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Candela Vizcaíno - Candela Vizcaíno
Candela Vizcaíno

Candela Vizcaíno

 

Ningún cambio en el orden social, económico o artístico es ajeno a los vaivenes de la política así de forma general. Si a eso unimos que una de las principales características del Renacimiento es, simple y llanamente, un trastoque de todos los órdenes que había regido durante la Edad Media, esta es la base de todos los movimientos que vendrían después. La política en el Renacimiento se sustenta sobre diez pilares básicos que resumo a continuación. 

1.- Imposición del centralismo administrativo unido al desarrollo de poder de la monarquía 

La política en el Renacimiento da así un giro importante al ir concentrando en manos de los reyes no solo las decisiones estratégicas sino también las económicas. Los señores feudales que impartían justicia (a su antojo) en sus territorios, imponían tributos y normas crueles van paulatinamente perdiendo su influencia. La administración se centraliza en la corte que aún es itinerante y las decisiones se toman teniendo en cuenta las distintas necesidades territoriales y de población. Paralelamente, los tributos también quedan bajo el paraguas de la monarquía que va acaparando poder en detrimento de los señores feudales entretenidos en sus guerras fraticidas. 

2.- Los modos de la política en el Renacimiento propicia la acumulación de la riqueza 

Al relegar la influencia de los distintos señores feudales a favor de la corona, todo ello posibilita disponer de más recursos económicos por el básico sistema de la acumulación. Este aumento de los recursos (centralizado recordemos) es la base para acometer empresas de calado en cualquier orden. Por tanto, desde esta perspectiva se comprende mejor las últimas guerras para anexar al cristianismo los últimos reinos musulmanes. Granada, el último bastión, deja de ser nazarí en 1492. En ese mismo año, Colón (con mecenazgo real) se embarca rumbo a Las Indias descubriendo un nuevo continente para los ojos europeos. Las empresas serán múltiples y no solo centradas en conquistas. Con estos recursos acumulados también se financian emprendimientos en el ámbito cultural o científico. Desde esta perspectiva también hay que comprender la proliferación de imprentas que hacen posible un aumento del conocimiento o la creación (avanzado el siglo XVI) de distintas universidades. A las de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares le siguieron Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada…. Todo ello supone un giro importante en los modos de generar y propagar el conocimiento respecto a los medievales.  

3.- La política en el Renacimiento no puede entenderse sin el avance de la burguesía  

De la economía feudal basada en la agricultura o la ganadería en torno a un señorío y un castillo se pasa a los nuevos modelos impuestos por la incipiente vida en la ciudades. Aunque estas aún son pequeñas y pocos son los habitantes, la forma de vida ya ha cambiado. Aparecen artesanos independientes que pagan los tributos al rey y que no deben pleitesía a ningún señor. Esta nueva libertad cambia la cosmovisión imperante con una confianza sin límites casi en el progreso. La vida ciudadana es el germen de los gremios, hermandades o agrupaciones de oficios. Con ello, se ponen las bases para, en unión, hacer valer derechos o libertades.  

4.- No podemos olvidar los avances técnicos de la época

Aunque no es nada comparable con los que se pueden disfrutar en el siglo XXI, al concentrarse la población en pequeñas ciudades que no están al capricho de un señor, se posibilita una incipiente ciencia. Con ella llegan mecanismos para aprovechar el agua, nuevos conocimientos en farmacopea, en la navegación, en la medicina… El analfabetismo retrocede aunque aún sigue siendo importante. Y es creciente el número de inventores o creadores de cualquier cosa. Eso hace cambiar no solo el día a día sino también la percepción que se tiene del alma humana y su afán de transformación constante.  

5.- La política en el Renacimiento está vertebrada en torno a un espíritu positivo  

Quedan atrás los años oscuros desde el punto de vista cultural de la Edad Media y todo se empapa de un espíritu penetrante que busca nuevos senderos y rumbos en todos los sentidos. Lo dado se queda pequeño y desde distintos órdenes se ensayan cosas novedosas que a ojos medievales pudieran parecer locuras o necedades. A cambio se llevan a cabo y ello hace saltar por los aires los viejos esquemas mentales. Los tiempos se aceleran en comparación con los de siglos pasados con un avance en las comunicaciones por mar o con la propagación de todas las ideas posibles. Esto unido al mayor número de estudiantes y a recursos económicos al alza explica, en parte, conquistas hazañas y descubrimientos geográficos.  

6.- Con los nuevos estudios se vuelve hacia la antigüedad clásica

Y no solo hacia la filosofía o la literatura griega o romana sino hacia una nueva forma de estar y sentir el mundo. Si la Edad Media estaba empapada de un cristianismo triste que recordaba constantemente las penas de este mundo centrándose únicamente en la salvación en el más allá, ahora todo es distinto. Y lo es por este nuevo conocimiento al alcance de cada vez más personas que llegan a él a través de libros impresos de fácil acceso. En estas obras se despliega un mundo pagano en el que se invita al goce de los sentidos, en el que sus protagonistas se regodean en los dones de la naturaleza y en el que Dios está presente en todas las criaturas terrenales. Ese mundo clásico enseña a los habitantes de la época que el aquí y el ahora está para vivirse con plenitud. El valle de lágrimas medieval que hay que pasar para llegar al goce del más allá queda, por tanto, aparcado. Ahora lo bueno y la salvación también se encuentra en la belleza y la armonía.  

7. La política en el Renacimiento y el antropocentrismo 

Todo ello confluye en un término: antropocentrismo. Dios deja de ser el centro gravitacional del universo y el hombre se convierte en la medida de todas las cosas. Esto no significa que en la recién nacida España o en Europa haya una conversión radical hacia al paganismo. ¡Ni mucho menos! El cristianismo sigue y seguirá siendo el espíritu religioso predominante pero este cambia de cariz. Lo bueno tiene que estar dirigido a hacer felices a la humanidad entrando de nuevo este concepto en la sociedad. Ni que decir tiene que todo ello condiciona la política ya que la población no acepta las imposiciones con la misma ingenuidad que antes. Los movimientos que buscan una parcela de libertad, ya sea personal como comunitaria, comienzan tímidamente a fraguarse. La política tiene que estar al servicio del aquí y el ahora, del desarrollo, del avance económico y material de la población. El cielo, para el hombre del Renacimiento, puede esperar.  

8.- La política del Renacimiento está vertebrada por un deseo de unidad

Y lo es en todos los sentidos, tanto que esta idea está en el germen de la expulsión musulmana y judía. Una monarquía que va acaparando poder y que aspira a reinar sobre una población más amplia comienza a interiorizar que la única manera de hacerlo con eficacia es a través de la uniformidad y la unidad. No puede haber varias lenguas ni distintas religiones porque ello dificulta la gestión. 

9.- Las lenguas vulgares serán el elemento unificador en la política del Renacimiento  

En España se hizo el primer movimiento en Europa en este sentido. El castellano se impone sobre las otras lenguas vernáculas, el hebreo y el árabe. Una vez más, esa Roma de la cual cada vez se conocen más datos e intimidades se convierte en inspiración y modelo. Si el antiguo Imperio había conseguido unificar media Europa a través del latín, el castellano tendría que ser la lengua del reino. En este sentido, en el mítico año 1492 que en estas tierras puede darse como fecha de entrada a la edad moderna, aparece la Gramática de Antonio de Nebrija. Presentada a la reina Isabel I, aspiraba a servir de modelo en todo el territorio español. Aunque en mente estaban los judíos o musulmanes que habitaban en la península, la misma sirvió como base para llevar el castellano allende los mares, a la recién descubierta América. 

10.- Todo ello confluye en mayores épocas de paz

Aunque las luchas por el poder, las conquistas, las batallas y las guerras continuaron, no tendrían el cariz de las medievales. Los años de paz se sucederán y la población civil quedará cada vez más alejada de las contiendas. Los derramamientos de sangre de los señores feudales (que se desplegaban en los cantares de gesta) no volverán a aparecer. Unido al desarrollo (elemental) de la ciencia, del conocimiento y a un progreso económico, la población podrá disfrutar de una vida un poco mejor que las que les tocó a los pueblos medievales. 

La política en el Renacimiento, por tanto, no queda desligada de todos los cambios en distintos órdenes que se sucedieron a lo largo del siglo XV. Si bien la población pudo transformar (a mejor) su forma de vida, ello también influyo en las artes y en las letras propiciando creadores sublimes en prácticamente todos los géneros.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

 

Entre rocas, acantilados, cielo, mar, arena y la brisa atlántica se van desperdigando las preciosas playas de Lagos tan distintas entre sí que se hace extraño, a veces, que todas ellas pertenezcan a la misma localidad. Antes de llegar a la punta más occidental del sur Portugués (Sagres) y pasando las más conocidas del Algarve central, siempre en dirección oeste, Lagos aún conserva en su casco antiguo ese encanto de los pueblos de pescadores. Eso sí, si echas la vista hacia su caserío te sorprenderán las altas torres de ladrillo que se han construido en las últimas décadas. Aún así, la modernidad convive en armonía con la naturaleza, tanto que cuesta pensar que a tan solo cinco minutos de un bosque de asfalto se desperdiguen calas de postal, acantilados de infarto y playas suaves donde se pueden volar cometas, levantar castillos de arena o dejarse acunar por el murmullo de las olas. Estas son mis diez favoritas y cada una lo es por una razón. 

1.- Meia Praia, una de las playas de Lagos imprescindible para ir con niños

Y a pesar de llamarse así (meia, mitad) es una de las más largas de la zona, tanto que su arenal se despliega hasta la vecina Alvor y hasta una de los lados donde desemboca el Bensafrim, el cual se ha abierto para construir un puerto deportivo donde se da cita la gente guapa al caer la noche. Meia Praia es suave, sin dunas, larga y con las olas justas para que los peques disfruten sin llevarse un sobresalto. Además, está tan acondicionada que cada cierto trecho se han habilitado aparcamientos que te dejan prácticamente en el arenal.  Además, aunque no es comparable con las playas de Cádiz atestadas de chiringuitos, ésta tiene buenos restaurantes que ofrecen las delicias culinarias locales con el mar de fondo.  

2.- Praia da Pinhao al lado del puerto deportivo de Lagos 

Cruzando  Bensafrim, hacia el otro lado y en dirección a esa maravilla de la naturaleza que es la Punta de Piedade, se encuentra otra de las playas de Lagos más conocidas y concurridas: Pinhao. Justo a las afueras de la zona urbana, no solo es una de las más fotogénica por sus acantilados que la guardan sino porque desde ella se ve el famoso puente romano que une dos de los islotes que conforman los maravillosos acantilados que dan fama a todo este litoral abrupto, escarpado y hermoso. Es un poco más grande que las pequeñas calas que se desperdigan a continuación (dirección siempre oeste) y dispone de servicio de restauración y de hamacas. 

