Candela Vizcaíno

Candela Vizcaíno

 

Si la vida de Lope de Vega está llena de lances, pleitos y desencuentros desafortunados y la de Miguel de Cervantes está salpicada de cárcel, prisión y ruina, la biografía de Pedro Calderón de la Barca es más serena, reposada y dada a los goces del intelecto. Los autores del Barroco nos dejaron historias y anécdotas de todo tipo (incluso tramas de espías en las que estuvo involucrado Francisco de Quevedo, por poner un nombre más que famoso), sin embargo nuestro protagonista y también Góngora fueron espíritus intelectuales que todo lo dejaron para las letras (aunque el cordobés no hacía precisamente gala de ánimo reposado ni de templanza). Quizás, en este carácter de ambos influya la condición sacerdotal. Dicho esto, no significa que la biografía de Pedro Calderón de la Barca sea tan insulsa que no merezca un artículo. Simplemente anoto que tuvo un carácter esencialmente reposado que no tuvieron otros autores de su mismo siglo.  

Los primeros años en la biografía de Pedro Calderón de la Barca 

Nació en Madrid el 17 de enero de 1600 en el seno de una familia acomodada, culta y con apellidos que le posibilitaban abrirse algunas puertas. Su padre era funcionario de hacienda con un cargo heredado del abuelo del escritor. Pedro Calderón de la Barca fue el tercero de una familia numerosa de seis hermanos. Recibió las primeras letras en casa como era frecuente en la época y con nueve años comenzó sus estudios en el Colegio Imperial de los Jesuitas que ya llevaba el sello educativo de la orden. Con tan solo diez años pierde a su madre. Y cinco años más tarde fallece el padre, a quien le da tiempo a casarse de nuevo. Esta boda supone para los hermanos la pérdida de parte de la herencia. Tanto fue así que tuvieron que vender el cargo de secretario que de tantos apuros económicos pudieran sacarles en el futuro.  

A pesar de toda esta desgracia anímica y económica en el ámbito familiar, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares y luego en la de Salamanca. Estuvo formándose en Cánones y Derecho desde 1614 hasta 1620. Tras su vida universitaria, parece que anduvo con malas compañías tanto él como sus hermanos. Se sabe que estuvo implicado en un lance en el que resultó muerto una persona cercana al duque de Frías. Parece que la condena económica hizo recapacitar al joven escritor y desde ese momento se centró en sus obras. En una fecha tan temprana como 1623 compone Amor, honor y poder, la primera comedia conocida de una larga lista de obras.  

La importancia del duque de Frías en la biografía de Pedro Calderón de la Barca 

Aunque los datos no son exactos, parece que viajó por Italia y Flandes y en 1925 ya estaba plenamente asentado como ayudante del duque de Frías en Madrid. Su posición, su sueldo y su carácter le permiten entrar en Palacio donde da a conocer sus obras. Esto último tiene bastante importancia, ya que desde esa atalaya de privilegio puede componer comedias con la certeza de que van a ser representadas no solo sin escatimar recursos sino con lujo y boato. Y, además, que las va a cobrar, extremo este muy importante a la hora de ponerse a crear. A pesar de su situación acomodada no se conformó con reproducir lo que se esperaba de un autor cortesano e innovó hasta convertirse en uno de los más importantes literatos del canon. A pesar de que su espíritu fogoso se vio envuelto en otra anécdota trágica (con espada de por medio) que no llegó a mayores, una de sus obras (Los encantos de Circe) fue elegida para inaugurar los jardines y el palacio del Buen Retiro. La fiesta fue mayúscula con magos y cómicos llegados del extranjero y una de las obras de nuestro artista como plato fuerte. 

La Orden de Santiago y el hijo secreto  

Fue investido en 1637 y allí tuvo que demostrar que era de procedencia noble, aunque este tipo de documentos eran también objeto de falsificaciones. Con ese honor tenía la responsabilidad de participar en el ejército. Lo hizo primero bajo las órdenes del duque del Infantado y luego con Olivares. Estuvo en el sitio de Lérida, en 1642, donde fue herido y perdió a uno de sus hermanos. Por las secuelas de la batalla recibió una pensión y, además, el duque de Alba lo tomó bajo su servicio.  

Aunque poco se sabe, sí parece que tuvo un hijo de nombre Pedro José, nacido en 1647 y fallecido siendo niño. Fue reconocido por su padre, extremo infrecuente en la época. El carácter retraído y poco dado a hablar de su vida privada ha contribuido a conocer pocos detalles sobre el vástago. En palabras de Juan Luis Alborg, la personalidad de Pedro Calderón de la Barca fue haciéndose negativa conforme iban pasando los años:  

“El carácter de aquella guerra fratricida [la de Cataluña], el estado de la corte, los repetidos fracasos de la nación, la muerte de su hermano, debieron influir profundamente en el carácter desengañado y pesimista de Calderón.”  

El sacerdocio en la biografía de Pedro Calderón de la Barca 

La ordenación fue en 1651 e inmediatamente pasó a ser capellán de los Reyes Nuevos de Toledo donde mudó residencia. Eso no le impidió seguir componiendo obras para las grandes y reiteradas fiestas de palacio. De Toledo pasó a Madrid de nuevo en 1663 para ocupar el mismo cargo pero ahora para el rey. Y desde la corte llega a la Congregación de los Sacerdotes Naturales de Madrid. Como vemos, todo en la biografía de Pedro Calderón de la Barca (a excepción de algún encontronazo con la espada) le fue favorable. Tanto es así que es uno de los pocos literatos españoles que gozó de fama, reconocimiento y fortuna en vida. Logró coleccionar obras de arte y levantar una importante biblioteca y no se le conoce, como al resto de los autores del Barroco, enemigos declarados que le insultaran (o él hiciera lo mismo) con sus correspondientes pleitos.  

Esta vida concentrada en el quehacer literario sin cargas económicas ni familiares le permitió escribir un opus de extrema calidad (hasta el estremecimiento) y de gran cantidad. Murió tranquilamente el 25 de mayo de 1681, a una edad bastante avanzada para la época. En su testamento dice:  

“Hallándome sin más cercano peligro de la vida que la misma vida, y en mi entero y cabal juicio”.  

Solo hay que anotar, por último, en la biografía de Pedro Calderón de la Barca que, a pesar de producir obras teatrales para todos los festejos de la corte, su vida transcurrió con tranquilidad, en soledad y resaltando la inutilidad de todo tipo de vanidades que en la época eran muchas, extremas y públicas.  Gustaba de disfrutar de sus obras de arte, de sus libros, del estudio y de los placeres que ofrece el intelecto.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Aedea inicia su colección de cuentos infantiles con una joya literaria para princesas, El Bosque de las Respuestas. El texto corre a cargo de Candela Vizcaíno que va tejiendo la historia al tiempo que Angelino Carracedo la ilumina con sus ilustraciones. El mejor comienzo para una serie de títulos de literatura infantil apta para todos los públicos y que Aedea irá presentando a lo largo del camino.

El Bosque de las respuestas, un cuento infantil corto para princesas de verdad

Es un cuento de princesas de verdad. Candela Vizcaíno se aleja de los tradicionales cuentos infantiles para ofrecernos un relato muy especial. La historia de una niña que quiere ser valiente, inteligente y fuerte. La niña protagonista es un princesa, aunque ella no lo sabe, que busca el lugar concreto donde hacerse más fuerte, valiente e inteligente. Ese lugar es el Bosque de las Respuestas, un bosque lejano que debe encontrar de la mano de su madre en un viaje iniciático sobre un tablero en espiral. Un juego de la oca para descubrir los entresijos del propio corazón.

La casilla de salida de este viaje del corazón se sitúa en casa, en el olivo retorcido que le quita el miedo a la niña. Y a la madre también. Los árboles infunden a la pequeña princesa la valentía y la fuerza que su corazón necesita mientras los girasoles van indicándole el camino hacia la casilla final. Las respuestas que busca la pequeña princesa están en un bosque lejano, muy lejano. No se rinde por más fatigoso que sea el camino porque ella es una princesa de verdad. Si lleva en su corazón las hojas del olivo, si en su memoria el olor del azahar, si también el susurro de los pinos. Ya no hay miedo y no se rinde. 

Madre e hija caminan y caminan, se fatigan, pero no se desalientan en el viaje hasta ese Bosque de las Respuestas. El camino se lo indican las flores y los girasoles, pero se lo marcan los pinceles de Angelino Carracedo capaz de mostrar a las dos viajeras los detalles más reveladores. Los símbolos fluyen entre las ramas de los árboles y deja a la pequeña princesa la tarea de interpretarlos. Como punto de partida para la colección de cuentos infantiles ilustrados, El bosque de las Respuestas es un auténtico lujo. 

cuentos infantiles cortos

Candela Vizcaíno y Angelino Carracedo, mano a mano en la colección de cuentos infantiles ilustrados 

Candela Vizcaíno no ha llegado por casualidad a escribir 'El Bosque de las Respuestas'. Si bien es cierto que es su primera incursión en la literatura infantil, lleva a sus espaldas un amplio bagaje como hilandera de palabras preciosas y precisas. A esta Doctora en Comunicación le avala una grandiosa tesis sobre Akira Kurosawa, un libro de 'Poemas sin orden ni concierto' o una novela tan sorprendente como 'Los girasoles florecen en junio’.

Pero es que ella siempre ha estado 'Hilando palabras' y así ha ido construyendo un preciosos tapiz de delicados recuerdos, de sueños y de ilusiones. Hila y entreteje las palabras como nadie y el resultado lo comparte en su faceta de bloguera en el que es su espacio más personal, 'El blog de Candela Vizcaíno'. Ahora es el momento de tejer nuevos sueños hilando historias diferentes como 'El Bosque de las Respuestas', la joya que abre la colección de cuentos infantiles ilustrados de Aedea o, más bien, la colección de nuevas ilusiones.   

