Candela Vizcaíno

Candela Vizcaíno

 

Las hilanderas de Velázquez también conocida como La fábula de Aracne se encuentra en el Museo del Prado de Madrid. Hasta allí puedes desplazarte para admirar este cuadro que, a simple vista, se nos antoja una delicada representación de interior en la que lo femenino es protagonista. Sin embargo, una mirada atenta nos revela mucho más, ya que la obra, como si de un juego de adivinanzas se tratara, está levantada apelando a mitos antiguos y toda ella es un alarde de intertextualidad. Comienzo este comentario según este aspecto ya que lo considero fundamental para entender la obra.  

Características generales de Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez 

Es una obra de gran tamaño realizada al óleo sobre lienzo con unas medidas de 167 cms x 252 cms según el original de Diego Velázquez (1599-1660). La obra sufrió añadidos por los cuatro lados y la ventana superior no salió de la mano del genio de la pintura. Se supone que sufrió daños en el incendio del Real Alcázar y de, alguna manera u otra, así se podía enmarcar mejor. Ahora mide 220 cms x 289 cms, aunque ese añadido no se presenta al público ya que el cuadro está expuesto entre una doble pared. Es un trabajo tardío del artista y se acepta la fecha de 1657 como la de su ejecución. Se encuentra en el Museo del Prado dede 1819 y en el catálogo estuvo definida como

La fabula de Aracne o Las hilanderas de Velazquez 

“Obrador de hilado y devanado y pieza para ventas en la fábrica de tapices de Santa Isabel de Madrid. Cinco mujeres trabajando. En la habitación, tres damas contemplan un tapiz de tema mitológico en el que se ve a Minerva y Juno.”

Con esta descripción realizada por la pinacoteca la obra de Velázquez, no solo uno de los mejores pintores barrocos sino de la historia de la arte, queda reducida a un simple retrato casi costumbrista y centrado en lo cotidiano sin más lectura. Sin embargo, como veremos, aunque sea someramente en este comentario, la pintura es un sublime ejemplo de intertextualidad, sentidos simbólicos y lecturas superpuestas.  

El cuadro se divide en tres partes. En primer término, tenemos a cinco mujeres en distintas etapas o procesos de hilado; en el segundo, asistimos a una escena cortesana también femenina en la que un grupo de damas observan un tapiz. Por último, este tapiz es el primer escalón en la intertextualidad de la obra ya que representa una copia (convertida en tejido) de una conocida obra de Rubens: El rapto de Europa. En ella se narra la metamorfosis de Júpiter (Zeus) en toro blanco. Según cuenta el mito, así, mansamente, se acerca a la princesa Europa que se bañaba desnuda en la playa. En un descuido, logra subir a su grupa a la joven para, acto seguido, emprender rápido el galope y la huida. De resultas de estos amores entre el dios del Olimpo y una mortal nació el pueblo de Micenas.

Vicisitudes históricas del cuadro Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

Pintor de corte, aceptó este encargo para don Pedro de Arce, montero del rey. Estuvo en la colección de los duques de Medinaceli. A principios del siglo XVIII formaba parte de la exposición privada de Felipe V y de aquí pasó a la pinacoteca madrileña en 1819. 

Con ese sentido único, basado en lo costumbrista y sin más interpretación, se leyó Las hilanderas hasta el inicio del siglo XX. Fue Ortega y Gasset el primero que anotó que el cuadro representaba algo más que una escena de interior. En un principio, el filósofo apuntaba a las bodas de Tetis y Peleo o una visión bastante personal de las parcas. Recordamos que estas deidades eran consideradas en la Antigüedad las tejedoras de los hilos de la vida, los mismos que cortaban ciegamente cuando creían oportuno o conveniente. Una vez Ortega puso la semilla de la interpretación mitológica, se estudió la obra desde esta perspectiva y fue Angulo Iñíguez y luego María Luisa Caturla quienes pusieron en relación el cuadro con la fábula de Aracne, según la versión de las Metamorfosis de Ovidio. Fue esta última investigadora la que pudo poner el broche de oro a esta tesis al encontrar el inventario original de Pedro de Arce. En él se explicita que la obra se llama “Fábula de Aracne”. Así se despejan todas las dudas sobre el sustrato mítico procedente de la literatura griega y latina. Pero aún hay más.   

Las características de la pintura barroca en Las hilanderas

1.- No podemos perder de vista que el estilo barroco supuso un cambio drástico en la concepción de la luz y el uso del claroscuro. Velázquez, a pesar de que conocía las obras sangrientas y pasionales de Caravaggio y que admiraba al maestro, presenta una pincelada más sutil, más suelta y pocos de sus trabajos están realizados con esos fondos negros que es característico del primer barroco italiano. En Las hilanderas, como sucede con Las Meninas o con La rendición de Breda siempre hay un fondo, un paisaje, una narración superpuesta. Y esta significa y, a veces, mucho. Esto es, una de las innovaciones de Velázquez con respecto al resto de los creadores del arte barroco es que estas narraciones posteriores a la escena principal informan sobre el contenido del tema tratado. Nunca son superfluas. Y en Las hilanderas este extremo es fundamental para entender el sentido último de la obra. 

2.- Con respecto a la luz que es una de las principales características del Barroco, nos encontramos tres puntos. El principal es el tapiz que actúa como vértice de una triángulo imaginario sobre el que se articula la obra. Los otros dos se focalizan en las ropas blancas de las protagonistas. 

3.- Esta forma de situar y distribuir la luz nos obliga a mirar el cuadro en un giro, de forma circular, o en espiral, tal como pretendían los artistas del barroco. Esto confiere un primer movimiento a la obra que se afianza con la disposición de las protagonistas que están situadas desde distintos ángulos: de espaldas, de perfil, entretenidas con elementos que hay en suelo o girando la cabeza. En este sentido, Velázquez es el genio indiscutible al aportar esa tensión serena al cuadro. 

4.- Por último, la obra del genio español está exenta de los motivos truculentos, monstruosos o sangrientos tan del gusto de los pintores del barroco italiano, tal cual Caravaggio o Artemisia Gentileschi. La fabula de Aracne está retratada con gentileza, con cortesía, obviando los detalles escabrosos y con una serena suavidad a pesar de que el pintor parece estar jugando a las adivinanzas con nosotros constantemente. 

5.- Por último, hay que añadir que Velázquez lleva al máximo el difuminado de los contornos que había sido una constante en el arte barroco, especialmente el desarrollado fuera de tierras italianas. Este trazo del maestro del Barroco español encandiló a artistas posteriores y se convirtió en una de las características del impresionismo cuyos creadores tenían a Velázquez como la gran referencia del pasado.  

Intertextualidad en La fábula de Aracne

1.- Entendemos por intertextualidad el texto o textos que hay en un texto final. Esto es, en creación (por muy novedoso que sea el producto representado), en un porcentaje muy amplio, siempre hay una referencia cultural, artística o literaria anterior. Evidente en el cine o en el género novelesco, la pintura, y más la de esta época, tiene un fuerte contenido intertextual. Y es así porque una de las características del arte barroco (como en la época anterior, la de la pintura renacentista) es su referencia a los temas bíblicos o mitológicos. Y esto es lo que encontramos, en esencia, en la obra Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez. 

2.- El mito cuenta que Aracne tejía con tal pericia y belleza que no solo se jactaba de ello sino que se atreve a retar a la mismísima Palas Atenea (diosa griega de la inteligencia, la civilización y la artesanía trasunto de la Minerva romana). La deidad acepta la competición y Aracne ejecuta un hermoso tapiz en el que se representan los amores furtivos de Júpiter o Zeus que no tenía ningún inconveniente en transformarse (en toro, cisne o lluvia de oro) para seducir a jóvenes mortales. El tapiz que realiza Aracne narra el rapto de Europa por parte de Júpiter transformado en toro. La diosa entra en cólera por la soberbia de la mortal y por atreverse a retratar (y a juzgar) de esa manera los actos de un dios. El castigo es la conversión en araña obligada a tejer constantemente. 

El rapto de Europa de Rubens

3.- Como he expuesto más arriba, el cuadro Las hilanderas puede dividirse en tres espacios simbólicos, el primero es el ocupado por las mujeres que tejen, el segundo es el iluminado protagonizado por las personas que admiran el tapiz que es, a su vez, el tercero. Con esta división, Velázquez nos sumerge (por pasos) en el mito representándolo en primer término y, a la vez, nos guía hacia su interpretación colocando “detrás”, tal cual es la intertextualidad, el sentido simbólico del mismo. Ni que decir tiene que siempre hay un tema, una idea mítica que corresponde a una emoción, virtud o vicio. En este caso, un maduro Velázquez (de una forma sublime) nos retrata y nos advierte de los peligros de la soberbia, del creerse mejor que nadie y de la temeridad de retar a la divinidad. Nos habla, también, de nuestra finitud.

Una interpretación de Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez 

Las hilanderas ha sido objeto de estudios diversos, no ya por la calidad de la obra (que es superior), sino también por la forma recurrida para expresar el mensaje. Este se realiza por capas, por estadios que se superponen. En el que se encuentra más atrás nos hace referencia a una obra de uno de los pintores barrocos más importantes: Rubens. Nos da, así, la primera pista sobre el tema principal de la pintura, guiándonos por una lectura en clave simbólica y pagana.  Las damas que sirven de nexo entre este espacio y el principal nos remiten a la contemplación, al hecho de observar, al mirar, al camino que hay siempre en la creación. Y llegamos al espacio principal, el de las hilanderas, el que nos dice de la soberbia de Aracne al retar a las mismísimos dioses. Y, además, este hila (volvemos al sentido último de la obra) con el tejido que elaboró para dicho concurso que, además, en un rizar el rizo de la intertextualidad no es original, ya que es un calco de una obra de Rubens. 

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez, en definitiva, nos sumerge en la imposibilidad de crear arte si no es con un sustrato histórico. Esto es, por muy novedoso que sea un creador, siempre habrá algo detrás. Esta temática se pone en relación con el pecado de la vanidad, de la soberbia y del narcisismo. Así, el conjunto adquiere una fuerza extrema al estar todos los componentes amalgamados sobre un único punto temático.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Decir que La rendición de Breda de Velázquez (1599-1660) es una de las pinturas barrocas más famosas y universales es casi una obviedad. El genial pintor de la corte de Felipe IV da todo de sí en esta composición de gran tamaño que se aleja del enfoque general de las obras de temática bélica.  

