Candela Vizcaíno

Candela Vizcaíno

 

E iniciarse en este maravilloso deporte. Porque decir surf en Cádiz es nombrar lo mejor del mar, el verano y las olas. Tanto es así que estos emplazamientos que te dejo a continuación han escapado de los horrores del turismo masivo (el que convierte en asfalto todo lo natural) precisamente por la fuerza de sus olas y sus vientos, a veces agresivo en extremo. Fueron zonas rezagadas del gusto familiar que imperaba en las décadas de los setenta, ochenta y noventa incluso, cuando el deporte comenzaba a ponerse de moda y a pegar fuerte en España. El olvido de los grandes promotores en esos años salvajes fue su salvación en esos años. Así, cuando se miró hacia estas playas, se hizo con otros ojos, unos más respetuosos.  Al día de hoy y desde hace unos cuantos años, se han convertido no solo en la meca del surf en Cádiz sino que también se han posicionado en el mapa internacional como uno de los destinos más apetecibles con decenas de playas catalogadas con la insignia bandera azul.

 

Dicho esto, pudiera parecer que el sitio solo es apto para avezados deportistas y… ¡nada más lejos de la realidad! La costa que va desde el extremo más occidental de la provincia hasta el Estrecho de Gibraltar es ideal para iniciarse en esta aventura en familia. Eso sí, se necesita técnica (para eso están las escuelas), fuerza, agilidad y equilibrio.  Sin embargo, una vez nos hemos adentrado en el Mediterráneo, las playas se transforman en un oleaje tan sereno que parece estancado y se llenan de guijarros. Por eso, las mejores playas para hacer surf en Cádiz se sitúan en la vertiente atlántica. 

1.- Playa de El Palmar de Vejer repleta de escuelas de surf y chiringuitos

Es quizás el punto álgido de toda la zona: una pedanía perteneciente al maravilloso Vejer de la Frontera, uno de los pueblos más bonitos de Cádiz. Aquí no hay hoteles ni bloques de apartamentos y se accede por una carretera local que te obliga a ralentizar el coche. Porque hay que venir en vehículo propio ya que otra opción es bastantes complicada. Una vez alcanzada la línea de costa protagonizada por la Torre, que antaño servía para proteger a la población de los ataques piratas, nos topamos con el Paseo Marítimo. No tiene pérdida. Es lo que hay. Y en hilera se van sucediendo las distintas escuelas (muchas, muchísimas, en competencia) con ofertas de todo tipo. La mayoría de ellas han llegado a acuerdos con los parkings vecinos, ofrecen clases colectivas o individuales, alquiler y venta de material y asesoramiento casi gratuito. La gozada continúa con los restaurantes que se pegan unos a otros en los que se ofrece otra de las delicias locales: el atún de la almadraba. 

Se puede empezar a hacer surf en la Playa del Palmar de Cádiz a partir de los ocho o diez años, depende de la escuela y de los instructores. Es uno de los mejores sitios para ir en familia a pesar de su ambiente extremadamente bohemio e hippie porque el lugar es muy tranquilo. Lo mejor es acordar el servicio antes y echar el día en sus chiringuitos. Tienes que tener en cuenta que no hay  nada que se parezca a un club de playa con servicio de hamacas. Además, si piensas pernoctar, la oferta está limitada a prácticamente sencillas casas particulares y algún hostal.  

Surf en Cadiz 2 

2.- La Barrosa y su ambiente internacional  

En el extremo opuesto (en el ambiente más que en el emplazamiento) se encuentra la Playa de la Barrosa hasta llegar a otra torre de defensa contra los piratas. Esta tiene un nombre para no olvidar: la del Puerco. Y en el otro extremo (mirándose una a otra) la de Barro Colorao. A finales del siglo XX, el Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera (municipio al que pertenece la playa) se embarcó en un proyecto ambicioso en el que se pretendía preservar la naturaleza a la par que dotar el entorno de todos los servicios. El formato que eligieron se define con una sola palabra: lujo. A mí me recuerda a algunos puntos escondidos de la Costa Azul. El resultado ha sido que toda la línea de costa se encuentra libre, y la segunda fila está copada por hoteles de poca altura fundidos con el paisaje y haciendo alarde de estrellas. Para no desentonar con tal oferta, nos encontramos con exclusivos chiringuitos que son auténticos clubs de playa repletos de tumbonas y camas balinesas, restaurantes que han recuperado construcciones antiguas (como el Cuartel del Mar), un punto mágico que mira al Castillo de Santi Petri donde la tradición sitúa el templo de Hércules, kilómetros y kilómetros de playa de arena dorada… Y, por supuesto, aprovechando el viento y las olas de esta zona (especialmente en la menos concurrida Torre del Puerco), nos encontramos las escuelas de surf. No tienes que llevarte nada. Todas alquilan y ofrecen el material necesario. 

Surf en Cadiz 3 

3.- Decir surf en Cádiz es tener que nombrar Tarifa

Aquí se encuentra el punto más al sur de la Europa continental: en la isla-península de Maspalomas, otro espacio protegido de los desmanes del turismo que conserva intacta su belleza. El casco antiguo nos recuerda que tan solo unos cuantos kilómetros nos separa de África y que desde aquí comenzó la invasión musulmana en el 711. El ambiente árabe se va transformando en cosmopolitismo extremo en cuanto nos dirigimos hacia el oeste. La playa de los Lances, la de Valdevaqueros, Punta Paloma, la de Bolonia con las ruinas del asentamiento romano Baelo Claudia… están entre las playas más bonitas de Cádiz y del mundo. El levante y el viento pega fuerte casi todos los días del año. Así que la práctica está garantizada. En las últimas décadas ha proliferado, además, otra actividad: el kitesurf. Las playas antes mencionadas, al caer la tarde, se llenan con la imagen de las velas de este deporte dando un aspecto único al paisaje. Si vas a pernoctar, ten en cuenta que  tiene un ambiente más adulto y urbano. Hay buenos hoteles en Tarifa, pero lo normal es que sean pequeños, de estilo boutique y el precio es un poquito elevado. Eso sí, la experiencia lo vale.  

4.- La playa de La Cortadura en el centro urbano de Cádiz 

La capital de la provincia es otro destino de moda y se entiende cuando se conoce su historia. Es, probablemente, la ciudad más antigua de Europa. Hasta aquí llegaron fenicios, romanos, árabes… En sus casas señoriales se fraguó las fallidas Cortes de Cádiz, en un intento por hacer entrar a toda España en la modernidad. No fue posible. Siguieron décadas de decadencia que, en los últimos años está revertiendo gracias a los millones de visitantes que se maravillan con su luz, sol y… viento. El mismo que necesitamos para este deporte. Aunque la línea de costa se ha masificado bastante, aún quedan espacios libres en el entorno urbano y uno de ellos es la Playa de la Cortadura, llamada así porque la línea de arena está amparado por la Isla del Trocadero. Si ves este sitio tan especial de surf en Cádiz en el mapa, te encontrarás una estrecha franja de arena rodeada por agua. Y aquí puedes sacar las tablas y deleitarte con una de las puestas de sol más impresionantes del mundo. 

5.- Zahara de los Atunes, otra opción para aprender surf en Cádiz 

Playa de los Alemanes, Atlanterra y del Cabo de la Plata, estos son los nombres que debes memorizar. En esta última es donde se concentran las escuelas de surf ya que gran parte de Zahara de los Atunes está dominada por rocas, acantilados, alcores y miradores. De hecho, existen cuevas en el subsuelo donde se adentra el agua. Ten en cuenta que este artículo (apto para todos los admiradores del deporte) está organizado más bien para principiantes y para familias que quieran divertirse haciendo surf en Cádiz pero que busquen más opciones de ocio. Este es, sencillamente, el objetivo de la presente lista.  

Dónde dormir si quieres hacer surf en Cádiz 

1.- En la capital te vas a encontrar oferta hotelera para todos los gustos e incluso el Parador de Cádiz, de líneas muy modernas y en la Playa de la Caleta. Aunque es un cuatro estrellas, los servicios son de cinco. Las habitaciones son impresionantes con vistas al mar y una decoración exquisita. 

2.- Los que buscan lujo, con toda probabilidad se van a dirigir a la Playa de La Barrosa, con la mayor concentración de cinco estrellas de Andalucía, después de Marbella. El Royal Hideaway Sancti Petri está considerado uno de los mejores hoteles de playa de Europa y en el Gran Meliá Sancti Petri se encuentra el Restaurante Alevante del reconocido chef Ángel León por poner solo dos nombres.  

3.- El ambiente del norte de África adquiere la calidad de excelencia en The Riad con una azotea con vistas al centro de Tarifa y dirigido solo a adultos. 

4.- En El Palmar, con un ambiente casi 100% surfero hay poca oferta más allá de viviendas particulares o algún hostal como El Alférez

Y, por último, para comer en casi cualquier sitio. Hay restaurantes, mesones, bares y chiringuitos para todos los gustos: desde los espacios apabullantes y originales con un montón de estrellas Michelin de Ángel León hasta otros sencillos en la playa. No hay que perderse las especialidades del atún, único de la zona, o los pescados fritos o a la plancha. Y, por supuesto, regados con vinos de la tierra, blancos y frescos o con lo que se apetezca, que si por algo venimos a esta tierra es en búsqueda de libertad. Y eso lo simboliza muy bien el gran tirón del surf en Cádiz. 

 

Por Candela Vizcaíno 

 

 

Pegada a la frontera portuguesa, tan aislada en comunicaciones que, en ocasiones, sus infraestructuras ocupan las portadas de los periódicos y sumida en la tradición… esto y más es la región. Por eso, no es de extrañar que los pueblos más bonitos de Extremadura estén en la lista de los más hermosos no solo de España sino de Europa. Aquí te vas a encontrar localidades congeladas en el tiempo, piscinas naturales, cascadas de agua fresca, parques naturales que dan cobijo a especies protegidas (cigüeñas, buitres…), bellos edificios renacentistas y festejos estremecedores por su fuerza expresiva.  

1.- Zafra, en la frontera con Andalucía

Tanto es así que incluso la llaman la pequeña Sevilla por su carácter alegre y por la importancia de los festejos taurinos en la localidad. A Zafra se va a recorrerse sus restaurantes, bares y tabernas en torno a dos plazas: la Chica y la Grande. Los soportales que la rodean acogen las mesas repletas siempre de familias degustando los buenos productos de la tierra: el cerdo (blanco), los embutidos, los dulces en fritura envueltos en azúcar y canela o miel, los vinos de la Tierra de Barros… Imponente e imprescindible es el alcázar de los duques de Feria hoy reconvertido en parador. Su fotogénico y estructurado patio fue diseñado por Juan de Herrera y no hace falta que te alojes (ni tomarte un café siquiera) para poder acceder a él.  