Angelino Carracedo también se estrena en la ilustración de cuentos infantiles. Para un texto tan especial como el que encontramos en El Bosque de las Respuestas hacía falta un artista muy especial. En plena sintonía y como si estuvieran en un mano a mano, Angelino Carracedo da relieve a las palabras de Candela Vizcaíno en unas ilustraciones que descubren al dibujante pero a la vez poeta. El resultado es un cuento mágico donde los símbolos de este viaje interior serán descubiertos por niños y adultos al mismo tiempo. 

Imagen Bosques Respuestas 3

No podríamos definir a un artista como Angelino Carracedo precisamente porque es imposible encasillarle, pero es un maestro en el manejo de los símbolos. Artista polifacético y multidisciplinar, el misterio envuelve su figura y su obra que conocemos por las ilustraciones de la novela 'La Piedra Nawlka' de Gabriel Vicente o por ilustrar libros de poemas como 'Tengo un amigo que no tiene amigos' de Pepe Quero o 'Cosas extrañas que sin embargo ocurren' de Inma Luna. También ha puesto imágenes a poemas como 'Una bestia que ruge' de Santiago Auserón y 'Tu sombra' de Christina Rosenvinge.

Un soplo de aire fresco para la literatura infantil

Tanto o más que los adultos, los niños están cansados de los típicos cuentos infantiles con protagonistas que poco tienen que ver con su mundo real. Por eso Candela Vizcaíno propone un texto diferente y tan asequible como el lector quiera que sea. La niña protagonista se pregunta cómo ser fuerte, inteligente y valiente porque ya a su edad es consciente de la fragilidad del ser humano ante las circunstancias vitales. Y las respuestas que busca no son fáciles de encontrar.

El Bosque de las Respuestas está lejos, implica un gran esfuerzo y cierta iniciativa para emprender ese viaje hasta el mismo corazón. La pequeña princesa junto con su madre caminan infatigables, venciendo a las inclemencias del tiempo y de la vida, superando el viento, el frío, la empinada cuesta hasta el destino final. Porque El Bosque de las Respuestas no está precisamente al lado de casa, está lejos justo en la cima de una montaña. 

La habilidad narrativa de este cuento infantil sorprende por la naturalidad con que nos desvela asuntos como quitar el miedo de la niña protagonista, infundir fuerzas a la pequeña princesa y acompañarla durante este viaje atemporal sabiendo que no puede rendirse. Porque una niña que sabe escuchar a los árboles, que sabe cómo abrazar a los girasoles para que le indiquen el camino y que sabe el valor del esfuerzo es una niña fuerte, valiente e inteligente.

El simbolismo reinterpretado para los cuentos infantiles 

Uno de los aspectos más interesantes de El Bosque de las Respuestas es su carácter simbólico, algo que no pasa inadvertido al lector independientemente de su edad. La niña protagonista da comienzo a un viaje iniciático que todos deberíamos hacer a lo largo de nuestra vida. Es el camino de la búsqueda interior que es el que de verdad nos enriquece. Y también el que nos hace más fuertes, más inteligentes y más valientes.

La naturaleza cobra especial protagonismo en este viaje tanto en el texto como en las ilustraciones. Atravesar el bosque se logra si te paras a escuchar el susurro de los árboles, los girasoles te indicarán el camino si sabes cómo abrazarlos y las hojas del olivo y de los pinos son un recurso fundamental para saltar a la siguiente casilla de esta espiral que te enreda caminando como en un juego de la oca de puente a puente, de bosque en bosque sin rendirte ni al subir la escalera imponente que te lleva hasta la cima. 

Estamos ante a un cuento breve pero con enjundia. La historia se puede contar de mil maneras, pero en este caso podemos deleitarnos de forma incansable con las inquietudes de la niña princesa, con las palabras de los árboles y con toda la reflexión que conllevan. No es un cuento infantil difícil de leer, pero el simbolismo que contiene entre sus palabras e ilustraciones puede alargar hasta el infinito su contenido porque, al fin y al cabo, las preguntas de la niña son universales, la búsqueda de la niña es atemporal y en esta vida no paramos jamás de caminar. A veces en espiral, a veces por un camino allanado y otras más por una empinada cuesta.

De esas hojas de olivo que llevemos en la mano dependerán nuestras fuerzas, de cuánto acerquemos al corazón las hojas de los pinos dependerá nuestra valentía. Y de lo que seamos capaces de escuchar durante el camino dependerá nuestra sabiduría. Entre las páginas de este bosque de respuestas encontramos palabras hilvanadas con la cadencia precisa para ser comprendidas por pequeños y grandes que quedan resaltadas por las ilustraciones donde se van adivinando las respuestas que busca la niña princesa, esas que son las mismas que buscamos todos.

Lo conseguirás si no te rindes, porque todo lo que necesitas para seguir caminando está dentro en tu corazón. 

La colección de cuentos infantiles de Aedea apta para todos los públicos 

Con un estreno de lujo como 'El Bosque de las Respuestas' para esta colección de cuentos ilustrados, Candela Vizcaíno y Angelino Carracedo se proponen reinventar la literatura infantil con historias aptas para todos los públicos. Porque las niñas todavía quieren ser princesas, pero unas princesas diferentes con unos intereses que comparten con los adultos como este de conocer los entresijos del corazón.

Resaltamos el para todos los públicos en esta colección de cuentos infantiles ilustrados porque son algo más que cuentos, son píldoras para la felicidad cargadas de simbolismo. Y se pueden tomar como los cuentos infantiles tradicionales que se cuentan, que se leen, que se ven y se cierran o se pueden tomar como lo que realmente son: historias que emocionan y que permanecen en el corazón una vez has cerrado el libro.

Los libros infantiles de Aedea son para los niños curiosos, inquietos, ansiosos por saber más. Cuentos que despiertan el interés infantil y el asombro del adulto. Con palabras hiladas que van siempre un paso más allá, con prosa poética y con poemas en esas ilustraciones que invitan a soñar. Para soñar nos preparamos esperando los nuevos cuentos ilustrados para pequeños y grandes. Mientras tanto, caminamos hasta 'El Bosque de las Respuestas' hasta encontrar las respuestas que realmente importan.

Por Laura Vélez

 

 

Y sí, aunque la imagen llevando una casa a cuestas ha aparecido en infinidad de películas y está grabada en nuestra retina, al día de hoy se está convirtiendo en la última moda en cuanto a opciones viajeras se refieren. Ni que decir tiene que la gran pandemia ha tenido algo que ver en este alza, sin embargo, en honor de la verdad, la tendencia venía de antes. Tanto es así que el furor por esta forma de desplazarse para conocer sitios nuevos ha propiciado que hayan surgido hasta plataformas que se dedican a ayudarte a alquilar una autocaravana poniendo en contacto  entre sí a particulares trotacaminos. Vamos… que el nuevo Airbnb lleva ruedas y te permite moverte con total libertad.  

Las ventajas de alquilar una autocaravana

1.- Como el glamping (que también se encuentra en alza desde la última década), hay un creciente interés por conocer sitios fuera de los circuitos más conocidos. Un vehículo de este tipo que te permite aparcar (aunque con sus condiciones) en playas idílicas, valles estrellados y bosques frondosos es la mejor manera de salir de casa. 

2.- Aunque depende de los modelos, las hay más que completas con su baño, inodoro, cocina (muy importante) y zona de descanso que se convierte en dormitorio moviendo unas pocas palancas. Esto es, el confort está garantizado. 

3.- ¿Y qué decir de la libertad? El más preciado bien de la humanidad está poniéndose en valor entre los urbanitas agotados por tanta norma y la complicación a la hora de hacer cualquier cosa. Si te decides a alquilar una autocaravana, te puedes olvidar de los horarios y de estar pendiente de los transportes. Aunque organices tu ruta, puedes dejarte llevar por la bohemia implícita de la carretera. 

4.- Sí que es verdad que este tipo de vehículos son bastante caros y costosos de mantener por todo lo que implica de seguros, puesta a punto o impuestos, pero está la opción del renting. Y de eso es lo que estamos hablando ahora. Además, como es una forma de vivir, viajar o recorrerse el mundo, que lo puedes llamar como quieres, han surgido plataformas que ponen en contacto a los propietarios con los interesados. El Airbnb de las autocaravanas se llama Yescapa y te dejo el link aquí abajo. 

5.- Ni casa en la playa ni cabaña en la montaña ni vehículo que mantener, la fórmula te permite cambiar dependiendo de las necesidades y/o el capricho que también tenemos derecho a esto. 

6.- Son perfectas para los viajes con niños y/o mascotas (siempre y cuando tengan las comodidades básicas). También están buscadas por parejas que gustan de hacer circuitos más cercanos a la naturaleza o al aire libre. 

7.- La gozada de despertarte en un lugar apartado o disfrutar de las estrellas fuera de la carretera son sensaciones difíciles de describir.  

Los inconvenientes de alquilar una autocaravana y apuntarte a esta nueva forma de viajar

1.- Que todo no son ventajas y aquí va la primera. Aunque la libertad sea la norma en esta nueva forma de moverse, es imprescindible cierta planificación. Fundamental organizar (en un camping) la retirada de las aguas sucias o proveerse de la potable.

2.- El aparcamiento también puede ser un quebradero de cabeza aunque, en la actualidad, no solo se habilitan más zonas en ciudades sino que también puedes encontrarlas debidamente señalizadas en Google Maps con facilidad. 