Descripción de La rendición de Breda o Las Lanzas de Velázquez

Fue realizada entre 1634 y 1635 por encargo del Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, para el Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro. El emplazamiento estaba diseñado para alabar las hazañas imperiales españolas y Velázquez no fue el único pintor de la época que participó en el ambicioso proyecto. Involucró prácticamente a todo artista reconocido en la época y hubo encargos a Carducho, Zurbarán o Pereda. También se recurrió a compras en Italia y otros puntos de Europa. ¿Qué sucedió? Que el palacio, en su historia, tuvo tantos añadidos, transformaciones y saqueos que nada queda ya de este espacio. Hoy puede disfrutarse la obra en un lugar de excepción: en el Museo del Prado de Madrid. Es un lienzo de grandes dimensiones, ya que mide 307 x 367 cms y en él se despliega toda la maestría de la mano de uno de los pintores barrocos más importantes y no solo de este estilo histórico sino de todos los tiempos.  

El objetivo de Olivares era presentar en ese Salón de los Reinos, punto de encuentro de futuros embajadores, coronaciones y festejos, la grandeza pasada de un país en apabullante decadencia. A Velázquez le tocó retratar la toma de la ciudad de Breda (a medio camino entre Amberes y Rotterdam, en los Países Bajos) por parte de las tropas de Ambrosio de Spínola. El hecho acaeció el 2 de junio de 1625 tras un largo asedio. El cuadro debía estar pintado hacia la mitad de 1635, diez años después, y en 1639 (esto es, cuatro años más tarde de estar finalizado el trabajo de Velázquez) Breda se perdió definitivamente para la corona española. Este dato no es baladí, ya que si algo caracteriza al barroco español (tanto literario como plástico) es el sentimiento de derrota, de pesimismo e, incluso, de conformismo. Como veremos a continuación, con toda probabilidad, Velázquez presentía (por las circunstancias a su alrededor) que la celebración de dicha gesta no iba a durar mucho.  

¿Qué ocurría en la época? Nos encontramos ante reinados y reyes decadentes que delegan la responsabilidad en validos corruptos, que pierden plazas consolidadas y que acumulan derrotas tras derrotas, algunas humillantes. Esta ineficaz maquinaria de guerra consume los pocos recursos de una corte dada al derroche e incapaz de invertir en producción y educación. Los días se pasaban en fiestas, en organizar obras de teatro y en costosos espectáculos de evasión. El punto positivo fue que esta vida hedonista, a pesar de su fracaso social, benefició a artistas de todo tipo.  

La rendición de Breda, ejemplo de pintura barroca

1.- Siguiendo con lo anterior, este cuadro social y político, con toda probabilidad, caló en el ánimo del artista que, para desarrollar la narración de la obra, se centra en un detalle íntimo. Esto es, en Las lanzas asistimos a la entrega de las llaves de la ciudad de una manera cordial, elegante e, incluso humanitaria. Velázquez obvió cualquier aspecto heroico o épico, puesto que presentía que la victoria iba a ser muy efímera. Al vehicular el tema sobre este hecho concreto (alejado de la norma imperante) creó una obra tremendamente original que trasciende el espíritu militar que, en un principio, intentaba ensalzar Olivares. 

2.- La rendición de Breda se encuentra en la lista de las pinturas barrocas más famosas y eso que no cumple con todos los requisitos de este estilo artístico (o quizás por ello). Velázquez se formó en Sevilla en el taller de Pacheco y luego (con sus viajes a Italia) con las fórmulas expresivas de Caravaggio. Sin embargo, el claroscuro (característica básica del estilo barroco) en La rendición de Breda está muy atenuado y es menor, por poner, un caso, que en Las Meninas

3.- La obra tiene un esquema definido cuya escena central la protagonizan las dos hombres (Nassau, el vencido y Spínola, el vencedor) en el intercambio de llaves. Todos los demás elementos (incluso el paisaje) gira con movimiento circular hacia ese punto. Esto último se ha conseguido con el caballo y el soldado de la casaca clara que nos da la espalda. Cada uno de ellos está en un extremo del cuadro. Así, además, se consigue cerrar ese movimiento sinuoso y circular que es una de las características del arte barroco

4.- La genialidad de Velázquez queda impresa en los distintos personajes que miran al espectador, cada uno en distinto bando dando naturalidad a la escena, como si el pintor hubiera estado allí y, en una instantánea (en una fotografía), inmortalizara el hecho. 

5.- El realismo que es otra nota del arte barroco lo encontramos en los rostros de los distintos protagonistas que son modelos sin idealizar tomados de la vida cotidiana. 

6.- No podemos olvidar en este comentario de La rendición de Breda que la escena en su conjunto, aunque nos retrata un hecho dramático, tal cual es la guerra, no recurre al patetismo de otras obras de la época. Aquí el pesimismo se convierte en aceptación serena. Es sin duda, una de las líneas que caracteriza las obras de Diego Velázquez. 

7.- El punto de luz se encuentra en el espacio central que sirve también como división de la obra, a un lado, tenemos a los vencidos con las armas en posición de descanso y su líder intentado arrodillarse y, al otro, los vencedores, con las lanzas perfectamente alienadas. El ejército de Nassau, además, se encuentra rodeado por el fuego de la destrucción que se adivina a lo lejos. La luz va pasando por el espacio central realizando un movimiento circular desde el centro, continuando por la casaca del soldado que nos da la espalda hasta fijarla en el último elemento que es la bandera. 

8.- Aunque buena parte de las pinturas barrocas muestran un gusto por el fondo oscuro, también es recurrente el uso de los paisajes, tal cual apreciamos en Las lanzas de Velázquez.  

Intertextualidad en La rendición de Breda, comentario imprescindible para entender la obra 

¿Qué es la intertextualidad? En esencia, es un texto dentro de otro texto. Esto es, la obra u obras de arte que sirven de trasfondo a otra posterior. Ni que decir tiene que este concepto no implica copia o plagio, palabras tan de uso en la sociedad narcisista actual. Es, más bien, el discurso histórico subyacente en cualquier creación artística. Pues bien, Velázquez olvida cualquier elemento heroico o épico en el que los soldados se dejan la piel a la hora de realizar cualquier supuesta hazaña. Y recurre, en esencia, a un momento íntimo (a pesar del número de personas involucradas) desde una perspectiva humanitaria casi.  

No le interesa mostrar una efímera victoria cuando los sentimientos que se respiraban en la corte eran de conformismo, pesimismo e, incluso, de humillación por tantas pérdidas. Por eso, acepta el encargo de Olivares, pero lo hace desde una visión original, distinta a la esperada y desde un fondo de profunda humanidad. La intertextualidad (la creación dentro de la creación) la encuentra en una de las obras de Pedro Calderón de la Barca, el dramaturgo favorito de la corte hedonista y despilfarradora de Felipe IV. Con el mismo título que el cuadro, el escritor pone en boca de Spínola estas palabras dirigidas a Nassau, quien le entrega las llaves al español: 

Justino, yo las recibo

y conozco que valiente

sois, que el valor del vencido

hace famoso al que vence. 

Al recurrir a la intertextualidad (al sustrato de una obra de otra línea artística, la literaria), La rendición de Breda de Velázquez se transforma en una narración tremendamente original que se aparta del género militar pictórico imperante y consabido.  

Comentario final de Las lanzas de Diego Velázquez

El realismo del rostro de los protagonistas, la rotundidad en la representación del caballo, la inteligencia a la hora de dividir el cuadro y la humanidad de su planteamiento contribuyen a hacer de La rendición de Breda de Velázquez una obra única. Tanto es así que, junto con Las Meninas del mismo autor, Los fusilamientos del tres de mayo de Goya y el Guernica de Picasso, forma parte de ese cuadrilátero de lo mejor del arte español de todos los tiempos. El preciosismo de la obra a la hora de representar los ropajes, las expresiones, el movimiento, la luz o el paisaje del fondo es de difícil superación. Su contemplación en el Museo del Prado de Madrid nos introduce en lo mejor del ser humano, en el que es capaz de reconocerse en el otro en las circunstancias más adversas. En todo ello (y más) reside su grandeza y universalidad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

A lo largo del siglo XVII, primero en Roma, con el apogeo de los emplazamientos vaticanos, y luego en el resto de las cortes europeas, trabajaron una serie de pintores barrocos que se encuentran en la lista del canon universal de todos los tiempos. Porque la época (con todas sus sombras humanas y sus luces creativas) fue propicia para este desarrollo de la plástica, de la escultura y también de la arquitectura. Resumiendo mucho, anoto que un poder real y eclesiástico cada vez más concentrado en pocas manos dio lugar a una acumulación de riquezas sin precedentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, estos frutos no se pusieron al servicio de la sociedad invirtiendo en educación general, investigación, empresa o en tecnología conforme a los medios disponibles. Fue todo lo contrario, ya que el pueblo sufría de hambrunas, pestes y de falta de la más mínima formación académica. Un hecho concreto nos da la clave del cariz de aquellos tiempos. Sucedió el 22 de junio de 1633 cuando Galileo, de rodillas y ante el papa, fue obligado a abjurar de sus ideas. La oportunidad presentada para avanzar conforme a la ciencia se volvió en contra actuando la censura de la Inquisición en su forma más cruel.  Así, cardenales, papas, alta aristocracia y reyes competían por tener el palacio más sorprendente, el jardín con fieras más estrambótico, la colección de pinturas barrocas de los más sublimes creadores… Con este panorama, los nombres presentados a continuación son solo un granito de arena de una montaña artística que no se agota en la siguiente lista.  

Características comunes a la mayoría de pinturas barrocas

1.- El arte barroco despliega en los lienzos un gusto por el llamado claroscuro. Es este un especial juego de luminosidad y sombras en el que se hace protagonista a un elemento sobre el que se concentra la luz y, a su alrededor, se va oscureciendo progresivamente la narración presentada hasta llegar incluso a la base negra. Fue Caravaggio (1593-1610) el primero y el maestro indiscutible de la técnica.

2.- Otra de las características del Barroco (tanto en el plano plástico, arquitectónico como literario) es su gusto por los escatológico, lo monstruoso, lo cruel y lo sangriento. Por eso se regodea presentado los seres híbridos de la literatura griega o romana y las escenas más terribles de la Biblia. En esta línea vuelve a ser genio indiscutible Caravaggio y también Artemisa Gentileschi (1593-1656) con una obra rotunda de empoderamiento femenino. 

3.- El idealismo que había sido una norma en la cultura precedente, en la del Renacimiento, se vuelve ahora realismo incluso con un punto descarnado. Por eso, los modelos están tomados de la calle, de la vida cotidiana y los personajes retratados se hacen con su taras y defectos luciendo los ropajes de la época. En esta línea, si el Barroco español tiene una figura indiscutible este es, sin duda, Diego Velázquez que, a pesar de su condición de pintor real, no dudó en presentar a esos enanos o personajes con discapacidades terribles (humillados para hacer reír a los cortesanos) sin cambiar ni un ápice su verdadera naturaleza. 