2.- Jerez de los Caballeros, el reducto de los últimos templarios

Escondida entre montes, se llega por una carretera solitaria abrazada por encinas y alcornoques. La localidad se encarama en un monte y hasta lo más alto tienes que subir. Una vez allí comprenderás su historia entre guerrera, religiosa e intelectual. A lo lejos destacan las altas torres de sus iglesias siguiendo el estilo barroco. Alguna que otra capilla ha sido desacralizada y reconvertida en restaurante y en su castillo aún resuenan los ecos de la prisión de los últimos templarios de España. Si Jerez de los Caballeros es uno de los pueblos más bonitos de Extremadura no es menos interesante su historia ligada al auge y caída de los templarios. Allí fueron pasados a cuchillo, decapitados y sus cuerpos arrojados desde lo más alto de la torre cumpliendo la orden de su aniquilación y exterminio. Desde ese día recibe el calificativo de Sangrienta. 

  • Templario en Jerez de los Caballeros
    Templario en Jerez de los Caballeros
    Un templario reza a sus hermanos asesinados © Candela Vizcaíno
  • Iglesia de la Encarnación de Jerez de los Caballeros
    Iglesia de la Encarnación de Jerez de los Caballeros
    Vista desde la Alcalzaba © Candela Vizcaíno
  • Iglesia de San Miguel de Jerez de los Caballeros
    Iglesia de San Miguel de Jerez de los Caballeros
    © Candela Vizcaíno
  • Restaurante La Ermita
    Restaurante La Ermita
    © Candela Vizcaíno

Hoy se sabe que sus supuestos crímenes no llegaron a ser tal y su persecución hasta la muerte en hoguera de sus miembros fue una gran operación de marketing para despojarlos de posesiones y poder. Liquidada la orden se inició la leyenda templaria. Y esta fue de tal calibre que, al día de hoy, existen asociaciones que se dicen herederas de su espíritu.  Es tal el amor que tienen que incluso mandan a algunos de sus miembros a rezar por las almas de los hermanos asesinados en el pasado.

“Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini Tuo Da Gloriam”

“No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre sea dada la gloria” 

 

3.- Olivenza que un día fue portuguesa 

Y quizás por eso, toda la localidad destila del bello estilo manuelino, el arte portugués más característico, heredero del arte barroco. Es española desde 1801 y exhibe al visitante contemporáneo un museo, un castillo y varias iglesias con interiores más que interesantes. Por señalar un solo punto, en la Iglesia de Santa María del Castillo se puede admirar un árbol genealógico de la Virgen María. 

  • Acueducto romano de Mérida
    Acueducto romano de Mérida
  • Acueducto romano de Mérida
    Acueducto romano de Mérida
  • Teatro romano de Mérida
    Teatro romano de Mérida
  • Museo Romano de Mérida
    Museo Romano de Mérida
  • Templo de Diana de Mérida
    Templo de Diana de Mérida

4.- Mérida, la gran capital en Hispania del Imperio Romero

Es uno de los pueblos más bonitos de Extremadura aunque su belleza es radicalmente distinta al ambiente medieval o renacentista que en nuestra mente asemejamos a esta parte de mundo. Lo que tienes que ver en Mérida puede calificarse como el mejor conjunto histórico artístico de arte romano después de la mismísima Ciudad Eterna o de Pompeya. Bautizada (por un pueblo pagano) como Emérita Agusta, en la margen de la Vía de la Plata, la ruta que conectaba (y aún conecta) Cádiz con Gijón, hoy podemos admirar los reflejos del fulgor del pasado. No te puedes perder el Museo Romano de Mérida con una impresionante colección de esculturas y mosaicos de grandes dimensiones, el Templo de Diana, el Acueducto de los Milagros, el Puente Romano y su teatro y anfiteatro. En su escena, aún se celebran actualmente obras clásicas, antiguas o modernas en un festival veraniego que congrega a lo mejor del gremio.

Que ver en Caceres 1

5.- Cáceres y su casco medieval congelado en el tiempo 

Porque la capital de provincia, con casi cien mil habitantes, conserva un reducto medieval atrapado en las brumas de los siglos tras sus murallas. Recuperada para la causa cristiana en 1229, el rey Alfonso IX de León dotó de privilegios a la plaza en cuanto a los tributos a pagar. Gracias a esto, muy pronto se llenó de artesanos y comerciantes y, un poco más tarde, de aristócratas. La pujanza económica se materializó en maravillosas casas y palacios con torres elevadas al cielo. Tanto fue la exhibición de narcisismo que los Reyes Católicos, siempre cuidando con celo su poderío, en 1477 mandaron desmochar todos los torreones. Se salvó uno, el de la Casa de los Cáceres-Ovando, hoy conocido como el de las Cigüeñas, ya que estas aves (muy comunes en Extremadura) anidan en él.  

Todo lo que tienes que ver en Cáceres lo puedes recorrer en una tarde (con sus reflejos naranjas) o una mañana. Las calles empedradas arropan a los edificios construidos en piedra que aún conservan los blasones de las antiguas casas nobiliarias. Algunos se pueden visitar, como la Casa de los Golfines, otros han sido reconvertidos en sedes administrativas, en museos, en hoteles, en paradores, en restaurantes… Paseando por sus calles nada nos recuerda a la modernidad y el espíritu del pasado se mantiene intacto. 

 

  • Ai Weiwei -Descending light- 2007
    Ai Weiwei -Descending light- 2007
  • Vista general del Museo Helga de Alvear
    Vista general del Museo Helga de Alvear
  • Faux Rocks (2006) de Katharina Grosse en el Museo Helga de Alvear
    Faux Rocks (2006) de Katharina Grosse en el Museo Helga de Alvear
  • Sala del Museo Helga de Alvear de Cáceres
    Sala del Museo Helga de Alvear de Cáceres
  • Museo Helga de Alvear
    Museo Helga de Alvear

Quizás por eso, sorprende -cuando llegas al final de sus límites- el nuevo Museo Helga de Alvear en el que participan todas las administraciones de la región. En un edificio con aires minimalistas y del brutalismo suave, se han insertado 145 obras donadas por la galerista-coleccionista. Autores vivos de renombre internacional (como Ai Weiwei) se codean en este espacio con Pablo Picasso o Kandinsky y Klee, dos de los más importantes representantes del expresionismo. Es de visita obligada y gratuita. 

 Parador de Guadalupe

6.- Guadalupe en torno a su monasterio

De la Edad Media procede la devoción de la Virgen Negra cuya imagen se custodia en el Monasterio de Guadalupe, hoy Patrimonio de la Humanidad. Llegó a ser tal su importancia que en unos cuantos metros cuadrados se concentraban varios hospitales, una botica dedicada a la fitoterapia, capillas, una biblioteca con valiosos libros medievales y estancias repletas de obras de arte. Hoy, la antigua judería conserva el sabor de antaño y algunas viviendas se han reconvertido en tiendas o exquisitas carnicerías donde se venden las deliciosas morcillas de Guadalupe. Se sirven y se toman cocidas. Al monasterio solo se accede mediante visita guiada y en el vecino parador puedes reposar cuerpo y mente en su sereno patio con naranjos. 

Pueblos Bonitos Caceres Trujillo 

7.- Trujillo, la tierra de los conquistadores del Nuevo Mundo 

De aquí salió Francisco Pizarro rumbo a las cumbres de Perú y Francisco Orellana para descubrir a ojos europeos el gran Amazonas. Hoy, la localidad rinde tributo a sus grandes paisanos con referencias a los mismos en todos sus rincones. Si bien el recorrido comienza en la Plaza Mayor en la que son protagonistas la escultura del conquistador y la Iglesia de San Martín, alrededor se despliegan las casas solariegas realizadas siguiendo el estilo renacentista. Algunas están abiertas al público como el Palacio de Orellana Toledo, otras han sido reconvertidas en museos o en sedes administrativas. Hay mucho más que ver en Trujillo como su alcazaba árabe utilizada para el rodaje de series de éxito tal cual Juego de Tronos. Hasta allí se llega por una red de intrincadas y rompepiernas callejuelas.  

8.- Jarandilla de la Vera y el Monasterio de Yuste  

Rodeada por piscinas naturales, pozas, cascadas, balnearios, castañares, puentes y pueblos con la típica arquitectura tradicional, la Vera es una de las comarcas de Extremadura favoritas de los viajeros con niños. Aquí se viene a disfrutar de la contundente gastronomía local, a relajarse en la naturaleza y admirar su rico patrimonio, como el Monasterio de Yuste, retiro último del emperador Carlos V.  Jarandilla es el punto de inicio de una ruta que te va a llevar por Guijo de Santa Bárbara, Cuacos del Yuste, Jaráiz de la Vera o Valverde de la Vera. El viaje estará perfecto si se hace en coche, en una lista de los pueblos más bonitos de Cáceres.  

9.- San Martín de Trevejo, el pueblo donde se habla la “fala” o “mañegu”  

Encajonada en la Sierra de Gata, la localidad quedó olvidada durante décadas y, andando el tiempo este punto es lo que ha contribuido a su belleza. Es tal que es considerado uno de los pueblos más bonitos de España y de Europa. Además, este aislamiento propició una lengua propia que hoy solo la hablan unas 6.000 personas. Interés filológico aparte, es uno de los muchos pueblos tradicionales de la zona especialmente recomendable su visita en otoño e, incluso, en invierno cuando se cubre de nieves. Eso sí, hay que prever con antelación el estado de las carreteras que aquí no llegan (afortunadamente, según se mire) las grandes autopistas.  

10.- Hervás, en la frontera con Salamanca 

Desde el Mirador del Ambroz (el río que atraviesa la localidad) se divisa el Puente de la Fuente Chiquita y en dirección al casco antiguo se encuentra el barrio judío más que bien conservado. A Hervás se viene para disfrutar de sus museos originales, como el de la Moto y el Coche Clásico o el dedicado al escultor del siglo XX Pérez Comendador, pero también a empaparse de sus naturaleza. Alrededor del pueblo se despliegan rutas de senderismo que llevan a parajes de gran belleza o a cascadas como la Chorrera. 

En esta lista de los pueblos más bonitos de Extremadura faltan algunos nombres imprescindibles como Plasencia, puerta de entrada a Monfragüe o Granadilla, en ruinas por la construcción de un embalse o Baños de Sotomayor con su balneario de origen romano o Robledillo de Gata o Valencia de Alcántara… Son nombres que también hay que anotar para disfrutar de una región extrema (como su nombre indica) en todos los sentidos y, en parte, aun desconocida para el viajero contemporáneo.  