Playa de don Camilo en Lagos, Portugal

3.- Don Camilo, la más fotogénica de las playas de Lagos 

Tanto es así que es la cara visible de esta parte de mundo y su estampa recortada entre cielo, mar y arena aparece en infinidad de folletos, imágenes y fotos. La playa en sí es pequeña y no es un sitio apto para pasar el día. Desde primera hora de la mañana es tomada por deportistas de todo tipo que se atreven a bajar (que luego hay que subir) sus más de doscientos escalones en madera con un kayac. Con marea baja puedes, incluso, atreverte a ir pasando por los arcos, puertas excavadas en la rocas y pasos (que el mar ha ido abriendo a lo largo de los siglos) para disfrutar de las playas vecinas. Eso sí, tienes que controlar el calendario de mareas y tus fuerzas. Los más vagos seguro que preferirán un mojito o un café en Don Camilo, el restaurante de playa que se asoma a estos acantilados. 

4.- Doña Ana, otro destino para posar en Instagram

Porque es una de las playas de Lagos colindante con la anterior y del mismo tenor: grutas, cavidades, un arenal pequeño, una bajada considerable y unas vistas que se quedan en la retina por muchos años. Justo al lado tienes un hotel que ofrece servicio de restauración prácticamente durante todo el día con una terraza en la azotea que te ofrece una panorámica distinta de esta parte de mundo.  

5.- Praia del Estudiante, una de las playas de Lagos desde la que se ve el puente romano 

Como la de Pinhao, está justo al lado del puerto deportivo con buen acceso desde el pueblo. Aunque se puede bajar a pie y desde allí disfrutar de la perspectiva, recuerda que es uno de los primeros  puntos por los que se pasa en los mini cruceros que van hacia Punta da Piedade y que zarpan desde la marina de Lagos. Es, por tanto, una manera más sosegada y reposada de disfrutar de esta costa cambiante, fotogénica y fascinante a partes iguales. También es una forma sencilla y divertida de descubrir las zonas cuando se viaja con niños que, aunque Lagos sea destino de gente joven deportista, también lo es para el veraneo familiar. 

Vista de los acantilados de Lagos desde el sendero de Punta da Piedade 

6.- Elige cómo llegar a Punta da Piedade, un paraíso para los amantes del mar y la naturaleza

Que llegados a este punto ya toca hablar de la joya de la corona de las playas de Lagos o, más bien, de toda esta parte de mundo: los acantilados de Lagos cuya estrella más rutilante es la Punta da Piedade. Aunque en algunas zonas se han habilitado escaleras, la mejor forma de adentrarse por sus cuevas, huecos en la roca, arenales acompañados por el graznido de las gaviotas es vía marítima. Y la fórmula puede ser en kayac para los más jóvenes deportistas o en alguno de los múltiples barcos que salen desde el puerto deportivo de Lagos prácticamente cada hora. Desde esa perspectiva disfrutarás de esta maravilla de la naturaleza que la hace tan única y especial.  

Por si te has quedado con las ganas, justo al lado de uno de los faros (pon en el navegador “Acantilados de Lagos”) se ha habilitado un aparcamiento gratuito que da paso en unos minutos a un sendero de madera con miradores. Este trayecto puede recorrerse a pie o en bici y se despliega por 44 kilómetros hasta el parque natural de otra maravilla portuguesa: Sagres. Al caer la tarde, la perspectiva de las rocas y el sol escondiéndose entre mar y cielo es, sin duda, sublime (nivel top).  

7.- Praia do Carnavial, entre las mejores de Portugal 

Aunque tiene en su contra el difícil acceso que no está acondicionado como otras con escalones de madera. Eso hace que no esté masificada y que el disfrute de su extenso arenal con los acantilados a fondo sea más placentero. Tampoco tiene aparcamiento cercano. 

Praia de Porto de Mos en Lagos, Portugal 

8.- Praia de Porto de Mos, una de mis playas de Lagos favorita  

Eso lo soluciona una de las que más me gustan porque en ella se aúna casi todo para ir con niños. A su extenso arenal se une el acantilado que termina en la llamada Rocha Negra. Con marea baja salen a descubierto planchas de piedra que han sido invadidas por algas de todo tipo formando pequeñas piscinas naturales en las que, a veces, se quedan atrapados algunos peces pequeños. La playa de Porto de Mos aúna todo lo bueno de esta zona: unos acantilados de infarto, agua limpia, transparente y con las olas justas y, además, estos amagos de piscinas que se forma al quedar el mar atrapado entre las rocas. 

9.- Praia do Barranco do Martinho, solo apta para deportistas y aventureros 

Porque el acceso a esta impresionante playa solo es posible mediante un terraplén o a través de kayac. Por eso, si eres de los que no perdonan el gimnasio ni en verano seguro que tendrás fuerzas para llegar hasta su arena bien sea bajando por el camino de tierra (que resbala) o accediendo por mar. Hay otra más fácil y es a través de alguno de los botes o pequeños barcos que salen desde la marina de Lagos. 

Praia da Luz 

10.- En la frontera se encuentra Praia da Luz resguardada por la Rocha negra 

Que me recuerda irremediablemente a la andaluza Nerja con su pueblo de casas blancas, su paseo marítimo con tiendas de ropa y su acantilado negro que cierra la cala y evita que la azote los vientos atlánticos. Es otra de las playas de Lagos a las que puede llegar sin necesidad de ser un deportista aventajado ya que dispone de aparcamiento justo en las escaleras (normales) que dan acceso al arenal. El agua, además, cubre muy poco y es de una transparencia que sorprende. Dispone de algunos restaurantes (aunque un poco caros) con servicio básico de hamacas y, además, caminando por un pequeño paseo marítimo te encuentras algunas tiendas con ropa básica, juguetes o una botella de agua fresquita.  

El Algarve portugués es ese paraíso marítimo para todos aquellos que, en cualquier época del año buscan llenarse la boca con la sal del mar, con el aire de sus vientos y con una naturaleza que, a veces nos pone a prueba de nuestras fuerzas. Las playas de Lagos son tan distintas entre sí que son destino tanto de deportistas dispuestos a enfrentarse al mar con un kayac o para familias tranquilas con niños pequeños. Los acantilados que se rompen en varios puntos conforman esa orografía tan especial, como sucede con la Ría Formosa (otro paraíso sobre el planeta Tierra a un puñado de kilómetros de este), hacen de este litoral destino de veraneo de medio mundo.  

Fotos y texto por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

Fue el primer filólogo en lengua castellana poniendo las bases de lo que hicieron otros grandes nombres de distintas lenguas vulgares (italiano, francés…) Es Antonio de Nebrija (1441-1522), uno de los primeros humanistas e intelectuales del recién estrenado Renacimiento en territorio español.   

La época de Antonio de Nebrija  

El reinado de los Reyes Católicos, tras la conquista de Granada en 1492, supuso el fin de las guerras y enfrentamientos nobiliarios que había caracterizado toda la Edad Media y que, de una manera u otra, se reflejaba en las principales características de la literatura medieval. Y nada más tengo que recordar los conocidos como cantares de gesta (con el epítome del Cantar del Mío Cid) centrados en las hazañas y heroicidades (pero también vilezas) del sinnúmero de señores feudales entretenidos en conspiraciones y luchas cruentas. Sin embargo, la de Antonio de Nebrija es otra época, ya que con los Reyes Católicos se instaura el centralismo en España. Este culmina con la imposición de una cultura hegemónica basada en el cristianismo y en un idioma común.  

Paralelamente, se tiene contacto con la política italiana (y sus intelectuales), se instaura la imprenta multiplicando así el saber de manera exponencial. A la par, se van creando progresivamente más universidades con su trasiego de estudiantes y su afán de conocimiento. Todo ello propicia, por tanto, que se vayan desmenuzando todos los pormenores de la lengua latina que aún seguía siendo la de cultura. Y, con los textos rescatados a través de los libros medievales, se empiece a admirar no solo la literatura griega o romana sino también todo ese mundo y sentir pagano que la misma refleja. Ni que decir tiene que personajes, mitos y relatos se acomodan en la literatura castellana progresivamente como ya hiciera Juan de la Encina, con sus églogas, consideradas la primera manifestación dramática en castellano. 

Por contra y en el lado negativo, se expulsan a los judíos y con ellos se erradica de un plumazo toda su cultura la cual solo nos ha llegado a través de unos cuantos libros científicos o de un puñado de jarchas mozárabes. A la par, la Inquisición va creciendo con fuerza con su gusto por los libros prohibidos y por silenciar a todo aquel que se atrevía a dejar opiniones incómodas de las que no se libraron, por recordar algunos ejemplos, ni los grandes místicos (como los dolorosos procesos de San Juan de la Cruz o de Fray Luis de León).  

El avance de la lengua castellana 

Si en 1492 cae el último reino nazarí de Granada, también es el año del descubrimiento de las nuevas tierras allende el gran océano. Todo ello unido al conocimiento del latín y el reconocimiento de lo que supuso de unificación (y conquista) por parte del Imperio Romano se mezcla en la corte de los Reyes Católicos. Conscientes de la importancia de un idioma común para instaurar un orden cultural y una cosmovisión social, religiosa y económica entre poblaciones diversas (desde los árabes que se habían quedado en la península hasta los nativos americanos), Isabel la Católica favorece de diversas formas los estudios de nuestro idioma.  

Y lo hace, además, cuando las universidades afianzan los estudios de retórica o gramática y cuando el primer filólogo (no solo en lengua castellana sino en todas las romances) tiene preparada su gramática, la primera en idioma vulgar y ejemplo para otros sistemas lingüísticos. Aunque en un principio, se vio en el trabajo simplemente una investigación académica como tantas otras, la reina católica (instruida en la historia y en el latín) muy pronto se convenció de su importancia como manual para homogeneizar lingüísticamente pueblos diversos y amplios. Y así se hizo en vistas del avance imparable del español en el mundo. Gran parte de ese éxito se debe al sevillano Elio Antonio de Nebrija, uno de los más importantes intelectuales de la literatura renacentista.  

Biografía de Antonio de Nebrija 

Nacido en la localidad sevillana de Lebrija en 1441 (otras fuentes aportan la fecha de 1444), al parecer, procedía de familia judía (tanto por rama paterna como materna) obligada a convertirse al cristianismo. Estudió en la universidad de Salamanca y con solo diecinueve años viaja a Italia con una beca para la prestigiosa Universidad de Bolonia. De aquí se trasladó a Roma, Padua, Pisa y Florencia donde estudió disciplinas heterogéneas (desde ciencias naturales hasta teología pasando por historia o derecho). Aunque fue un filólogo convencido (incluso algo pedante y engreído según diversos testimonios), estaba convencido de la importancia de este conocimiento amplio como base para sus estudios lingüísticos. 

Hombre de mal carácter que no dudaba en hacer ver la mediocridad de algunos miembros de los claustros universitarios tuvo algunos problemas para hacerse con cátedras importantes simplemente porque se había dedicado a cosechar enemigos. Aunque en un principio ganó una cátedra en Salamanca, pronto fue amparado por el mecenazgo de Juan de Zúñiga, a la sazón maestre de Alcántara. En 1492 tenía terminada su conocida Gramática que fue presentada a la reina Isabel. Las idas y venidas a la docencia universitaria en Salamanca fueron interrumpidas al ser nombrado cronista real y, más tarde, acogido por el cardenal Cisneros en 1502. De nuevo, su mal carácter y su prurito de hombre sabio e instruido le trajo problemas con el equipo de traductores de la Biblia Políglota al ser extremadamente crítico con la versión en hebreo.  