4.- El estilo barroco se caracteriza por los fuertes contrastes, por el movimiento extremo, por presentar una realidad en frágil equilibrio y a punto de desmoronarse. También es norma el hecho de acogerse a una narración que gusta del dramatismo e, incluso del patetismo extremo. La muerte, el asesinato, la traición, el rapto y la violencia se presentan con toda su crudeza. 

5.- A pesar de ese giro hacia la realidad, hacia el autorretrato incluso, los temas bíblicos o de la cultura clásica siguen siendo favoritos. Eso sí la perspectiva ahora será distinta y la intención de la obra se alejará de los cánones mesurados y elegantes del Renacimiento para entrar en el pathos, en la emoción, en el reflejo de las pasiones descontroladas, en definitiva.  

Pinturas barrocas más famosas de artistas italianos (una muestra mínima)  

1.- David con la cabeza de Goliat de Caravaggio (1607)

Aunque con la misma temática se estudia casi siempre las maravillosas versiones que se custodian en el Museo del Prado de Madrid, he elegido la de Viena porque, en ella, vemos una obra descarnada en extremo. Esta serie de pinturas (todas distintas) muestran el perfecto manejo de la técnica del claroscuro en Caravaggio. Se focaliza siempre la luz en un punto para dejarnos en sombras el resto de la composición. Además, nos sumerge en ese mundo sangriento, terrible, cruel y asesino que es tan del gusto del Barroco. David mata a Goliat y corta su cabeza. Y nos la muestra (en primer plano además) sin ningún pudor, sin escatimar ningún detalle escabroso del acto. Esta serie de pinturas fue realizada por el gran maestro italiano al final de su vida cuando imploraba el perdón por haber sido desterrado tras un percance en el que se vio involucrado en un asesinato. En ella, se retrata como el gigante abatido por su propia soberbia de una manera terrible por no obviar detalle alguno. 

David con cabeza de Goliat de Caravaggio 

2.- Judith y su doncella con la cabeza de Holofernes de Artemisia Gentileschi (1618-1619) 

Creció entre pinturas y caballetes ya que su padre, Orazio Gentileschi, mantenía un taller en el que se hacía arte siguiendo los postulados del gran Caravaggio. Allí aprendió dibujo y las técnicas para levantar una obra de tal fuerza expresiva que, a pesar de los intentos por silenciarla, ha sobrevivido a los embates del tiempo, por su gran calidad, originalidad y perspectiva feminista. A la crudeza característica del Barroco se une un hecho diferencial en la biografía de la pintora: una violación a los dieciocho años y un humillante juicio posterior. Todo este trauma caló en lo más profundo del alma de la artista y para ello solo tenemos que admirar su obra. En ella nos refleja unos personajes que se empoderan a través de la venganza (como la Judith biblíca) o hacen uso de su libertad extrema (como la Cleopatra histórica). 

Judith y su Doncella de Gentileschi 

La obra seleccionada nos presenta a la joven ricamente vestida blandiendo la espada con soltura y determinación. La cabeza del violador Holofernes ya ha sido seccionada y, por la actitud de las protagonistas de la obra, de manera justa. En este sentido, la anciana criada, representada en todo su realismo, acompaña a la joven en la tarea justificando y aplaudiendo el acto con actitud  desenvuelta.  

Una de las pinturas barrocas más conocidas del estilo barroco español  

3.- La rendición de Breda de Velázquez (1634-1635)

Aunque Las Meninas suele copar todos los honores en el podio de uno de los grandes artistas hispanos (junto con Picasso y Goya), la fuerza de La rendición de Breda nos dice de ese barroco patrio en el que ya poco queda de las glorias del pasado. Con un preciosismo difícil de imitar, la obra, de gran tamaño, está perfectamente dividida.

Rendicion de Breda de Velazquez

Nos encontramos, a un lado los vencedores, cuidadosamente ataviados y mostrando sus lanzas con orgullo, al otro, los vencidos que deben soportar el humo y el destrozo de la devastación y la derrota. El gesto noble viene de parte de quien recibe las llaves de la ciudad que intenta no humillar al enemigo. La rendición de Breda de Velázquez es una obra que no sigue las temáticas más comunes del estilo barroco y que incluso el artista trabajó, como la tendencia a lo monstruoso o el gusto por lo clásico.  

Las pinturas barrocas del norte de Europa (otra muestra mínima)  

Si bien las obras de países como Italia o España se regodeaban en el pesimismo, en la escatología, en el conformismo e, incluso, en la fealdad, en el norte de Europa el barroco tuvo otro cariz. El sur estaba inmerso en crisis, pestes, hambrunas y, especialmente, en una terrible desigualdad social. En los Países Bajos o en Alemania, la reforma protestante comienza a dejar su huella con un avance de la burguesía comerciante, culta y urbana. Esta se enriquece, pero sin llegar a los fastos y al derroche del aristocracia de otros lugares europeos. Demanda arte, pero con un espíritu positivo y, además, de menor tamaño. Son cuadros destinados a adornar viviendas cómodas y de medidas mesuradas.

La joven de la perla de Vermeer 

4.- La joven de la perla de Vermeer (1665-1667)

En esta línea podemos insertar a Johanes o Jan Vermeer cuyas obras siempre retratan interiores serenos, relajados y cotidianos. Lejos quedan los grandes dramas bíblicos o clásicos. Captamos a los protagonistas como si miráramos por una ventana de soslayo. Lo que interesa es la belleza cotidiana de personajes entretenidos en su quehacer diario y sencillo. Ninguno de ellos hace gesta alguna especial. En La joven de la perla los fuertes claroscuros se han diluido y se ha dado paso a colores brillantes que se desparraman alrededor del punto de luz situado en la joya que luce la muchacha. 

El Rapto de las HIjas de Leucipo de Rubens 

5.- El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens (1616)

En esta línea, aunque sí encontramos el dramatismo propio del Barroco se despliega la obra de Rubens. Sus cuadros se presentan con otra luminosidad y la carnosidad se nos antoja brillante. A la par, el fondo negro de lo artistas italianos se sustituye por un paisaje natural que enmarca la escena como el de la pintura que nos ocupa: El rapto de las hijas de Leucipo. 

En ellas se recurre al momento de álgido dramatismo en el que los gemelos Castor y Polux (hijos de Júpiter convertido en cisne y la mortal Leda) raptan a las muchachas. Los gestos de miedo de las jóvenes contrastan con la fuerza bruta de los violadores introduciéndonos en ese gusto por lo obsceno, pecaminoso y dramático tan al gusto del arte de la época. 

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6.- La tormenta en el Mar de Galilea de Rembrandt (1633) 

El rastro de la obra se perdió en el año 1990 tras haber sido robada de las paredes de un museo norteamericano. En ella Rembrandt nos presenta casi todos los elementos característicos de la pintura barroca. El dramatismo de la escena bíblica se ve acompañado por la furia de una naturaleza que es presentada en todo su furor y movimiento. Mientras tanto el rostro impasible de Jesús contrasta con el de terror de los discípulos, añadiendo un toque de dolor extra. El artista se ha inmortalizado en la escena retratándose en la misma. 

Si bien la lista de pinturas barrocas famosas tendría que tener al menos más de veinte o treinta nombres para comenzar a ser completa, he querido en este pequeño texto reflejar algunas que, siendo universalmente conocidas, son de mi gusto personal. No quiero renunciar a esta pequeña concesión hoy y espero que el lector sepa disculparme por ello.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

A lo largo del siglo XVII, surgió en Roma, convertida ya en centro de poder del Vaticano, el denominado estilo barroco. La palabra procede del nombre dado a las perlas sin pulir con múltiples protuberancias e, incluso, espirales. La nueva forma de hacer arte se fue trasladando hacia las cortes europeas, completamente transformadas en auténticos emplazamientos de lujo y diversión. Los monarcas, los cardenales, los sucesivos papas y los más ricos miembros de la aristocracia se hacen construir suntuosos palacios, con enormes jardines repletos de animales exóticos que se adornan con muebles finos y obras de arte de excepción. Ello propicia una pléyade de creadores que van más allá de esta escueta lista de los 10 pintores barrocos más importantes. 

El Barroco español da una de las figuras más importantes de la historia del arte nacional mientras que se afianza una literatura tan rica en todos los géneros posibles que estas décadas han sido calificadas como Siglo de Oro. Mientras la creatividad alcanza cotas sin límites y la suntuosidad de las élites se manifiesta en un lujo y dispendio casi obsceno, la decadencia en otros órdenes vitales se hace apabullante. Por seguir con el caso de España, aunque la lista es mucho más amplia, los festejos en la corte se hacían sin reparar en gastos. Mientras tanto el pueblo sufría de sucesivas crisis de todo tipo, el hambre era endémica, las pestes se cebaban en las ciudades y por todos lados se respiraba pesimismo y resignación. 

Características estilísticas comunes a los pintores barrocos 

1.- Las obras dejaron la sobriedad que eran características de la pintura renacentista para convertirse en excesiva en todos los ámbitos: desde la temática o las formas hasta el tamaño de las mismas. 

2.- Hay un gusto por la contorsión, la pose imposible, el preciosismo, la línea curva y la disposición dramática. Un claro ejemplo de ello son los grupos escultóricos (aunque pertenecen a otro género) de Bernini conservados en la Galería Borghese de Roma, especialmente la obra Apolo y Dafne capturada en el momento de metamorfosis de la ninfa. 

3.- El arte barroco muestra un gusto por el grotesco, lo monstruoso, lo que se encuentra más allá de la humanidad. Todo ello se combina con un fuerte simbolismo en el que las criaturas oníricas o fantásticas actúan como trasunto de los sentimientos y/o las pasiones.  

4.- En relación con lo anterior, otra de las características del Barroco es la predilección por los temas truculentos y sangrientos tomados tanto de la literatura griega y/o romana como de la Biblia. En este sentido, cabe destacar los cuadros de Artemisia Gentileschi, especialmente el ciclo de Judith y Holofernes. La representación de la decapitación de este último en manos femeninas se hace con todo lujo de detalles y abundando en la crudeza. En los pinceles de la artista, el personaje bíblico se convierte en símbolo del empoderamiento y de libertad al consumar con destreza su venganza.  

5.-  Todos los pintores del Barroco recurren al claroscuro, a las sombras, al juego excesivo de luces que conforman una perspectiva sutil.

6.- Tal como he anotado anteriormente, se realizan obras en las que se representan grupos de personajes que recogen escenas complejas de la Biblia o de la mitología clásica con un movimiento que llega a la contorsión. 

7.- Y, por último, para recordar una serie de características comunes, también hay preferencia por la naturaleza, por los bodegones, por las escenas de interiores en los que se despliegan detalles domésticos donde se muestran todos los órdenes de la abundancia o de la exageración.  