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

 

 

Viajar es llegar a sitios desconocidos para el alma inquieta. Y si bien, en los últimos años, se han ido incorporado lugares olvidados, aún quedan calles y caminos por recorrer. En esta línea están los pueblos más bonitos de Cáceres que no se agotan en esta lista. La provincia extremeña más al norte nos ofrece localidades congeladas en el tiempo cuando todo sucedía despacio y al ritmo de la naturaleza. Por eso, son cada vez más los que van en busca de su patrimonio histórico, en algún caso, con el aval de la Unesco, sus piscinas naturales, sus parques que son refugio de aves y una rica y contundente gastronomía en torno al cerdo como rey de la mesa.  

1.- Cáceres, la capital pero con un casco antiguo con sabor a pueblo 

Hay mucho que ver en Cáceres a pesar de estar comprimido en un espacio reducido. Aunque la capital de la provincia se acerca a los cien mil habitantes, su casco medieval (uno de los mejores de Europa, junto a Tallín y Praga) es fascinante y, a la par, abarcable. Desde la Plaza Mayor porticada y repleta de tiendas, restaurantes o cafés, se accede a pie por la escalinata situada junto a la Torre de la Estrella. Esta es la principal entrada al recinto amurallado. Allí hay que olvidar las prisas y recorrerse los palacios renacentistas abiertos al público (como el de los Golfines, el de los Solís, el de los Carvajal o de los Cáceres-Ovando). Algunas de estas casas solariegas han sido reconvertidas en restaurantes, hoteles, centros administrativos o museos (como el provincial). A pesar de este cambio de uso, todas estas viviendas, que nos hablan de un pasado de esplendor cuando la ciudad bullía con comerciantes y artesanos, se mantienen intactas e impolutas retrotrayendo al viajero a siglos pasados. Quizás por eso, sorprende aún más el flamante y novedoso Museo Helga de Alvear con obras contemporáneas de rabiosa actualidad.  

Que ver en Caceres 1 

2.- Robledillo de Gata, en la sierra homónima  

Es maravilloso en otoño y, especialmente en invierno, cuando caen las nieves sobre sus tejados de pizarra. Con apenas 100 habitantes en el censo, aquí se viene para disfrutar de la naturaleza de alrededor como la piscina natural de la Descargamaría, la cascada denominada el Chorritero de Ovejuela o el Chorro de los  Ángeles acondicionado con pasarelas. 

3.- Hervás, uno de los pueblos más bonitos de Cáceres y su imponente judería 

Rodeado de castañares, rutas de senderismo y fuentes naturales, el lugar es destino favorito en otoño cuando el barrio judío adquiere un cariz especial. De aquí no hay que irse sin visitar el Museo de la Moto y el Coche Clásico o el Museo Pérez Comendador-Leroux con esculturas del artista del siglo XX oriundo de la localidad. Las familias con niños van a disfrutar también del Centro de Interpretación del Ferrocarril situado en una antigua estación de tren. 

4.- Trujillo, la localidad de los conquistadores 

También hay mucho que ver en Trujillo de donde salieron para el Nuevo Mundo Francisco Pizarro (conquistador de Perú) o Francisco de Orellana (descubridor a los ojos europeos del río Amazonas). Alrededor de la Plaza Mayor y la Iglesia de Santa María también se desperdigan las casas nobiliarias hoy con otros usos. Aunque te hayas olvidado del gimnasio, hay que subir a su antiguo castillo a través de las intrincadas calles que nos hablan de un pasado remoto sin coches y sin prisas. Como Los Berruecos, Trujillo ha sido escenario privilegiado para la serie de éxito Juego de Tronos. 

Pueblos Bonitos Caceres Trujillo 

5.- San Martín de Trevejo, el pueblo donde se habla la “fala” o “mañegu” 

El dialecto quedó congelado en el tiempo en uno de los pueblos más bonitos de Cáceres, de España y de Europa a decir de los viajeros entendidos. Y este hecho no es de extrañar ya que se encuentra en el corazón de la Sierra de Gata con comunicaciones complejas hasta hace unas cuantas décadas. Como en la mayoría de las localidades de la zona, hay que perderse por su entramado de callejuelas con casas de tres plantas que servían de pocilga, granero y vivienda.  

6.- Valverde la Vera y sus canales de regateras

Que así se llama el entramado de tuberías que recorre la localidad y que sirve para el riego de las huertas y, en el pasado, para limpieza. Construido utilizando soportales (que resguardan del frío y el calor), sorprende su arquitectura tradicional de casas con maderas vistas en tres niveles. Valverde de la Vera (cuna también del afamado pimentón) es el pueblo de Los Empalaos, la tradicional procesión que tiene lugar en la madrugada del Jueves al Viernes Santo y que estremece por su fuerza expresiva.  

7.- Guadalupe, uno de los pueblos más bonitos de Cáceres con su imponente monasterio

Desde Trujillo y siguiendo la carretera que te adentra por una sierra deshabitada llegamos hasta Guadalupe y su monasterio (hoy Patrimonio de la Humanidad por la Unesco) fundado en 1340. Aquí se custodia la virgen negra encontrada por un pastor y cuya devoción se exportó al Nuevo Mundo. Lugar de peregrinación, hubo un tiempo que contó con varios hospitales, botica, laboratorio, biblioteca… Hoy la vieja judería convive con los fieles y curiosos que se acercan al templo católico o a hacer compras en sus exquisitas carnicerías donde se oferta la afamada morcilla que se toma cocida. 

Pueblos Bonitos Caceres Guadalupe 

8.- Jarandilla de la Vera junto al Monasterio de Yuste 

Último retiro del Emperador Carlos V, la localidad está rodeada de piscinas naturales y de rutas de senderismo como la de El Trabuquete. El Parador es punto de encuentro para degustar la rica cocina local con patatas, migas, cochinillo, cabrito y dulces de canela. Y no solo es uno de los pueblos más bonitos de Cáceres sino que también nos seduce con una fiesta muy especial: Los Escobazos que se celebra el 7 de diciembre (normalmente se puede aprovechar el puente Inmaculada-Constitución). En la Plaza Mayor se dan cita al caer la noche los lugareños con escobas de retamas encendidas que dan paso a un jinete que porta el estandarte de la Virgen. La celebración tiene un origen incierto y se atisban reminiscencias paganas. Te he dejado vídeo por si te animas a visitar uno de los pueblos más bonitos de Cáceres en ese día tan especial. 

9.- Plasencia, puerta de entrada al Parque Nacional de Monfragüe

Y sus rutas para disfrutar tanto de la berrea del ciervo como del vuelo de los buitres. A pesar de estar rodeada de este apabullante espacio natural, la localidad exhibe una belleza burguesa con casas solariegas y dos catedrales, la vieja, siguiendo la arquitectura románica y la nueva comenzada bajo las características del gótico y rematada en estilo barroco

10.- El pueblo abandonado de Granadilla

Situada en un alcor, fue elegida para los árabes para edificar una alcazaba en el siglo XI. Anexada a la causa cristiana en 1160 por Fernando II de León se convirtió en una plaza importante durante la Reconquista. Al estar en el paso de la Vía de la Plata (la ruta que une Cádiz con Gijón de sur a norte), se transformó en una auténtica fortaleza. La villa pasó de herencia en herencia con gran importancia durante la Edad Media. Acabada la Reconquista comenzó su declive. Y a mediados del siglo XX, los pocos habitantes que quedaban en Granadilla fueron obligados a abandonar sus casas debido a la construcción de un embalse que nunca ha llegado a anegar el pueblo. Para intentar remediar el desaguisado anterior, el pueblo está hoy protegido y en proceso de reconstrucción.  

Termino diciendo que esta selección de los pueblos más bonitos de Cáceres es totalmente personal y habrá quién proponga otros nombres. Honestamente, es difícil elegir entre tanta localidad detenida en el tiempo, piscinas naturales, gargantas, cascadas e, incluso, balnearios naturales como los de Baños de Montemayor con aguas medicinales. 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Aunque su población alcanza casi los cien mil habitantes, lo que tienes que ver en Cáceres está reducido a un apabullante casco antiguo que se ha quedado paralizado (literal) en el tiempo. Una vez te has adentrado por este espacio empedrado, entenderás los porqués de su declaración como Patrimonio de la Humanidad. Eso fue en 1986 y hoy en día es considerada una de las mejores ciudades medievales amuralladas europeas, compitiendo con Tallín y Praga. 

Historia mínima para entender qué ver en Cáceres

En 1229 Alfonso IX de León recuperó la plaza para la causa cristiana tras los asentamientos musulmanes y judíos. Con el fin de desplazar a la población local, se le ocurrió nombrar la plaza de libre comercio. Este sistema especial en cuanto a los impuestos, hizo que, muy pronto se repoblara con comerciantes de la lana, artesanos de todo tipo y, un poco más tarde, con miembros de la aristocracia. La pujante riqueza hizo que cada uno de sus vecinos levantara casas, palacios o talleres a cada cual más hermoso, grande y majestuoso. Todo ello contribuyó a abigarrar la ciudad medieval con bellos edificios a los que se sumaban iglesias y templos religiosos. Todo eso tienes que ver en Cáceres, ya que alguno está abierto al público, otros han sido reconvertidos en museos y muchos de ellos se utilizan como sedes administrativas u hoteles de lujo donde vivir pausadamente como antes.  

Sin embargo, la vanidad y el espíritu narcisista de sus habitantes fue cortada (literal) de raíz por los Reyes Católicos, siempre ojo avizor para no perder poder. Por eso, las altas torres que se levantaban rivalizando unas con otras fueron desmochadas (demolidas) dando a Cáceres un aspecto más mundano. Eso sucedió en 1477 y, a pesar del desbarajuste, aún se siguieron construyendo palacios y edificios siguiendo las características de la arquitectura renacentista. El declive llegó después y si bien entrando en siglo XVII, con el Barroco español pisando fuerte, en Cáceres pasó de puntillas. La ciudad quedó casi abandonada y olvidada sin cambio alguno hasta bien entrada el siglo XX que se recuperó con los grandes movimientos turísticos. 

Imprescindibles que ver en Cáceres 

1.- El recorrido es bastante sencillo y no tiene pérdida. Eso sí, ten en cuenta que, aunque pueden acceder algunos vehículos de abastecimiento, el tráfico está vetado. Así que lo mejor es que dejes el coche aparcado en uno de los múltiples parkings que hay alrededor y te dispongas a hacer piernas. ¡Y a subir escaleras! 