3.- La acampada (parar, abrir las puertas y sacar los bártulos) no está permitida en zonas urbanas aunque en muchos parajes apartados sea el corazón de la experiencia. 

4.- Es importante asesorarse sobre las obligaciones y todos los permisos necesarios antes de ponerse en ruta. Si te decides a alquilar una autocaravana, hazlo en una plataforma de confianza, que haga un seguimiento de los vehículos que se ofrecen. 

5.- Comprueba que el seguro está en regla y que va a cubrir los desperfectos posibles durante el viaje. 

6.- Y muy importante es escoger un modelo para el que tengas el debido permiso para conducir. Los más grandes requieren del examen para camioneros y de esto no disponen todas las familias.  

¿Es seguro alquilar una autocaravana entre particulares?

Este es el peliagudo asunto que se preguntan todos aquellos que se inician en esta nueva fórmula. Si es tu primera vez, tienes muchas dudas y desconfías del asunto, lo mejor es dirigirse a las plataformas especializadas. Si nos vamos a Booking para reservar una habitación de hotel o a Idealista para buscar piso, en este aspecto, lo más sensato es conducirse de la misma manera. 

En estas plataformas (como Yescapa que es mi favorito), no solo vas a encontrar modelos para todos los gustos sino también los comentarios de otros usuarios y las dudas resueltas a las preguntas más frecuentes. Lo normal es que alguien se haya preguntado lo mismo que tú. Ni que decir tiene que si pedimos (porque es lo que hay que hacer) que el propietario a quien vayas a alquilar una autocaravana cumpla con las de la ley, también lo hagamos nosotros.  

Los nuevos modelos de viajes, como el glamping (la acampada de lujo), los alojamientos rurales, la búsqueda de senderos para pedalear o caminar, la posibilidad de respirar aire puro o disfrutar del silencio se van imponiendo. La libertad que ofrece alquilar una autocaravana se suma a todo este cajón de posibilidades y nos hace mirar hacia otra forma de disfrute viajero alejado de aeropuertos, transportes públicos y posibilidades urbanitas.  

¿Te apuntas? ¿Te gusta la idea? 

Por Candela Vizcaíno

 

Análisis literario básico y resumido de la obra La Vida del Buscón de Francisco de Quevedo, novela picaresca del barroco literario español. 

 

Dentro de las obras de Francisco de Quevedo, El Buscón ocupa un lugar preeminente y eso que la crítica es unánime en considerarla una de sus obras de juventud. En ella está concentrada el canon y estilo literario de este autor del Barroco español cuya escritura ha trascendido los siglos. La novela fue publicada en 1626 en Zaragoza aunque, al parecer, pudiera estar escrita entre 1603 y 1608. Los eternos problemas con la censura retrasaron su impresión y también se acepta que hubo pasajes eliminados o re escritos para que pudiera pasar los exigentes filtros de la Inquisición. Aunque pertenece al género, no responde a todas las características de la novela picaresca. Asistimos a un relato único, original, descarnado y cruel hasta el esperpento de una realidad que va más allá del pesimismo vital y reconocido de su autor. 

Características básicas de La Vida del Buscón de Quevedo a tener en cuenta en su análisis

1.- La obra, tal como se despliegan en las páginas del Lazarillo de Tormes o del Guzmán de Alfarache, no tiene un fin didáctico o moralizante. Lo allí narrado no está concebido para aleccionar al lector sobre las consecuencias de la mala vida. 

2.- El Buscón es un relato formado por las descripciones de distintos personajes en los que no encontramos ni un ápice de piedad, comprensión o humanidad. Más bien todo en ella es caricatura hasta la crueldad extrema y el grotesco (que es uno de las principales características del arte barroco) se despliegan por todas sus páginas.  

3.- Ni siquiera asistimos al pesimismo que impregna otras obras de Francisco de Quevedo. No hay crítica o juicio; simplemente se pone delante del lector una realidad descarnada hasta el extremo.  

4.- Hay un predominio de la caricatura de la que no se libra ningún estrato social o condición personal. Todos los vicios de los gremios o de las clases se presentan al descubierto en La Vida del Buscón.  

5.- Es una obra violenta que se regodea en lo sucio, en el asco, en lo peor del ser humano sin ningún tipo de conciencia ni del bien ni del mal. En palabras de Juan Luis Alborg: 

“El novelista no se siente unido por lazo alguno de emoción hacia las figuras que maneja; todo ese mundo repugnante, que parece satirizar, toda esa rueda alucinante de hampones, hambrientos, matones, busconas, alcahuetas, toda esa sucesión de golpes, violencias y suciedades, constituyen para él un espectáculo divertido, materia prima de su obra, que Quevedo manipula con frialdad cruel y convierte en sustancia literaria después de elaborarla en las oficinas de su cerebro.” 

Más características de La Vida del Buscón de Quevedo 

1.- Si algo predomina en la biografía de Francisco de Quevedo es su carácter pesimista, su misoginia y el desencanto de todas las cosas del mundo. Ese escepticismo llega hasta el alma humana. 

“Todo el hombre es mentira por cualquier parte que lo examines, si no es que, ignorante como tú, crea las apariencias”.  

2.- Y a esta idea vital responde La Vida del Buscón. Los personajes no tienen un ápice de grandeza y todo lo fían al que dirán, y eso cuando lo hacen. Nada hay que los mueva al bien y se conducen por la vida guiados por un atroz egoísmo.  

3.- Aunque la novela picaresca tiene siempre un fondo de denuncia social (de los marginados, de los oprimidos o de los olvidados), en esta no se encuentra este extremo. Sus personajes están deshumanizados y convertidos en estereotipos aunque su tratamiento sea individual. Y no hay por donde cogerlos para redimirlos.   

4.- Y, por último, la obra, aunque nombra algunos lugares, no se entretiene con descripciones de naturaleza o de emplazamientos. Todo se deja al comportamiento atroz y desalmado de cada uno de los personajes.  

Con La Vida del Buscón de Quevedo se pone el broche final a las grandes obras de la picaresca en España que se inicia con Lazarillo de Tormes. Aunque el género se encuentra en Francia o en Inglaterra, es en la época de la decadencia hispana cuando da sus mejores frutos. Al parecer, y este punto ya está contrastado, la sociedad de la época en su conjunto era prolija en individuos de este cariz. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

17 Mayo, 2021

El arte fascista

 

Bajo la denominación de arte fascista se engloba la producción de obras (normalmente por encargo) en los regímenes totalitarios previos a la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, en esta categoría no encajan las obras creadas siguiendo los parámetros de las distintas vanguardias históricas que convivieron en el tiempo con esta tendencia. De hecho, las catalogadas como arte fascista fueron bastante pocas y, además, las de alguna calidad se centran especialmente en Italia. 

El arte fascista bajo los regímenes totalitarios 

En la Alemania nazi cualquier expresión de vanguardia era tachada inmediatamente de “degenerada” y sus productos condenados al ostracismo o a la hoguera. En estas grandes piras ardieron libros y lienzos empujando muy pronto a los principales creadores al exilio ante la deriva del Tercer Reich. Un tanto de lo mismo sucedió bajo el mandato de Stalin que coartó de raíz las posibilidades expresivas hasta reducir la producción a lo mínimo. La libertad necesaria para la producción artística no puede florecer y reproducirse con la censura impuesta por regímenes totalitarios en extremo.  

Aunque en España, con el régimen de Franco, el exilio fue casi completo, llegado un momento pudieron instalarse y producir con cierta libertad algunas figuras de renombre. Tal es el caso de Salvador Dalí o Miró, ambos pertenecientes a la estética del surrealismo. En Italia, la persecución a los creadores no llegó a la brutalidad alemana. Por ello, decir arte fascista es centrarse en este país donde un puñado de creadores se adaptaron a los requerimientos impuestos y lograron levantar obras de cierta calidad casi siempre por encargo y con unos pliegos de condiciones estrictos.  

Características del arte fascista 

1.- El modelo creativo en todos los aspectos tiene como sustrato la arquitectura romana con sus edificios colosales que exaltan las victorias militares. Sin embargo, la escultura o la pintura de este época pierde cualquier atisbo de sensualidad pagana y se hace recta, lineal, geométrica y de carácter frío. Esa vuelta al pasado clásico no tiene (ni mucho menos) el cariz que, en su momento, plantearon los artistas del Renacimiento. Así, ahora, con el arte fascista, la revisión de las glorias pasadas se centra en los símbolos morales básicos que se ensalzan hasta el extremo. 

2.- Al hilo de lo anterior, se buscan temas alegóricos y simbólicos que pretendían llegar por la fuerza al ánimo del espectador. Por poner un ejemplo, en el mosaico del Palacio de la Justicia de Milán realizado por Mario Sironi en 1936, las figuras aparecen sin ningún tipo de emoción y reducidas a su papel simbólico. La justicia (representada por la balanza) une o separa (según se mire) a la fuerza (que lleva una espada) y a la ley (con el consiguiente libro). Se han retomado elementos del arte romano como las columnas y su referencia a Hércules. El águila imperial también es retratada en primer plano. 

Mario Sironi La justicia entre la ley y la fuerza 

3.- El arte fascista tachaba de degenerado o de no válido cualquier expresión que se remitiera a la abstracción y también las novedades del cubismo. Aunque el surrealismo empezó en estas décadas, tanto en pintura como en literatura, la expresión de una realidad oculta, personal, anímica y ajena a los fastos y conquistas militares y/o morales que querían representarse, también eran tildadas de peligrosas. Por tanto, estas obras eran apartadas. 

4.- El mundo representado en el arte fascista nunca podría ser la expresión de sentimientos individuales (aunque, en esencia, fueran reconocidos como comunes). Las líneas a seguir era lo colectivo, lo que une, el supuesto progreso bajo normas estrictas, los símbolos morales (entendidos en su acepción de costumbre) y la tradición. 