Pintores barrocos más importantes: empezamos con los cinco primeros 

1.- Caravaggio, el artista más representativo del siglo XVII

Nacido en 1571 como Michelangelo Merisi adoptó el nombre de su localidad natal. En sus treinta y nueve años de vida levantó una obra original en la que destaca la vitalidad de las figuras, la expresividad de las mismas con un preciosismo nunca visto antes en arte. El claroscuro y el dramatismo emocional, por poner un caso, del David y Goliat marcó un hito en la historia de la pintura. Gusta de los temas bíblicos que incluso se reproducen de manera escatológica con protagonistas tomados de modelos originales y, por tanto, realistas al extremo. Esta humanidad le trajo más de un quebradero de cabeza en sus encargos para la iglesia ya que la Virgen, los santos y el resto de personalidades de sus cuadros están tomados de modelos reales con su belleza mundana y sin la idealización de la pintura anterior. Otra característica de las obras de Caravaggio y que forma parte de los pintores barrocos es el contraste del claroscuro. La luz no es la natural sino que está realizada de manera dramática resaltando las figuras sobre fondos muy oscuros. 

Los jugadores de cartas de Caravaggio

2.- Diego Velázquez, el grande entre los grandes de los pintores barrocos españoles 

Nació en Sevilla en 1599 y murió en Madrid en 1660. Estudia con el maestro Pacheco y con la veintena ya está en la corte de Madrid ocupando el puesto de pintor de cámara. A pesar de su larga vida (para la época) no realizó una gran cantidad de obras ya que los honores que el rey le dispensaba a veces los distraía de sus labores artísticas. Eso no quita para que sea uno de los más grandes pintores de todos los tiempos no ya de España sino de las listas universales. Influido por la pintura de Caravaggio, levanta grandes obras en las que la expresión, el simbolismo y composiciones complejas son las protagonistas. La maestría de Velázquez influyó incluso en los pintores del impresionismo y sus grandes cuadros, como La Rendición de Breda, denotan un profundo conocimiento del alma humana (del ejército que se rinde pero también los gestos nobles de quien recoge con elegancia las llaves de la ciudad) mientras divide el lienzo perfectamente. A un lado se encuentran los vencedores con las lanzas apuntando al cielo y al otro los vencidos abrumados por el fuego de la destrucción. 

La rendición de Breda de Velázquez

3.- Jan Vermeer o Jan van Vermeer o Johannes Vermeer van Delft 

Nacido el 31 de octubre de 1632 y muerto el 15 de diciembre de 1675, es uno de los grandes pintores barrocos holandeses y de todos los tiempos. Mientras en España o en Roma el arte barroco se centra en los fastos y despilfarro de cortes decadentes y del Vaticano, en el norte de Europa adquiere otro cariz. Y ese es el de la intimidad. La reforma protestante comenzaba a dejar su sello transformando la religión en asuntos personales que no tienen que manifestarse en el exterior. Al tiempo, en Holanda, actual Países Bajos, va progresando una burguesía cultivada y enriquecida con el comercio a través de Asia. Se realizan piezas de porcelana, muebles útiles y casas grandes pero sin ostentación. A la par, se requieren piezas mundanas, profanas, de la vida cotidiana y de pequeño tamaño para decorar las estancias. Y aquí Vermeer crea obras pictóricas en las que la narración siempre es la vida cotidiana y los contrastes de luces y sombras se hacen de un modo elegante, exquisito y sin estridencias, siguiendo el gusto y cosmovisión de quienes realizaban estos encargos.  

La joven de la perla de Vermeer4.- Rembrandt Van Rijn (1606-1669) 

De distinto tenor son las obras de Rembrandt en las que el juego de luces y sombras aportan un tono especialmente dramático aunque en consonancia con ese gusto por los interiores y las escenas cotidianas de los pintores barrocos flamencos. 

5.- Artemisia Gentileschi 

Nació prácticamente entre pinceles en 1593 ya que era hija de Orazio Gentileschi, uno de los discípulos de Caravaggio. Muy pronto aprendió la técnica del dibujo y las fórmulas para crear unas figuras exquisitas al máximo. Con tan solo dieciocho años fue violada por otro de los discípulos de su padre y sometida a un juicio público humillante en el que se la denostó y vilipendió. Con toda probabilidad, este hecho tan traumático influyó en su obra ya que sus grandes cuadros pueden calificarse sin temor a equivocarnos de feministas. Tal es el ciclo de la Judith cortando con saña la cabeza de un Holofernes violador. Sin embargo, Artemisia Gentileschi no se quedó únicamente en la temática y su obra es de una delicadeza (a pesar de sus temas truculentos y sangrientos) en el trazo difícilmente superada por cualquier otro de los pintores del barroco.

Judith y su Doncella de Gentileschi

En sus cuadros presenta una mujer empoderada que decide sobre su propia vida (Cleopatra) o con fuerza da muerte a su verdugo (Judith). Artemisia Gentileschi merece algo más que un aparte en la historia del arte ya que puso las bases para una narración que en los albores del siglo XXI está de plena actualidad. Muere en Nápoles en 1656 y su obra ha intentado ser silenciada reiteradamente. Por fortuna, la enorme calidad, profundidad anímica, pericia estilística y fuerza narrativa la hace emerger una y otra vez.  

Pintores barrocos fundamentales: seguimos con otros cinco 

6.- Pedro Pablo Rubens 

Nacido en 1577, muere en Amberes en 1640. Su obra tiene todas las características del arte barroco con figuras rotundas (gruesas para los cánones de belleza actuales) representadas en contorsión imposible. En ellas el claroscuro es menos acusado y los fondos neutros son sustituidos por paisajes naturales. Además, se vislumbra siempre un fuerte dramatismo, el mismo que caracteriza esta época artística.

7.- Georges de la Tour, uno de los mejores pintores barrocos franceses 

La obra de Georges de la Tour (1593-1652) se caracteriza por el estudio continuado de los efectos de la luz sobre las figuras. Estas siempre aparecen de manera recogida, solitaria y demostrando una fuerte espiritualidad. La luz, en la mayoría de las ocasiones, procede de una vela que, en estas obras, adquiere un fuerte simbolismo. Se ha encontrado como hipotexto (o influencia) alguna obra de El Greco, uno de los pintores inclasificables entre el Renacimiento y el Barroco.  

8.- Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), el pintor de Sevilla

Fue el artista favorito de una ciudad que, por entonces, era Puerto de Indias. Tal como conocemos por los relatos y grandes historias de la literatura barroca en España, en este emplazamiento se daban cita tanto aristócratas venidos a menos como aventureros con cicatrices. La ciudad acusaba toda la decadencia de lo que un día fue un gran imperio y se refugiaba en las iglesias y en el mundo espiritual. Murillo y su taller surtió a todas ellas con encargos religiosos en los que se ponía en práctica las técnicas de Caravaggio aunque sin el realismo de este, ya que los personajes y protagonistas aparecen con una pátina de idealización. 

9.- Annibale Carracci (1560-1609)  

Contemporáneo a Caravaggio fundó una escuela para luchar contra lo que él consideraba el arte degenerado del primero. Renegaba de los fuertes claroscuros y gustaba de retomar los colores brillantes que habían sido protagonistas en la época anterior, entre los artistas del Renacimiento. Como disponía de taller (igual que Murillo o Zurbarán), siglos después aún hay dudas de las piezas que salieron de su mano y las que fueron creación de sus discípulos.  

10.- Gian Lorenzo Bernini, quizás el artista más completo del Barroco

Aunque he dejado para el final a quien quizás sea el más grande artista del Barroco, tiene su justificación. Y la tiene porque Bernini (1597-1680) no se centró solo en la pintura. Es más, sus grandes trabajos (en el sentido literal y en el de la calidad) no corresponden a este género. Sus maravillosas esculturas (especialmente las delicadas que se encuentran en la Galería Borghese de Roma) muestran un maestría con el mármol de difícil superación. En ellas se capta un momento de dramatismo extremo, como la metamorfosis en laurel por parte de Dafne en su huida de Apolo con un cuidado máximo a la hora de tallar el mármol. De este mismo tenor es el Éxtasis de Santa Teresa en el que se muestra el momento en el que la gran representante de la mística tiene una visión divina. Bernini, además, es el creador de la simbólica Plaza de San Pedro de Roma donde se ha dispuesto un elemento (el del abrazo) de extremo significado.  

Aunque podríamos enumerar muchos más nombres que estos diez pintores barrocos, en esta pequeña lista se encuentran los mayores representantes no solo de Italia sino de otros emplazamientos europeos. Esta forma extrema artística, andando las décadas, comenzaría a degradarse hasta llegar al rococó con sus muestras de frívola expresividad. Pero eso será otro tema. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Los diez grandes nombres de las letras españolas del llamado Siglo de Oro, el XVII. 

El conocido como estilo literario barroco fue tan fértil y brillante en España que a su época (el siglo XVII) se le conoce como Siglo de Oro. Parejo a una situación económica desastrosa, a una decadencia moral y social apabullante, a las grandes derrotas militares que dejaban atrás el sueño de un Imperio y a la corrupción de los validos florece una literatura auténticamente nacional que brilla en todos los géneros. No solo estos diez autores españoles del Barroco forman parte de la pléyade del canon literario hispano sino que  la época dio figuras artísticas de la talla de Velázquez. 

La literatura barroca en España es prolija en obras de teatro originales a pesar de repetir temáticas preestablecidas y demandadas por un público rendido al conformismo cuyo único refugio era la evasión de las tablas. El gran Cervantes (que, como veremos, es un autor de transición) vive en la época y sus obras tienen algunas de las características barrocas. Si el teatro lo llena todo con su espíritu festivo, no se quedan atrás la poesía de toda índole y la prosa brillante de corte filosófico. 

Conforme el siglo XVII va dando sus últimos coletazos, también lo hace la mística literaria que tantos autores se habían adherido a ella (sin entrar en las razones personales). España, abrumada por guerras, hambrunas, pestes y sin ser capaz de auparse al carro del progreso educativo (a pesar de sus grandes plumas) continúa desarrollando el estilo barroco hasta bien entrado el siglo XVIII. Esos serán otros tiempos con otros modelos y otras fórmulas expresivas. Por ahora los autores españoles del barroco que tenemos que tener en cuenta son los que siguen. 