Como buen filólogo, era partidario de que los estudios lingüísticos y las traducciones se hicieran a partir de fuentes fiables. Tras publicar De literis hebraicis en 1515, obra pionera en su género, comenzaron los problemas con la inquisición que no veía con buenos ojos su afán por desentrañar la Biblia desde los originales hebreos. Afortunadamente para Antonio de Nebrija, su buen mentor el Cardenal Cisneros intervino favorablemente trastocando el tribunal y no llegó a pisar la cárcel ni sufrió daños mayores. Aparte de su ingente labor filológica sin descanso a lo largo de su larga vida, se empeñó como editor y mantuvo a su familia con ayuda de sus influyentes mecenas. 

Casi al final de su vida, en la Universidad de Alcalá de Henares pudo ejercer, bajo el amparo de Cisneros, la cátedra de Retórica la cual desempeñó hasta su muerte, acaecida el 2 de julio de 1522. Hoy da nombre a innumerables institutos y hasta a una afamada universidad.  

Obras de Antonio de Nebrija 

Sus amplios estudios en ciencias diversas así como su conocimiento tanto del latín como del hebreo fueron el sustrato sobre el que se levantó una amplia e importante obra divulgada en vida de este humanista que fue Antonio de Nebrija. Aparte de su participación (a medias ya que abandonó pronto el proyecto) en la Biblia Políglota destaco las siguientes, sin ánimo de ser exhaustiva. 

1.- Introduçiones in latinam gramaticam donde hace acopio de sus conocimientos de la literatura clásica. El trabajo estaba dividido en cinco libros y, posteriormente, fue traducido al castellano por el propio autor. 

2.- El mencionado De literis hebraicis que le valió un proceso inquisitorial. 

3.- Dictionarium Latino-hispanium et Hispanico-latinum. 

4.- Orthografia castellana. 

5.- Arte de la lengua castellana, la primera gramática en lengua vulgar y por la que ha pasado Antonio de Nebrija a la historia de las letras universales. De ella se sirvieron reyes y políticos para afianzar un idioma que ya había abandonado la rudeza medieval y que se encaminaba a las grandes cotas del Siglo de Oro. Antonio de Nebrija tuvo el acierto de sistematizar todo este “buen decir” y de ejemplificar la corrección de una lengua que, en el mismo año en el que apareció se expandía por medio mundo.  

La importancia de Antonio de Nebrija para la literatura, por tanto, nada tiene que ver con un proceso creativo al uso sino que se centra en su labor filológica. A pesar de todos los desencuentros con colegas y miembros de la intelectualidad de la época (a la que tildaba de mediocre) pudo desarrollar su labor investigadora casi sin pausa. Todo ello fue gracias a la visión de poderosas personalidades que entendieron la importancia (política, social, económica y también artística) de una lengua que se preparaba para ir dando grandes nombres sin pausa hasta el siglo XXI.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

 

Biografía de Juan de la Encina

También conocido como Juan de Fermoselle por considerarse que pudiera haber nacido en dicha localidad zamorana, conocemos su fecha de llegada al mundo (1468) pero no está claro el emplazamiento. Salamanca se encuentra como la favorita. Sí está demostrado que estudió en su Universidad, en un momento en el que se estaban forjando todas las características del renacimiento literario, artístico y filosófico. Hay quienes apuntan a que pudo estudiar con Nebrija. Mentores y maestros aparte, se graduó como bachiller en leyes y en su época de estudiante se empapó del conocimiento de la cultura pagana, no solo de la filosofía sino también de la literatura griega y romana. Por tanto, este sustrato se encuentra presente en sus obras, alejadas totalmente de la temática y cosmovisión que habían mostrado los grandes autores de la Edad Media que han llegado hasta nosotros.  

Juan de la Encina no solo ha pasado a la historia de la literatura por sus églogas sino también a la de la música por sus villancicos los cuales aún forman parte del repertorio de coros y corales actuales. Con un fino talento para el arte musical, a lo largo de su vida se presentó a distintos puestos para ocupar la plaza de cantor en destinos señalados. Sin embargo, o bien perdía la convocatoria o bien la abandonaba por un puesto más jugoso llevado por un no disimulado (ya que incluso lo deja reflejado en sus escritos) espíritu de arribismo más que de ambición. Quizás por eso desde muy joven entró al servicio de los duques de Alba buscando un mecenazgo o un apoyo económico que de otra manera sería muy difícil en la época. En este sentido, en el palacio de Fadrique Álvarez de Toledo se representaron sus primeras composiciones dramáticas en momentos señalados del calendario litúrgico (especialmente Navidad pero también en Semana Santa).  

Juan de la Encina, espíritu viajero  

Se tiene constancia de que en 1500 (quizás un año antes) se encontraba en Roma donde entró al servició de distintos y sucesivos papas: Alejandro VI, Julio II y León X. En el Vaticano desplegó sus dotes como cantor a la par que disfrutaba del ambiente de estas opulentas cortes que a veces olvidaban los principios de Cristo para relajarse en una vida hedonista en lo cultural y placentera en todos los sentidos. Allí Juan de la Encina se codeó con cardenales, príncipes y embajadores que gustaban de sus composiciones musicales y literarias.  

Al final de su vida, en 1519, se ordenó sacerdote para viajar posteriormente a Jerusalén donde celebró su primera misa. De Tierra Santa marchó a León donde obtuvo un puesto como cantor y donde murió en 1529, aunque la fecha exacta no está confirmada. La crítica ha señalado que las distintas ciudades por las que pasó dejaron un importante sustrato intelectual en Juan de la Encina. Es ineludible esta huella cuando Salamanca se abría paso como una sede internacional universitaria centrada en el estudio de los clásicos latinos y Roma (junto con Florencia) se asentaba en todos los postulados del Renacimiento que dinamitaba el mundo medieval anterior. Al enfrentarse con la sagrada Jerusalén en la senectud, la ciudad le invita a reflexionar sobre la vida, la existencia y el sentido último de nuestro paso por este mundo. 

Obras de Juan de la Encina

Todo este bagaje (el cultivado de Salamanca, el hedonista o pagano de Roma y el recogido de Jerusalén) se encuentra presente en su obra, la cual, con toda certeza y salvo algunos retazos, estaba completamente escrita antes de que cumpliera los treinta años. El resto de su vida (tal como declara en algún momento) se lo pasó Juan de la Encina intentando medrar para conseguir cargos y una existencia regalada. Es en Trivagia, poema compuesto al final de su existencia, cuando se lamenta de ese tiempo fugit (más bien perdido) y hace un acto de enmienda que no llega a cumplir. Aún así nos ha dejado importantes obras literarias y musicales por las que merece un puesto destacado en la historia del arte. Anoto: 

Obras de Juan de la Encina de poesía

1.- Cancionero de Juan de la Encina

Obra de juventud ya que fue compuesto entre los 14 y 28 años, los poemas recogidos en sucesivas ediciones fueron creados con el fin principal de insertar música. Esto es, son piezas líricas creadas para ser cantadas en momentos cruciales del calendario litúrgico. Denotan un profundo arraigo aún en la lírica medieval aunque ya se manifiesta (como en buena parte de su obra posterior) el sentir del Renacimiento. 

2.- Arte de la poesía castellana

Aunque se vislumbra algunos de los preceptos de Nebrija, aún no se ha sacudido del todo del sustrato de la poesía trovadoresca anterior. Por tanto, Juan de la Encina continúa siendo un puente artístico entre los viejos principios o características de la literatura medieval y el nuevo hacer que explota con el Renacimiento 

3.- Trivagia

Poema de senectud compuesto tras su paso por Jerusalén con un tono sobrio y de autocrítica.  

Obras de Juan de la Encina clasificadas como teatro 

Porque no podemos definirlas como obras dramáticas al estilo de un Lope de Vega por poner un caso. Son estas piezas, creaciones de transición que no han abandonado la belleza rústica de los autos sacramentales y que aún no pueden considerarse teatro en plenitud. En todas ellas (especialmente las de la primera etapa) predomina un componente narrativo sobre el diálogo que intenta salvar las condiciones en las que fueron creadas. Anoto aquí que, con toda probabilidad, estas composiciones nacieron para ser representadas en los palacios de los mecenas que trató Juan de la Encina durante toda su vida más que para un público teatral tal como lo concebimos hoy en día.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la primera etapa 

1.- Églogas de Navidad que son tres y fueron representadas ese día el año 1492 en la residencia del duque de Alba. En ellas no hay empacho tanto en halagar a sus promotores como en hacer marketing de sus virtudes artísticas. Y estas líneas anteceden a la narración (más que representación) por parte de los pastores de todos los pormenores del nacimiento de Jesús. Esto es, los sucesos que se narran no tienen lugar ante el espectador y, más bien, nos cuentan o cantan una historia. 

2.- Representaciones de la Pasión y Resurrección son del mismo tenor que las anteriores ya que se relata lo acaecido en el Monte Calvario y la posterior resurrección de Cristo.  

3.- Égloga de Carnaval o de Atruejo es una de las primeras en las que predomina el tema profano. También fue representada en el palacio de los duques de Alba en 1494 y en ella se adivina el sustrato del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita con su regocijo en la gula u otros placeres terrenales. 

4.- Auto de Repelón ofrece una narración centrada en los juegos de escarnio que se hicieron populares en los ambientes universitarios salmantinos. Sin embargo, se duda de la autoría de Juan de la Encina de esta obra tanto por el estilo como por los diversos vaivenes que sufrió en las primeras ediciones.  

5.- La Égloga de Mingo, Gil y Pascuala gira en torno a un amor profano nuevo en la literatura castellana y cuyos protagonistas son pastores envueltos en un triángulo amoroso.

6.- Triunfo del Amor fue representada ante el Príncipe Juan en 1497 y no tiene el ritmo y calidad del resto de las obras de Juan de la Encina.  

7.- Égloga de las grandes lluvias fue otra pieza para celebrar la Nochebuena (la del año 1498) en el palacio de los Alba. En ella se mezclan acontecimientos contemporáneos con la adulación a los mecenas a la par que se hace sin ningún pudor mención a asuntos profesionales del autor. Y todo ello se remata con la representación navideña propiamente dicha.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la segunda etapa 

En estos tres nombres se concentra lo más granado de la producción del escritor con composiciones de ambiente pastoril en los que la cultura pagana se entremezcla con los temas populares castellanos con gran acierto estilístico. Son: 

Égloga de Fileno, Zambardo y Carroño 

Está escrita en octavas con rimas consonantes y está considerada uno de los primeros dramas completos en castellano con su exposición, nudo y desenlace. En ella Juan de la Encina no se entretiene en loas o en narraciones descriptivas. Algunos críticos han encontrado el origen de esta trama en unos de los relatos insertados en el Amadís de Gaula. En ella se resuelve de manera dramática un triángulo amoroso mientras que los personajes han sido definidos desde el punto de vista psicológico de manera afinada. De este título son estos conocidos versos: 

¡Oh montes, oh valles, oh sierras, oh llanos, 

Oh bosques, oh prados, oh fuentes, oh ríos…! 