2.- A la ciudad medieval se accede por la Plaza Mayor con uno de sus lados porticado y repleta de bares, restaurantes y tiendas de souvenirs. Aquí puedes parar para degustar la consistente gastronomía regional a base de buenos embutidos, productos del cerdo y vinos más que honestos. 

3.- La entrada se encuentra en la escalera empedrada junto al Arco de la Estrella y la torre homónima. Es una de las últimas construcciones de la ciudad medieval y fue concebida por Manuel de Larra Churriguera. Sin embargo, la torre es anterior, del siglo XV. 

Que ver en Caceres 3

4.- La Casa de los Golfines de Abajo es uno de los palacios más hermosos y representativos de la historia de Cáceres. Es del siglo XV y, al día de hoy, está abierto a su visita al público. 

5.- Casa y torre de Carvajal también de acceso al público. Tiene un bello jardín de inspiración árabe a igual que se torre circular. 

6.- Palacio episcopal y Concatedral de Santa María, en la misma plaza. La iglesia tiene las características de la arquitectura gótica aunque no abandona el estilo románico. En ella se venera la talla del siglo XIV del llamado Cristo Negro. 

7.- Perdiéndonos por las laberínticas calles en cuesta de Cáceres llegamos a la Casa del Sol o de los Solís también de estilo renacentista. 

8.- De la escabechina de torres demolidas ordenada por los Reyes Católicos se salvó la Casa de los Cáceres-Ovando, hoy conocida como la Torre de las Cigüeñas por dar cobijo a estas aves que se pueden ver por toda la provincia. Ha sido reconvertida en sede administrativa militar. 

9.- El Museo Provincial de Cáceres ocupa dos casas aristocráticas: la Casa de los Caballos y la Casa de las Veletas. Las mismas habían sido levantadas sobre los restos de la alcazaba árabe de la que se mantiene su aljibe. 

Katharina Grosse Faux Rocks 2006

10.- Una vez traspasas todos los límites de las murallas de la ciudad aristocrática y renacentista, no te puedes perder el recién inaugurado Museo Helga de Alvear de rabiosa actualidad contrastando con las viejas piedras que sí o sí tienes que ver en Cáceres. El luminoso edificio del arquitecto Emilio Tuñón Álvarez ha sido concebido exprofeso para albergar 145 obras cedidas por la coleccionista y galerista Helga de Alvear a la ciudad. Están implicadas económicamente administración local, provincial y autonómica. Aquí se puede disfrutar de obras de artistas vivos como el reconocido Ai Weiwei o Louise Bourgeois. También están representados creadores de las vanguardias históricas como Kandinsky o Klee, principales representantes del expresionismo o Pablo Picasso. De entrada gratuita, es un imperdible que ver en Cáceres.  

Mucho que ver en Cáceres: naturaleza y pueblos de alrededor 

1.- Los Barruecos, escenario de película

La última batalla de Juego de Tronos con su derroche de efectos especiales (dragones incluidos), extras y artistas fue rodada en este espectacular lugar situado en Malpartida de Cáceres a pocos kilómetros de la capital de provincia. El paisaje natural que hoy podemos disfrutar está conformado por grandes rocas de granito salpicado por lagos y ríos de poco caudal.  

2.- Trujillo, cuna de conquistadores 

También escenario de película, de aquí salieron para el Nuevo Mundo, Francisco Pizarro, conquistador de Perú y bautizando con “Trujillos” buena parte de Sudamérica. En la localidad también nació Francisco Orellana quien daría cuenta a los europeos de la existencia del Amazonas. Hay mucho que ver en Trujillo y por eso le he dedicado un reportaje individual. El centro neurálgico de la localidad es la Plaza Mayor también atestada de restaurantes, cafeterías y tiendas. Aquí se encuentra el Palacio del Marqués de la Conquista y la Iglesia de Santa María de la Mayor. Disfrutando de sus callejuelas renacentistas se llega hasta el castillo, antigua alcazaba árabe.  

3.- Plasencia, el otro gran punto que ver en Cáceres provincia

El monumental emplazamiento amurallado y rodeado por el Jerte, aún celebra su mercado medieval puntual cada martes desde el siglo XII. Y es uno de los pocos puntos de España con dos catedrales, la vieja lleva el sello de las características de la arquitectura románica y la nueva tiene elementos del siglo XVI y del arte barroco. Desde aquí puedes aventurarte hacia la Garganta de los Infiernos cuyo último tramo hay que recorrerlo a pie, pero, sin lugar a dudas, merece la pena por la belleza de sus pozas y cascadas. 

4.- Parque Nacional de Monfragüe 

A corta distancia desde Plasencia se encuentra uno de los emplazamientos naturales más importantes de España. Se puede llegar en coche hasta el mismo mirador con vistas a la peña de los buitres, refugio de estas aves en el sur de Europa. 

Guadalupe 1 

5.- Guadalupe y su monasterio Patrimonio de la Humanidad

La carretera de montaña (aunque en bastante buen estado) sale de Trujillo y nos adentra por un maravilloso paisaje de las Villuercas y los Íbores repleto de plantas medicinales. Guadalupe gira en torno a su monasterio que guarda la imagen de la Virgen Negra. Fue fundado en 1340 tras encontrarse la imagen por un pastor. Tras el hallazgo, y en los últimos años de la reconquista, los sucesivos reyes regaron con prebendas y abundancia material a la localidad. Por eso fue posible una escuela de gramática, una maravillosa biblioteca, el desarrollo de una botica, hospitales… Así hasta que Guadalupe se convirtió en centro de peregrinación. El nombre se llevó al Nuevo Mundo y continúo su desarrollo a la par que su devoción. En 1808, las tropas napoleónicas arrasaron con todo lo que había, resurgiendo de sus cenizas un siglo después. Hoy se pueden realizar visitas guiadas para admirar la sala capitular con sus enormes manuscritos miniados (de entre los más bellos de los libros medievales conservados), la sacristía, el museo de los bordados, el claustro gótico o la capilla de San Jerónimo con obras de Zurbarán. A su alrededor se despliega la judería con sus casas con soportales hoy reconvertidas en tiendas de cerámica y carnicerías gourmets donde se venden la afamada morcilla de Guadalupe. Se toma cocida y la sirven en todos los restaurantes de la zona, incluido el del Parador (junto al monasterio) con un bello patio con fuentes y naranjos.  

Datos prácticos, gastronomía y hoteles en Cáceres 

1.- Los transportes públicos en toda Extremadura son tan deficientes que, de vez en cuando, hasta copan las entradas de los periódicos. Por eso, lo mejor es acercarse en coche. Aunque el casco histórico, imprescindible que ver en Cáceres, es peatonal, sí hay buenos aparcamientos en los aledaños. Los otros puntos de los alrededores a la capital reseñados aquí, tienen una circulación más fluida.  

2.- En cuanto a la gastronomía, esta es consistente al máximo y muy sencilla. Destacan los productos del cerdo (blanco) y las carnes en guiso de cordero o cabrito. Los embutidos alcanzan el punto de delicatessen especialmente en la ya nombrada morcilla de Guadalupe. También son típicos algunos dulces realizados en fritura con envoltura de miel o con una mezcla de azúcar y canela. Los mejores vinos proceden de la vecina Tierra de Barros y algunos han alcanzado bastante fama.  

3.- Hoteles en Cáceres

Tanto el casco antiguo de la capital como desperdigados por toda la provincia nos encontramos con maravillosos hoteles, buena parte de ellos reconvertidos desde casas señoriales. No es de extrañar en un emplazamiento caracterizado por la aristocracia del pasado y el olvido de la historia reciente. En alguno de ellos, la experiencia es completa con salones antiguos o vistas al paisaje de alrededor. La selección a continuación es personal y no está completa.  

1.- Parador de Cáceres, en pleno corazón de callejuelas renacentistas del casco histórico, tiene un delicioso patio ajardinado usado como restaurante y con el aval de la red nacional. 

2.- Hospes Palacio de Arenales, en las afueras y el único cinco estrellas de la provincia. Reconvertido desde un palacio olvidado de la otrora poderosa familia de los Golfines, lo mejor es su piscina con vistas infinitas y al peculiar paisaje de los nidos de cigüeñas. La experiencia al atardecer en el restaurante anexo, alcanza la categoría de sublime.

Palacio de Arenales 

3.- NH Collection Cáceres Palacio de Oquendo, en pleno centro y con acuerdo con uno de los parkings aledaños, rehabilitado con gusto y elegancia. 

4.- El Eurostar Palacio de Santa Marta, se encuentra en la misma Plaza Mayor de Trujillo y dispone de una pequeña piscina en la azotea con vistas a las torres de la localidad. El precio es muy competitivo. 

5.- También en esta localidad se ha rehabilitado el único palacio del mundo con puerta y ventana de esquina cuyo origen data del siglo XVI. Los interiores están decorados para Instagram y dispone de piscina y jardín. Es el Palacio Chaves Hotel

Parador de Guadalupe

6.- Junto al monasterio, se encuentra el Parador de Guadalupe, reconvertido desde un antiguo hospital con un jardín fascinante y vistas (desde algunas habitaciones) a los tejados de la localidad. 

Y si todo esto que tienes que ver en Cáceres y sus alrededores no es suficiente, también hay que detenerse en sus tiendas de cerámica tradicional para llevarse algún capricho a casa. Y así, con el recuerdo, estirar el viaje. 

 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno 

 

Acceder por el Arco de la Estrella desde la Plaza Mayor de Cáceres es poner un pie en otro mundo, uno olvidado y pasado. De golpe, nos introducimos en uno de los recintos medievales mejor conservados de Europa (rivalizando con Tallín y Praga) y reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Aunque está permitido el paso a ciertos vehículos de abastecimiento, el silencio es humano (especialmente al caer la tarde). Las calles empedradas albergan palacios (como el de los Golfines), iglesias, la catedral, museos y hoteles o restaurantes que conservan lo mejor de este pasado. Quizás por eso, cuando ya terminamos de recorrernos este laberinto de callejuelas sorprenda con toda su luminosidad y radical modernismo (aunque perfectamente integrado en el entorno) el Museo Helga de Alvear y las colecciones de arte contemporáneo que alberga.  

¿Quién es Helga de Alvear? 

Nacida en 1936 en Kirn/Nahe (Alemania) con el apellido Müller, recibe una exquisita educación en Constanza, Lausana, Ginebra y Londres. En 1957 recala en España para estudiar el idioma. Aquí conoce al que será su marido (Álvaro de Alvear) y de quien adopta el apellido. Se casa en 1959 y tiene tres hijas. En 1967 conoce a la galerista Juana Mordó y comienza su colección de arte centrada en artistas contemporáneos españoles, sobre todo, del grupo de Cuenca (Gustavo Torner, Fernando Zóbel y Gerardo Rueda) y Del Paso (Canogar, Feito, Juana Francés, Saura, Millares, Serrano, Chirino…) En 1980, en plena ebullición cultural española, entra a trabajar en la galería de Juana Mordó formándose en los entresijos de la gestión artística a la par que visita las ferias internacionales más importantes.  

