Candela Vizcaíno

Candela Vizcaíno

21 Febrero, 2021

Qué ver en Valencia

 

Podemos resumir todo lo que tienes que ver en Valencia en tres puntos. Y vamos a hacer un recorrido desde lo más reciente hasta lo que lleva con nosotros más siglos. Por eso, el primer emplazamiento que merece nuestra atención es la intervención a finales del siglo XX en los márgenes del río Turia. Esta se remató con la culminación de los edificios de corte futurista que se engloban en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Que su original estampa ha sustituido cualquier icono del pasado ningún valenciano o viajero lo pone en duda. El segundo eje es la Valencia del pasado que comienza con los primeras piedras de la Catedral para seguir por la Loja de la Seda y culminar en ese maravilloso edificio de corte modernista que es el Mercado Central. Se encuentran uno del otro a un corto paseo. Y un poco más retirado de este eje que se descubre caminando está el tercer punto que tienes que ver en Valencia o, mejor, disfrutarlo a tope: su naturaleza. Y esta llega a la apoteosis en la Albufera. Por supuesto, no nos olvidamos de las largas playas de arena de Valencia. ¿Comenzamos? 

Lo primero que tienes que ver en Valencia son sus intervenciones de las últimas décadas

Y esta, como he apuntado nada más empezar, gira alrededor de la Ciudad de las Artes y las Letras levantada alrededor de los jardines del río Turia que ha sido soterrado para evitar inundaciones. El agua es, por supuesto, protagonista pero también el juego de luces sobre unos edificios de corte tan futurista que, cuando se quiere hacer cualquier spot en el que lo novedoso tenga algo que ver, se elige este emplazamiento. ¿Y qué hay en este amplio lugar que se disfruta caminando? Anota: 

1.- El Oceonogràfic, primer lugar que ver en Valencia aunque no vayas con niños (aparece en todas las guías de los viajes familiares). Sencillamente, es uno de los mejores del mundo con varios espacios perfectamente delimitados según el hábitat de cada especie (desde los fríos de los polos hasta el calor sofocante de los trópicos). Cuidado, limpio, enorme y bien diseñado, se ha hecho famoso su túnel de los tiburones y su delfinario con varias exhibiciones al día. También nos encontramos aves, restaurantes, tiendas de recuerdos y sitios para descansar. Es tan interesante y entretenido que quizás te tires aquí un día entero. 

2.- En dirección hacia el centro de la ciudad vieja te encuentras el Museo de la Ciencia

El objetivo es que sea interactivo, con talleres para los más jóvenes para poner a prueba su pericia y su conocimiento de las leyes que rigen la naturaleza. 

3.- El Hemisfèric es un cine en 3D e IMAX.

4.- Las artes escénicas tienen una cita en el edificio contiguo: Palau de les Arts Reina Sofia

5.- Aunque se encuentra al otro lado de la avenida, en este tramo, nos topamos también con el Museo Fallero donde se exhiben los ninots que se salvaron de la quema (por su excepcionalidad) junto con un recorrido didáctico de lo que suponen las fiestas de Valencia reconocidas internacionalmente. 

Qu ver en Valencia 6

En el otro extremo de los Jardines del Turia nos encontramos la particular Isla de los Museos de Valencia

Aunque la obra de su hijo más ilustre, Sorolla, se encuentra recogida en una pinacoteca temática que enriquece la lista de los múltiples museos de Madrid, los amantes del arte también tienen una cita que ver en Valencia. 

7.- De entrada gratuita, el Museo de Bellas Artes de Valencia exhibe obras (menores) de Goya y maravillosos ejemplos de la pintura flamenca. También tiene una importante colección de los artistas locales que retrataron la luz, el sol y el color de esta tierra siguiendo las características del impresionismo. De hecho buena parte de ellos viajaron hasta París para empaparse de esa nueva forma de hacer arte. 

8.- Caminando hacia el norte nos encontramos la Casa Museo de Mariano Benlliure con actividades y talleres para toda la familia. 