Égloga de Plácida y Victoriano, la gran obra de Juan de la Encina

También tiene como protagonistas a pastores idealizados que se entregan al amor profano dejando atrás toda la cosmovisión medieval. En ella se invoca a la diosa Venus que impide que Victoriano (loco por la pérdida de Plácida) acabe con su vida. Al tiempo, la deidad le pide a Mercurio que resucite a la desdichada muchacha para que puedan terminar sus días en este mundo con felicidad. Aunque a ojos de los lectores del siglo XXI la temática y argumento nos puede parecer ingenua incluso, en la época (con sus procesos de censura) fue tenida por tan escandalosa que entró en el Índice de los Libros Prohibidos. 

Égloga de Cristino y Febes 

En ella se da un paso más en la representación de los goces del mundo del aquí y el ahora. Cristino, joven y hermoso, decide llevar una vida retirada como ermitaño. Sin embargo, los dioses paganos tienen otros planes para él y, a través de Cupido, es herido con una flecha de amor. De inmediato se queda prendado (no ya de una pastora más o menos idealizada) sino de una ninfa que no duda en desplegar todos sus encantos para que el joven abandone cualquier idea de vida ascética.  

Estilo artístico de Juan de la Encina 

De forma muy resumida, hay que anotar lo siguiente:  

1.- Los pastores idealizados o tomados de la tradición popular castellana son los personajes de las obras de Juan de la Encina ya sean para ser protagonistas de amores tormentosos como para narrar la vida de Cristo. 

2.- El mundo pagano cobra fuerza por primera vez en la literatura en español abandonándose a sus dioses, a su forma de vida y al goce de los sentidos. 

3.- La música es siempre una parte inherente de la lírica. 

4.- A pesar del carácter dramático (e incluso pasional) de la gran mayoría de las obras, hay pinceladas de humor y comicidad. Estas recaen siempre en personajes calificados como rústicos, simples o poco instruidos que se conducen a través de un lenguaje sencillo y libre de artificios. 

5.- El nuevo amor pasional, humano y carnal que se representan en gran parte de las églogas de Juan de la Encina manifiestan una conciencia superior, humanística y conocedora de la obra de los grandes clásicos (se ha notado especialmente Virgilio).

6.- En Juan de la Encina nos encontramos un castellano completo, complejo y plenamente formado que adelanta los grandes nombres posteriores y que nada tiene que ver con lo poco que nos ha llegado del periodo medieval.  

En resumidas cuentas, el artista se nos presenta como puente tanto entre dos mundos (el medieval que se apaga y el renacentista que nace con todo tipo de brillo) como entre dos cosmovisiones (la cristiana centrada, en esos momentos, en la renuncia y la pagana homocéntrica). Juan de la Encina, en definitiva, pone los cimientos para el desarrollo especialmente de la dramaturgia posterior que tan grandes nombre dieron sin renunciar a un estilo propio y novedoso en la literatura castellana. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla.

De esta ciudad dentro de otra ciudad encaramada en lo más alto de una colina (y abrazada por montañas) se ha dicho de todo. Embruja y enamora. Por eso, es favorita de artistas, poetas y músicos. A la última corte nazarí puedes ir simplemente a admirar La Alhambra que por ella sola ya merece el viaje. Eso no quita para haya mucho que ver en Granada más allá de sus huellas moras, mozárabes y cristianas. Sus estrechas callejuelas hacen las delicias de los amantes de lo auténtico y te acuerdas de que te saltaste el gimnasio cuando quieres alcanzar algún mirador, como el afamado de San Nicolás desde el que tienes las más bonitas vistas de La Alhambra. Junto con Córdoba (con su mezquita) y Sevilla (la Giralda) forma el triángulo europeo de reliquias musulmanas. 

1.- La Alhambra es la primera maravilla que ver en Granada 

Tanto es así que por ella sola justifica el viaje y debe ser el centro que gire en tu cabeza y tu corazón cuando te acerques a la antigua ciudad nazarí. Construido a lo largo de varios siglos y terminado a mediados del siglo XIV, es un palacio tan único en el mundo que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La visita se completa con un recorrido por la antigua Alcazaba, la fortaleza árabe cuyas murallas rodeaban una ciudad cuajada de jardines, fuentes cantarinas, huertas y salones donde se reproducían mediante símbolos los emplazamientos del Paraíso. Aquí te encontrarás:  

1.- El Patio de los Arrayanes con su enorme alberca que, en tiempos, tenía una función práctica y hoy es reflejo del edificio blanco que la cierra. 

2.- La Sala del Mexuar. 

3.- El Salón de los Embajadores donde los últimos reyes recibían a diplomáticos, ministros, jueces e, incluso, algún representante del pueblo. 

4.- El Patio de los Leones suntuosamente decorado con yeserías, mármoles y puertas labradas cuyo centro está adornado con la conocida fuente homónima, sostenida por doce de estos animales. El agua de la taza se vierte sobre cuatro canales que van a dar a otra tantas fuentes y que representan los cuatro puntos cardinales del Paraíso. Por pasar aquí unos cuantos minutos ya merece la pena viajar hasta Granada. 

5.- La Sala de los Abencerrajes nos recuerda la triste historia de la última reina mora acusada de infidelidad, conspiración y deslealtad junto con su (supuesto) joven amante. El celoso rey Boabil, agobiado por el avance de las tropas cristianas, hizo pagar caro las maquinaciones no solo de los enamorados sino de todo el clan del muchacho. Mientras festejaban un banquete los mandó asesinar (a casi treinta miembros de la familia). De ta magnitud fue la escabechina que las fuentes manaron sangre durante días. 

6.- El Salón de los Reyes es otra parada imprescindible en La Alhambra.

7.- Así como el Jardín de la Lindareja que rodea los aposentos de Washington Irving, el escritor inglés que, en su periplo por el Grand Tour, se quedó tan prendado de Granada que no paró hasta escribir su obra titulada Cuentos de la Alhambra

  • La Alhambra-6
    La Alhambra-6
    Patio de los Leones
  • La Alhambra-1
    La Alhambra-1
  • La Alhambra-2
    La Alhambra-2
    Patio de los Leones
  • La Alhambra-5
    La Alhambra-5
  • La Alhambra-4
    La Alhambra-4
 

2.- No te olvides del palacio y los jardines del Generalife

Situado en un ladera, ambos recintos están hoy comunicados por caminos arbolados, el de salida con altos cipreses. Era el Generalife el palacio de verano de los reyes musulmanes. Aquí venían a descansar y a reposar de tantas intrigas, conspiraciones y puñaladas por la espalda (algunas literales). Entre fuentes, acequias y albercas se hicieron construir unas estancias sencillas pero tan equilibradas que todo en ellas rezuma hermosura. Hasta aquí movían los muebles, las alfombras, el ajuar y las vajillas para pasar el calor veraniego paseando entre naranjos, plantas aromáticas y el rumor del agua. Hoy en día es otro hito que ver en Granada. Además, el lugar ha sufrido modificaciones y ampliaciones constantes remozando continuamente los caminos y las plantas. Los jardines del Generalife, al caer la tarde o al despuntar la mañana, son uno de esos placeres que se quedan en el alma. 

  • El Generalife
    El Generalife
    Vista de la Sala Regia desde el Patio de la Acequia
  • El Generalife
    El Generalife
    Entrada a los jardines de El Generalife
  • El Generalife
    El Generalife
    Vistas de La Alhambra desde los jardines de El Generalife
  • Jardines de El Generalife
    Jardines de El Generalife
  • Granada desde los jardines de El Generalife
    Granada desde los jardines de El Generalife

Los Reyes Católicos entraron en Granada en 1492, el mismo año de las gestas hacia América, expulsando al exilio al último rey musulmán. Aunque, en un principio, el recinto de La Alhambra no sufrió apenas transformación, su hijo, Carlos V, mandó construir un palacio circular en piedra siguiendo el estilo renacentista que ya despuntaba en Europa. En otro sitio quizás lo miraríamos con otros ojos, sin embargo en el emplazamiento de la ciudad mora es, sencillamente, una intrusión. Está situado entre los jardines del Generalife y la entrada a la visita de los palacios nazaríes. Frente a él hay abiertas tiendas con recuerdos, cerámica local y todo lo que esperas de un sitio turístico. 

3.- Disfruta de un paseo por el Albayzín 

El antiguo barrio árabe con sus callejas en cuesta, casas blancas y tejados rojos se ve desde varios miradores de La Alhambra ofreciendo un contraste entre la vida sencilla y la suntuosa de los reyes. Hoy está deteriorado en algunas zonas pero en otras aún se conservan los tradicionales cármenes, viviendas nobiliarias que se articulan alrededor de un patio en el que es protagonista el agua. 

 Catedral de Granada

4.- Otro hito que tienes que ver en Granada es la Catedral y la Capilla Real  

Porque aquí están enterrados los Reyes Católicos, los mismos que ganaron Granada para la causa cristiana. El templo fue mandado construir en 1523 y se inició en estilo gótico. Siguieron las obras bajo el mando de Diego de Siloé ya en la estética renacentista imperante para rematarla Alfonso Cano. La catedral se encuentra encajonada entre los edificios de la época y sus fachadas no son de gran altura.  Por la Capilla Real se accede a la cripta donde están enterrados los Reyes Católicos.  

5.- De compras por la Alcaicería tras pasar por la Plaza de Bib-Rambla 

Muy cerca se encuentra un particular centro comercial formado por pequeños negocios que se abren a varias calles en cruz. Aunque es posterior, recrea en su decoración los espectaculares yesos de La Alhambra y de otros edificios emblemáticos de Granada recordándonos los bazares de Estambul. Aquí se apiñan mercaderes y comerciantes de todo tipo con sus estanterías abarrotadas de objetos diversos desde chucherías hasta bonita artesanía en piel decorada, cristales, cerámica o trabajos en madera.  

6.- Mucho que ver en Granada con el flamenco del Sacramente 

En lo más alto de Granada se encuentra la abadía homónima y un grupo de casas cuevas donde han residido tradicionalmente la población gitana del lugar. Estas están realizadas al modo de las de Guadix (transformadas en su mayoría para el turismo rural) y en las de Granada hoy es normal encontrar espectáculos de flamenco organizados para el turismo. 

7.- Un paseo por la Carrera del Darro hasta el Corral del Carbón 

Desde la Plaza de Santa Ana, con su iglesia homónima se extiende la Carrera del Darro que no es más que el surco del río en mitad de la ciudad antigua. El hilo del agua, en los meses secos, es casi un riachuelo pedregoso nada más, pero con la suficiente fuerza para hacer crecer árboles de gran altura que confieren a toda la zona una poesía especial. En dirección hacia el Sacromonte te encuentras la puerta del Corral del Carbón. 

8.- También tienes que ver en Granada El Bañuelo  

Que está en la misma Carrera del Darro y que nos recuerda el gusto de la población musulmana por los hammam, un ingenioso sistema de piscinas con agua a distinta temperatura (fría, templada y caliente) beneficioso para la salud. Estos son del siglo XI y su techo abovedado está horadado con espacios en forma de estrella que dejaban pasar la luz. 