Es en 1982 cuando funda ARCO, que andando el tiempo se ha convertido en un referente no solo en España sino en el plano internacional. A la muerte de Mordó, en 1984, continúa gestionando este espacio artístico el cual continúa abierto (sin apenas cambios) hasta 1994. Un año más tarde, inaugura la que, con toda probabilidad, es la galería más emblemática de la España contemporánea: la Helga de Alvear, situada junto al Centro de Arte Reina de Sofía, uno de los museos de Madrid perteneciente al llamado triángulo del arte. 

Su siguiente hito ha sido, precisamente, esta fundación y museo situado en el casco histórico de Cáceres tras descartar otros emplazamientos. El edificio con leves recuerdos del brutalismo arquitectónico y minimalista, está diseñado por el estudio de Emilio Tuñón y Álvarez para albergar expresamente una selección de la colección de más de 3000 obras de la galerista. En la actualidad, están implicados económicamente, además, la Junta de Extremadura, el ayuntamiento de la ciudad y la diputación provincial.  

¿Qué esperar en el Museo Helga de Alvear? 

1.- La entrada es gratuita aunque se solicita una reserva online para controlar el aforo. 

2.- En cada una de las salas hay apostado personal entendido que realiza una explicación somera sin acosar y siempre dispuesto a resolver dudas. 

3.- La colección es de rabiosa actualidad con artistas internacionales vivos. 

4.- La gran mayoría de las obras interrogan al espectador sobre su emplazamiento y forma de estar en el mundo coqueteando alguna de ellas con el concepto de no-lugar de Marc Augé. 

5.- Aunque hay pintura o escultura siguiendo los modelos tradicionales, sorprende la cantidad y calidad de obras que se acercan al Land-art (aunque estén en el interior), la instalación e, incluso, la performance (conseguida a través de audiovisuales). 

6.- No puede haber arte sin preguntas ni crítica y nos encontramos obras que ponen en evidencia las máscaras emocionales o la superficialidad contemporánea. 

7.- Casi todas las obras disponen de un QR que te lleva a una pequeña explicación en español e inglés haciendo las veces de audioguía tradicional. 

8.- El Museo organiza exposiciones temporales, talleres escolares, charlas y encuentros que reflexionan sobre el papel del arte en el mundo actual. 

9.- Ni que decir tiene que no se expone toda la colección de Helga de Alvear. Ha habido una selección de 145 obras donadas a la institución y las salas se han diseñado expresamente para la contemplación y diálogo de las de mayor entidad y/o tamaño. 

10.- Y, por último, es precisamente el espacio el hilo conductor temático de la exposición permanente.  

Aproximación a las obras del Museo Helga de Alvear 

1.- Nada más entrar te encuentras con la llamativa Descending Light (2007) del artista y activista chino Ai Weiwei (1957). En el suelo se despliega una llamativa y gigantesca lámpara de cuentas de cristal rojo engarzada en latón dorado. Este tipo de luminaria es la elegida por el gobierno comunista para los edificios oficiales. El artista ha multiplicado los tamaños originales y la ha colocado en el suelo en una clara alusión a ese gigante con los pies de barro (fabril y poderoso pero, a la vez, encerrado en la falta de libertad) que hoy es China. 

Ai Weiwei  Descending light  2007 

2.- Aunque la obra de Ai Weiwei se encuentra nada más entrar (y no puede dejar indiferente a nadie), se invita a comenzar el recorrido por una edición de Los Caprichos de Goya, considerado el primer artista moderno, el que no siguió condicionantes estéticos y se propuso con parte de su obra poner de manifiesto las contradicciones y lacras de un tiempo oscuro. A través de los grabados (realizados mezclando aguafuerte, aguatinta y punta seca) asistimos a la crueldad institucional, al maltrato familiar, a la hipocresía social, a la desfachatez de los sectores educativos anclados en la superstición, a la renuncia al avance a través de la ciencia… Reduciendo mucho, muestran el fracaso del sueño ilustrado del Siglo de las Luces en España.  

3.- Volviendo al espacio contemporáneo, las salas se suceden unas a otras con obras creadas a finales del siglo XX e, incluso, entrado el XXI. En la instalación Echo Activity (2017) de Olafur Eliasson, por poner un ejemplo, los espejos y elementos metálicos de sus partes obligan a entrar al espectador en un juego de reflejos que multiplican el espacio, obligándonos a cuestionarnos la realidad tangible. En la misma línea temática se encuentra la instalación (realizada con monitores de TV) de Zhang Peili.  

4.- Impactante es la instalación de Thomas Hirschhorn de nombre Power Tools (2007) realizada con materiales poco convencionales como cartón, clavos, maniquíes, herramientas y cintas de embalar de difícil reproducción fotográfica. En ella, se reflexiona sobre el trabajo manual y capacidad de sometimiento a todos los niveles. 

5.- Sin ánimo de conformar una lista exhaustiva, tampoco deja indiferente la obra de Katharina Grosse Faux Rocks de 2006, en el que unas enormes estructuras en forma de huevo coloreado parecen reproducirse entre sí amenazando con inundar el espacio. 

Katharina Grosse Faux Rocks 2006 

6.- Aunque la mayoría de las obras del Museo Helga de Alvear de Cáceres están realizadas en las últimas décadas y sus creadores aún siguen vivos, tampoco faltan muestras de artistas de las vanguardias históricas. Pablo Picasso, Kandinsky o Paul Klee (entre los más importantes representantes del expresionismo y del arte abstracto), está presentes. También están representados los nombres más conocidos del arte español de las últimas décadas como Antonio Saura, Antoni Tàpies o Luis Gordillo.  

En definitiva, el novedoso Museo Helga de Alvear de arte contemporáneo es una parada obligatoria si estás por Cáceres y, con toda probabilidad, se va a convertir en una referencia en los espacios expositivos actuales más allá de las entidades que resuenan en los oídos de todos.  

Fotos, vídeo y texto por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

En toda selección siempre faltarán retazos y piezas que, desde otro punto de vista, pudiera considerarse esencial. Así, en estos cinco poemas de Miguel Hernández no se incluye Elegía a Ramón Sijé que ha merecido un análisis detallado y en otro post.  

Mínima introducción a la poesía de Miguel Hernández (1910-1940)  

1.- Está fuertemente impregnada de contenido social y carácter reivindicativo. Apela al arraigo de la tierra y también a su dureza. De hecho, las palabras “tierra” y relacionadas con las labores de labranza aparecen de forma repetida. 

2.- El tono siempre es épico y los protagonistas son los humildes, los vencidos, los pobres, los humillados y aquellos que luchan en desventaja por la libertad y por sobrevivir. 

3.- Los versos adquieren un tono de himno o de canción llamando a la lucha, la cual puede ser de diversas maneras. 

4.- La temática de los poemas de Miguel Hernández gira en torno a la muerte, la guerra, el hambre, la injusticia social y el dolor por la pérdida o la ausencia. 

5.- La pena presente en buena parte de sus versos se unen al pesimismo, ya que a pesar del carácter batallador de los mismos, no se vislumbra un mundo mejor o posible. La luz es escasa a pesar de la llamada a la rebelión contra la oscuridad y la injusticia.  

El niño yuntero, uno de los poemas de Miguel Hernández más conocidos 

Carne de yugo, ha nacido

más humillado que bello,

con el cuello perseguido

por el yugo para el cuello. 

 

Nace, como la herramienta,

a los golpes destinado,

de una tierra descontenta

y un insatisfecho arado. 

 

Entre estiércol puro y vivo

de vacas, trae a la vida

un alma color de olivo

vieja ya y encallecida. 

 

Empieza a vivir, y empieza

a morir de punta a punta

levantando la corteza

de su madre con la yunta. 

 

Empieza a sentir, y siente

la vida como una guerra,

y a dar fatigosamente

en los huesos de la tierra. 

 

Contar sus años no sabe,

y ya sabe que el sudor

es una corona grave

de sal para el labrador. 

 

Trabaja, y mientras trabaja

masculinamente serio,

se unge de lluvia y se alhaja

de carne de cementerio.

 

A fuerzas de golpes, fuerte,

y a fuerza de sol, bruñido, 

con una ambición de muerte

despedaza un pan reñido. 

 

Cada nuevo día es

más raíz, menos criatura,

que escucha bajo sus pies

la voz de la sepultura.

 

Y como raíz se hunde

en la tierra lentamente

para que la tierra inunde

de paz y panes su frente. 

 

Me duele este niño hambriento

como una grandiosa espina,

y su vivir ceniciento

revuelve mi alma de encina. 

 

Lo veo arar los rastrojos,

y devorar un mendrugo,

y declarar con los ojos

que por qué es carne de yugo. 

 

Me da su arado en el pecho,

y su vida en la garganta,

y sufro viendo el barbecho

tan grande bajo su planta. 

 

¿Quién salvará este chiquillo

menor que un grano de avena?

¿De dónde saldrá el martillo

verdugo de esta cadena?

 

Que salga del corazón

de los hombros jornaleros, 

que antes de ser hombres son

y han sido niños yunteros. 

 

 

Vientos del pueblo me llevan, uno de los poemas de Miguel Hernández más versionados musicalmente 

 

Vientos del pueblo me llevan,

vientos del pueblo me arrastran,

me esparcen el corazón

y me aventan la garganta. 

 

Los bueyes doblan la frente,

impotentemente mansa,

delante de los castigos:

los leones la levantan

y al mismo tiempo castigan

con su clamorosa zarpa. 

 

No soy de un pueblo de bueyes, 

que soy de un pueblo que embargan

yacimientos de leones,

desfiladeros de águilas

y cordilleras de toros

con el orgullo en el asta. 

Nunca medraron los bueyes

en los páramos de España. 

 

¿Quién habló de echar un yugo

sobre el cuello de esta raza?

¿Quién ha puesto al huracán

jamás ni yugos ni trabas, 

ni quién al rayo detuvo

prisionero en una jaula?