5.- Como la novedad era perseguida a la par que la abstracción, los creadores que aceptaron encargos de arte fascista tenían que levantar las obras con pliegos de condiciones tan estrictos que se coartaba del todo la libertad. Tanto fue así que las figuras que aparecen en algunas de estas obras se nos antojan sin alma, sin el brillo de la expresión individual, formando parte de un proyecto impuesto.  

Algunos nombres del arte fascista italiano

1.- Algunas obras de Giorgio Morandi (1880-1964) se encuentran en esta línea aunque muy pronto evolucionó hacia los postulados de la pintura metafísica con su poso surrealista y de despersonalización contemporánea.  

2.- El más conocido es Mario Sironi (1885-1961), el creador del citado mural en el Palacio de Justicia de Milán. Sus paisajes urbanos presentan una realidad inquietante y extrema con edificios cuadrados que parecen estar deshabitados. También refleja el mundo fabril de camiones y chimeneas de humo que se convierten en el símbolo de un progreso que acaba atrapando a la humanidad en una oscuridad inquietante. 

Mario Sironi Paisaje urbano 

3.- También se catalogan como arte fascista algunas obras de Felice Casorati (1883-1963) con la figura humana como protagonista indiscutible. Sus modelos se nos aparecen planos, sin  volúmenes, claroscuros o perspectivas,  siempre situados en espacios difusos, claros y en los que es imposible adivinar ningún paisaje interior o exterior. La mirada al frente en la mayoría de los casos. La falta de expresión interroga al espectador con rostros que han perdido el objetivo y posan de manera casi marcial.  

El arte fascista, en definitiva, tuvo escaso o nulo recorrido porque ambas palabras son de difícil unión. La creación y la búsqueda de una verdad o de una realidad más allá de la impuesta no puede estar sujeta a moldes exigidos por la fuerza casi. Bien es verdad que los distintos grupos artísticos han tenido su propia ideología o su método de hacer las cosas, pero esto último siempre fue abrazado con cierta convicción. Aunque escritores y pintores tenemos en la historia en connivencia con este tipo de regímenes, son los menos y, a veces, no es más que una forma de zafarse de censuras o persecución.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

El grupo de artistas italianos denominados los Macchiaioli surgió a mediados del siglo XIX en la Toscana y sus obras denotan un fuerte componente social a la par que adelantan los principios técnicos del impresionismo.  

El nombre viene de la palabra italiana para mancha (macchia) y ya nos dice bastante del estilo y características de este grupo pictórico. Estuvieron en activo a mediados del siglo XIX principalmente en la Toscana que, por entonces, no brillaba para el turismo como ahora. Más bien estos bellos paisajes atrapados por el sol estaban plagados de gentes sencillas, hundidas en la pobreza y en la falta de recursos culturales. Los Macchiaoili se rebelan contra el arte encorsetado, académico, burgués y de salón del siglo XIX para proponer una nueva forma de plasmar la realidad. El grupo pictórico innovaría no solo en la técnica sino también en su estudio de la luz o y en el acercamiento a temas de línea social. De un modo u otro, pondrían las bases para el resto de artistas de finales del siglo XIX y adelantarían algunas de las principales características del impresionismo

Estuvieron en activo en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo XIX. A pesar de la fascinación que estas obras cosecharon años más tarde, en la época fueron totalmente incomprendidos y rechazados tanto por el público en general como por los ambientes académicos o culturales de poder.  

¿Qué proponía el grupo? Principales características de los Macchiaioli, artistas de la pintura 

1.- Tal como he adelantado, fueron un grupo de artistas inconformistas con las enseñanzas decimonónicas centradas en un mundo ideal y en ocasiones histórico. Para estos creadores el arte se había quedado encorsetado en un formato amable que no reflejaba la realidad exterior. Esta fue su primera premisa: salir al exterior y dar testimonio de lo que sucedía a su alrededor sin filtros ni edulcorantes. 

2.- En ese trabajo de campo (literal) se encontraron con los efectos de la luz y de la sombra sobre las cosas y, en este sentido, se adelantaron al movimiento impresionista. Así, por poner dos casos, las obras Carretas romanas y El muro blanco, ambas de Giovanni Fattori, su miembro más activo, se articulan sobre el mismo concepto. Sobre una pared lisa se van disponiendo las figuras cuyo volumen se refleja en las sombras, contrastando las distintas partes de una manera extrema.  

3.- La pincelada se realiza de manera suelta sin el preciosismo de la época clásica. Se busca el efecto de los tonos y los claroscuros en la retina del espectador. 

Telemaco Signorini Via Torta Firenze 1870 circa 166x113cm

4.- Aunque nos encontramos retratos (normalmente de gentes sencillas y no de miembros de la alta burguesía o de la aristocracia), hay un gusto por la pintura al aire libre, por la captación de paisajes y por los efectos de los grupos humanos en tareas diversas que van desde la pesca hasta las tropas en retirada de una batalla. Los Macchiaioli se hacían acompañar por sus caballetes y por sus pinturas ofreciéndonos esa estampa del pintor tardo-romántico que, a la vez, reniega de los clichés establecidos.  

5.- Los volúmenes se simplifican y las formas se crean a través de manchas de color.  Los detalles desaparecen mientras que se da preponderancia a los efectos extremos de la luz sobre los objetos.  

El compromiso social en los Macchiaioli

6.- Se abandonan las temáticas clásicas. Los temas históricos de las grandes hazañas de los héroes del pasado se sustituyen por el desgaste de la guerra con su hecatombe humana y económica. Se elimina cualquier atisbo de idealismo para sustituirlo por una realidad sencilla, en su crudeza sin adornos y, a veces, incómoda.  

Giovanni Fattori 027

7.- Los Macchiaioli hacían gala de un fuerte compromiso social. Se abandona la pintura de salón, la de los retratos de la élite social y se sustituye por la visión de los humildes, de los sencillos, de los trabajadores, de los que están condenados a la dureza. También gustan de los paisajes urbanos, de los callejones, de la vida comercial del día a día dejando a un lado la grandiosidad de las grandes conquistas. 

8.- Por tanto, en todas las obras hay un trasfondo de crítica social por el método de plasmar la realidad. Para los Macchiaioli el arte no podía estar atrapado en una torre de marfil sino que debía bajar a la calle. En este sentido, su ideología artística está en consonancia tanto con el realismo literario como con el naturalismo, contemporáneos ambos de este grupo pictórico.  

9.- A pesar de este reflejo de la vida sencilla, de las calles humildes de la Toscana, de los restos del campo de batalla o de entornos fabriles, la denuncia no llega a la fealdad o a la distorsión que se produciría, más tarde, con algunos movimientos de las vanguardias históricas (el expresionismo alemán, por poner un caso). 

Macchiaioli Carretas Romanas Fattori

10.- Y, por último, a pesar de que hay caracteres en común, a igual que sucede con los impresionistas, cada artista tiene su lenguaje propio y sus gustos personales. Con los Macchiaioli comienzan a ponerse las bases de la individualidad artística extrema.   

¿Quiénes fueron? Componentes del grupo pictórico conocido como Macchiaioli  

1.- Giovanni Fattori (Livorno, 1825-Florencia 1908)  

Sin duda es el abanderado del grupo y el más comprometido con los principios del mismo.  Todas sus obras giran en torno al paisaje toscano, al mundo de los campesinos y pastores. Gusta de representar caballos y dos de sus grandes obras tienen como protagonista a este animal y un muro blanco que le sirve como parapeto para poner en práctica su particular concepción de la luz y las sombras. Son El muro blanco y Carretas romanas. Ambas están realizadas en pequeño formato alargado que posibilitaba el traslado en sus desplazamientos.  

Su estilo y temática cambian a partir de 1859 cuando recibió el encargo de pintar y documentar la Segunda Guerra de Independencia Italiana (desarrollada entre abril y julio de ese año). El enemigo era el imperio austriaco.  

2.- Silvestro Lega (Modigliana, 1826 - Florencia, 1895) 

Se especializó en el retrato y en la pintura de figuras. Con él se eliminan los contornos y los volúmenes se aparecen a realizar formas a través de manchas. Uno de sus trabajos más conocidos es Mujer con mantón rosa, actualmente en una colección privada.  

3.- Telémaco Signorini (Florencia, 1835-1901)  

Tras participar en la Segunda Guerra de la Independencia Italiana, viaja a París, por entonces ombligo artístico del mundo, en 1861 donde tiene contacto con Corot.  Crea la Escuela Piagentina y viaja por algunas capitales europeas. Llega a conocer a Degas, quien influirá en su obra de forma bastante notable. 

4.- Raffaelo Sernesi (Florencia, 1838 - Bolzano,  1869) 

Pintor de paisajes, se considera  que su obra es más serena y clásica que la del resto de los Macchiaioli, ya que no adoptó los fuertes contrastes provocados por la luz y la sombra que caracterizan a Fattori. Luchó en las filas de Garibaldi en 1866. Herido y hecho prisionero, murió por los efectos de una gangrena.  

5.- Vito d´Ancona. (Pesaro, 1825 - Florencia, 1884) 

Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Florencia y también fue llamado a filas para la Segunda Guerra de la Independencia Italiana. Fue uno de los artistas del grupo más comprometido con la estética de los Macchiaioli participando activamente en las tertulias del café Michelangiolo. Tras viajar por buena parte de Italia, se instala en París durante más de 7 años donde entra en contacto con los artistas de vanguardia de estas décadas. En los últimos años de su vida sufrió de parálisis completa. 