1.- El problema de adscripción de Miguel de Cervantes al barroco literario

Del gran genio de las letras españolas se ha escrito tanto que, al día de hoy, nos encontramos a la crítica unánime en considerarlo como autor bisagra entre los postulados de la la literatura renacentista y la barroca. Dicho esto, el maestro de las palabras, a pesar de compartir época con grandes nombres universales (Shakespeare, Lope de Vega, Calderón…) maneja una escritura tan única que es de difícil encasillamiento. Tuvo una vida de película. Fue herido en la guerra, hecho prisionero, sufrió cárcel por malversación y apenas disfrutó de ningún éxito. Eso sí, ya al final de su vida, pudo saborear la buena acogida que tuvo su Quijote, prototipo idealista que constituye uno de los grandes personajes de la literatura universal.  

Para saber más sobre en el autor sin salir de este sitio, tienes:  

1.- Biografía de Miguel de Cervantes

2.- Obras de Miguel de Cervantes

3.- El Quijote y su importancia en las letras universales

4.- Novelas ejemplares

2.- Lope de Vega uno de los autores españoles del barroco más importantes

En pugna constante con Cervantes, en rivalidad tóxica casi, Lope de Vega es uno de los escritores más prolijos de la historia literaria española y no solo del barroco. Aunque escribió poemas de todo tipo y algunas novelas cortas, sus dotes irónicas, su espíritu falaz, hedonista y dado a la pendencia se explayó en las múltiples obras de teatro de todo tipo, tema y sentido que estrenó en vida. Tan larga es su obra y tan intemporal su escritura que no hay festival contemporáneo que no lleve en cartel algunos de sus títulos. Las características del teatro barroco en España se establecen con Lope de Vega con su gusto por el chiste fácil, el lenguaje brillante, los temas de enredo, las broncas de capa de espada y por los tipos (el caballero, la dama, el gracioso o el anciano) reconocibles por el gran público.  

Si quieres seguir investigado sobre uno de los autores españoles del barroco más importantes, te he dejado los siguientes temas desarrollados:  

1.- Biografía de Lope de Vega

2.- Obras de Lope de Vega más importantes

3.- Características del teatro de Lope de Vega  

3.- Tirso de Molina y sus grandes obras dramáticas 

Tirso de Molina es el seudónimo del monje fray Gabriel Téllez quien no tuvo ningún empacho, a pesar de sus órdenes religiosas, en escribir obras de capa y espada siguiendo las líneas del teatro que demandaba un público ávido de evasión. Recordemos que estamos inmersos en una sociedad decadente y sin aliciente ninguno y necesitada de entretenimiento fácil para poder ser feliz aunque fuese por un momento. Sin embargo, Tirso de Molina no solo pertenece a la pléyade de los grandes autores españoles del barroco por estas comedias sino por haber levantado un personaje universal (el don Juan) que en sus páginas adquiere un tinte dramático más allá de su influencia posterior en el romanticismo literario europeo. 

Si tienes curiosidad, te he dejado: 

1.- Biografía de Tirso de Molina

2.- Obras de Tirso de Molina

3.- El Burlador de Sevilla 

4.- Mateo Alemán, uno de los autores españoles del barroco y de la novela picaresca más importantes 

Creció curtido desde niño en los ambientes carcelarios de Sevilla, cuando la capital andaluza era Puerto de Indias y lugar de encuentro de caballeros venidos a menos con aventureros de toda pluma y pelo. Mateo Alemán ha pasado al canon por ser uno de los grandes autores de la novela picaresca, otro de los grandes géneros hispánicos. Hasta las oscuras celdas accedía siendo niño llevado de la mano de su padre, médico real, y muy pronto se empapó de todas las miserias del alma humana, las mismas que reflejó en su obra. Eso sí, Mateo Alemán llegó a la escritura casi por casualidad después de una vida casi tan peliculera como la de Cervantes o Lope de Vega. 

Si quieres saber más sobre este autor barroco y el género picaresco, te he dejado los siguientes trabajos: 

1.- Biografía de Mateo Alemán

2.- Guzmán de Alfarache, uno de las mejores novelas picarescas de la literatura española

3.- Características de la novela picaresca

5.- Luis de Góngora y sus poemas cultos

En el otro extremo y alejado de lo popular (tanto en el objetivo como en la temática) nos encontramos al poeta cordobés Luis de Góngora y Argote, espejo donde se miró (andando los siglos) la llamada Generación del 27. En un estilo conscientemente rebuscado, levanta poemas de perfección formal, repleto de metáforas y tropos de todo tipo. La realidad contemporánea casi no le interesa a este clérigo con constantes problemas económicos debido a su afición por el juego. Quizás por ello busca en la literatura griega y romana los temas paganos que no tiene ningún problema en compaginar con su sacerdocio cristiano. Anoto, por último, que su enconada rivalidad con Francisco de Quevedo y Villegas, otro de los grandes autores españoles del barroco llegó a algo más que al plano literario. 

Más datos sobre el autor culto de la literatura barroca por excelencia en:  

1.- Biografía de Luis de Góngora y Argote

2.- Obras y poemas de Luis de Góngora

3.- El gongorismo 

6.- Francisco de Quevedo, otro de los autores españoles del barroco que ha trascendido el canon

Pesimista, exagerado, tendente a lo monstruoso que es otra de las grandes características de la literatura de la época, sus escritos están repletos de cinismo, misoginia, ironía y buenos textos. En rivalidad constante con Góngora, se vio envuelto en la llamada Conjura de Venecia de la que se escapó gracias a su buen acento italiano. Si bien sus dotes políglotas le ayudaron a librarse de la cárcel acusado de espía, su vida personal no corrió, a veces, con tan buena suerte. Sus poemas y su gran novela picaresca, El Buscón, lo catapultaron al canon literario hispano. Y todo ello cuando la obra no tiene todas las características generales de la novela picaresca.

Como es complicado resumir una figura literaria de tal envergadura en un solo párrafo, te he dejado los siguientes enlaces: 

1.-Biografía de Francisco de Quevedo

2.-Obras de Francisco de Quevedo

3.-La Vida del Buscón

7.- Calderón de la Barca y La vida es sueño 

Es uno de los grandes autores españoles del barroco literario y de todos los tiempos cuya escritura profunda fue del gusto del público popular y también del entendido. Intelectual nato, gustaba de la soledad, de los placeres sencillos, del estudio en su nutrida biblioteca y del disfrute de sus obras de arte.  De complejidad anímica, supo, a la vez, moverse con soltura en los círculos cortesanos que demandaban sus obras para las grandes fiestas y festejos donde se derrochaba un dinero escatimado a la inversión necesaria para el progreso. Tuvo una larga vida y Calderón de la Barca es uno de los pocos autores del canon español que disfrutó tanto de éxito literario como del económico en vida.  

Si quieres saber más sobre esta gran figura, tienes más datos en:  

1.- Biografía de Pedro Calderón de la Barca

2.- Obras de Pedro Calderón de la Barca

8.- Baltasar Gracián, uno de los autores españoles del barroco en prosa más importantes 

De personalidad complicada, culto y obligado a crear y vivir entre los escasos kilómetros de la Huesca barroca, Baltasar Gracián sobrevivió emocionalmente gracias a su escritura y al mecenazgo de Vincenzio Juan de Lastanosa. En la casa de este último encontró la biblioteca y el apoyo emocional necesario para levantar una obra literaria en prosa que se acerca a los grandes filósofos de la Antigüedad.  

9.- Sor María de Jesús de Ágreda y la mística barroca 

Si bien la mística literaria había tenido sus grandes nombres (Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz) en los estertores del Renacimiento, a finales del Siglo XVII la obra de una humilde monja la eleva al estado de santidad incluso. Es Sor María de Jesús de Ágreda, abadesa de las Concepcionistas del municipio (situado en Soria) del que toma su nombre. El citado convento fue fundado por su madre y la mística española prácticamente no salió de entre sus muros en toda su existencia. Eso no le impidió escribir una obra que tuvo una fuerte repercusión en su época: Mística ciudad de Dios y vida de la Virgen manifestada por ella misma. Su fama llegó a oídos del rey Felipe IV, quien abrumado por problemas de todo tipo, pidió consejo y consuelo en la religiosa. La correspondencia entre ambos duró más de veinte años. 

10.- María de Zayas y Sotomayor y la novela costumbrista barroca 

La novela costumbrista del barroco español tiene un protagonista indiscutible en María de Zayas y Sotomayor. Sus Novelas ejemplares fueron publicadas en 1637 y en ellas con valentía, sagacidad, inteligencia y sobriedad nos sumerge en el mundo de la época con un toque de reivindicación feminista. Empeñada en calificar su obra como realista, en ella no oculta una fuerte intención didáctica hacia las mujeres víctimas de engaños, burlas, robos y violaciones de todo tipo.  

Si bien los grandes autores españoles del barroco se condensan en esta escueta lista de diez nombres, el Siglo de Oro fue tan fértil en obras de todo tipo que aún podemos indicar algunos más como el diplomático Saavedra Fajardo, el místico Miguel de Molinos, el erudito Nicolás Antonio, los dramaturgos Francisco de Rojas Zorrilla y Agustín Moreto o el poeta Luis Carrillo de Sotomayor.

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Cuando la mística literaria daba sus últimos coletazos tras las grandes obras de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, nos topamos con la figura de Miguel de Molinos. Aunque su escritura ha servido de base, hipotexto o inspiración a poetas de diversa índole llegando incluso a finales del siglo XX (tal cual sucede con uno de la importancia de José Ángel Valente), sus escritos se encuadran más bien en la historia de las ideas. 

Biografía mínima de Miguel de Molinos 

Nace en 1628 en Muniesa (Zaragoza) y estudia en Valencia. Toda su existencia transcurre dentro de los límites de la iglesia católica. Siendo aún bastante joven se le da la oportunidad de marchar (formando parte del séquito del Reino de Valencia) a Roma. No fue un tour de ida y vuelta ya que se introdujo en algunos círculos religiosos de origen español como la Escuela de Cristo. Mientras tenía un éxito discreto con la predicación logró también trabar amistad con personajes poderosos, lo que a la postre devendría en su contra. 

No regresa a Valencia cuando concluye la misión y allí se abre camino como director de conciencias entre las familias pudientes romanas. En 1675, publica su Guía espiritual (la obra por la que ha pasado a la posteridad) y las ideas reflejadas en sus páginas comienza a traerle más de un quebradero de cabeza. Su filosofía denominada como “quietismo”, a pesar de tener buena acogida inicial, comenzó a inquietar a la ortodoxia de la iglesia. Fue precisamente uno de sus mejores amigos (quien espoleado por el rey de Francia), el cardenal d’Estrées, el que lo denunció ante la Inquisición. De resultas, en 1685 fue apresado junto con varios de sus discípulos y torturado. Se retractó en un humillante juicio que tuvo lugar en septiembre de 1687 en la Iglesia de Santa María Minerva de Roma. Al abjurar de sus ideas se libró de la hoguera pero no de pasar sus últimos nueve años en la cárcel. Allí murió el 28 de diciembre de 1696. 