9.- No te olvides de la Casa de los Tiros, la Cancillería y el Museo Arqueológico

Son otros tres puntos que ver en Granada con más tiempo y para los amantes de la cultura y la historia.  

10.- Con más tiempo acércate hasta la Cartuja de Granada o la Huerta de San Vicente 

Ambas están en las afueras del circuito más conocido. La primera está levantada en un abigarrado estilo barroco que triunfó en la vecina Sevilla. La Huerta de San Vicente, hoy convertida en un parque, era la residencia de verano de uno de los granadinos más universales: el poeta Federico García Lorca. 

 

Datos prácticos a tener en cuenta en tu visita a Granada 

1.- El acceso al centro es complicado en coche, tanto que llega un momento que no puedes avanzar. Ten esto en cuenta a la hora de elegir un hotel. 

2.- Alrededor de la Plaza de Santa Ana hay múltiples restaurantes de todo tipo incluso de comida marroquí o cafés que recrean la estética árabe con danza del vientre incluida. 

3.- Prueba un hammam clásico para que la experiencia sea completa y te transportes a la época de la refinada (aunque no exenta de crueldad) corte nazarí con su cuidado del cuerpo y del aseo personal que era ajeno a otros grupos de población de su tiempo. 

4.- Si puedes permitírtelo, alójate en el Parador de Granada. ¿Por qué? Porque está en el mismísimo recinto de La Alhambra. Y eso ya es motivo suficiente para disfrutar del lugar cuando todos se han marchado. ¡Ojo! Solo puedes pasear por las afueras. Si tu cartera no te da para el capricho, siempre puedes disfrutar de un café en su patio ajardinado con vistas al Generalife.  

Aparte de la conocida Alhambra hay mucho que ver en Granada y también disfrutar con todos los sentidos, como durante su festival de teatro y danza que se monta cada verano en la ladera del Generalife. Es una ocasión única para acercarse a la hondura del flamenco, de la música mozárabe o de obras novedosas mientras sale La Luna por las montañas que rodean el último reino musulmán en Europa. 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

 

 

En el siglo XXI Tirant lo Blanc (su título en valenciano) está considerada una de las novelas modernas de Europa. Sin embargo, al juzgar por las primeras ediciones que se realizaron, no tuvo el favor del público de la época. Traducida al castellano como Tirante el Blanco, la novela fue conocida de los dos grandes de la literatura universal: William Shakespeare y Miguel de Cervantes. Es más, el español en su gran obra, Don Quijote de la Mancha, le da tal trato de favor que la salva, junto con el Amadís de Gaula, de la quema a la que es condenada la biblioteca de Alonso Quijano.  

“[Es] por su estilo el mejor libro del mundo… aquí comen los caballeros y duermen, y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros deste género carecen.”

Y esa consideración va en línea con las palabras de dos grandes de la filología castellana: Menéndez Pelayo y Dámaso Alonso. Olvidada durante largo tiempo, a raíz de las ediciones realizadas en la primera mitad del siglo XX, Tirant lo Blanc ha vuelto a los estantes de los estudiosos y los aficionados a la literatura. En una carambola de la historia, el nombre de este caballero que lucha contra los turcos comenzó a ser tan conocido en las últimas décadas que en la de los noventa se convirtió en un juego de rol.  

Joanot Martorell, autor del Tirant lo Blanc

Poco se sabe de la vida de su autor Joanot Martorell y menos de Martí Joan de Galba que aparece en la primera edición como el continuador o editor del libro cuarto de la misma. La crítica, al día de hoy, no se pone de acuerdo en el papel de este último y los estudios recientes consideran que el Tirant lo Blanc fue una invención en exclusiva del caballero (que ese era su título) Joanot Martorell.  

Probablemente, nació en 1410 en Valencia y murió en la misma ciudad en abril de 1465 totalmente arruinado. Se sabe que su familia estaba relacionada con la corte real valenciana y que viajó buscando aventuras casi (como un caballero andante) a Inglaterra, Nápoles y Portugal donde se relacionó con la corte. Aunque luchó como soldado, se han conservado cartas y documentos en los que se vislumbra el afán de Joanot Martorell por los pleitos y duelos caballerescos. Murió arruinado y sin hijos (tampoco hay constancia de que contrajera matrimonio) sin llegar a ver impresa su gran obra, la misma que fue del agrado de la crítica siglos después.  

Ediciones y popularidad del Tirant lo Blanc 

1.- La primera edición se realizó en Valencia y en valenciano en 1490 de la que solo se conserva un puñado de ejemplares, convirtiéndose en uno de los libros más raros y codiciados del mundo. En esta lengua tuvo dos ediciones más en el siglo XV.  

2.- Al castellano fue traducida y editada en 1511 en Valladolid para ser olvidada al instante. 

3.- La italiana (vertida desde el castellano y no desde el valenciano) se realizó en Venecia en 1538 para también olvidarse inmediatamente.  

4.- Al francés ni siquiera se llegó a editar y lo que circuló fue una versión reducida y adaptada de mediados del siglo XVIII que tampoco tuvo el favor del público de la época. 

Tanto Dámaso Alonso como Menéndez Pelayo consideran que el Tirant lo Blanc fue una obra adelantada a los gustos de su tiempo, tan novedosa en su concepción y con un lenguaje tan fresco que hizo que no gustara entre los lectores de la recién estrenada literatura renacentista. Sin embargo, sí tuvo la consideración de los grandes literatos que lograron ver la grandeza que hay en ella.  

Tirant lo Blanc y las novelas de caballería  

Entonces, ¿es Tirant lo Blanc una más de las novelas de caballería que tan populares fueron? Los estudiosos se inclinan por considerarla más bien una historia de aventuras protagonizada por un caballero más que otro título más (afortunado y grandioso) del género.

Tirant lo Blanc narra las aventuras del caballero homónimo en su defensa de la fe cristiana contra los turcos. Enamorado de Carmesina, no se asiste a la relación platónica e idealizada propia del género caballeresco que encandiló a todo tipo de lectores, desde los más sencillos hasta la representante de la mejor literatura mística: Santa Teresa de Jesús

Como hay en ella bastante diferencias con las características de las novelas de caballería principales, es una obra tan difícil de encasillar que se duda, incluso, que pertenezca al género. Resumiendo mucho, hay cuatro grandes líneas distintivas que la apartan de las convencionales. Son, a saber: 

  1. El realismo del Tirant lo Blanc frente al mundo de fantasía de los libros de caballería  

Tirant lo Blanc es un capitán con unos ideales y una meta fija: luchar contra los turcos y defender la religión cristiana.  No sale a buscar aventuras sin ton ni son abanderando una justicia etérea. Cuando vence lo hace por su astucia, inteligencia y sentido práctico de la guerra y sus innumerables batallas. Por tanto, en la obra no aparecen esos magos todopoderosos, dragones voladores, hechiceras que confunden o castillos encantados que pueblan de principio a fin las novelas de caballería.  

  1. La crudeza de la narración frente al idealismo de la mayoría de las novelas caballerescas

Al hilo de lo anterior, y sin obviar la fluidez del lenguaje en el que está escrita, Tirant lo Blanc deja aparcado cualquier idealismo y las escenas son narradas con todo detalle y realismo. Por tanto, deja abierta la puerta para presentar escenas de crudeza (en todos los sentidos) que son impensables en el mundo estilizado de los caballeros andantes dechados de virtudes sobrehumanas. Tirant lo Blanc, aunque es un héroe aventurero, está presentado en su completa humanidad.  

  1. Tirant lo Blanc presenta un amor sensual distinto al idealizado de otras obras similares

Con unas escenas que han sido descritas incluso rozando lo pornográfico. Si bien, El Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita ya había introducido el tema en la literatura anterior, no era lo frecuente en la época y mucho menos en los libros de caballería con su idolatría de amor platónico. 

  1. El leguaje de Tirant lo Blanc se distancia de las del género

Llega, incluso, a adelantar algunos aspectos del realismo literario predominante siglos más tarde con una profusión de descripciones y un gusto por los detalles. Eso no quita para que la obra se haga pesada. Es todo lo contrario, ya que hace gala de una musicalidad difícil de encontrar en la literatura de la época. Además, el autor del Tirant lo Blanc no se toma tan en serio el hecho de poner una palabra tras otra y es frecuente el tono burlón y la fina ironía a la hora de narrar, contar o describir pasajes o hechos. Todo ello contrasta con la grandilocuencia (que puede llegar hasta un amago de impostura cuando se hace extrema) de la gran mayoría de las novelas de caballería que hicieron las delicias de los lectores de la época. Esa naturalidad hace única la obra.  

Es curioso que Tirant lo Blanc, considerada hoy una de las grandes obras literarias europeas,  tuviera tan poca acogida entre el público de su época. Es lo que tiene adelantarse a los tiempos por genios que mueren solos, incomprendidos y en la ruina tal cual pasó con su autor, Joanot Martorell.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

  

Paseábase el rey moro        por la ciudad de Granada,

Desde la puerta de Elvira     hasta la de Vivarrambla,

¡Ay de mi Alhama! 

Cartas le fueron venidas      que Alhama era ganada;

Las cartas echó al fuego     y  el mensajero matara.

¡Ay de mi Alhama! 

Con este sentimiento canta un poeta cristiano del romancero viejo el dolor del último rey moro ante la antesala de la pérdida de Granada. Para el ejército que tomó el último reducto musulmán de la Península Ibérica en 1492 la ciudad de La Alhambra era la simbolización perfecta del refinamiento, de la suntuosidad y hasta de la caballerosidad y el conocimiento. La Alhambra fue una auténtica ciudad fortificada, deslumbrante en tierra roja y recogida en ella misma. Desde las torres y miradores se cuidaba de la vasta vega, de la montaña, de las casas blancas apiñadas en el Albaicín… Ese era el mundo de fuera, el que se encontraba más allá de la alcazaba. El de dentro era la Alhambra con sus fuentes, sus salones en yeserías, sus jardines y ese palacio de verano situado en lo más alto conocido como el Generalife. La pérdida de tal lugar solo podía desembocar en lágrimas amargas tal como cuenta la leyenda. Siglos más tarde, el emplazamiento (a pesar de su abandono) hizo las delicias de los viajeros del Grand Tour con Washington Irving y sus Leyendas de la Alhambra a la cabeza seguido por Chateaubriand y El último Abencerraje

Visitar la Alhambra en el siglo XXI  

Levantada durante los reinados de Ismael I, Yusuf I y Mohamed V, el reciento que hoy conocemos ha sufrido modificaciones a los largo de los siglos. La más intrusiva es el Palacio de Carlos V de forma circular y siguiendo un sobrio estilo del primer Renacimiento y la iglesia de Santa María de la Alhambra. Ambos se encuentran en el camino que une la alcazaba y palacios nazaríes con el actual Parador de Granada (antiguo convento de San Francisco) y la entrada a los jardines del Generalife.  

La Alhambra es una ciudad dentro de una ciudad y a ella solo se llega a pie o con transporte público. No intentes alcanzarla con tu coche porque una barrera, como antaño, te lo impedirá. Independientemente de los jardines del Generalife que han merecido artículo aparte, de aquí no te puedes ir sin haber disfrutado de las siguientes estancias (todas ellas, afortunadamente) bien señalizadas.  