6.-  Vicenzo Cabianca (Verona, 1827 -  Roma, 1902) 

Aunque formó parte del grupo en un primer momento, muy pronto comenzó a pintar según los principios del impresionismo.  

7.- Giovanni Boldini (Ferrara, 1842 - París, 1931) 

Estudió en la Academia de Bellas Artes de Florencia y formó parte del grupo inicial reunido en torno al Café Miguel Angel. Su gusto por el retrato y el arte amable lo llevó hasta París donde realizó buena parte de su carrera, ya alejada de la temática y los modos de los Macchiaioli.  

Los Macchiaioli no solo adelantaron el gran movimiento de final del siglo XIX, el impresionismo, sino que pusieron las bases para todas esas obras costumbristas y de denuncia social que se realizaron en la época en todo tipo de género artístico: desde el plástico hasta el literario. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

El Medievo se liquida con el fin de la sociedad feudal, agraria y en torno a los señores guerreros. La nueva era supone no solo un cambio de mentalidad sino también de organización a todos los niveles. En las distintas ciudades-estado de Italia una nueva clase pujante y enriquecida con el comercio y las finanzas demanda obras de arte desvinculadas de las creencias religiosas anteriores. Se vuelve a la cultura clásica con sus modelos de serenidad, sus dioses y sus mitos. Aparece un fuerte mecenazgo centrado en pinturas de pequeño tamaño que pudieran trasladarse y embellecer los palacios, aunque nos han llegado importantes ejemplos de pinturas al fresco. A la par, tanto los grandes cardenales como el papado se apuntan a esta nueva cosmovisión promocionando proyectos de gran envergadura que culminan en esa maravilla que es la Capilla Sixtina. La demanda de arte por parte de esta nueva élite no podría haberse satisfecho si no hubieran nacido grandes creadores en este entorno. Son más que esta lista de los artistas del Renacimiento italiano con tan solo diez nombres. Aún así los que están han entrado en el canon universal de todos los tiempos.  

1.- Leonardo da Vinci, el gran genio universal

Nacido en Vinci en 1452, está enterrado en Amboise (Francia) donde fallece en 1519. Aún se conserva (con su recreación) la vivienda con su jardín donde pasó los últimos años de su vida dedicado al estudio y a la puesta a punto de sus inventos de ingeniería. Artista total, enigmático, científico, botánico, biólogo, su curiosidad le llevó a los principios de la fotografía, a las máquinas y a la observación de una nueva forma de plasmar la realidad. Uno de los grandes artistas del Renacimiento italiano y de todos los tiempos, Leonardo fue el primer pintor que se interesó por los efectos de la luz en el cuadro. Además, fue también el pionero en fusionar la figura humana con los espacios de naturaleza de manera realista. Esto último es una de las características de la pintura renacentista trabajada por otros creadores, aunque Leonardo lo llevaría a extremos que rozan casi la perfección. 

Pintura renacentista 8 La Virgen de las rocas de Leonardo 

Conocedor del número aúreo (o proporción perfecta), del manejo de la perspectiva, de las posibilidades de las pinceladas, fue también el primero que plasmó lo que se denomina el efecto atmosférico. En esencia, se trata de representar dentro del cuadro el aire, el ambiente, la intensidad de la naturaleza alejada de las encorsetadas representaciones arquitectónica anteriores. Buen ejemplo de ello son La Gioconda (1503-1506) y La Virgen de las Rocas (1483-1486).  

Sus obras son armónicas, con una clara simetría, realizadas con un delicado juego de luces y sombras y disponiendo en sus protagonistas rasgos anímicos, otra novedad que no se encuentra en la pintura en la Edad Media o antigua. Para uno de los más representativos artistas del Renacimiento, el retrato no podía conformarse con la manifestación de los rasgos físicos sino que tenían que reflejar el interior anímico a través de la mirada, el color, la sonrisa, los claroscuros y la disposición final. 

2.- Miguel Ángel Bounarroti, el creador de la Capilla Sixtina 

Nacido en Caprese en 1475, muere en Roma en 1564 donde realiza su colosal obra: los frescos de la Capilla Sixtina. Ensombrecida por su faceta pictórica, Miguel Ángel fue también escultor y arquitecto. Diseñó la enorme y conocida cúpula de la Basílica de San Pedro y la Sacristía Nueva de San Lorenzo en Florencia. Sus esculturas en mármol nos muestran el mismo movimiento que las pinturas. Su obra, marcada por el contraste, buscaba los efectos comunicativos del negro y el blanco o de lo pulido y no terminado. Sus esculturas mantienen un delicado equilibrio que llega a su cenit en los frescos de la Capilla Sixtina, cuya contemplación en vivo y en directo es de difícil reproducción ya sea por vía verbal como en imágenes. 

 Pintura Renacentista 3 Capilla Sixtina de Miguel ngel

Fue el Papa Julio II quien encargó la obra para homenajear a Sixto IV. Miguel Ángel, entre 1508 y 1512, sin apenas ayuda y por sí solo, realiza esta obra sirviéndose de dibujos previos, de una preclara concepción y división del espacio y de una técnica novedosa hasta entonces. Su faceta de arquitecto le ayudó a dividir, cuadricular y armonizar el espacio donde dispuso un relato sublime del Antiguo Testamento.  Con el trabajo final siempre en la cabeza, el artista trabajaba cada día un espacio con yeso fresco donde disolvía, como veladuras, sus certeras pinceladas.  

Asistimos a las escena de la separación de las agua, de la luz y de las tinieblas, la creación de Adán y Eva, el diluvio y la aventura de Noé, el pecado original, la decapitación de Holofernes por parte de Judith… Junto a estos relatos bíblicos representa a las sibilas (adivinas paganas que predijeron el cristianismo) y los profetas. Todo ello representando cuerpos en torsión, con fuerza, en movimiento, con un brillante y armónico colorido, resaltando los claroscuros y, a la vez, a pesar de que no hay ni un solo centímetro sin pintar, con limpidez. El resultado es sobrecogedor a pesar de las actuales visitas tan restrictivas.   

3.- Rafael de Sanzio, uno de los artistas del Renacimiento más representativo 

Nacido en Urbino en 1483, muy pronto viajó hacia Roma, donde la Iglesia atraía a los mejores artistas para que embellecieran iglesias y palacios de la curia. Rafael hacía gala de una personalidad serena y de trato afable. Y esa personalidad se refleja en sus obras que son equilibradas, delicadas y armónicas. Una de sus obras más conocidas es La escuela de Atenas, un fresco realizado entre 1509 y 1511 para la Estancia Signatura del Palacio Vaticano. En la obra se encuentran buena parte de las características de la pintura renacentista. La imagen está centrada incluso de manera geométrica y encuadrada con una sublime recreación de la arquitectura griega. En la obra, Platón y Aristóteles ocupan el espacio central junto con otros filósofos de la Antigüedad (Sócrates, Euclides…) A pesar de que murió con tan solo 37 años llegó a alcanzar bastante fama siendo requerido para hacer retratos de la alta aristocracia e incluso de la élite eclesiástica. 

 Pintura Renacentista 2 La Escuela de Atenas de Rafael

 

4.- Tiziano, el pintor del Emperador 

Del mayor representante de la escuela veneciana del Renacimiento, no se sabe su fecha de nacimiento que fluctúa entre 1477 y 1490. Hasta su muerte en Venecia en 1576, realizó grandes obras no solo para la Iglesia, como La Asunción de la Virgen que se conserva en la Iglesia de Santa María Gloriosa dei Frari de Venecia sino también para aristócratas y reyes. En su dilatada carrera también realizó pintura de temática mitológica tan querida para los gustos renacentistas como Venus y Adonis, custodiada en el Museo del Prado, o El Rapto de Europa. Importante fue también su faceta como retratista para la familia de Carlos V o para los todopoderosos Strozzi.  

5.- Filippo Brunelleschi, el arquitecto de Santa María del Fiore de Florencia 

Aunque decir Renacimiento nos lleva a la pintura, no nos podemos olvidar de los avances en la arquitectura superando ya todos los condicionantes del arte antiguo. El gótico evoluciona hacia obras más serenas que copian la estructura y los modelos de la arquitectura romana.  Quien mejor representa esta nuevo modelo constructivo es Filippo Brunelleschi (1377-1446). Su obra maestra es la catedral de Santa María del Fiore de Florencia con su enorme cúpula con nervaduras rematada en una linterna por donde se filtra la luz. Los interiores se presentan ordenados con largas filas de columnas y arcadas. 

6.- Masaccio, el artista del Renacimiento más representativo del cuatrocientos

Aunque podemos encontrar algunos elementos de la pintura medieval, Masaccio (1401-1428) da un paso hacia la perspectiva y hacia la recreación narrativa dentro del cuadro. Su pincelada se sustenta en los claroscuros, en el juego de luces y de sombras. La realidad y los personajes no están idealizados sino que se representan como sacados de modelos reales.  En la obra de Masaccio ya se vislumbra la ideología del hombre en el Renacimiento que se erige como protagonista de la naturaleza. Su obra más conocida es el fresco de la capilla Brancacci en la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia. 

7.- Giorgione, el pintor de la naturaleza 

Junto con Tiziano, Giorgione (1478-1510) es uno de los mayores representantes de la escuela de Venecia. Los contornos en su obra se han difuminado del todo dando protagonismo a los claroscuros y a la temática de la naturaleza, tan querida tanto para la lírica renacentista como para los artistas plásticos. Su obra más conocida es La Tempestad (1505). En el lienzo se inmortaliza el momento en el que un rayo descarga sobre un grupo humano, arquitectónico y de naturaleza con una sutil combinación de color a la par que un delicado uso de la perspectiva. 