 

Asturianos de braveza,

vascos de piedra blindada,

valencianos de alegría,

y castellanos de alma,

labrados como la tierra

y airosos como las alas;

andaluces de relámpagos,

nacidos entre guitarras

y forjados en los yunques

torrenciales de las lágrimas; 

extremeños de centeno, 

gallegos de lluvia y calma, 

catalanes de firmeza,

aragoneses de casta,

murcianos de dinamita

frutalmente propagada,

leoneses, navarros, dueños

del hambre, el sudor y el hacha, 

reyes de la minería,

señores de la labranza,

hombres que entre las raíces,

como raíces gallardas,

vais de la vida a la muerte,

vais de la nada a la nada:

yugos os quieren poner

gentes de hierba mala, 

yugos que habéis de dejar

rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes

está despuntando el alba. 

 

Los bueyes mueren vestidos

de humildad y olor de cuadra:

las águilas, los leones

y los toros de arrogancia,

y detrás de ellos, el cielo

ni se enturbia ni se acaba. 

La agonía de los bueyes

tiene pequeña la cara,

la del animal varón

toda la creación agranda. 

 

Si me muero, que muera

con la cabeza muy alta.

Muerto y veinte veces muerto,

la boca contra la grama,

tendré apretados los dientes

y decidida la barba. 

 

Cantando espero a la muerte,

que hay ruiseñores que cantan

encima de los fusiles

y en medio de las batallas. 

 

 

Aceituneros, convertido en el himno oficial de la provincia de Jaén

 

Andaluces de Jaén, 

aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién,

quién levantó los olivos?

 

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor. 

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos. 

 

Levántate, olivo cano,

dijeron al pie del viento. 

Y el olivo alzó una mano

poderosa de cimiento. 

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos, 

decidme en alma: ¿quién

amamantó los olivos? 

 

Vuestra sangre, vuestra vida, 

no la del explotador

que se enriqueció en la herida

generosa del sudor. 

 

No la del terrateniente

que os sepultó en la pobreza,

que os pisoteó la frente, 

que os redujo la cabeza. 

 

Árboles que vuestro afán

consagró al centro del día

eran principio de un pan

que sólo el otro comía. 

 

¡Cuántos siglos de aceituna,

los pies y las manos presos,

sol a sol y luna a luna,

pesan sobre vuestros huesos!

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos, 

pregunta mi alma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?

 

Jaén, levántate brava

sobre tus piedras lunares,

no vayas a ser esclava

con todos tus olivares. 

 

Dentro de la claridad

del aceite y sus aromas,

indican tu libertad

la libertad de las lomas. 

 

 

Canción del esposo soldado

 

He poblado tu vientre de amor y sementera, 

he prolongado el eco de sangre a que respondo

y espero sobre el surco como el arado espera: 

he llegado hasta el fondo. 

 

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, 

esposa de mi piel, gran trago de mi vida, 

tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos

de cierva concebida. 

 

Ya me parece que eres un cristal delicado, 

temo que te me rompas al más leve tropiezo, 

y a reforzar tus venas con mi piel de soldado

fuera como el cerezo. 

 

Espejo de mi carne, sustento de mis alas, 

te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. 

Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, 

ansiado por el plomo. 

 

Sobre los ataúdes feroces en acecho, 

sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa

te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho 

hasta en el polvo, esposa. 

 

Cuando junto a los campos de combate te piensa

mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, 

te acercas hacia mí como una boca inmensa

de hambrienta dentadura. 

 

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: 

aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, 

y defiendo tu vientre de pobre que espera, 

y defiendo tu hijo. 

 

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, 

envuelto en un clamor de victoria y guitarras, 

y dejaré a tu puerta mi vida de soldado

sin colmillos ni garras. 

 

Es preciso matar para seguir viviendo. 

Un día iré a la sombra de tu pelo lejano, 

y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo 

cosida por tu mano. 

 

Tus piernas implacables al parto van derechas, 

y tu implacable boca de labios indomables, 

y ante mi soledad de explosiones y brechas

recorres un camino de besos implacables. 

 

Para el hijo será la paz que estoy forjando. 

Y al fin en un océano de irremediables huesos

tu corazón y el mío naufragarán, quedando

una mujer un hombre gastados por los besos. 

 

 

Umbrío por la pena, casi bruno, uno de los sonetos de Miguel Hernández

 

Umbrío por la pena, casi bruno, 

porque la pena tizna cuando estalla, 

donde yo no me hallo cuando no se halla

hombre más apenado que ninguno. 

 

Sobre la pena duermo solo y uno, 

pena es mi paz y pena mi batalla, 

perro que ni me deja ni se calla, 

siempre a su dueño fiel, pero importuno. 

 

Cardos y penas llevo por corona, 

cardos y penas siembran sus leopardos

y no me dejan bueno hueso alguno. 

 

No podrá con la pena mi persona

rodeada de penas y de cardos; 

¡cuánto penar para morirse uno! 

 

 

Selección por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

Imagen del fondo extractada de la edición Poemas de dolor y de guerra realizada por Prensa Cicuta, Almería, 2010 y en la que intervine con la edición crítica.

 

(En Orihuela, su pueblo y el mío,

se me ha muerto como el rayo

Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

  

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano. 

 

Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento, 

a las desalentadas amapolas

 

daré tu corazón por alimento. 

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento. 

 

Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado. 

 

No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida. 

 

ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos. 

 

Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano está rodando por el suelo. 

 

No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.

 

En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta. 

 

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes. 

 

Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte. 

 

Volverás a mi huerto y a mi higuera: 

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera 

 

de angelicales ceras y labores. 

Volverás al arrollo de las rejas.

De los enamorados labradores. 

 

Alegrarás la sombra de mis cejas, 

y tu sangre se irá a cada lado

disputando tu novia y las abejas. 

 

Tu corazón, ya terciopelo ajado, 

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado. 

 

A las aladas almas de las rosas

Del almendro de nata te requiero, 

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero. 

 

Análisis literario de Elegía a Ramón Sijé

Desde el punto de vista formal  

1.- El poema de Miguel Hernández (1910-1942) está escrito en dieciséis estrofas con un ritmo y versificación pura y, a veces dura, por los acentos tan marcados del mismo. Hay que señalar que el número dieciséis es considerado en simbología el más perfecto, puesto que es el resultado de multiplicar cuatro por cuatro. Y este, a su vez, hace referencia al orden universal: los cuatro ríos del paraíso, los cuatro puntos cardinales… 

2.- La métrica está formada por tercetos encadenados y se remata con un cuarteto. Esto es, las quince primeras estrofas llevan la rima consonante en los versos impares. El verso par no queda suelto sino que, a su vez, forma una rima con los impares de la siguiente.  En este sentido, “hortelano” (primer verso) rima con “temprano” (tercer verso). El par no queda suelto, ya que “estercolas” (el segundo) se enlaza con “caracolas” y “amapolas”, primer y tercer verso de la estrofa siguiente. Y así sucesivamente. 

3.- ¿Quién fue Ramón Sijé? Bajo ese pseudónimo nos encontramos a José Marín Gutiérrez, abogado y ensayista paisano (también oriundo de Orihuela) de Miguel Hernández. Entendemos que ambos fueron amigos y que compartieron, de alguna manera u otra, intereses literarios. No hay que perder de vista que en esa época y en ese emplazamiento encontrarse a dos escritores en un mismo pueblo ya podría considerarse bastante casualidad. Ramón Sijé es, por tanto, ese “compañero del alma”, es ese otro que arropa con sus intereses al poeta. Murió con tan solo 23 años el 24 de diciembre de 1935 de una septicemia intestinal que se le complicó alcanzando el corazón. Todo ello, en cierta medida, se encuentra presente en el poema. El cariz de la enfermedad (en esencia, por podredumbre) se corresponde a esa “tierra que estercolas”. Por poner otros ejemplos, la juventud del protagonista está calificada con esos “tempranos” que se repiten y la soledad del poeta es una constante en todos los versos.  

El sentido de Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández

4.- En Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández, nos encontramos ante la muerte como un proceso físico, una desaparición o una transformación en materia despegada de cualquier concepción cristiana. De hecho, ni se alude a que el protagonista del poema murió un día tan destacado como el de Navidad. El poeta ha eliminado cualquier opción de vida eterna, de más allá o de transformación espiritual. La muerte es física e incluso podredumbre. El corazón se ha convertido en “terciopelo ajado”, todo su cuerpo “estercola” la misma tierra donde está la higuera o el huerto. La única palabra en todo el poema que pudiera entroncar con la tradición cristiana (al que el poeta pertenece aunque solo sea por omisión o confrontación) es “angelicales”.   

5.- En este sentido, es quizás uno de los poemas en lengua española más reconocidos con esa visión alejada de la otra vida. El poeta habla del aquí y el ahora, de lo terrenal, de los campos de labranza… Sin embargo, a pesar de esa materialidad (de esa falta de visión del más allá) adquiere un tono de himno e, incluso, épico. Ninguna hazaña realizó en vida Ramón Sijé pero es elevado a categoría de héroe (al compañero del alma) a través de las palabras del poeta. Miguel Hernández consigue esa sanción de canción no solo con el marcado ritmo sino también con la repetición: “temprano”, “perdono”… tanto en forma de concatenación como con elementos desperdigados en el poema: “tierra”.  

6.- El poema está repleto de sustantivos que remiten a procesos de descomposición, a la dureza de las labores de la labranza (“hacha”, “rayos”, “piedras”) , al dolor anímico que se transforma en uno físico retratado como heridas casi (“que por doler me duele hasta el aliento”). No hay nada del idealismo o del bucolismo de la naturaleza tan querido por los poetas hispanos. La muerte queda desgajada de cualquier salvación eterna y es reducida a un proceso físico de descomposición: “calavera”, “rastrojos”, “estercolas”, “difuntos”…

Miguel Hernández en Elegía a Ramón Sijé vuelve a esa muerte cantada en tono épico (el ritmo, el tratamiento formal…) pero que es reducida a un duro proceso material sin la posibilidad de consuelo en un más allá más de salvación. Canta al “compañero” que se ha ido de forma prematura dejando al poeta en soledad y ante la crueldad de la transformación de la materia a la que queda reducida la persona al eliminar las posibilidades de pervivencia del espíritu.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

Imagen del fondo extractada de la edición Poemas de dolor y de guerra realizada por Prensa Cicuta, Almería, 2010 y en la que intervine con la selección y edición crítica. 

 

La Poética o Reglas de la Poesía de Ignacio de Luzán (1702-1754) apareció publicada en Zaragoza en 1737. Con sus salvedades, fue adoptada inmediatamente como el manual crítico literario y del buen gusto del Neoclasicismo español. Resumiendo y reduciendo mucho, en ella se hace un recorrido desde los grandes autores de la literatura griega y latina hasta desembocar en el Siglo de Oro español. Si bien en estas décadas hubo un avance en cuanto a la creación de las distintas academias se refiere (lengua, historia…), en el plano creativo se empeñaron en seguir unas normas estilísticas tan fijas que supusieron un choque con el carácter artístico del español. 