9.- Entre las torres que en tiempo daban paso a la ciudad cuando esta tenía murallas (la de Serranos y de Quart) nos encontramos el Museo de la Prehistoria de Valencia

10.- Y, por último, lo antiguo se une en el Centro del Carmen Cultura Contemporánea donde se exhiben obras de autores vivos en un antiguo convento levantado en estilo gótico 

La segunda parada que tienes que ver en Valencia: el casco antiguo

La plaza conquistada para la causa cristiana por Rodrígo Díaz de Vivar (cuyas hazañas quedaron reflejadas en el Poema del Mío Cid) ha sabido guardar sus tesoros monumentales centenarios. 

11.- El “más joven” de esos emplazamientos que se encuentran en la Valencia medieval y renacentista que se abría al comercio es precisamente un mercado moderno. El edificio del Mercado Central levantado según los principios modernistas. Alrededor de una enorme cúpula por donde se filtra la luz, el hierro junto con los azulejos son los protagonistas. Hoy ofrece todo tipo de productos en puestos bien señalizados, limpios, coloridos y rebosantes de abundancia. Abrió en 1928 y hoy en día es punto de encuentro de viajeros y locales.

Mercado Central de Valencia

12.- Justo al lado se encuentra la imponente Loja de la Seda cuya estructura en estilo gótico es tan apabullante que tiene la consideración de Patrimonio de la Humanidad. Para visitar tal maravilla lo más recomendable es contratar alguna visita guiada (las hay incluso gratuitas) que nos introduzcan en los entresijos artísticos de este edificio levantado para servir de administración e intermediación comercial a los comerciantes locales o foráneos de la Valencia que se abría a la Edad Moderna. 

13.- En el mismo recorrido nos encontramos la Catedral y el conocido como Miguelete. Comenzó a levantarse en 1262. Tiene tres puertas y cada una corresponde a una escuela diferente, ya que las obras duraron siglos. La principal es de estilo barroco. La denominada de los Apóstoles (gótica)  respalda al Tribunal de las Aguas que ha cumplido sus buenos mil años (¡casi nada para una institución de justician o de mediación más bien!). La Catedral de Valencia también es famosa porque, según cuenta la leyenda, en ella se custodia el mismísimo Santo Grial. El campanario fue terminado en el siglo XV y recibe el nombre de Miguelete. 

14.- El paseo por el casco histórico tiene que terminar en la Plaza de la Reina atestadas de tiendas y cafés a igual que la Plaza del Ayuntamiento. 

El tercer eje que tienes que ver en Valencia es su naturaleza 

15.- Y por supuesto no te puedes perder sus playas que dan al Mediterráneo. Son todas kilométricas con aguas calmadas, cálidas y arenales extensos. Las más famosas son las del Cabañal cuyo barrio de pescadores con fachadas coloridas está siendo rehabilitado después de un periodo atrapado en el abandono más absoluto. En la de la Malvarrosa se organizan conciertos en verano. 

16.- Sin embargo, la joya natural de Valencia es su Albufera, una zona pantanosa alrededor de un lago de agua dulce separado del mar por una estrecha franja de tierra. Aquí se cultivan distintas variedades de arroz con el que se prepara el plato local reconocido internacionalmente: la paella. En sus orígenes era bastante humilde y se cocinaba con ñoras, verduras y sobras de pescado. Hoy es todo un manjar con combinaciones casi infinitas. La albufera se puede visitar con guía para conocer su ingenioso sistema de riego y las múltiples aves que buscan refugio entre sus juncos. Desafortunadamente, la desecación va achicando esta maravilla natural hasta tal punto que se calcula que hoy es un diez por ciento de lo que fue en la Edad Media. 

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Hoteles en Valencia e ideas para gastrónomos

1.- En las últimas décadas la Ciudad del Turia se ha convertido en otro destino de los amantes de la buena mesa con siete restaurantes con estrellas en la prestigiosa Guía Michelín. Eso unido a sus locales tradicionales que ofrecen la paella en todas sus combinaciones posibles no es de extrañar que sea punto de encuentro de los sibaritas de medio mundo. Tampoco te puedes ir sin probar su deliciosa horchata, elaborada con chufa y agua. 