La Guía espiritual de Miguel de Molinos

Publicada con el subtítulo de Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior, llegó a tener en poco tiempo más de veinte ediciones. Esto es, para los parámetros de la época fue un auténtico best-seller. En ella se desgranan los procesos de contemplación y de quietud necesarios hasta alcanzar la paz absoluta y el amor divino purificado. A pesar de la buena acogida inicial, las propuestas heterodoxas de Miguel de Molinos fueron calificadas de herejía porque, en esencia, negaba cualquier tipo de intermediación e instaba a no hacer nada mientras se acepta todo aquello que llegue al alma en estos tiempos de meditación. En este sentido, la Guía espiritual de Miguel de Molinos se ha puesto en relación con el budismo e, incluso, con la filosofía New Age del siglo XXI que da por bueno (porque así lo decide el Universo, una suerte de dios pagano) cualquier cosa que suceda en la vida, tanto en el plano exterior como en el interior. 

La Guía espiritual demuestra conocer la obra de los grandes místicos y ascéticos precedentes. Y en ella se desgranan, con bastante claridad, conceptos emocionales que pudieran ser confusos en un principio. Esta quietud, esta aceptación o permitir que el alma reciba todo lo que le llega, sin juicio y sin diferenciar incluso entre el bien y el mal, supuso un peligro para el poder establecido. Miguel de Molinos buscaba el vacío espiritual, la quietud de la meditación, el no juicio, el despegue de cualquier miedo al castigo y también se alejaba de la avidez por la recompensa. Proponía una suerte de nirvana, de emplazamiento de la nada, de lugar ideal donde el espíritu, en paz, en pureza, desgajado de cualquier preocupación se dejaba ir hacia Dios que así lo acogía. Todo ello como paso previo para la serenidad y la dicha emocional absoluta. 

El quietismo creado por Miguel de Molinos

Se convirtió en una poderosa corriente de opinión que se hacía peligrosa en la Roma barroca dada al exceso y a todas las tentaciones del poder, del espíritu y otras más mundanas. El alma así purificada no necesitaba la intermediación de ningún estamento de la iglesia a la par que negaba incluso la diferencia entre el bien el mal. En este proceso de quietud, de meditación, de vaciamiento, de encuentro liviano con Dios, el juicio queda inhabilitado. Y se hace tanto para el bien como para el mal. Aunque la idea era radical, ya en la época se sabía que quien se adentraba en las profundidades anímicas, en el inconsciente (que tardaría siglos en ser nombrado y reconocido), se aleja, por sí, de cualquier maldad alcanzado, a la par, estadios superiores de conciencia y de libertad.  

Y es esa libertad la que vio peligrosa al rey de Francia por medio de su embajador el cardenal d’Estrées. La Inquisición comenzó las pesquisas sobre la Guía espiritual de Miguel de Molinos en 1678. A la misma se adhirieron un sector amplio de los jesuitas. Sin embargo, la pulcritud de la obra hizo difícil impugnarla por herejía así que el juicio tomó otros derroteros: tortura y acusaciones sin fundamento de inmoralidad con relatos estrambóticos del gusto de los tribunales de la Inquisición de la época.  

Miguel de Molinos terminó sus días en la cárcel y su obra, en el siglo XXI, aún sigue siendo de interés entre intelectuales, estudiosos y poetas.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Acercamiento al carácter biográfico y a la obra de la escritora mística del barroco literario español que se carteó con el rey Felipe IV.

 

Nacida como María Coronel (que no hay que confundir con la María Fernández Coronel, fundadora del Convento de Santa Inés de Sevilla), cuando conocemos la educación y los pormenores vitales de Sor María de Jesús de Ágreda entendemos que solo podía llevarla por los derroteros de la mística literaria. Eso sí, su escritura, que tuvo bastante fama en su época y en las décadas posteriores, ya había perdido la grandeza de los grandes representantes del género: Santa Teresa de Jesús en prosa y San Juan de la Cruz con sus versos. Pero vayamos por partes. 

Biografía resumida de Sor María de Jesús de Ágreda 

Nació en 1602 en la citada localidad soriana que adoptó como nombre religioso. Formaba parte de una familia acaudalada, dueña de importantes propiedades y practicante de una fuerte religiosidad. Tanto fue así que sus padres deciden separarse e irse a vivir a diferentes conventos de la orden franciscana. María contaba por entonces dieciséis años y se queda a cargo de su madre que levanta un convento (el de la Concepción) en la misma residencia familiar de donde nuestra protagonista no se mueve prácticamente en su vida. Toma el hábito con dieciocho años y adopta el nombre por el que ha pasado a la historia: Sor María de Jesús de Ágreda. 

El resto de su existencia en este mundo quedará vinculado a su organización religiosa alcanzando primero la dignidad de priora (con veinticinco años) y luego la de abadesa. Muere en mayo de 1665 no sin antes escribir una obra perteneciente a la mística literaria que fue un gran éxito de público hasta aproximadamente el primer tercio del siglo XVIII, cuando la literatura neoclásica imponía otros moldes a la escritura.  

Sor María de Jesús estuvo toda su vida al cuidado de su convento y dedicada a la escritura de corte místico. En las páginas que nos dejó escritas se reflejan sus visiones y sus conversaciones con la Virgen. Como otros grandes místicos españoles (y europeos) tuvo un encontronazo con la Inquisición. El tribunal consideró sus ideas y escritos (buena parte de ellos sin fuentes teológicas o bíblicas de base) como heréticas. Sin embargo, era tal el fervor que suscitaba su obra que se granjeó más defensores que detractores y, afortunadamente, fue absuelta sin mayores consecuencias para su persona o trabajo literario. En este sentido, también la Universidad de la Soborna calificó de heréticas algunas de sus propuestas.  

Obras de Sor María de Jesús de Ágreda: Mística ciudad de Dios y vida de la Virgen manifestada por ella misma 

Es un trabajo inmenso que fueron publicados en ocho volúmenes en cuarto o en tres en tamaño folio. Deja a un lado el simbolismo que caracteriza a la mística literaria del Renacimiento (la de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz) para acometer una obra histórica. El título es una amalgama de ficción absoluta (ya que no se sustenta en fuentes bíblicas o teológicas), párrafos piadosos desgranando sus visiones (de las que no se conoce la etiología) y relato histórico. En ella se da cuenta de toda la historia de la Sagrada Familia desde que la Virgen María se encontraba en el seno de su madre y desgrana todo tipo de detalles inventados siempre en línea con la corriente mística.  

Aunque Mística ciudad de Dios y vida de la Virgen manifestada por ella misma pretende ser un relato en el que los hechos fueron comunicados a Sor María de Jesús de Ágreda en sus momentos de trance o de visiones, ya no tiene la grandeza de los primeros escritores del género. Sí que tuvo éxito porque era favorito del público y fueron muchos los creadores que dieron a la imprenta sus particulares contactos divinos. 

Lo entendemos mejor con las palabras del alemán Ludwig Pfandl, considerado el creador de la filología hispánica:  

“Ninguna otra nación del mundo cristiano entró en relaciones tan familiares con lo celestial, ninguna otra, acercó tanto a los ojos carnales a Cristo, a la Virgen y los santos en la vida corriente y en las festividades, en la poesía y en la oración, en la pintura y en la escultura, ni transfiguró tanto lo celestial con rasgos terrenos y humanos como el español de la era de los Habsburgo.” 

Sor María de Jesús de Ágreda (reitero) da los últimos coletazos a este género literario tan del gusto del público de la época. 

La correspondencia entre Sor María de Jesús de Ágreda y el rey Felipe IV

La fama de su obra fue pareja con su consideración de santa en vida. Tanto fue así que en 1643 de vuelta a la corte, el rey Felipe IV se detiene a conocer a la abadesa cuya obra transcribe mensajes de la Virgen. El monarca, abrumado por tantos males, corruptelas políticas, crisis económicas sucesivas, desastres militares y pérdidas de territorios, encontró consuelo en esta monja de conversación inteligente. Tal fue el éxito del encuentro que acordaron (en riguroso secreto) cartearse con asiduidad. La correspondencia duró casi veinte años y en esos escritos el rey manifiesta a la mística sus preocupaciones personales, sus conflictos familiares así como asuntos de estado de difícil resolución. La monja, por su parte, sin más datos del mundo exterior que los que le llegan a través de esas cartas, responde con una sencillez no carente de inteligencia. 

En esta correspondencia de Sor María de Jesús de Ágreda con un rey que personifica la decadencia de lo que fue el imperio español se adivinan sendas almas a través de testimonios sencillos y sinceros. Con toda probabilidad, el que juraran mantener en secreto dichos papeles contribuyó a ello.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Aunque mucho más desconocido para el público lector en general, Diego de Saavedra Fajardo forma el tercer vértice de los mayores prosistas de Barroco español. Los otros dos puntos están protagonizados por Baltasar Gracián y Francisco de Quevedo. Además, hay que anotar desde ya que la obra de Saavedra Fajardo está condicionada por su perfil diplomático (en las más altas esferas de la política internacional de la época) y por su extenso conocimiento cultural.  

Biografía de Saavedra Fajardo

El hecho de pertenecer a una familia ilustre, posicionada, culta y rica posibilitó las tareas diplomáticas al más alto nivel de nuestro protagonista. Aunque no se sabe la fecha de su nacimiento, sí tenemos su partida de bautismo (6 de mayo de 1584). Es de suponer que su llegada al mundo fue un día antes. Eso fue en la hacienda familiar de Algezares, en la actual comunidad de Murcia. Tampoco tenemos datos de su educación temprana que debió realizarse con escogidos preceptores de manera personalizada. Se matricula en la Universidad de Salamanca, en Jurisprudencia y Cánones. En 1606 obtiene el título de Bachiller. Aunque algunas fuentes lo honran con el tratamiento de Licenciado e, incluso, de Doctor, no se conserva documentación que respalde esos estudios. Dicho esto, son difíciles de negar ya que Saavedra Fajardo demuestra, a lo largo de su obra, una amplia cultura a la par que una sagaz inteligencia. 

Su primera misión diplomática tiene lugar nada más abandonar la Universidad de Salamanca. Forma parte del séquito de Gaspar de Borja, embajador en la corte pontificia, en calidad de notario. Fue nombrado en 1617 canónigo de Santiago, puesto al que tuvo que renunciar (tras muchas presiones) en 1640 porque, en esencia, no lo atendió. Y no lo hizo por desidia ya que anduvo de corte en corte con misiones de extrema importancia. Hasta 1623 estuvo en Roma realizando trabajos puntuales en Nápoles y Sicilia. En 1633, tras pasar por Milán, fue enviado a Alemania y hasta 1643 fue nombrado para asuntos de calado (como el de la paz de Münster tras la Guerra de los Treinta Años con plenos poderes además). En 1646 está asentado en Madrid donde fallece dos años después.  