Mínima biografía de Ignacio de Luzán 

Nació en Zaragoza en marzo de 1702 hijo de un matrimonio acaudalado e influyente, ya que su padre era gobernador del Reino de Aragón. Murió la madre al poco de nacer nuestro protagonista y se queda huérfano de padre cuatro años después. Aunque es criado por su abuela materna, al fallecer esta, cobra importancia la figura de José Luzán, tío paterno del crítico neoclásico. Hombre de cultura y huyendo de las guerras, recala en Palma de Mallorca primero y luego en Génova y Milán. Con él viajaba Ignacio de Luzán que se formó primero en el Seminario de Nobles de Patellani, luego en Nápoles, para continuar en Palermo y terminar leyes en la Universidad de Catania en 1727.  

El espíritu nómada que le inculcó su tío se trasladó también a su afán de conocimiento y, de manera autodidacta, se formó en música, arqueología (por entonces muy de moda espoleada por los recién descubrimientos de Pompeya), historia, dibujo, matemáticas y física. Era un políglota consumado en francés, alemán e inglés. Además sabía recitar de memoria textos de la literatura clásica. En 1729, al morir el tío, entra bajo la protección de su hermano mayor y en 1733 regresa a Aragón. Tres años más tarde se casa y en 1737 publica Ignacio de Luzán su Poética.  

A partir de aquí todos son honores hasta su muerte, ya que es nombrado en 1741 miembro de la Academia de la Lengua trasladándose a Madrid. De 1747 a 1750 desempeñó las funciones de secretario de la embajada española en París. Los nombramientos no acaban aquí: tesorero de la Real Biblioteca, miembro del Consejo de Hacienda… Y la muerte le sorprendió cuando iba a ser propuesto para un cargo de mayor entidad. 

En cuanto a su personalidad, es unánime entre la crítica destacar su espíritu investigador, su afán de conocimiento y su deseo de llevar los mandatos de la razón a las artes tal como propugnaba la literatura neoclásica

Obras de Ignacio de Luzán  

Sin contar su Poética que fue obra de cabecera durante todo el siglo XVIII hasta la irrupción del romanticismo literario también dejó escrito lo siguiente:  

1.- Escritos y discursos pertenecientes a su tarea en las distintas academias. 

2.- Una comedia titulada La virtud coronada

3.- La traducción de La razón contra la moda

4.- También tradujo en distintas versiones el Paraíso perdido (1667) del poeta y ensayista inglés John Milton. 

5.- Carta en defensa de España.

6.- Sobre el origen y patria primitiva de los godos.

7.- También se cuentan ensayos y escritos de índole histórica y de poca entidad.

La Poética de Ignacio de Luzán 

En ella arremete contra lo que denomina barroquismo degenerado y señala a tres grandes del Siglo de Oro como los responsables de un estilo oscuro y complicado que nada aportaría (según su parecer) a las letras patrias. Los nombres son nada más y nada menos que Lope de Vega en el teatro, Baltasar Gracián en la prosa y Luis de Góngora en la poesía. El marchamo de poeta rebuscado que imprimió a este último perduró hasta su recuperación por parte de los miembros de la Generación del 27. Al teatro de Lope de Vega le achaca ser desordenado, infantil y excesivo en sus tramas de capa y espada. Según propugna Ignacio de Luzán en su Poética se debía regresar al supuesto orden de las reglas pasadas, al buen gusto que reside en la sobriedad, a la solidez que da la razón que no se entretiene en florituras… Todo ello desembocó en las principales características de la literatura neoclásica española que tan pocos nombres ilustres dio en toda una centuria. Quizás porque todo ese imperio del orden, la razón y la programación no esté en el fondo artístico de un pueblo dado a la improvisación y la pasión.

La Poética de Ignacio Luzán está dividida en cuatro libros que son los que siguen: 

1.- “Del origen, progresos y esencia de la poesía”

2.- “De la utilidad y del deleite de la poesía”

3.- “De la tragedia y comedia y otras poesías dramáticas”

4.- “De la naturaleza y definición del poema épico”

En estos capítulos desgrana la historia de la literatura desde sus orígenes conocidos proponiendo como modelos los clásicos grecolatinos que tanto se admiraban en la época. Según Luzán, la obra literaria debía responder a unas reglas que a su juicio son universales y no apartarse de ellas. Además debía huir de todo exceso en las metáforas, tropos y lenguaje florido. Por eso abomina del gongorismo sin salvar ni un solo verso de este estilo literario. También echa en falta el rigor de los estudios en la literatura española sin poéticas y tan dada al (¡bendito!) genio de unos cuantos nombres ilustres.  

Y, por último, la belleza del poema o de la obra literaria viene dada por su verdad. Si bien, esto es aceptado más tarde (con todos los matices pasionales o individuales que trae el Romanticismo), quiere imponer unos modelos preestablecidos o enconsertados al máximo y niega que esa verdad se encuentre en el desorden la literatura barroca en España.  

Para terminar, anoto que de La Poética de Luzán se realizó una segunda edición en Madrid en 1789 al cuidado de uno de los hijos del autor. En esta nueva impresión se encuentran una serie de modificaciones que afianza todos los principios del Neoclasicismo, la corriente estética que empezaba ya a dar sus últimos coletazos en favor de otros modelos expresivos que, precisamente, hacían bandera de la libertad y de la genialidad individual. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

 

“España no está para imprimir, ni aún para saber, sino cada uno para sí mismo”  

Con estas palabras se justificaba Fray Martín Sarmiento (1695-1771), uno de los autores más influyentes del neoclasicismo español a pesar de esa negativa (reiterada con ahínco a lo largo de su vida) a dar a conocer sus escritos. Con toda probabilidad en ese retraimiento (que ya estaba en su personalidad) aumentó con las agrias polémicas en las que se vio envuelto el Padre Feijoo, amigo y maestro de nuestro protagonista. El Neoclasicismo, resumiendo y reduciendo mucho, quiso imponer a toda costa los dictados de la razón en una sociedad, la española del siglo XVIII, enquistada en la superstición, con graves problemas educativos y mal guiada por una élite que se hacía fuerte en sus privilegios sin el más mínimo aporte a la sociedad. El llamado Siglo de las Luces está caracterizado por el amor a la ciencia, la búsqueda de la verdad a través del positivismo y de la experimentación. Además, en España está protagonizado por fuerzas de choques: por un lado la tradición inmóvil y, por el otro, un afán reformador que no lograba penetrar en los estratos de poder.  

Personalidad y mínima biografía de Martín Sarmiento  

Nació en la localidad de Villafranca del Bierzo en 1695 de familia acomodada. Con quince años ingresa en la orden benedictina y se traslada al convento de San Martín de Madrid donde fallece en 1771. Pocas anécdotas encontramos en su vida más allá de las polémicas debido a su carácter (fuerte y agrio) y por su desmedido afán de saber. En su celda monacal logra reunir una surtida biblioteca dedicándose al estudio constante y a la escritura desordenada de todo tipo de temas. Sobresalen especialmente diversas observaciones sobre la naturaleza (botánica y biología) de la que era un agudo observador. Sus escritos se presentan con un realismo descarnado donde se despliegan todas sus dotes de análisis y de sabiduría. Especialistas hay que apuntan a la imposibilidad de publicar sus papeles por las críticas tan brutales que se vierten sobre ciertos temas y o grupos sociales.  

Esta existencia recogida y dedicada al estudio constante cristalizó en una obra dispersa y amplia en la que se intentaba desbaratar los prejuicios, supersticiones y falta de espíritu critico de la España de la época. Sin embargo, a pesar de este confinamiento de por vida, Fray Martín Sarmiento nunca estuvo solo y hasta su celda se acercaron personalidades de importancia y pertenecientes a la élite de la vida cultural y artística de la época. Más bien, convirtió su diminuta habitación en un auténtico salón al estilo de los académicos o tertulias que comenzaban a extenderse en la corte donde se debatía y se conversaba de distintas materias. Eran asiduos los siguientes nombres: 

1.- Juan de Iriarte, primer bibliotecario de la Biblioteca Real y colaborador del Diario de los literatos de España, el más importante de la época. 

2.- El padre Marcos Burriel, que inventarió los manuscritos de la Catedral de Toledo. 

3.- José Quer y Martínez, botánico y viajero. 

4.- El padre Flores, autor de España sagrada

5.- El paleógrafo Terreros. 

6.- Agustín Montiano, fundador de la Academia de la Historia. 

Carácter de la obra de Fray Martín Sarmiento 

1.- Gigantesca, dispersa y desordenada, fue el duque de Medina Sidonia el primero que intentó un publicación de su obra en 1775, tras la muerte del benedictino. En principio, tendría diecinueve volúmenes. Posteriormente se realizó una edición seleccionada por la Real Academia de la Lengua y, en la actualidad, se ha hecho aproximaciones diversas a sus escritos. 

2.- Fue el primer estudioso que observó unas reglas en la transformación del latín a las distintas lenguas romances poniendo la semilla para el estudio de la lingüística histórica. 

3.- La observación de la naturaleza era su pasión y redactó una Historia natural escrita en gallego. Proponía el método de observación como el único posible para conocer los entresijos del mundo natural. 

4.- Investiga en los métodos de estudio de la historia y es el primero que apunta que los hechos del pasado solo pueden conocerse desde una perspectiva sesgada; esto es, desde una narración con la mirada del presente. También se da cuenta de lo que, andando los siglos, vendría en llamarse, el hecho diferencial de los distintos territorios de España. 

5.- Comprometido con los procesos educativos de la época, aunque nunca llegó a ejercer como tal, propone que la instrucción debe ser más práctica, útil, encaminada a la formación en el manejo y desarrollo de la industria y de la manufactura. En este sentido, es un adelantado a su tiempo, ya que se da cuenta de la importancia de la formación a edades tempranas. Considera que un amplio vocabulario en el niño así como conocimientos de matemáticas son fundamentales para su desarrollo posterior. Fue tan adelantado a su tiempo que promulga la estimulación y la educación a través del gusto, más que por el castigo y la memorización constante. Llega a decir que: 

“El tiempo perdido en estos años no solo se pierde tiempo, sino como ocasión.”

Intuitivamente se da cuenta de los procesos de evolución del cerebro humano y de la importancia del aprendizaje en la niñez antes de que fuera demostrado por la ciencia siglos más tarde. 