2.- En cuanto a los hoteles en Valencia la oferta es casi infinita comenzando con el lujoso Hotel Las Arenas levantado sobre lo que fuera un balneario cuando se puso de moda tomar los baños de mar hasta buenas opciones en forma de apartamentos, como el Ramírez Flats Valencia.

3.- Recomendables son el Valencia Palace de cinco estrellas, el Helen Berger Boutique Hotel en el centro o el NH Collection Colón en el Exaimple. 

Si te has quedado con más ganas de ampliar emplazamientos que ver en Valencia, la capital mantiene una ruta de ferrys con las islas de Ibiza, Menorca y Mallorca. Xátiva, con su castillo, Denia o Xábia se encuentran a corta distancia y harán que el viaje sea más largo. No te olvides que las fiestas de las Fallas es temporada alta y que el día grande de la celebración es el 19 de marzo cuando se prende fuego a todas aquellas que no han tenido el favor de los jueces entre el estruendo a lo grande de pirotecnia.

Por Candela Vizcaíno

 

 

A miles de kilómetros existe otro Trujillo (con una catedral amarilla y edificios coloridos) unido por avatares históricos a nuestro protagonista. Porque el de Perú se llama así en recuerdo del pueblo de nacimiento de Francisco Pizarro, conquistador de estas tierras para la causa española. Y del nuestro también es Francisco Orellana, descubridor del Amazonas, nada más y nada menos. Por eso, la geografía americana está plagada de Trujillos (Honduras, Venezuela…) Las riquezas traídas de esas tierras (vale que robadas) sirvieron para engalanar el primer Trujillo (arremolinado por entonces alrededor del castillo) con bellas casas de estilo renacentista. Pero vamos por partes porque hay mucho que ver en Trujillo y en sus alrededores. 

Los cinco básicos que ver en Trujillo o visitar

1.- Aunque no es el primer emplazamiento que se encuentra al llegar a esta localidad de Cáceres, vamos a poner un poco de orden en todas las fechas y vamos a empezar por el principio (o casi). Entre el siglo IX y XII se levantó su castillo o alcazaba defensiva, cuando España entera estaba en pugna constante con reinos hermanos o de distinta religión. Alrededor del mismo se despliega un laberinto de calles conformado por casas de piedra. En la actualidad, buena parte de estas edificaciones están abiertas al turismo con tiendas de artesanía, bares o restaurantes tradicionales. Desde aquí se tienen unas vistas magníficas de la localidad y de sus alrededores. 

2.- Sin embargo, el eje central que tienes que ver en Trujillo es su Plaza Mayor rodeada de edificios renacentistas levantados por las familias que, directa o indirectamente, se beneficiaron del comercio (o del saqueo) con Las Indias. En una esquina se ha levantado una estatua en bronce en honor a su hijo más ilustre: Francisco Pizarro. 

3.- En la misma plaza, rodeada con algunas tiendas y muchos restaurantes que sirven la deliciosa cocina local (acompañada de los buenos vinos de la tierra) se encuentra la Iglesia de San Martín en estilo gótico renacentista aunque, al parecer, la construcción aprovechó otra realizada en la Edad Media.  

4.- No hay que moverse mucho (puesto que están apiñados en la misma plaza) y nos encontramos una serie de palacios o de construcciones palaciegas en estilo renacentista, Estos dan cuenta de la importancia del lugar y del poderío económico de algunos de sus habitantes. Todos ellos han ido sufriendo modificaciones a lo largo del tiempo y, en la actualidad, tienen usos diversos. El Palacio de la Conquista, en esquina, luce una fachada plateresca. El de los Orellana Toledo tiene dos pisos de arcadas y también es renacentista. El de los Duques de San Carlos se encuentra frente a la iglesia y responde al mismo estilo.  

5.- A medio camino entre la Alcazaba, con la que hemos empezado este paseo por la historia, se encuentra la Casa Museo de Francisco Pizarro. Se ofrece una recreación de una vivienda típica de la época y un recorrido por los avatares militares del conquistador. 