La Alhambra 1JPG

1.- Patio de los Arrayanes por donde comienza la visita de La Alhambra. Su gran estanque central tenía en tiempos fines prácticos. Hoy está bordeado de mirtos olorosos y en él se refleja la edificación alrededor con un triple cuerpo porticado en un lado y la fuente que surte la piscina al otro.  

2.- Salón de los Embajadores en un brillante color dorado adornado con yeserías y con un impresionante techo que representa los siete cielos del Islam.  

3.- La Sala del Mexuar de menor tamaño donde se recibía tanto a embajadores como a ministros o  a la población. Se terminó de decorar en 1365.  

4.- La Sala de los Abencerrajes también tiene una construcción simbólica ya que la estrella geométrica que representa alude al teorema de Pitágoras. Fue aquí, según la leyenda, donde el celoso rey Boabil dio muerte a más de treinta miembros de la familia de los Abencerraje mientras celebraban un banquete. Con ellos murió la reina Morayma a quien se le acusó de deslealtad, conspiración e infidelidad. Boabdil, acosado por las tropas cristianas que avanzaban inexorablemente hacia Granada se dejó llevar por las conspiraciones de la corte dando muerte al mismo clan que había ayudado a su padre tiempos atrás. Las crónicas cuentan que las fuentes manaron sangre durante días tal fue la magnitud de la escabechina. 

5.- La Sala de los Reyes se utilizó para banquetes y comilonas debidamente amueblada y decorada suntuosamente. 

6.- La Sala de las Dos Hemanas es la última gran construcción dentro del recinto palaciego de La Alhambra. 

7.- El jardín de Lindaraja con grandes cipreses rodean las habitaciones donde se hospedó Washington Irving y los baños reales desarrollados como los hamman tradicionales con piscinas a distintas temperaturas. 

La Alhambra 4

8.- El Palacete del Partal es la construcción que rodea a los jardines homónimos que se desarrollan a través de estanques y piscinas. En ellos existen construcciones y miradores que se asoman a la vega granadina y al Albaicín. El empuje de los adictos a Instagram es menor en estas zonas. Así que puedes estar con más tranquilidad regodeándote en esta exuberante belleza.  

9.- La alcazaba que es la gran muralla defensiva que rodea a la Alhambra y donde aún pueden verse los cimientos de las viviendas del servicio. 

la Alhambra 3 

10.- El maravilloso y fotogénico Patio de los Leones, la gran maravilla de la Alhambra con su fuente central representando los cuatro ríos del Paraíso y adornado con arcadas y columnas ricas en yesería. En total hay 124 columnas alrededor de un patio cuadrado del que sale por cada uno de sus lados una fuente que desemboca o se se nutre de la central adornada con estos animales (en total son 12) de importante carga simbólica, ya que representan la majestad, el poder y la fortaleza. La luminosidad del patio es tal que es difícil, a veces, abrir los ojos. Y las columnas están dispuestas de tal manera que nos hacen creer que el patio se multiplica y se reproduce, como los ríos de la vida, más allá de sus muros. 

Patio de los Leones en la Alhambra 

Guía práctica para visitar la Alhambra

1.- Junto con el Generalife está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y es objeto de deseo de visitantes de todo el mundo sin excepción. 

2.- Por eso, tiene una fuerte demanda que se traduce en dificultad para conseguir entradas. 

3.- Aunque hay empresas que hacen rutas guiadas, los viajeros más libertarios (entre los que me incluyo) pueden hacer la visita por libre. En este caso, lo más sensato es comprar las entradas directamente en la web del Patronato con antelación al viaje. Intentar hacerlo en taquilla es arriesgarse a volverse con la frustración de no haber podido disfrutar de esta maravilla artística. 

4.- Todos los recintos se pueden visitar libremente y sin horario (sí se indica el día) a excepción de los palacios nazaríes que se rige por entradas férreas cada media hora. 

5.- Una vez has pasado por las distintas estancias no puedes volver atrás. Detente todo lo que quieras. 

6.- Existen visitas nocturnas cuya experiencia llega a ser memorable. 

7.- Acuérdate de que el acceso es a pie o en transporte público. 

8.- La Alhambra está adaptada para personas de movilidad reducida.  

Una vez has terminado tu paseo por la Alhambra, última residencia de los reyes nazaríes del antiguo Al-Andalus puedes perderte por las sendas que unen las entradas con el Palacio de Carlos V o el Parador de Granada. Aunque no son muchas, puedes encontrar algunas tiendas con cerámica autóctona que recuerdan los maravillosos azulejos que decoran algunas de las estancias del palacio junto con las puertas finamente labradas, las fuentes de agua cantarina, el uso aromático de plantas autóctonas y los trabajos de yesería que han dado fama a este entorno único en el mundo.  

Texto y fotos por Candela Vizcaíno

 

 

El Amadís de Gaula responde al prototipo y características de las novelas de caballería que fueron tan populares a partir del siglo XV. Tanto fue así que autores tan alejados del género, como San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús, pertenecientes a la mística literaria no tuvieron empacho en reconocer su gusto por ellas. Considerada por la crítica el cenit de las obras de este estilo,  el Amadís de Gaula se salva del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote redundando en este juicio: 

“Es el mejor de todos los libros desde género que se han compuesto”  

Y el criterio de Cervantes no se ha movido a lo largo de los siglos. El ideal caballeresco donde un héroe individual sale en busca de justicia sin un plan establecido ofreciendo todas sus victorias a una dama se cumple punto por punto en esta saga literaria. Las novelas de caballería escritas en prosa y en lengua romance tienen un alto contenido de fantasía y de ficción que choca con el gusto por los cantares de gesta con historias tan realistas que se han considerado que fueron los periódicos de la época. Sin embargo, ambas fórmulas literarias tuvieron el favor del público. 

Orígenes de Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo 

Sin embargo, las novelas de caballería se extienden paralelamente al avance de la imprenta, de la burguesía y de una aristocracia refinada que dejó los modales rudos aparcados. Son obras para ser leídas de manera individual y apelan a un público más cultivado que se sacudía poco a poco el analfabetismo endémico con el que había tenido que convivir todos los autores de la Edad Media

La crítica considera que el Amadís de Gaula fue escrito alrededor de 1492, aunque la primera edición de la que disponemos data de 1508 y está impresa en Zaragoza. Está firmada por Garci Rodríguez de Montalvo del que poco o nada se sabe. A igual que sucede con el Cantar del Mío Cid, los especialistas no se ponen de acuerda en considerar a Garci Rodríguez de Montalvo un mero compilador de las tramas, su verdadero autor o, simplemente, alguien que traduce del francés (de donde, al parecer, procede la historia) resumiendo, paralelamente, la narración original. En palabras de J.L. Alborg: 

“Se desconoce, sin embargo, la fecha de la primera redacción, pero puede afirmarse con seguridad que existía antes de 1325”. 

 ¿Es Garci Rodríguez de Montalvo el autor del Amadís de Gaula? 

Por las referencias escritas (aunque no se hayan conservado ninguna de las ediciones de la obra) se tiene constancia de las aventuras del personaje en la primera mitad del siglo XIV. Por si fuera poco, tampoco hay acuerdo sobre la lengua romance de origen. Teorías hay que señalan la paternidad del texto a la literatura portuguesa o a la francesa (más factible) y es difícil que esta historia repleta de dragones, castillos encantados, magos de sabiduría inmensa y protagonistas con virtudes tan excelsas que no se encuentran en el género humano haya sido inventada al 100% por autor español, cuando una de las características de la literatura medieval en castellano es su apego al realismo.  

De Garci Rodríguez de Montalvo poco o nada se sabe más allá de que era regidor de Medina del Campo, que había servido como soldado y, por tanto, estaba imbuido de todo el ideal caballeresco. En el mismo prólogo dice que escribió la obra en la vejez, aunque la mayoría de los investigadores se inclinan por pensar que fue un resumen lo que hizo más que una novela de su invención. De hecho, reconoce que el texto que se edita fue producto de varios autores y que él solo se dedicó a enmendar, trasladar (traducir) y corregir los tres primeros libros mientras que el cuarto (Sergas de Esplandián) fue añadido sin especificar qué significa ese anexo. ¿Es creación o acaso simplemente se aumentaron las aventuras de Amadís con otras historias que circulaban en la época? Por tanto, tampoco está claro que esta saga con las aventuras del hijo de Amadís de Gaula sea de su invención y la crítica se inclina últimamente a considerarla más bien un anexo de una historia que ya circulaba por Europa.  

Resumen de Amadís de Gaula

Amadís es el fruto de amores prohibidos reales. Su padre es el Rey Perión de Gaula cuya toponimia exacta es difícil de localizar al día de hoy y su madre es Elisenda de Inglaterra. Parte de los paisajes que se describen en la obra pueden corresponder a los típicos de lo que hoy conocemos como Gran Bretaña. Su madre, para esconder esta relación, decide deshacerse del niño nada más nacer, el cual (como Moisés) es arrojado al río encerrado en una caja. De aquí es rescatado y criado por Gandales de Escocia que lo introduce en los ideales caballerescos. Siendo muy joven se enamora de Oriana, princesa de Gran Bretaña y a ella le dedica todas sus conquistas, aventuras y la justicia conseguida en sus correrías.  Una vez armado caballero es reconocido por sus padres (y con ello que es de sangre real) dando comienzo sus aventuras. 

Amadís es encantado y desencantado. Pelea con su hermano y es sometido a mil y una pruebas para demostrar que sus virtudes son tan sobresalientes que merece la mano de Oriana. Lucha con dragones y hace penitencia. Todos estos pesares son recompensados con la mano de la dama, premio final de sus trabajos. El Amadís de Gaula, además, está intercalado por otras historias que ahondan en este ideal caballeresco de sed de justicia en un mundo de fantasía en donde conviven dragones, magos, hechiceros y palacios encantados.  

El estilo de Amadís de Gaula 

1.- Como todas las novelas de caballería, el Amadís de Gaula pertenece a un género fantástico de brujas, magos, encantamientos y monstruos. 

2.- Los personajes son presentados como espíritus de bondad pura y sed de justicia perfecta o, por el contrario, como seres malvados acosados por todos los vicios posibles. Por eso Amadís, siguiendo el ideal caballeresco, es un héroe inmaculado que nunca duda en hacer el bien ni se tambalea ante sus convicciones. 

3.- Ni el Amadís de Gaula ni el resto de las novelas de caballería pueden catalogarse como literatura épica porque, si bien nos topamos a cada rato con batallas y obstáculos a superar, todo ello está adornado con personajes irreales que no corresponden a un género en el que la fortaleza, valentía o astucia son los adornos del héroe. Recordemos que Amadís de Gaula recibe ayuda de personajes sobrenaturales las más de las veces y su esfuerzo no es comparable con el que realizan los héroes típicamente épicos. 

4.- Por otro lado, la obra está pergeñada de un sentimentalismo importante siguiendo la estela del amor cortés platónico que, en ningún momento, deja entrever cualquier mínima deslealtad o cuestionamiento por parte del héroe. 