8.-Sandro Boticelli (1445-1510), uno de los artistas del Renacimiento seducido por los mitos clásicos

Aunque el artista florentino también realizó obras de temática cristiana son las obras con referencias paganas las más conocidas de su producción. El Renacimiento mira a la literatura griega y romana con sus dioses pasionales, seres híbridos, ninfas y metamorfosis. El nacimiento de Venus y La Primavera (actualmente en la Galería de los Uffizi) son dos ejemplos sublimes de esta nueva forma de acercarse al arte. Para Boticelli la belleza tenía un ideal ligado a los dones de la naturaleza, a la sensualidad, a la serenidad y al equilibrio. Las transparencias y las líneas van envolviendo las formas hasta crear un conjunto de extrema belleza e idealismo.  

Otros artistas del Renacimiento italiano 

9.- Piero della Francesca (1420-1492) 

No solo puso en práctica los principios de la perspectiva y de la geometría sino que también teorizó sobre estos extremos.  Dos de sus obras más conocidas es La flagelación de Cristo y los frescos del coro de la iglesia de San Francisco de Arezzo.  

10.- Andrea Mantegna (1436-1506) 

A él se debe las innovaciones en la decoración de cúpulas como la realizada en la Cámara de los Esposos del Palacio Ducal de Mantua. Sobre un fondo de cielo nublado se ha realizado una estructura circular donde se asoman (mirando al espectador) los distintos personajes. La bóveda está pintada siguiendo un esquema perfecto.  

Uno de los artistas del Renacimiento italiano que abre el camino para el estilo posterior, el arte barroco, Antonio Allegri (1489-1534) nos adelanta el amontonamiento pictórico que vendría después. Si bien desde el punto de vista formal puede confundirse con la exageración del nuevo período, sus temas y tratamientos están lejos del pesimismo que alcanzaría la cultura unas décadas más tarde.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

A mediados del siglo XV, con el epicentro, en Italia comienzan a desmoronarse todos los pilares de la cultura medieval. Los señores feudales acaban perdiendo todo el poder en favor de monarquías que acaban acaparando más y más riquezas. Estas pueden invertirse en emprendimientos ambiciosos, como el que culmina con el descubrimiento, a ojos europeos, de América. Aunque pudiera parecer que las características de la pintura renacentista nada tiene que ver con el entorno, es más bien todo lo contrario. El cambio de mentalidad supone el auge de una burguesía pujante que hace de las ciudades el epicentro del comercio, la artesanía y la incipiente actividad industrial en detrimento del campo. La política del Renacimiento, además, se va desligando de los valores religiosos medievales e impone una nueva cosmovisión centrada en el hombre, la belleza y la naturaleza. Aunque el cristianismo sigue siendo preponderante, se recuperan los mitos, los personajes y las historias de la antigüedad pagana. Y a mediados del siglo XV la revolución sería imparable con el avance de la imprenta y la proliferación de universidades en todo el territorio europeo.  

1.- No podemos entender las características de la pintura renacentista sin el antropocentrismo  

Si en la Edad Media Dios es el centro gravitacional de todos los aspectos de la cotidianidad, los avances científicos, en la ingeniería y una mejora en las condiciones de vida nos introducen en una época de fuerte positivismo en el que se cree en las fuerzas humanas, en el progreso a través de la educación y de la formación. En este sentido, se va aparcando las figuras simbólicas para sustituirlas por modelos reales que expresan sentimientos y fuerza individual. El hombre en el Renacimiento se erige, por sí mismo, en el centro del universo y el arte, por su puesto, se hace eco de ello. Ya no se trata de representar correspondencias con el mundo del más allá sino de disfrutar de la belleza tangible, serena y perfecta del aquí. El ejemplo más claro de esta nueva forma de representación artística es La Gioconda de Leonardo da Vinci o los múltiples retratos de la nueva aristocracia financiera que se congregaba en Florencia y los estados cercanos. 

2.- Todos los géneros artísticos recuperan la tradición clásica 

Y si bien es una de las características de la pintura renacentista también lo es de la arquitectura o de la poesía. Los textos de la literatura griega o romana que lograron transmitirse a través de los libros medievales se imprimen en ediciones cuidadas desde el punto de vista filológico a veces en buenas traducciones. Y de aquí llega un mundo de dioses que no tienen empacho en amar, procrear o enredarse en pasiones humanas, de ninfas que cuidan los ríos, de centauros que viven en los bosques. Las historias que acaban en metamorfosis o que representan los símbolos básicos universales pueblan no solo poemas de la lírica renacentista sino también esculturas y pinturas. Un claro ejemplo de este punto lo encontramos en las obras de Sandro Boticelli, La Primavera o El Nacimiento de Venus

Pintura Renacentista 1 Primavera de Boticelli 

3.- Los avances científicos y geográficos que generan confianza en la ciencia 

Y todo ello se manifiesta en las artes que salen del espacio de la Iglesia para inundar palacios o jardines privados. El mundo deja las brumas medievales para volverse positivo y penetrante. Así no solo se patrocinan grandes empresas que van en búsqueda de nuevas rutas o mundos desconocidos sino que el mecenazgo se vuelve opción obligada entre las grandes y nuevas fortunas. Esta fórmula se expande por la iglesia convirtiendo a cardenales y papas en promotores de grandes obras. Aunque el objetivo es la manifestación de poder (que esto es consustancial a los emprendimientos de este tipo) no se puede negar el afán de belleza, el arte como redención y el acercamiento a Dios entendido de una forma distinta a la mentalidad medieval. Un buen ejemplo de esta última característica del arte del Renacimiento es la Capilla Sixtina de Miguel Ángel.  

4.- A principios del siglo XV se descubre la perspectiva

La pintura en la Edad Media se caracterizó por representar las figuras en un espacio vacío (con fondos negros o geométricos) o bien con una elemental representación arquitectónica. El Renacimiento supone un nuevo avance en el que la perspectiva se diseña de tal manera que ofrece profundidad a la pintura. Así se impone un nuevo orden en el que los planos no están superpuestos sino representados con una simulación tal como lo haría el ojo humano. Ahora las pinturas se llenan de edificios idealizados o de representaciones de paisajes y de entornos urbanos delimitados al detalle. Un claro ejemplo de esta característica es La Escuela de Atenas de Rafael. 

Pintura Renacentista 2 La Escuela de Atenas de Rafael 

5.- Otra de las características de la pintura renacentista es el foco en la figura humana 

Y lo hace obviando el simbolismo imperante en épocas anteriores. Aunque hay una idealización y una búsqueda de la perfección formal, el eje central ahora es el rostro humano con todos sus matices de expresión o de personalidad. El Renacimiento introduce la humanidad en todo su esplendor. Los rostros aparecen retratados incluso con algunos defectos sin cambios estilísticos y se busca la ejemplificación de lo estados anímicos. 

6.- La serenidad como un modo de estar en el mundo  

En línea con ese amor por la cultura clásica que lleva a recuperar todo vestigio de la antigüedad (desde esculturas hasta cualquier texto conservado), el Renacimiento se caracteriza por la búsqueda de la belleza, pero no lo hará de manera aislada sino dotada de un fin. En este sentido, se considera que a través de las cosas bellas se llega al bien, camino para alcanzar a Dios. Aunque la religión se sacude de la idea negativa que había sido preponderante en la Edad Media, por supuesto, no desapareció de la sociedad. Y eso a pesar de la búsqueda de todos los goces paganos. La belleza actúa como nexo de unión entre este mundo y el intangible y esta se manifiesta en la armonía, el orden, la serenidad, la naturaleza y los cuerpos femeninos. La felicidad para los artistas del Renacimiento pasaba por ese estado de serenidad en el que no había choque de contrarios. Ejemplo extremo de esta característica del arte renacentista es La Gioconda de Leonardo. 

Pintura renacentista 7 Gioconda de Leonardo 

7.- Otra de las características de la pintura renacentista es el gusto por la naturaleza 

Y esto supone un cambio con respecto a la época anterior en la que nada de las cosas de este mundo merecía la atención de creadores y/o imitadores. A igual que sucede con la poesía renacentista, los espacios exteriores plagados de bosques, ríos o fenómenos atmosféricos se convierten en motivo artístico. La naturaleza se hace una con la figura humana, es un personaje más con el que el espectador interactúa para llegar a comprender esa belleza que era motivo último de una sociedad que encontraba dicha en los bienes culturales. En este sentido, tenemos los ejemplos de La Virgen de las Rocas de Leonardo o La tempestad de Giorgione.  

8.- El valor del color, la veladura y el difuminado de los contornos 

La técnica en la pintura del Renacimiento alcanza cotas sublimes en parte debido a los grandes genios de la época. Si Leonardo abandona cualquier atisbo de contorno que era lo característico en la pintura medieval, Miguel Ángel en la Capilla Sixtina da un paso más en la excelencia al realizar su obra con una peculiar técnica al fresco. El artista planificó las distintas jornadas y solo colocaba el yeso fresco que iba a pintar durante ese día. Los pigmentos así se funden en el soporte dando luminosidad, expresividad y color a todo el conjunto. Además, se abandonan definitivamente los tipos simbólicos que actúan según el concepto emocional o moral y con el Renacimiento nos adentramos en la pintura de personajes reconocibles. Aunque la idealización es la normal, no siempre están representados según un canon pre-establecido. 

9.- Estructura compositiva armónica y siguiendo un patrón geométrico

La gran mayoría de las pinturas del Renacimiento responden a un patrón geométrico en el que la escena se va desarrollando según un orden preestablecido. Bien es verdad que el uso de la perspectiva ayuda a realizar esta composición ordenada, pero esta característica va más allá. Forma parte de la manera de entender el arte y la vida. No puede haber belleza sin orden recordemos. La estructura geométrica y ordenada se encuentra en obras tan famosas como la Capilla Sixtina (en su conjunto y en cada una de sus partes), La Gioconda o los grandes retratos de los potentados toscanos, por poner solo un puñado de ejemplos. 