 

Que ver en Trujillo con más tiempo 

6.- Museo de la Coria sobre los restos de un edifico religioso y con una exposición interesante de artesanía y objetos iberoamericanos. 

7.- La Alberca, una piscina del pasado para recoger el agua, te la encuentras callejeando por el casco antiguo de camino hacia el castillo. 

8.- La Iglesia de Santa María la Mayor es otro ejemplo del pasado románico de Trujillo aunque fue modificada con posterioridad y encontramos elementos góticos. 

9.- Los amantes de la historia también pueden darse una vuelta por el Parador de Trujillo con su patio y pozos ocupando un antiguo convento del siglo XVI. Merece la pena  acercarse aunque solo sea para tomar un café. Si te das el lujo de pedir un poco de jamón y algún vino de la tierra, la experiencia está completa. 

10.- La Fundación Xavier de Salas es otro pequeño museo (aunque interesante y bien montando) en torno al arte y la artesanía Iberoamericana. 

En la actualidad se ofertan rutas de todo tipo para conocer los rincones de Trujillo, desde opciones en segway hasta gratuitas. Te he dejado todas las opciones en este link. 

 

Que ver en los alrededores de Trujillo 

1.- Cáceres, un imprescindible que ver cerca de Trujillo 

Ciudad Patrimonio de la Humanidad, su caso antiguo se ha quedado detenido en un tiempo lejano cuando los grandes señores del Renacimiento se enriquecían con las primeras conquistas de las Américas. Anexada a la causa cristiana en el 1229 por el ejército comandado por Alfonso IX de León, el rey dio una privilegiada carta comercial que atrajo a mercaderes y también a artesanos. Toda esta riqueza se materializó en bonitas casas de piedra que, poco a poco, se hicieron más ostentosas. Así los grandes señores rivalizaron en poderío construyendo almenas cada vez más altas. Todo esto se paró en seco con los Reyes Católicos que mandó desmochar las que sobresalieran de una cierta altura. Y, con este gesto, se acabó las muestras de narcisismo en Cáceres. Eso fue en el año 1477 y aún faltaban algunas décadas para la conquista de Granada. Hoy esas torres sirven como refugio y nidos de cigüeñas.  

A pesar de esta cura de humildad hacia los grandes señores de Cáceres, la ciudad siguió embelleciéndose intramuros durante  el siglo posterior gracias al comercio, la agricultura y la ganadería. Con el Barroco llegó su decadencia hasta tal punto que no tuvo ningún protagonismo  en las sucesivas contiendas de los siglos XIX y XX. Y la decadencia tuvo un aspecto positivo ya que eso supuso que se quedara congelada en un tiempo perdido. Por eso, fue declarada Patrimonio de la Humanidad muy pronto, en 1949.  

Hoy vive del turismo cultural, de  su rica gastronomía basada en los productos del cerdo y la huerta. Tampoco hay que olvidarse de los buenos vinos que se producen por toda Extremadura y que se sirven en los innumerables y buenos restaurantes desperdigados por el casco antiguo. Este es peatonal y lo mejor es perderse por sus callejuelas y plazas. Dicho esto no hay que olvidarse de algunos puntos de interés comenzando por el Arco de la Estrella por el que se accede al casco histórico hasta llegar a la Concatedral de Santa María. De las casas aristocráticas no te puedes marchar sin admirar la Casa y torre de Carvajal, la Casa de los Golfines de Abajo, la de los Cáceres-Orvando, la Casa del Sol o de la familia Solís. Los amantes de la historia tienen también una cita en el Museo Provincial.  