Obras de Saavedra Fajardo 

Una vida viajera (que no aventurera) formando parte de lleno de los centros de poder de la época formaron el carácter del político y del escritor. La fina ironía que se transparenta en algunas de sus obras está siempre condicionada por su espíritu diplomático, por su sagaz inteligencia, por sus dotes de observación, por el amor (y dolor) a su patria y por un punto crítico elegante que hace notar de manera sutil las grandes problemáticas de una época en decadencia. No oculta Saavedra Fajardo el papel destructor de una élite narcisista entretenida en juegos de vanidad más que en intentar dar arreglo a la desastrosa situación de un pueblo abrumado por carencias de todo tipo. Tampoco se quedan atrás los estudiosos de “biblioteca” que poco saber práctico son capaces de ofrecer a la sociedad en su conjunto. Esto lo hace, además, haciendo gala de una prosa elegante que evita cualquier confrontación con los poderosos. 

1.- Poemas de juventud  

Publicados en la obra colectiva Tablas poéticas. Aunque son de calidad meridiana, no llegan a formar parte del canon literario tal cual su obra en prosa.  

2.- República Literaria

Fue escrita probablemente en 1622 aunque no apareció impresa como tal y con el nombre del autor hasta 1670. La obra se adhiere al género de la alegoría siguiendo los preceptos de la literatura griega y romana. El autor, como Platón, es guiado hasta la República de las Letras donde se encuentra con diversos personajes a los que retrata con toda crudeza. En ella se ironiza sobre las rencillas vanidosas, las trampas del ego, la inutilidad de lo que hoy conocemos como ratones de biblioteca, estudiosos que poco o nada aportan a la sociedad. También se entretiene en las miserias provocadas por el hambre, la vanidad devastadora y la vida oscura tanto de artistas como de científicos sin reconocimiento o apoyo alguno. 

3.- Idea de un príncipe político cristiano representado en cien empresas, la obra más representativa de Saavedra Fajardo 

Conocida como las Empresas políticas es el título más significativo del autor. Fue publicado en 1640. Aunque su temática puede definirse como política, moral o filosófica, el escritor reconoce que los hechos presentados en la obra son inventados y, además, están escritos con una intención literaria. Este tipo de obras en las que se dan consejos para el buen hacer del gobernante no era nuevo en la época y, además, tuvieron un notable éxito con numerosos títulos publicados. Son trabajos relacionados con el Calila e Dimna (uno de los ejemplos más antiguos) o el Conde Lucanor de Don Juan Manuel. Esto es, podemos encontrar hipotextos lejanos en la literatura medieval. En ellos se van desgranando (de distintas formas) las variadas virtudes que debe adornar al buen gobernante para el bien de su pueblo y lo hace de una manera didáctica proponiendo ejemplos y fábulas. Para acentuar este carácter educativo la obra se realizó utilizando grabados a modo de emblemas que eran acompañados del texto en prosa.   

La política en el Renacimiento supuso una concentración de poder en manos del monarca en detrimento de los señores feudales. En España, desde finales del siglo XVI este gobierno de la corte fue progresivamente degradándose por la corrupción de las élites, la endogamia del poder y el desprecio por el conocimiento útil o por la empresa novedosa. Tal bagaje social solo podía traer decadencia en todos los sentidos, la misma que los escritores de la época se empeñaban en reflejar desde todas las perspectivas posibles. Las “Empresas” de Saavedra Fajardo están en esta línea y también con el Príncipe de Maquiavelo. Sin embargo, y al contrario que este, nuestro autor antepone los valores cristianos a la manipulación, las habilidades de la discreción a la ocultación de los vicios y, en definitiva, el buen hacer de la inteligencia ante las intrigas cortesanas o el derroche insensato.  

4.- Corona gótica, la obra más patriótica de Saavedra Fajardo 

Fue escrita en 1645 con el nombre de Corona gótica, castellana y austríaca y publicada un año después. En ella, utilizando innumerables fuentes (tanto históricas como literarias) y con afán erudito hace un repaso de todos los reyes godos. Por la pluma del escritor aparece Alarico (el primero de ellos) y el infame don Rodrigo. A pesar de ser una obra histórica, la escritura está atrapada en el dramatismo y, en ocasiones, en la ficción. Con este título, el diplomático se aúna con el literato para justificar la presencia de España en distintos puntos de Europa. 

5.- Obras menores de Saavedra Fajardo

5.1.- Introducción a la política y razón de estado del Rey Católico don Fernando

5.2.- Locuras de Europa, publicada en 1748. En esta obra se hace eco de las fórmulas del erasmismo utilizando los modelos de diálogo. Esto da pie para mencionar la desastrosa situación de la política española, de la decadencia económica, del conformismo del pueblo y de las malas artes de los distintos validos. 

A pesar de este espíritu crítico contra la situación social en España, Saavedra Fajardo, curtido en las lides de la diplomacia desde su juventud, no tuvo ningún problema (ni grave ni leve) con las autoridades de ningún tipo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Junto con Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián es uno de los más insignes prosistas del barroco español. Nacido en Belmonte (cerca de Calatayud) en enero de 1601 y muerto en Tarazona en diciembre de 1658, pocas anécdotas se pueden contar de su vida que no esté condicionada por su peculiar carácter. Tanto la obra como la personalidad del autor se reflejan en una biografía condicionada por una existencia provinciana no elegida del todo, la desobediencia a la orden a la que pertenecía (los Jesuitas) y la presencia en su vida de un mecenas ilustrado: Juan de Lastanosa. Pero vayamos por partes. 

Biografía de Baltasar Garcián  

Infancia y la importancia de Lastanosa 

Nacido en un remoto rincón de la provincia de Huesca de padre médico, debió recibir una educación de fuerte raigambre cristiana ya que todos los hermanos tomaron votos religiosos. Su infancia pasó en Toledo bajo el amparo de un tío paterno, capellán de San Pedro de los Reyes. Con tan solo 17 años ingresa en la Compañía de Jesús en Tarragona y luego pasa a Calatayud en 1621 donde estudia Filosofía y Letras. Es ordenado presbítero en 1627 y hasta el final de sus días está vinculado a los jesuitas. A pesar de sus votos, Baltasar Gracián incumple reiteradamente las reglas de obediencia al no presentar sus obras para la obligada aprobación (y censura si se diera el caso) de la orden y elige siempre un pseudónimo para sus libros. Como sus superiores saben a ciencia cierta que estos escritos han salido de su pluma, durante toda su vida se vio envuelto en un tira y afloja que le causó más que un quebradero de cabeza.  

Viaja a Valencia en 1630 de donde sale con mal recuerdo a ocupar un puesto de profesor de Teología en Lérida en 1631 y más tarde, en 1633, a Gandía. Regresa a Huesca en 1636 ya con los votos cumplidos. Es aquí donde conoce a don Vicencio Juan de Lastanosa prácticamente vecino de Baltasar Gracián. Era el primero un rico mecenas propietario de un palacio al estilo italiano con una rica colección de arte, una importante biblioteca, un inmenso jardín con fieras y un espíritu cultivado. Nuestro escritor encuentra en las tertulias, los invitados y el ambiente cultural de la casa de Lastanosa el emplazamiento propicio no solo para cultivar su intelecto sino también para atreverse a escribir sus primeras obras. Además, en la misma calle donde se encontraba el Colegio de los Jesuitas y el Palacio de Lastanosa tenía su imprenta abierta Juan Nogués, impresor del los libros de Gracián. Así todo se quedaba entre vecinos.  

Los choques con los jesuitas en la biografía de Baltasar Gracián 

Entrado en la treintena, con los votos jurados, el autor escribe sus obras y las da a la imprenta con un pseudónimo: Lorenzo Gracián. Ni que decir tiene que en la orden saben que es él quien compone dichas líneas. El problema llega porque Gracián (aunque no trata temas teológicos, religiosos o dogmáticos) no presenta a aprobación sus escritos antes de darlos a la imprenta. Es una falta grave cometida, además, a sabiendas. Se empieza a producir, en este momento, un tira y afloja con la orden que durará el resto de su vida. Esta circunstancia, además, es aprovechada por todo aquel mediocre y envidioso que quiere cortar las alas literarias a uno de los mejores escritores del barroco español.  

A finales de 1638 es propuesto como confesor del duque de Nocera y se traslada a Zaragoza. El aristócrata es enviado a la guerra de Cataluña (o de los Segadores, 1640-1652) que tantas secuelas emocionales dejó entre los que participaron. Este desgraciado suceso también caló en el ánimo y en la biografía de Pedro Calderón de la Barca que volvió con heridas y con uno de sus hermanos muerto. Acompañando al duque de Nocera llega a Madrid en 1640 donde publica dos obras más y ve como su protector es encarcelado por intentar mediar en el conflicto. Tras la muerte en prisión del duque, volvió a Zaragoza en lo más crudo de la guerra. Casi como castigo por sus reiteradas desobediencias a la orden al no presentar las obras para su aprobación antes de mandarlas imprimir, fue destinado al frente como sacerdote. Al parecer, realizó una maravillosa labor entre las tropas a pesar de su espíritu pesimista y desencantado.  

A su regreso a Huesca en 1647 sigue con las mismas, publicando sin aprobación, visitando a Lastanosa y estudiando en su maravillosa biblioteca. Como castigo por estas faltas reiteradas, el general de la Compañía Goswin Nickel le prohibió escribir y lo envió a Tarazona donde falleció en 1658.  

Las obras de Baltasar Gracián 

Aunque el escritor se movió por algunos puntos de la geografía española prácticamente no salió de Aragón donde transcurrió el grueso de su vida. Por sus escritos, donde describe la vida vibrante de ciudades importantes de la época, podemos intuir que no solo disponía de imaginación sino que este hecho (el tener que llevar una vida provinciana) influyó en su carácter y, por tanto, en su obra. Sus títulos, no obstante, no solo se encuentran entre lo más importante de la literatura barroca en España sino que ha traspasado las brumas del tiempo con bastante éxito. Estas son las obras de Baltasar Gracián principales:  

1.- El Héroe. Aunque la primera edición conocida data de 1639, se supone que hubo una anterior de 1637. En la obra se concibe la figura de un hombre en abstracto, perfecto y repleto de virtudes.  

2.- El Político don Fernando el Católico. Fue publicada en 1640 y la segunda en Huesca en 1646. Es una obra de historia basada en el monarca que da título al libro. 