Pintura renacentista 5 Retratos del matrimonio Sforza dePiero della Francesca  

10.- La pintura al fresco en las cúpulas 

Aunque el lienzo y la tabla se hizo favorita por su capacidad para embellecer los palacios y por su portabilidad, bien entrado el siglo XVI, justo cuando se comienza a poner las bases del arte barroco, sobresalen las pinturas de las cúpulas. Estas se realizan como si estuviéramos mirando al cielo y a su alrededor se colocan elementos e imágenes de todo tipo bien entresacados de la naturaleza o bien del imaginario mitológico o religioso. La perspectiva de estas obras se vuelven extremadamente ingeniosas con angelotes que se asoman como para mirarnos o personajes que parecen escaparse de la composición. 

Ni que decir tiene que las principales características de la pintura renacentista están ligadas a los grandes genios de la época especialmente italianos. Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael o Boticelli forman parte del canon artístico de todos los tiempos y sin ellos no podemos entender esta explosión artística que se da con el cambio de una época. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Dotado de gran cultura y brillante inteligencia, las obras de Francisco de Quevedo son diversas, extensas, tanto en prosa como en verso. Además, su personalidad poliédrica iba tanto a los asuntos de sincera religiosidad o graves como a todos aquellos en los que se hacía mofa, burla y hasta escarnio de personajes públicos, tipos sociales o contrincantes literarios. 

Obras en prosa de Francisco de Quevedo 

Primer grupo 

1.- De nuestro autor es uno de los mejores ejemplos de novela picaresca (junto con Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán), Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos

Publicada en Zaragoza en 1626, responde a buena parte de las características de la novela picaresca. Por las páginas de la obra se despliegan una retahíla de personajes miserables, venidos a menos, de espíritu apocado con solo fuerzas para el chanchullo de poca monta, el pequeño robo, la mentira como forma de vida y la apariencia en sustitución de algo bueno que ofrecer. A pesar de esta fecha de publicación, la crítica entiende que es una obra de juventud y que estuvo redactada antes de 1610. Las descripciones de sus protagonistas se hacen de manera certera, sin un ápice de compasión, de manera fría y, a la par, nos introduce en este mundo miserable en el que ninguno de los personajes poco o nada tiene que ofrecer a la sociedad ni a ellos mismos. Faltos de cualquier grandeza, todas las aventuras tratan de individuos cuyo único objetivo se centra en sobrevivir a duras penas mediante pequeños timos y siempre con el hambre de fondo. 

A pesar de clasificarse como obra de la picaresca en la que el realismo forma parte de la esencia estilística, en El Buscón este punto alcanza cotas de distorsión tal que se convierte en un adelanto del esperpento. Los personajes llegan a su contorsión máxima y el espíritu procaz e irónico de Quevedo acaba, por tanto, transparentándose en ellos. Por otro lado, la obra no se justifica, como se hace en  El Lazarillo y, además, no hay intención moralizante alguna. Esto es, no se presentan los protagonistas  como modelos a no seguir sino como un simple retrato social de una época decadente. En ella sobresale la burla más que el espíritu edificante. 

2.- El grupo de las denominadas obras festivas está compuesto por veintidós títulos. En ellas predominan los chistes, la ironía y la crítica humorística. Destacamos: 

  • Genealogía de los modorros.
  • Origen y definiciones de la necedad.
  • Premática y reformación de este año de 1620. 
  • Carta de un cornudo jubilado a otro cornicantano. 
  • Premática de las cotorreras. 
  • Vida de la corte y oficios entretenidos de ella. 
  • Capitulaciones matrimoniales. 

3.- Más allá del humor irónico o de los textos con ánimo gracioso, tenemos un grupo de obras de Francisco de Quevedo en las que se despliega la sátira en todo su esplendor. Destacamos: 

  • El sueño del juicio final. 
  • El sueño de la muerte. 
  • El aguacil endemoniado. 
  • El mundo por de dentro. 
  • El sueño del infierno.  

Es en este grupo donde se encuadran los denominados “Sueños”, publicados en 1627 pero escritos mucho antes. Estamos ante títulos que tuvieron que ser re-escritos porque no eran del agrado de los censores, bien por sus referencias heterodoxas a algunos pasajes bíblicos o bien por su particular visión (extremadamente crítica y sarcástica) de la realidad. En este sentido el autor nos dice: 

“Yo escribí con ingenio facineroso en los hervores de la niñez, más ha de veinte y cuatro años, los que llamaron Sueños míos, y precipitado, les puse nombres más escandalosos que propios. Admíteseme por disculpa que la sazón de mi vida era por entonces más propia del ímpetu que de la consideración”. 

4.- En esta línea se encuadran las fantasías morales que son dos, escritas entre 1627 y 1628: Discurso de todos los diablos o infierno enmendado y La hora de todos y la fortuna con seso

Segundo grupo de las obras en prosa de Francisco de Quevedo 

5.- Obras de contenido político que van parejas con sus andanzas como espía e intermediario manipulador, extremos estos que llenan tanto de luces como de sombras la biografía de Francisco de Quevedo. Escritor criado en los mentideros de palacio, estaba acostumbrado desde niño a los tejemanejes de la corte. De espíritu tremendamente pesimista, la situación social, económica y de desprestigio a la que se resbalaron tanto Felipe III como Felipe IV (y sus correspondientes validos) invitaba a intentar, al menos, algún cambio. Aunque se vio involucrado en la Conjura de Venecia a través del mismísimo Duque de Osuna, las ideas políticas del escritor eran más de orden moral que de poder. Son esos “muros de la patria mía”, ese desencanto por la pérdida de la gloria pasada y por la decadencia lo que se transparenta en buena parte de las obras de Francisco de Quevedo, más allá de las estrictamente políticas. Destacamos en este grupo. 

  • Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás.
  • España defendida, y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros y sediciosos. 
  • Mundo caduco y desvaríos de la edad. 
  • Vida de Marco Bruto. 
  • El chitón de las tarabillas. 
  • Grandes anales de quince días. 
  • Memorial por el patronato de Santiago. 
  • Lince de Italia o zahorí español. 

6.- El choque entre los autores cultistas y los conceptistas llegó a su apogeo con la guerra abierta entre Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. Tanto en prosa (a las que pertenecen estas obras) como en verso, uno y otro bando se atacaban sin piedad ridiculizando el estilo del contrario. Nuestro autor llevó al extremo personal sus ideas estilísticas mofándose con ironía, burla e, incluso, con crueldad. A este grupo de obras de carácter crítico literario pertenecen: 

  • Aguja de navegar cultos.
  • Con la receta para hacer “Soledades” en un día, cuyo hipotexto es una de las obras de Luis de Góngora más conocidas. Y que, por cierto, ha entrado en el canon literario. 
  • La culta latiniparla. 
  • Cuento de cuentos. 
  • Respuesta de don Francisco de Quevedo Villegas al padre Juan de Pineda de la Compañía de Jesús. 
  • Su espada por Santiago, solo y único Patrón de las Españas. 
  • Perinola al doctor Juan Pérez de Montalbán. 

7.- Obras filosóficas: 

  • De los remedios de cualquier fortuna. 
  • Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica. 
  • Sentencias.  

8.- Obras ascéticas que no llegan a la profundidad de los grandes nombres de la mística literaria. A este grupo pertenecen: 

  • Epítome a la historia de la vida ejemplar y gloriosa muerte del bienaventurado fray Tomás de Villanueva. 
  • La cuna y la sepultura. 
  • Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo: envidia, ingratitud, soberbia, avaricia. 
  • La constancia y paciencia del santo Job.
  • Providencia de Dios.
  • Vida de San Pablo Apóstol. 

9.- Y por último hay que destacar las traducciones como las Epístolas de Séneca y la Introducción a la vida devota de San Francisco de Sales. 

Obras de Francisco de Quevedo en verso 

Es, sin duda, uno de los grandes poetas de la literatura española y el número de sus poemas es tan ingente que tienen que ser clasificados según la temática. Sus poemas circularon en distintas ediciones y no fueron recogidos en un volumen completo. Como ocurre con la producción en prosa, nos encontramos a un autor escindido, dividido, de distintas facetas anímicas. Por un lado, asistimos a una creación grave, serena, de profunda y sincera religiosidad que se duele por la desidia, el abandono y la decadencia. Por otro lado, nos encontramos al Quevedo burlón, procaz, desvergonzado y cruel con sus contrincantes literarios hasta alcanzar la enemistad más despiadada. 

 

Todos sus versos destacan por un lenguaje amplio, suelto, inteligente y libertario casi al que no le duelen prendas a la hora de poner por escrito aquello que le molesta sea cual sea el sentido. La obra poética de Quevedo se divide en los siguientes temas: 

  1. poemas amorosos (que no van en contradicción con su reconocida misoginia).
  2. versos satíricos.
  3. composiciones burlescas.
  4. poesías morales.
  5. jácaras.
  6. romances.
  7. creaciones de temática sagrada.
  8. versos fúnebres.
  9. y, por último, sus traducciones.  