2.- Guadalupe, otro emplazamiento Patrimonio de la Humanidad cerca de Trujillo  

Para llegar a este remoto lugar ubicado en pleno Geoparque de las Villuercas, uno de los bosques más bonitos en otoño en España, hay que pasar por la localidad de nacimiento de Francisco Pizarro. La carretera, aunque con bastantes curvas, está en bastante buen estado. Guadalupe gira alrededor de su maravilloso monasterio consagrado a la advocación homónima, patrona de todos los pueblos que hablan español. Su fundación es de 1340 y sus torres le dan un aire de ensueño. Son visibles desde las habitaciones superiores del Parador, que se encuentra justo al lado. Aunque no te alojes aquí, merece la pena acercarse a tomar un café para disfrutar de su patio arbolado, antiguo claustro, y la fuente que evoca los cuatro ríos del paraíso de su jardín. La antigua judería, muy bien conservada, está hoy plagada de tiendas con objetos de cerámica, latón y maravillosas carnicerías que ofrecen la típica morcilla que se come cocida. ¡Una delicatessen aunque no sea apta para dietas!

Interior del Monasterio de Guadalupe

Además, los amantes de la naturaleza tienen una cita con rutas de senderismo o para observar las estrellas. Te dejo las opciones en este link.  

3.- Romangordo, un pueblo que ha hecho de los grafitis en los muros un especial museo

A poco menos de media hora está este pueblo tradicional al que merece la pena acercarse para disfrutar de sus pinturas murales con escenas de la vida popular. Están realizadas por artistas emergentes (con resultado diverso) y son contemporáneas. Es una buena idea, sobre todo si viajas con niños. 

4.- Mérida, otro emplazamiento que ver cerca de Trujillo

Otra de las ciudades Patrimonio de la Humanidad de Extremadura que aún conserva los restos de su glorioso pasado romano cuyo ejemplo más sobresaliente es el teatro aún en uso  en su festival que se celebra en julio. Para no alargarnos mucho más con este reportaje, ya que hay mucho que ver en Mérida te remito al link con el artículo de esta localidad imprescindible para los amantes de la historia. 

Merida 6 

Hoteles en Trujillo y algunas cosas de comer 

A pesar de que la localidad es relativamente pequeña, como los alrededores ofrecen muchas alternativas, es una opción perfecta para esas escapadas de fin de semana o de puentes que tanto nos gustan. Además, se han rehabilitado casas palaciegas, conventos o monasterios como alojamiento lo cual aporta un plus de satisfacción y sibaritismo.  

1.- Parador de Trujillo,  a unos cinco minutos caminando desde el centro con la calidad de la casa. Está levantado sobre un convento del siglo XVI con sus claustros blanqueados y los pozos que dan la bienvenida al viajero. 

2.- Eurostar Palacio de Santa Marta está detrás de la Plaza Mayor y tiene una pequeña piscina en la azotea con vistas a las torres de la localidad. La relación calidad-precio es inmejorable en cualquier época del año. 

3.- Palacio Chaves Hotel sobre una casa solariega levantada en 1570 en estilo renacentista. En los jardines se ha construido una pequeña piscina. 

4.- Izán Trujillo, otra opción con una relación calidad-precio fantástica, se ha proyectado sobre un convento del siglo XVI. 

5.- Hotel Boutique Casa de Orellana es lo más de lo más de Trujillo ya que es la casa natal de Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas. Es pequeño, con unas cuantas habitaciones decoradas con un gusto sublime y no admite niños. 

Y además de todo lo que tienes que ver en Trujillo no puedes olvidarte de las cosas de comer, especialmente de los productos del cerdo o de los pescados del río. Pregunta por los dulces locales (que se ofertan en un par de pastelerías de la Plaza Mayor) y,  por supuesto, por los vinos.   

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

 

En la actualidad, es la capital de Extremadura pero este privilegio no le es extraño ya que lo ha ostentado en diversas ocasiones a lo largo de la historia. Aunque se han encontrado restos prehistóricos, se acepta que su fundación como ciudad data del año 25 a.C., cuando el emperador Augusto la bautizó como Emérita Augusta. El emplazamiento fue elegido para servir de retiro a los oficiales y milicias de los regimientos que trabajaron en Hispania. Y ello, en parte, explica su hermoso teatro y los restos de casas aristocráticas que se han encontrado en el lugar. Aunque lo que queda de su pasado romano es lo primero que tienes que ver en Mérida, la ciudad también fue ocupada por los musulmanes (en el siglo VIII) y luego por los visigodos. En 1230 pasó a la causa cristiana. Y, al día de hoy es uno de los emplazamientos de Extremadura más visitados ya que sus restos de la arquitectura romana son más que sobresalientes.  