6.- Se enfrascó en los estudios y en las características de la literatura medieval y fue el primero que anotó que el Cantar del Mio Cid era anterior a la obra de Gonzalo de Berceo y eso que solo dispuso de fragmentos para su estudio comparativo. Además, con el cantar de gesta relatando las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar hace una importante labor de filólogo. Es el primero que anota que el poema está escrito con versos irregulares.  

7.- En el plano utópico propone la creación de una especie de lengua franca universal aunque, más tarde, se da cuenta (por sus profundos estudios filológicos) que es una empresa vana y quimérica. 

Fray Martín Sarmiento visto por él mismo  

En vida fueron muchos los que polemizaban por su formas hurañas (incluso hoscas y rudas) o por estar recluido en su celda sin dar papeles a la imprenta. Entre sus muchos escritos eligió uno para su publicación El porqué si y el porqué no en el se describe de la siguiente manera. Aunque el fragmento es largo, no tiene desperdicio:  

“Yo soy en boca de todos… un hombre ridículo, duro, adusto, hipocondríaco, insociable, seco, serio, desabrido, incomunicable, melancólico, intratable, indómito, terco, tenaz, testarudo, huraño, inurbano, descortés, grosero, inmanejable, voluntarioso y, en fin, si le hay en ridiculizarme, que soy otro Timón ateniense, nuevo misántropo en Madrid. A estas dos docenas de lisonjas que inventó la retórica de la envidia, y que son veinticuatro imposturas garrafales, se añaden la reprensibles acciones que el mismo lenguaje retórico y político me atribuye: que no visito a nadie; que cierro la puerta a toda visita; que si admito alguna, no la pago; que no salgo de casa ni aun de la celda; que rarísima vez se me ve en la calle, o en el campo; que no recibo cartas; que si las recibo, las más no las abro; y a las más de las que leo no respondo; o que, si respondo, que es con tanta sequedad que se quitan las ganas de repetir; que, a veces, devuelvo las cartas con sobrescrito a las escribió…. Que después de cuarenta y ocho años que conozco a Madrid no tengo comunicación alguna ni alta ni media ni ínfima; que, por lo mismo, soy muy inútil para un empeño en la Corte…”

Se describe como una persona negada para cualquier acto social pero, por sus escritos, Fray Martín Sarmiento nos muestra un autor, investigador y estudioso imbuido de una misión social. Se detiene en los graves problemas educativos de la época y, a la par, propone soluciones novedosas y adelantadas a su tiempo. Esos ensayos en los que se insta a sacar lo mejor de los niños con una instrucción práctica no pueden venir de una persona antisocial. Con una nueva mirada (la del siglo XXI), entendemos más bien que estamos ante alguien que huye de las pompas del mundo y se centra en lo importante. Y eso para el autor era el trabajo y la investigación incansable.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Si buscas hoy, verano de 2021, la entrada Padre Feijoo en Internet te toparás con una palabra clave sorprendente teniendo en cuenta que estamos hablando de un autor del siglo XVIII: Padre Feijoo feminismo. Y eso que solo trató exclusivamente uno de sus 118 ensayos al tema, el titulado “Defensa de las mujeres”. Intelectual de amplia cultura ( forjado con las obras tanto de pensadores extranjeros como de escritores hispanos), dedicó toda su vida al estudio y a la escritura con un fin didáctico, divulgativo y con el empeño de remover conciencias. La tarea no era fácil ya que nos encontramos ante una España atrasada que boicoteaba una y otra vez las necesarias reformas universitarias y educativas. De personalidad serena, su agudo sentido del humor, fina ironía y mentalidad progresista (en el mejor sentido de la palabra) fueron muchos los enemigos que se granjeó precisamente por hacer gala de estos dones. Afortunadamente, también fueron legión los que encontraban en los escritos del Padre Feijoo el aliciente para fomentar un cambio de mentalidad y de sociedad, extremos ambos que tardarían mucho en llegar. 

Mínima biografía de Benito Jerónimo Feijoo

Nació en Casdemiro, provincia de Orense, en octubre de 1676. De familia hidalga y sólida solvencia económica, con tan solo catorce años ingresa en los benedictinos, orden a la que pertenecerá el resto de su vida. En 1690 ya vestía el hábito en el Real Monasterio de San Julián de Samos. Estudia en el Colegio de San Salvador de Pérez (arte), en el de San Vicente de Salamanca (teología) y en el de San Pedro de Eslonza. Con tan solo treinta y tres años es nombrado para el cargo de maestro de novicios en el Colegio de San Vicente. Y en la Universidad de Oviedo ocupa varias cátedras (ganadas por oposición) y de aquí no se moverá prácticamente en su larga vida. Fallece el 26 de septiembre de 1764. 

Confinado en su celda, estudia, investiga, se forma, se hace preguntas, reúne una pequeña biblioteca y hasta un mínimo gabinete de curiosidades que tan de moda estaba en la época. En la serenidad de la vida monacal y docente, levanta una obra grandiosa en todos los sentidos ya que no solo es amplia sino que tuvo una repercusión nunca antes vista en un autor español. Sus ensayos tratan los más variados temas desde filosofía hasta vida cotidiana y todos ellos tienen una hilo conductor: su espíritu reformador y científico. Todos están realizados siguiendo las características del neoclasicismo

El éxito en vida del Padre Feijoo fue tal que hasta su diminuta celda se acercaban intelectuales y escritores para departir con el monje cuya fama de ilustrado iba pareja a la de buen conversador. Las cartas (algunas remitidas desde Europa) eran tan frecuentes que gastaba un par de horas al día en poder contestar a sus interlocutores. Su espíritu progresista, guiado por el afán de reforma de una sociedad inserta en una cultura anclada en el pasado le hace decir lo siguiente:  

“Sobre todo, huyo de aquella cantinela, frecuentísima en los viejos, de censurar todo lo presente y alabar todo lo pasado… Yo he vivido muchos años, y en la distancia de mi juventud a los de mi vejez, no solo no observé esta decantada corrupción moral…”

Estamos en el llamado Siglo de las Luces, recordemos, cuando se apelaba a la razón en todos los órdenes de la vida. Porque si en algo se afanaba el fraile benedictino, en el silencio de su celda apartada en un rincón provinciano, es por remover conciencias. Y que estas se encaminaran por el espíritu positivo de la ciencia, de la innovación y del aprendizaje de materias útiles más que en largos procesos memorísticos de datos que no tenían ningún objetivo práctico o de retorno a la sociedad.  

Obras del Padre Feijoo

A su obra principal, la escrita con espíritu constructivo, hay que unir algunos ensayos en defensa de la misma y criticando a la de sus detractores. La polémica intelectual con Feijoo fue tan intensa (tal era el calado de sus cambios propuestos) que el rey Fernando VI prohibió imprimir contestaciones a sus escritos. Gran parte de la literatura neoclásica española gira en torno a su figura. Así que fueron muchos los que se entretuvieron en encontrar fallos o en desdecir sus opiniones. Destaco:  

1.- Los 118 ensayos de temas diversos recogidos en ocho volúmenes publicados entre 1726 y 1739 bajo el título de Teatro crítico universal. A estos hay que añadir un suplemento aparecido en 1740. El subtítulo de la obra nos da una idea del cariz de la misma: Discursos varios en todo género de materias para el desengaño de errores comunes. 

2.- Cartas eruditas y curiosas, en cinco volúmenes e impresas entre 1741 y 1760. 

3.- Ilustración apologética en 1729, una contestación a la polémica realizada por Mañer.

4.- Justa  repulsa de inicuas acusaciones de 1749 del mismo cariz que el anterior pero esta vez respondiendo al libro de Soto Marne. 

El canon literario considera que la obra señera del Padre Feijoo es Teatro crítico universal donde da cuenta -en esos 118 ensayos- a temas diversos y siempre con una perspectiva intelectual, crítica e innovadora. En ellos se tratan temas de arte, metafísica, filosofía, física, matemáticas, medicina, literatura o historia. Ataca las supersticiones que atenazaban el avance del conocimiento, así como el sistema clasista universitario con materias sin ningún interés para el progreso técnico o humanístico. 

La importancia de sus escritos en la España del S. XVIII

La obra del Padre Feijoo hubiera pasado inadvertida en una época en la que todas y cada una de las reformas educativas propuestas se quedaban en nada por falta de la más mínima financiación y por el boicoteo de la élite universitaria. Quienes disfrutaban de privilegios de cátedra se empeñaban en no mover nada, en parte para no ver peligrado su estatus. Feijoo pone en la imprenta una obra redactada para todo tipo de público, alejando la pedantería y motivando el espíritu crítico. Sus ensayos (considerados los primeros de la literatura española) están redactados en un tono divulgativo, con un lenguaje sencillo, aunque se le achaca el uso excesivo de palabras francesas. Quizás este extremo fuera debido a que sus fuentes se encontraban en los autores y enciclopedistas galos así como en los escritos de los filósofos ingleses, especialmente Francis Bacon (1561-1626).  

Ese espíritu innovador caló hondo entre profesores universitarios, intelectuales e, incluso, público interesado, convirtiendo la obra del Padre Feijoo en un auténtico bestseller. Se calcula que en vida vendió casi medio millón de copias de sus libros, que se realizaron quince ediciones del Teatro crítico universal y once de Cartas eruditas. Por si fuera poco, los ensayos fueron traducidos al francés, inglés, alemán y portugués e, incluso, se realizaron estudios críticos con diccionarios, tal fue el éxito de los escritos del Padre Feijoo. Dicho esto, hacia 1787 y con el romanticismo literario ya asentado, sus ensayos quedan relegados casi al ostracismo y hay que esperar a verlos recuperados, una vez más, con la filología del siglo XX.  

La personalidad del Padre Feijoo 

Imbuido del espíritu positivista inglés y teniendo como bandera la firme creencia del avance de la humanidad a través de la ciencia, luchó (con su pluma) contra la superstición y las creencias oscurantistas de la época. Este amor por la técnica, por la experimentación, por los dones de la razón nunca fue un obstáculo para su sincera fe.  

Admirado (más tarde) por Emilia Pardo Bazán, quien encontró en la obra del Padre Feijoo al primer feminista, Concepción Arenal destacó su espíritu de tolerancia. Y eso a pesar de poner en entredicho ciertas costumbres de su época, tal como venimos anotando. Era, en definitiva, el benedictino de carácter afable, buen conversador, una de esas personas inspiradoras para otros, los mismos que se acercaban con afán de aprender o de superarse.  

Es, en resumen, el Padre Feijoo un intelectual de la época en el que los choques entre la tradición y el afán de renovación se convirtió en una constante. Desafortunadamente, la élite se empeñó en paralizar cualquier cambio que supusiera apertura u oportunidades de formación.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

el bosque de las respuestas

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