Aparte de esta larga lista correspondiente a las principales obras de Francisco de Quevedo, se cree que escribió algunas comedias en línea con las características del teatro barroco. Sin embargo, no debieron cosechar éxito alguno ya que se han perdido (o no han llegado hasta nosotros) ningún título. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Decir que ha sido uno de los grandes escritores de la literatura española es quedarse en una obviedad. De personalidad compleja, con ataques de irascibilidad extrema que desbocaba en una escritura donde desplegaba toda la ironía y el pesimismo de una época en decadencia, tuvo también una faceta política inherente a la del artista sagaz. A pesar de que fue un escritor famoso en vida y que gozó de éxito, algunos puntos de la biografía de Francisco de Quevedo aún permanecen oscuros para los estudiosos. Y eso que también se conserva su correspondencia y sus cartas con peticiones diversas. Pero vamos por partes. 

Los primeros años en la biografía de Francisco de Quevedo 

Para entender su personalidad tenemos que adentrarnos en el ambiente en el que se crió ya que bebió desde la más tierna infancia de las intrigas palaciegas. Dotado de una brillante inteligencia, adobada por un afán de conocimiento, sin embargo, su físico estuvo condicionado por una enfermedad en las piernas que le produjo cojera y por una importante miopía. Nació Francisco de Quevedo en Madrid, en septiembre de 1580. Su padre era secretario personal, primero de la princesa María (hija de Carlos V) y luego esposa de Maximiliano II y, después, de la cuarta esposa de Felipe II, Mariana de Austria. Su madre era una de las damas de la reina. Así que el pequeño Francisco bebió y se alimentó desde la cuna de todas las intrigas palaciegas posibles en una época en la que florecían en cada esquina maquinaciones y manipulaciones políticas.  

Recibió una exquisita educación que nuestro escritor supo aprovechar en todo momento. Del Colegio de los Jesuitas de Madrid pasó a estudiar teología en la Universidad de Alcalá. Es más, no desperdició el tiempo y estudió francés e italiano (que hablaba estupendamente), filosofía, latín y griego hasta licenciarse en Artes. Debido a los cambios de la corte, terminó su formación en Valladolid. Nada más acabar los estudios superiores, Francisco de Quevedo se valió de sus buenos contactos para buscarse un empleo en palacio. Para esta primera vez le ayudó la mismísima duquesa de Lerma, esposa del valido del rey Felipe III. 

Además tenemos que, con tan solo 25 años, ya es un poeta conocido y sus versos aparecen en Flores de poetas ilustres de Pedro de Espinosa.  También de esta etapa temprana es su enemistad con Luis de Góngora, encono que duraría hasta la muerte de este. Sin embargo, también supo tener buenas relaciones con los escritores de su época llegando a intimar con Miguel de Cervantes

Los primeros años de la vida adulta de Francisco de Quevedo 

En 1606 (con las órdenes menores recibidas) se encuentra instalado en la corte y comienza a compaginar sus tareas administrativas con la escritura, otra cosa sería la publicación. Con toda probabilidad, sus palabras mordaces, satíricas y tremendamente críticas con las corruptelas de su tiempo fueron impedimentos para conseguir los necesarios avales de la censura. Por eso, tiene que esperar para ver impresas sus primeras obras. Los sueños, por poner un caso, ven la luz en 1627 y se sabe que llevaban escritos casi 20 años. Eso no quita para que sus poemas satíricos, burlescos y de mofa contra las costumbres o los poderes de la época no circularan de mano en mano. Sin embargo, este éxito de público no se corresponde con los ejemplares dados a la imprenta. Su primera obra publicada (con su consentimiento y corrección) es de 1620. Contaba Francisco de Quevedo 40 años y sus escritos ya habían dado algún que otro escándalo.  

Y algún que otro lance desgraciado como el sucedido con Luis Pacheco, cuya enemistad les llevó a juicio, peleas y hasta acabó con la cárcel de éste. Las rivalidades en la época eran viscerales, enconadas, de fuerte resentimiento y sin ser capaces ninguna de las partes de dejar ir. Duraban hasta la muerte del adversario y, a veces, continuaban en el más allá en forma de poemas satíricos y/o burlescos. En este ambiente hostil en el que todos están contra todos es normal que las heridas (de toda índole) se inflijan a una y otra parte. Con este sustrato histórico, en este sentido, hay que entender su huída de Madrid en 1611 perseguido por la justicia hasta acabar en Sicilia bajo la protección del duque de Osuna. La leyenda cuenta que a Quevedo le buscaban por haber desafiado a un desconocido que previamente había maltratado a una dama. Pero este hecho no ha sido confirmado y, además, no concuerda con la reconocida misoginia del escritor. 

La importancia del Duque de Osuna en la biografía de Francisco de Quevedo 

Y fue tanta que, bajo el influjo  del aristócrata, el escritor se convirtió en espía, en conspirador político y en azote de todas las corruptelas reales que se parapetaban en validos ávidos de riqueza y poder. Tras pasar algún tiempo en el señorío de Torre del Abad donde su madre compró unos terrenos que se vieron empañados por pleitos y confrontaciones de todo tipo, la biografía de Francisco de Quevedo da un giro de la mano del Duque de Osuna. Se convierte en su brazo derecho, en su secretario, en su confidente, en su hombre fuerte. El aristócrata había sido nombrado Virrey de Sicilia y la ambición le llevó a conspirar en todos los frentes con objetivos que aún, al día de hoy, no están del todo claros.  

Sí sabemos que Quevedo movió sus hilos en una corte que conocía desde que llevaba pañales para que Osuna fuera nombrado virrey de Nápoles. Con cartas ducales viajó Quevedo hasta Venecia con la clara misión de servir de espía. Allí no fue ajusticiado en la redada del 19 de mayo de 1618 porque se zafó gracias a su perfecto italiano. A estos hechos se le conocen como la Conjuración de Venecia. Todo este desaguisado únicamente propició que entre unos y otros se acusaran de conspiraciones políticas con el fin de anexionarse territorios de lo que un día fue una potencia mundial. De resultas de esta refriega política y diplomática, en 1620 Osuna (y Quevedo que era su secretario) son llamados a corte con tan mala fortuna de que, antes de ser escuchados en juicio, muere Felipe III. El primero es encarcelado en una prisión para delincuentes comunes (que, en la época, con la aristocracia se tenía alguna deferencia) y allí muere cuatro años después uno de los hombres más poderosos de su tiempo.  

En la biografía de Francisco de Quevedo se anota que el escritor tuvo mejor fortuna, ya que el nuevo valido del rey, el Conde-Duque de Olivares, lo destierra a su finca de Torre del Abad. En este lugar alejado de conspiraciones palaciegas es donde compone grandes poemas a quien un día fuera su protector y donde se va agriando aún más su carácter. Tal cual sucedió al otrora poderoso Duque de Osuna, nuestro protagonista fue condenado sin juicio alguno en una clara maniobra de nepotismo por parte de una corte corrupta al máximo. A pesar de esta caída en desgracia tuvo mejor suerte, ya que se sabe que en 1623 estaba de nuevo en palacio entreteniendo a la comitiva inglesa en misión diplomática o que en 1624 formaba parte de la comitiva real de visita por Andalucía.  

Los últimos años en la biografía de Francisco de Quevedo tampoco están exentos de polémica 

A pesar de su reconocida misoginia y su odio considerable hacia las mujeres, se sabe que vivía sin estar casado con una mujer que ha pasado a la historia bajo el nombre de La Ledesma con quien tuvo varios hijos. En 1634, con 54 años, bajo los tejemanejes de la duquesa de Medinaceli, se casó con Esperanza de Aragón cuya convivencia de facto duró unos cuantos meses. Tras este matrimonio fracasado se recluyó en sus posesiones de la Torre del Abad intentando llevar a buen puerto los pleitos del señorío, extremo que no consiguió y que tuvieron que solucionar sus sobrinos herederos de los terrenos. 

Sin embargo, un nuevo episodio de tiranía real le esperaba a Francisco de Quevedo. Aunque el motivo no se sabe con exactitud, en 1639 fue detenido en medio de la noche y conducido hasta el Convento de San Marcos en León. Allí estuvo preso sin juicio y sin ser escuchado. La crítica hoy es unánime al considerar que su carácter pesimista y cínico se agrió con los años y los sinsabores de las injusticias. Lejos de acallar su lengua mordaz se fue afilando cada vez más criticando sin pudor la decadencia moral, política y económica de su época. Y esto llegó a un punto que, por orden real, se le obligó al silencio. Y ese silencio, en la época, solo podía ser con la cárcel o con el ajusticiamiento. Dejemos hablar al autor:  

“Yo protesto en Dios nuestro Señor, que en todo lo que mí se ha dicho no tengo otra culpa sino es haber vivido con tan poco ejemplo, que pudiesen achacar mis locuras tantas abominaciones”.  

La rivalidad con Olivares era tal que Quevedo no salió de prisión hasta 1643, cinco meses después de la caída en desgracia (que también le llegó su turno) del otrora todopoderoso valido. Ya poca vida le quedaba al escritor que se retira definitivamente a sus tierras de Torre del Abad donde fallece un 8 de septiembre de 1645.  

En esta mínima biografía de Francisco de Quevedo asistimos a las peripecias de un personaje complejo, complicado, sombrío y cruel con sus enemigos a los que no tiene empacho en arrastrar sin piedad. A la par, se muestra fiel y leal con los amigos. Su carácter manipulador, inteligente, culto, curtido desde la cuna en las intrigas palaciegas le llevó a participar en conjuras peligrosas. Su espíritu agresivo y desconfiado no le permitía disfrutar de las bondades de una pareja, aunque la época tampoco daba buen trato a las mujeres. A pesar de sus defectos físicos (de los que se burlaban sus muchos enemigos y rivales) demostró ser una persona con la autoestima muy alta sabedor de su valía personal y, especialmente, como escritor. En este sentido, el tiempo le ha dado la razón.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

el bosque de las respuestas

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible cambiar la configuración u obtener más información aquí

Acepto