5.- Amadís representa el perfecto caballero de los nuevos ideales que iban instalándose en cortes y palacios de toda Europa. Nada en él recuerda a la rudeza de la Edad Media y su modelo de comportamiento va a influir en los lectores de la obra impregnándolos de un desconocido (hasta la fecha) sentido de la aristocracia. Así y siguiendo esta línea, Menéndez Pelayo indica: 

“De aquí que su libro adquiera tan alto valor didáctico y social y se convirtiera en el código de honor para varias generaciones, manual de buen tono, oráculo de elegante conversación y repertorio de buenas maneras. Ni siquiera El Cortesano de Castiglione le arrebató de todo esta palma”. 

Difusión, imitadores y sagas de Amadís de Gaula

Pocas oportunidades de evasión se encuentra en la literatura medieval en castellano. Quizás esta fuera una de las razones por las que el Amadís de Gaula y todos los libros de caballería que surgieron en la época tuvieran tanto éxito. 

1.- La primera historia de la saga son las “Sergas de Esplandián”, hijo de Amadís que la mayoría de la crítica consideraba que era una invención de Garci Rodríguez de Montalvo aunque, al día de hoy, se duda de este extremo. 

2.- Fue traducido en repetidas ocasiones al italiano y al francés. Y antes de que se volcaran a estas lenguas romances circularon copias en castellano. Eso provocó que el Amadís de Gaula se populariza en extremo. 

3.- A mediados del siglo XV apareció en París Le Trésor des livres de Amadís, con un resumen de sus gestas. Tuvo también una amplia difusión en Holanda e Inglaterra. 

4.- Tal éxito hizo aflorar los imitadores. Páez de Rivera escribió la continuación de las aventuras de Esplandián. Un poco más tarde apareció un nuevo personaje: el nieto de Amadís de Gaula e hijo de Esplandián, Lisuarte de Grecia. 

5.- Juan Díaz compuso un octavo libro donde el héroe muere de viajo. Parece que esto no gustó al público ya que es resucitado en un nuevo libro escrito por Feliciano de Silva.

6.- La saga se completa con la serie de palmerines: Palmerín de Inglaterra el más famoso, Pimaleón y Palmerín de Oliva. 

Amadís de Gaula, en definitiva, junto con Tirant lo Blanc (aunque este está escrito en valenciano) son los mejores libros de caballería de un género tan popular que forjó la base de la gran novela en castellano: Don Quijote de la Mancha. En la quema y escrutinio de la biblioteca del famoso hidalgo ambos se salvan de las llamas. Los demás no merecían traspasar las brumas del tiempo a decir de Cervantes. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

Al-Andalus era el Paraíso y  Yan-nat-al-Arif (que de aquí proviene Generalife) se puede traducir como Jardín del Alto Paraíso. Y todas estas alusiones al Edén en la tierra se explica cuando se visitan los actuales jardines que bajan desde la muralla norte de La Alhambra de Granada formando un vergel de sombras y luces acompañados por el aroma del tomillo y el romero. 

En el siglo XIII comenzó a construirse este bello vergel en el que el agua resuena cantarina entre caminos de cipreses, murallas de plantas aromáticas, rosas de todos los colores y acequias que aprovechan el desnivel de la ladera para crear una fronda de sombra y luz. Por aquí pasaron poetas del Grand Tour mientras que algún que otro bardo tuvo una inspiración feliz o se nos antoja a Federico García Lorca perdido entre sus laureles.  Las leyendas llegan hasta la corte nazarí cuando, a los pies de hoy un centenario ciprés, se daba cita la última reina mora de Granada con su fornido amante cuya deslealtad se pagó con la muerte de ambos y la familia del atrevido muchacho. Hoy los Jardines de El Generalife forman parte de el conjunto monumental de La Alhambra, la ciudad roja, mora y exquisita (aunque no exenta de crueldad) que domina Granada. 

Cómo son los Jardines del Generalife 

En esencia, este conjunto de construcción, acequias, fuentes a ras de suelo, caminos de cipreses, setos recortados y flores aromáticas era un palacio de verano. Cuando llegaba el estío los reyes nazaríes que dominaron Granada hasta 1492 se trasladaban hasta aquí para disfrutar del frescor, el rumor del agua y descansar de guerras, intrigas y conspiraciones. Aunque las edificaciones hoy luzcan vacías y sencillas con sus yeserías y paredes encaladas, en los tiempos de los reinos árabes de Granada se vestían suntuosamente. Hasta aquí se trasladaban muebles, alfombras y menaje que hicieran agradable y cómoda la estancia. 

Generalife 1

Los Jardines del Generalife no estaban diseñados solamente para el solaz ya que gran parte de ellos estaban formados por huertas e, incluso, por pequeños campos de cultivo de cereales. Únicamente una parte estaba pensada para el regocijo de la corte musulmana con sus cipreses, flores, acequias y caminos. 

Y el agua es el gran protagonista de estos jardines que están construidos en distintos niveles para aprovechar la caída del líquido elemento de fuente en fuente, de acequia en acequia. Con este sistema rudimentario y ayudados por una noria (aún existen algunas semejantes de la época en el Guadalquivir a su paso por Córdoba) se conseguía regar una amplia zona.  

Desde aquí, además, se divisaban y se divisan aún la ciudad de Granada (el Albaicín de casas blancas y tejados rojos), la corte palaciega de La Alhambra, las murallas de La Alcazaba e, incluso, perdiéndose por entre sus escalones se tienen vistas distintas del Patio de la Acequia, eje central de los Jardines de El Generalife. 

El visitante contemporáneo no encontrará aquí la monumentalidad de otros jardines famosos (como pudieran ser Versalles o los Bóboli de Florencia por poner solo dos ejemplos de los más conocidos). En el del Generalife todo está realizado a escala humana. Las pequeñas fuentes de mármol blanco brotan a ras del suelo. El enlosado es de barro pulido. No hay esculturas ni apenas adornos artísticos como corresponde a la cosmovisión musulmana. Los Jardines del Generalife deben su belleza a una mezcla del rumor del agua, al juego de luces y sombras, al aroma de las plantas aromáticas y a la brisa que llega de las montañas atravesando Granada. Es, en definitiva, un jardín que apela a todos los sentidos. 

Guía básica de visita de los Jardines del Generalife 

Aunque el acceso está señalizado, puedes perderte por su laberinto de patios, acequias y setos. Por eso, ten en mente siempre que:  

1.- El patio del Generalife es la puerta de entrada a este vergel y aquí destaca su fuente en forma de estrella de David. 

2.- El camino de acceso (a través de las acequias y fuentes que desembocan en el Patio de la Acequia) es distinto al de salida (a través de la senda de los cipreses). 

3.- El Patio de la Acequia (cuya foto encabeza el reportaje) es el eje central de El Generalife y en sus básicas construcciones se acomodaba la corte nazarí durante el verano. 

Generalife 6

4.- Alrededor de este patio alargado hay otros jardines (más modernos) con vistas hacia La Alhambra o Granada que se han convertido en un puro verdor de sombra y luz. 

5.- En un rincón casi escondido te encuentras la escalera del agua cuyos pasamanos dejan correr un hilo del líquido elemento. Te lo puedes perder y es todo un placer sentarse a escuchar el rumor en esta zona perfectamente encalada. 

6.- Los jardines altos ofrecen vistas hacia el Patio de la Acequia y solo son accesibles mediante escaleras. 

7.- El patio de la sultana con su alberca parada nos recuerda la leyenda de la última reina mora Zoraya, enamorada de un príncipe Abencerraje. Tal romance llegó a oídos del último rey de Granada, Boabil, acosado por el avance de las tropas cristianas y temiendo (como así sucedió) la pérdida de la bella Granada. La deslealtad se pagó cara ya que la reina, su amante y treinta miembros de la familia de este fueron acusados de conspiración y decapitados en la sala de La Alhambra que lleva su nombre. 

8.- En verano, en la zona de acceso se instala un escenario para celebrar el Festival de Teatro y Danza donde se dan cita lo más granado del flamenco andaluz entre otras primeras figuras nacionales e internacionales.

Las funciones son al caer la tarde y es otra manera de adentrarse en estos maravillosos jardines que hicieron derramar lágrimas a reyes por su pérdida y fueron inspiración para todo aquel poeta que tuvo la suerte de perderse entre sus rincones.  

Datos prácticos para acceder a los Jardines del Generalife

1.- El acceso está bien señalizado aunque a la ciudad palatina no se puede llegar en coche particular. Hay que andar (subiendo una empinada cuesta) o tomar transporte público (taxi o autobús). 

2.- La visita para personas con movilidad reducida está muy complicada porque las escaleras no han sido salvadas con rampas y los jardines están diseñados en múltiples niveles. 

3.- En verano puede hacer calor sofocante en las horas centrales del día. 

4.- La Alhambra y El Generalife son Patrimonio de la Humanidad y objeto de deseo de viajeros de todo el mundo. Evita los días o temporadas de mayor afluencia. 

5.- Puedes estar todo el tiempo que quieras y no hay hora para su visita (sí se fija el día en la entrada) pero, una vez, que has hecho el recorrido no puedes dar marcha atrás. Practica el silencio y la lentitud para disfrutarlo a tope. 

6.- Compras las entradas en la web oficial del Patronato. Es la única que te ofrece garantías al 100% y visita por libre. La mayoría de páginas “venden” visitas guiadas. Los Jardines del Generalife se pueden disfrutar sin necesidad de que te expliquen cualquier rincón. Todo dependerá de tus gustos. Reconozco que soy una libertaria en este sentido. 

7.- Si puedes, alójate, come o, al menos, tómate un café en el Parador de Granada. Su patio cubierto con enredaderas donde también se escucha el rumor del agua, tiene vistas a este maravilloso palacio de verano.  

Los Jardines de El Generalife son ese regalo para los sentidos que nos legaron los musulmanes del último reino de Granada. Paseando entre sus setos y caminos nos hacemos una idea del refinamiento de una corte única en Europa. 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

Generalife 7

Las novelas de caballería llegaron a tener tal éxito durante el siglo XV y posteriores que no hay escritor de la época que no las conociera o estuviera imbuido de sus principios, valores y aventuras. Así eran y así nos han llegado. 

Definición de las novelas de caballería

Pertenecen al género narrativo en prosa y surgen en el siglo XV superando todas las características de la literatura medieval pero aún sin entrar en la literatura renacentista. En ellas se narran (en lengua romance) las aventuras de un caballero solitario, dechado de virtudes, nobleza y arrojo en busca de aventuras (sin ton ni son y esperando que le salgan al paso) con el objetivo indiscriminado de hacer justicia. Este caballero ofrece todas sus victorias y hazañas a una dama objeto fiel de su amor. 

En contraposición a los cantares de gesta medievales, las aventuras épicas que se narran en las novelas de caballería no son reales y el periplo al completo de estos héroes, adornados con valores sobrehumanos casi, acaecen en escenarios de fantasía. Tanto es así que apenas se puede reconocer la toponimia descrita mientras dragones, magos, hechiceras y castillos encantados salen al paso del héroe.   