3.- El Discreto. Con toda probabilidad estaba escrita en 1645 durante su estancia en Valencia. Se publicó en 1646. En la estela de El Cortesano de Castiglione, Baltasar Gracián enumera las virtudes y grandezas que deben adornar a cualquier hombre de mundo. 

4.- Oráculo manual y arte de prudencia. Es quizás su obra más conocida y la más publicada en la actualidad.  La primera edición data de 1647. En ella nos encontramos una síntesis de la filosofía vital de Gracián comprimidas en frases escuetas que llegan incluso al aforismo.  

5.- El Criticón. Fue publicado en tres partes en 1651, 1653 y 1657. Es la obra maestra del escritor bajo la forma de novela alegórica. Critilo, el protagonista, naufraga y es salvado por el salvaje Andremio. El primero enseña a hablar el segundo y juntos emprenden un viaje en busca de Felisenda. El viaje da pie a poner de relieve el pensamiento y las ideas del escritor. La obra está repleta de simbolismo, fábulas, alegorías…  

6.- Comulgatorio. Publicada en 1655, no solo es la única obra religiosa de Baltasar Gracián sino también la única que fue sometida a la aprobación y censura de la Compañía de Jesús. En el libro reúne una serie de historias piadosas.  

7.- Arte del ingenio. Vio la luz en 1642 y en ella deja por escrito su particular retórica literaria.   

El conceptismo en Baltasar Gracián  

1.- Porque es la primera característica del autor. Su estilo era premeditadamente conciso, culto y elaborado al máximo. 

2.- Relacionado con su personalidad, encontramos un hondo pesimismo que llega a la amargura e, incluso, al malhumor. Aunque es una de las características del barroco, en Gracián la negatividad adquiere tintes extremos, más allá del humor sarcástico de las obras de Francisco de Quevedo. 

3.- Las obras lucen una prosa cuidada al máximo detalle alejándose de cualquier atisbo de popularidad. 

4.- Las frases se sintetizan y se acortan al extremo. Rehúye de la subordinación y reniega de los adjetivos y de los epítetos por considerarlos superfluos. 

5.- La fuerza de la oración y del sentido de la obra recae en los verbos. 

6.- Hay un predominio de palabras cultas, de vocablos a los que se les da la vuelta para encontrar un nuevo significado e, incluso, de neologismos. 

7.- Las figuras retóricas se suceden unas a otras. Gusta de la ironía, de la hipérbole y de las paradojas. 

8.- Las enumeraciones frecuentes convierten las obras de Baltasar Gracián en modernas.  

La compleja personalidad del escritor Baltasar Gracián influyó, por su puesto, en el cariz de su obra pero también en los avatares reseñados en su biografía. Se han conservado escritos en los que se hace notar su falta de humildad hacia los que no hacían gala de un brillante intelecto. El reconocerse con un talento especial y, por las razones que fueran, verse recluido entre los límites de su tierra quizás contribuyó a su malhumor, pesimismo, negatividad y amargura que, en ocasiones, adquieren tintes de resentimiento. Todo ello lo volcó en su obra.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

La biografía de Pedro Calderón de la Barca nos dice de una personalidad intelectual, que gustaba de la soledad y de los placeres del intelecto.  Esto no quita para que nos encontremos ante un ermitaño, ¡ni mucho menos! Porque el autor quizás encabece la lista de los escritores españoles que gozaron no solo de fama, sino también del favor de todo tipo de público. Por si esto fuera poco, disfrutó en vida de economía desahogada con prebendas reales de por medio. Quizás contribuyera su personalidad (sin darse a los excesos o a los alardes en el plano personal) para que se le demandara comedias que eran representadas en palacio con todo lujo, grandiosidad y boato. Además, se le solicitaba sus acertados y exquisitos autos sacramentales, especialmente, cuando formó parte de la Catedral de Toledo. Una vida larga, sin preocupaciones materiales y siempre bajo la protección de personas de poder, le permitió escribir cientos de títulos que se encuentran entre la más exquisita dramática de la literatura española. A pesar de las distintas temáticas, en todas ellas predomina un espíritu reconcentrado, pesimista y dado a poner en evidencia la inutilidad de las vanidades y del espíritu narcisista. Es este último punto el que une todas las obras de Pedro Calderón de la Barca. Tuvo, además,  el favor real cuando la monarquía se dedicaba a dilapidar los restos de un imperio en fiestas y festejos en los que se solicitaba su talento literario. A continuación aparece una lista de los títulos a tener en cuenta con una breve semblanza de los más importantes para el canon literario.   

Los dramas dentro de las obras de Pedro Calderón de la Barca 

A) Los dramas religiosos

1.- El mágico prodigioso

2.- El príncipe constante

3.- El purgatorio de San Patricio

4.- Los dos amantes del cielo

5.- El José de las mujeres

6.- La devoción de la Cruz

7.- La sibila de Oriente

8.- La margarita preciosa

9.- Los cabellos de Absalón

10.- El gran príncipe de Fez

11.- Judas Macabeo

12.- La exaltación de la Cruz

13.- Las cadenas del demonio

14.- La aurora de Copacabana

15.- La exaltación de la Cruz

B) Dramas filosóficos, fundamentales para conocer la obra de Calderón de la Barca 

1.- La vida es sueño

Es su obra más famosa en la que se combinan la acción con la reflexión filosófica y se da rienda suelta a uno de los temas favoritos de la literatura barroca en España: el desengaño o la irrealidad de las cosas del mundo. Con esta obra, Pedro Calderón de la Barca se adelanta varios siglos y tenemos que llegar al surrealismo y al conocimiento del inconsciente para volver a retomar un tema fundamental para el ser humano que es discernir entre la realidad y la ficción. Si bien El Quijote también nos pone por delante esta dicotomía, el personaje de Segismundo no ha perdido la cordura como el ilustre hidalgo de Cervantes. El príncipe ha sido confundido, encarcelado y engañado de tal manera que es incapaz de reconocer lo que se ha producido dentro de su cabeza o en el mundo tangible. En la obra asistimos a recovecos de maldad, manipulación y también a la imposibilidad de separar las cosas de este mundo (con sus vanidades) y la verdad interior. Por último, nuestro autor fue capaz de levantar un drama perfectamente representable con una profundidad filosófica extrema haciendo, a la par, un uso eficaz y exquisito de los símbolos

2.- En esta vida todo es verdad y todo es mentira

C) Dramas trágicos más famosos

1.- El alcalde de Zalamea

2.- La niña de Gómez Arias

D) Dramas de honor

1.- La locura por la honra

2.- La adúltera perdonada

3.- El pintor de su deshonra

4.- Celos, aun del aire, matan

5.- El mayor monstruo los celos

6.- El médico de su honra

7.- A secreto agravio, secreta venganza

 

Comedias más famosas de Pedro Calderón de la Barca

  1. De enredo o de capa y espada 

Aunque las obras de Lope de Vega fueron las favoritas del público de la época, las de nuestro autor, aún se siguen representado (a veces con fruición) por su profundidad teatral y sus diálogos ajenos a la confusión propia del género. Algunos de los títulos a continuación forman parte del repertorio contemporáneo de festivales de teatro de renombre. 

1.- El astrólogo fingido

2.- El alcalde de sí mismo

3.- Casa de dos puertas mala es de guardar

4.- La dama duende

5.- Hombre pobre todo es trazas

5.- Dicha y desdicha del hombre

6.- Mujer, llora y vencerás

7.- El acaso y el error

8.- Manos blancas no ofenden

B) Comedias mitológicas

Desde el Renacimiento literario, las historias, hechos y aventuras de la mitología clásica (extraída de la literatura griega y romana) venían siendo favoritas de poetas y dramaturgos. Si bien la lírica renacentista gustaba de los personajes recogidos en las Metamorfosis de Ovidio, esta línea se trasladó al teatro. Por eso, el público de todo tipo conocía el meollo argumental de estas aventuras y las seguía demandando bien entrado el siglo XVII. Algunos títulos de esta línea son los que siguen:

1.- La hija del aire 

2.- Eco y Narciso, con el desgraciado amor de los protagonistas homónimos. 

3.- Ni amor se libra de amor, que retoma la pasión de Psiquis y Cupido. 

4.- El mayor encanto, amor, que recoge la trama de Homero con Ulises y Circe como protagonistas. 

5.- La fiera, el rayo y la piedra 

6.- La estatua de Prometeo

7.- Apolo y Climent

8.- El hijo del Sol, Faetón 

Autos Sacramentales, fundamentales para comprender las obras de Pedro Calderón de la Barca

Estas pequeñas obras se representaban con motivo del Día del Corpus Christi y su tema gira en torno al Sacramento de la Comunión. Por tanto, son difíciles de realizar por lo constreñido del fondo y por las imposiciones de la puesta en escena. Sin embargo, nuestro autor logró escribir títulos que se encuentran entre lo mejor del género y que fueron representadas no solo en su etapa en la Catedral de Toledo sino también cuando regresó a la corte y a Madrid. Fueron tantos y tan diversos que la crítica los ha dividido de tal manera:  

1.- Autos sacramentales de tema mariano

La hidalga del valle 

 

2.- Autos de tema histórico 

  • El cordero de Isaías
  • La devoción de la misa
  • El santo rey don Fernando

3.- Autos filosóficos, entre las mejores obras de Calderón de la Barca

El gran teatro del mundo, nos introduce en una teoría de rabiosa actualidad ya que considera a la humanidad como una especie de holograma, sueño o representación de Dios. La puesta en escena entronca con las danzas de la muerte en el teatro español de la Edad Media. 

  • El gran mercado del mundo
  • No hay más fortuna que Dios
  • El pleito matrimonial del Cuerpo y el Alma
  • El Año Santo de Roma
  • El Año Santo en Madrid

4.- Autos sacramentales de tema mitológico, cuando se une la cultura pagana con la cristiana

  • Los encantos de la culpa
  • El divino Orfeo
  • El divino Jasón 

5.- Autos cuyas fuentes se encuentran en el Antiguo Testamento 

  • Sueños hay que verdad son
  • ¿Quién hallará mujer fuerte?
  • El árbol del mejor fruto
  • La cena del rey Baltasar 

6.- Autos cuyo hipotexto son las parábolas bíblicas

  • El diablo mudo
  • El día mayor de los días
  • Tu prójimo como a ti 

7.- Autos que se asemejan a las comedias de la vida cotidiana

  • El valle de la Zarzuela
  • La segunda esposa y triunfar muriendo
  • Las órdenes militares 
  • Nuevo palacio del Retiro

Con el romanticismo literario las obras de Pedro Calderón de la Barca se retomaron con fervor casi. Su espíritu cultivado, intelectual y reconcentrado fueron del gusto de estos escritores que ya adivinaban el mundo interior y oculto que un siglo más tarde tomaría cuerpo con Freud y su descripción del inconsciente. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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