreo de la población sobre antiguos cotos de caza, avenidas arboladas, bulevares para el paseo. A la par, se reorganiza mínimamente el tráfico de carruajes y peatones. Todo ello se hace con sobriedad, con un estilo lineal y recurriendo a la repetición para crear armonía. Las construcciones se hacen grandes pero eliminando cualquier atisbo de exceso decorativo. La funcionalidad cobra por primera vez extrema importancia y relevancia. Los aspectos religiosos quedan aparcados para crear una arquitectura y un urbanismo con tintes democráticos.  

7.- La arquitectura neoclásica tiene preferencia por las columnas repetidas y los edificios limpios 

Tanto es así que son fácilmente reconocibles a simple vista. El ladrillo se mezcla con la piedra y las columnas se convierten en el elemento decorativo más socorrido. Estás forman líneas que recuerdan tanto a un pasado grandioso como a un futuro prometedor. Un tanto de lo mismo sucede con las ventanas o cualquier apertura, siempre dispuestas en línea y orden. Aunque también se usa el medio punto para rematar puertas y puntos de ventilación, hay preferencia por la terminación siguiendo el modelo de frontón de la arquitectura clásica. Este mismo concepto se traslada a los jardines que se realizan conformando una estructura geométrica con avenidas arboladas que recuerdan a las columnas de la arquitectura neoclásica. 

8.- Se levantan puertas de acceso a las ciudades a modo de los arcos de triunfo 

Y también estructuras con el fin de recordar victorias militares o hazañas heroicas. Un ejemplo es el Arco de Triunfo de París con la conmemoración de las victorias de Napoleón situado en el punto central de la plaza circular de La Estrella. Hacia el oeste se desarrolla un bulevar siguiendo los preceptos de los jardines a la francesa que desemboca en un bosque organizado posteriormente a la manera romántica. Otros ejemplos de estas puertas de la arquitectura neoclásica son tan famosas como la Puerta de Brandeburgo en Berlín o la Puerta de Alcalá en Madrid. 

Arquitectura neoclasica 8 

9.- Las principales características de la arquitectura neoclásica llegó a América

Donde se hizo el estilo predominante especialmente en Estados Unidos que, por entonces, comenzaba a ensalzar sus valores republicanos y democráticos. Aunque encontramos algunos ejemplos de arte barroco en lo que fueron las primeras colonias españolas (Perú, México…), el Neoclasicismo fue el estilo de las nuevas naciones que comenzaban su andadura como países independientes. La mayoría de los edificios neoclásicos de América del Sur están vinculadas a la actividad administrativa o política. Las columnas repetidas propias del estilo son características del Palacio de la Moneda de Santiago de Chile o Capitolio nacional de Colombia por poner algunos ejemplos.  

10.- Las principales características de la arquitectura neoclásica pervivió en Estados Unidos 

Y lo hizo hasta finales del siglo XIX e, incluso, bien entrado el siglo XX. Washington es un ejemplo radical de esta nueva forma artísticaa. Coincidiendo con la independencia, la Constitución y el avance de los derechos civiles (que no culminaría hasta el siglo XX), los majestuosos edificios públicos, administrativos o políticos llevan este marchamo. Hay un gusto por el blanco o los tonos claros, el uso de la piedra, la repetición de columnas, el aspecto heroico o positivo. Todo ello se manifiesta en bibliotecas, mausoleos, universidades de la parte este e, incluso, en la Casa Blanca o en el Congreso. La inspiración del arte neoclásico llega incluso a los primeros rascacielos que mezclan los preceptos del art decó y su búsqueda de la belleza a través de la sencillez de los materiales lujosos.  

En Europa, los estilos, a partir del primer tercio del siglo XIX, se iban sucediendo unos a otros en todos los campos del arte. Aún así, las reminiscencias de las principales características de la arquitectura neoclásica se utilizaron para la creación de los primeros centros comerciales cuyos ejemplos más hermosos son las Galerías Victor Manuel de Milán o las Galerías Royal de Bruselas. Aquí el orden, la repetición, los frontones en ventanas y puertas, las columnas o la geometría se mezclan con los alardes técnicos (para la época) de las cúpulas de cristal.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Arquitectura neoclasica 5 

 

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