Origen de las novelas de caballería en castellano

Aunque los pocos ejemplos de cantares de gesta en verso de los que tenemos conocimiento pudieran ser el sustrato de las novelas de caballería, la crítica ha señalado un origen francés de las mismas. En la épica medieval gala los héroes no están presentados de una manera realista ni tan humanizados como en la castellana. En ella aparecen todos los elementos y características de estas obras y, con todo probabilidad, de Francia se importaron a todo el territorio español y gran parte del europeo. 

De hecho algunas tramas en castellano están calcadas de homólogas francesas y los héroes se repiten en distintas literaturas romances. Esto supuso  (justo cuando se abandonaban los libros medievales manuscritos y comenzaba la imprenta con el aumento exponencial de lectores) que se convirtieran en tremendamente populares en la época. Tanto fue así que autores muy alejados del género, como pudiera ser Santa Teresa de Jesús cuya obra pertenece a la mística literaria, no tuvieron empacho en reconocer su afición a las novelas de caballería. Y sin ir más lejos, Don Quijote, la gran obra narrativa de la humanidad casi, es una burla de las increíbles e imaginarias hazañas de estos héroes que sobrepasan todos los parámetros de las virtudes humanas.  

Por otro lado, las novelas de caballería en castellano surgen cuando se da una situación sociocultural propicia. El siglo XV supuso un cambio de cosmovisión entre la nobleza, enfrascada como en toda la Edad Media, en guerras fratricidas pero haciendo gala de una forma de estar alejada de la rudeza de los siglos posteriores. La monarquía va perdiendo poder y se van abandonando las grandes empresas militares hasta que son retomadas por los Reyes Católicos (la toma de Granada o la búsqueda de nuevos mundos). En esta situación, una aristocracia cultivada que conocía las letras, la historia y la filosofía (recordemos al marqués de Santillana o a don Juan Manuel por poner solo dos casos) se entretiene con el refinamiento palaciego. En este sentido, en los castillos y en las residencias nobiliarias se preparan justas poéticas, lecturas de obras antiguas, torneos deportivos o miles de juegos de ingenio. En este relajamiento de las costumbres (comparado con la dura Edad Media) nacen las novelas de caballería en castellano.  

Características de la novela de caballería principales

Dicho esto, podemos inferir algunas de las características de las novelas caballería simplemente por la descripción y formulación de las mismas. Aún así recordemos los puntos que las hacen única. 

1.- Las novelas de caballería están escritas en prosa y en lengua romance 

Si bien los pocos ejemplos de cantares de gesta que nos han llegado pudieran hacernos creer que están en el origen del género, estos son tan distintos entre sí que muy poco tienen en común. Nacen en prosa en las distintas lenguas romances que se iban afianzando en toda Europa tras arrinconar el latín a las altas esferas de intelectuales. Y, además, son libros para ser leídos, abandonando, por tanto, el carácter oral de la literatura popular medieval.  

2.- Están conformadas por ciclos larguísimos

Las novelas de caballería la forman páginas y páginas de aventuras sobrenaturales de héroes todopoderosos que ni envejecen ni se cansan ni viven nada parecido a las penas y alegrías humanas. Estas historias se iban completando, además, con tramas intercaladas de personajes secundarios. Y por si fuera poco, las aventuras iban colmando el afán lector de la época con nuevos argumentos de personajes asociados. Estos pudieran ser compañeros de batallas, amigos de la infancia, hijos o nietos de los héroes principales.  

3.- Una de las características principales de las novelas de caballería es la fantasía y las tramas imaginadas

Si por algo se caracteriza la literatura española de todos los tiempos es por su realismo, tanto que en castellano apenas hay historias en las que predominen magos de gran sabiduría, hechiceros con encantamientos, animales fantásticos imposibles de encontrar en la naturaleza, dragones destructores o lugares ocupados por ánimas o espíritus. Tanto los cantares de gesta como la producción del mester de clerecía baja a la realidad de la cotidianidad (y los milagros para la población medieval estaban en ese plano, según su cosmovisión). Para encontrar una de las más importantes características de las novelas de caballería (la imaginación y la fantasía) en la literatura posterior habría que esperar al romanticismo literario con su gusto por las historias de brujas, aparecidos, ruinas, tormentas y seres del otro lado de las cosas.  

4.- Paralelamente los héroes son presentados de una manera idealizada en extremo 

Esta falta de realismo no solo aparece en las tramas o en los emplazamientos (que son imposibles de ubicar) sino también en la personalidad de sus protagonistas. No son ya campeones de la guerra (como el Rodrigo Díaz de Vivar del Cantar del Mío Cid) que muestran sus pesares humanos a la par que se hacen con la victoria debido a arrojo, inteligencia o astucia. Por el contrario, los héroes de las novelas de caballería son un dechado de virtudes tal que a ellos no les afecta ni el frío de las nieves ni el calor del sol. Cualquier sentimiento o querencia que no esté en un nivel muy alto de espiritualidad le son ajenas y desconocidas. Tanto es así que (no sin una buena dosis de ironía) en el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote el Tirant lo Blanc se salva porque: 

“Aquí comen los caballeros y duermen, y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros deste género carecen”.  

5.- Otra de las características de las novelas de caballería principales es el canto al amor

Y es un amor concreto a una dama a la cual se homenajea constantemente y se entrega como tributo de fidelidad y entrega las victorias de todas las batallas. A igual que el caballero, estas damas aparecen idealizadas en extremo inasequibles al desgaste de la soledad o a la espera eterna de un héroe enfrascado en hacer un mundo mejor fuera de su castillo. Hasta la aparición del género, el amor en la literatura castellana era presentado de una forma más general (a la patria, a la religión, a la familia, al rey…) o de un modo más sensual o heterodoxo cuyo ejemplo más sublime es el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Sin embargo, en las novelas de caballería no hay lugar para la traición, la burla, el engaño o el deseo carnal. Todo en estas obras es de un platonismo nivel sublime.  

6.- Son las primeras obras en lengua romance concebidas para el puro entretenimiento 

Porque si bien las obras del mester de juglaría estaban también diseñadas para el ocio, los cantares que nos han llegado manifiestan una realidad y verosimilitud que se asemeja (con sus salvedades) a la prensa contemporánea. Los oyentes de estos poemas querían saber de las aventuras reales de los guerreros de la época. Un dragón, un mago hechicero o un encantamiento que hace volar ejércitos por los aires no sería aceptado de ninguna manera. Sin embargo, el siglo XV ya demandaba esta fantasía y el lector suscribía el pacto de ficción con naturalidad y gusto. 

7.- Nacen paralelamente a la imprenta y para ser leídas 

Gran parte de su auge se puede deber a las circunstancias alrededor. La población más pudiente abandona, no ya el analfabetismo, sino que se instruye de distintas formas, incluso estudiando en las incipientes universidades. Va avanzando la burguesía imponiendo una cosmovisión vital más centrada en el aquí y el ahora a la par que los goces de la vida comienzan a ser aceptados desde distintos puntos de vista.  

Además, la aparición de la imprenta supuso un cambio drástico en la propagación no solo de cualquier conocimiento sino también de todos y cada uno de los géneros literarios. Si los libros medievales de difícil ejecución se quedaban atrapados entre los muros de los monasterios, con la imprenta, las obras se producían a una velocidad nunca antes vista saciando la curiosidad de un número cada vez mayor de lectores. Esto supuso también que la literatura fuera abandonando paulatinamente su carácter oral para ser escuchada de forma colectiva y fuera adentrándose progresivamente en la lectura individual en solitario.  

8.- Tuvieron una gran influencia en la cultura de la época  

Todo ello supuso un cambio en la cosmovisión de la época a todos los niveles, ya que las novelas de caballería llegaron a todos los estratos de población. Se abandonan así los rigores de los héroes épicos de la primera Edad Media para resbalarse en un mundo ajeno, ameno y perfecto casi. La evasión estaba servida por tanto. 

9.- Otra de las características de las novelas de caballería es el ensalzamiento del ideal cortesano 

Porque críticos hay que defienden que estas obras influyeron con más fuerza en los modos y costumbres de la aristocracia de la época que los libros de comportamiento que nacieron paralelamente. Los ideales de virtud, arrojo, valentía, buenas maneras, modales exquisitos y un gusto por un corazón desprendido se expusieron en estos libros de caballería. El resultado fue que, de alguna manera u otra, esa gentileza (aunque fuera impostada) caló en la nobleza y en la alta sociedad de la época primero para ir llegando a todas las capas de la sociedad en última instancia.   

10.- El héroe de las novelas de caballería lucha por la gloria individual 

No es ya un capitán que dirige su ejército con un objetivo común ya fuera conquista de tierras o liberación de una religión ajena. El caballero de estos libros sale en solitario (con un escudero o un pequeño séquito) a deshacer esos entuertos que tanto gustaban a Don Quijote sin un rumbo fijo o estrategia marcada. Es un héroe que busca la gloria individual, ponerse a prueba constantemente y demostrar a la amada que es el más digno de ese admiración. Al paso le salen todo tipo de animales fantásticos, figuras fantasmagóricas, brujas o magos que unas veces le ayudan y otras veces se enfrentan. 

Ejemplos de novelas de caballerías más famosas

Se publicaron cientos de títulos en castellano y miles en toda Europa. A las aventuras de los héroes principales se les iba sumando las correrías del clan familiar, de los amigos o compañeros de alguna aventura creando sagas que se hacían casi infinitas. Por su calidad, señalo solo dos que, además, fueron las mismas que se salvaron de la quema de los libros de la biblioteca quijotesca. Con ese perdón, Cervantes reconoce la calidad de las mismas. 

1.- Amadís de Gaula, la mejor novela de caballería en castellano 

Aunque ni se saben los orígenes y también se duda de su autor, la crítica coloca el año 1492, el mismo de los descubrimientos, como el de su redacción. Sin embargo, la primera edición que nos ha llegado está impresa en Zaragoza en 1508 y el autor que aparece es Garci Rodríguez de Montalvo.  En la obra se narra las aventuras de Amadís, fruto de los amores prohibidos del rey Perión de Gaula con la princesa Elisena de Inglaterra. El joven presenta en sí todas las virtudes que adorna el ser humano en grado superlativo mientras que no le afecta ninguno de nuestros vicios. Sale en busca de justicia de una forma indefinida y su amor leal es para Oriana con quien logra casarse e, incluso, tener descendencia. Cervantes lo salva de la quema con el siguiente juicio: 

“Es el mejor de todos los libros que es género se han compuesto”.  

2.- Tirant Lo Blanc escrita en catalán y favorita de escritores y críticos

Y eso que no contó demasiado con el favor del público general, precisamente porque las aventuras del Tirant lo Blanc están narradas en un tono realista ajena al género. En esta obra, que fue traducida al francés y al italiano, se cuentan los avatares del capitán homónimo en su lucha contra los turcos. El idealismo (aún estando presente) está pergeñado con notas de la vida cotidiana y el héroe presentado de una manera humana (con sus pocos vicios y sus grandes virtudes).  

En definitiva, las novelas de caballería pueden considerarse el primer género en prosa de ficción de la literatura castellana. Su ambiente de fantasía y las virtudes sobrenaturales de sus protagonistas encandilaron a varias generaciones de lectores que se abrían a los descubrimientos y a la cosmovisión del Renacimiento.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

 

 

 

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