Qué ver en Mérida en un día: los cinco imprescindibles 

1.- Teatro romano de Mérida y anfiteatro en el mismo recinto

Este último está en ruinas y apenas se puede vislumbrar su supuesto esplendor del pasado, cuando animales y bestias se batían a muerte. Sin embargo, el teatro es de una belleza sobresaliente y aún sigue en funcionamiento con el Festival de Teatro Clásico de Mérida que se celebra a principios de verano. Fue fundado alrededor del año 10 a.C. Posteriormente se le añadió la escena. Poco se sabe de su funcionamiento en la época clásica aunque, por su majestuosidad, tuvo que tener predicamento entre el público. Con la legalización, primero, del Cristianismo y, posteriormente, con su oficialidad, el teatro entró en declive y no solo en Mérida sino en todas las antiguas ciudades romanas.

Teatro Romano de Mérida

Considerada una actividad pecaminosa, tuvo algunos conatos en la Edad Media con representaciones dentro de las iglesias. Sin embargo, en España no se volvió a recuperar el gusto por el teatro hasta las exitosas comedias de Lope de Vega. Y para ello habría que esperar a finales del siglo XVI y bien entrado el XVII. El de Mérida fue progresivamente cubierto con tierra y habría que esperar hasta bien entrado el siglo XX cuando empezaron las excavaciones que, en parte, pretendían recuperar su esplendor. Tenían que pasar varias décadas más para ponerlo en valor. En la actualidad, está en la lista del Patrimonio de la Humanidad.  

Museo Romano de Mérida

2.- Museo romano de Mérida

Justo enfrente se encuentra este maravilloso museo diseñado con acierto por Rafael Moneo. Levantado en ladrillo visto, en él se exponen restos de las sucesivas excavaciones, especialmente esculturas y una sobresaliente muestra de grandes mosaicos extraídos de las domus aristocráticas de Mérida. La colección de arte visigodo perteneciente legalmente al mismo se encuentra en otro emplazamiento, en la Calle Santa Julia. 

3.- Templo de Diana (encabezando este artículo)

A corta distancia se encuentran los restos de este templo con columnas corintias que ha sido anexado a una construcción posterior en un intento de apropiación de su belleza. Este tipo de templos tienen su sustrato en la arquitectura griega que levantaba todas sus construcciones utilizando columnas siguiendo un rectángulo. Diana era la diosa clásica de la naturaleza, la caza y la Luna. Se la representa en castidad celosa de su intimidad e independencia. Por eso no duda en asesinar (llegado el caso) si alguien osa traspasar los límites que ella misma ha impuesto. Más asertividad es imposible. 

Acueducto de los Milagros 

4.- Acueducto de los Milagros

A las afueras casi de la ciudad, a su alrededor se ha dispuesto un parque que se surte del agua del río. Está bastante bien conservado a pesar de que al día de hoy ha sido invadido por las cigüeñas y palomas.   

5.- Puente romano 

Está rodeado por un parque y con una bonita iluminación nocturna. Quizás por eso es favorito de los amantes de los atardeceres. Uno de sus extremos da paso a la alcazaba árabe que da cuenta de la presencia de este pueblo en Mérida. A su alrededor, se despliega un parque que aprovecha la frescura del río.  

Que ver en Mérida con más detenimiento

6.- Area arqueológica de la Morería y el Centro de Interpretación de la Vía de la Plata

Hoy la Vía de la Plata es una autopista diseñada con herramientas de informática utilizando incluso satélites espaciales. Sin embargo, esta moderna carretera retoma el recorrido de la romana que unía Cádiz con Gijón, esto es la antigua Hispania de Norte a Sur y de Sur a Norte. En este emplazamiento concreto se encuentra un tramo bastante bien conservado así como los cimientos de antiguas viviendas romanas.  

7.- Casa de Mitreo y Centro de Interpretación Los Columbarios 

La primera es una vivienda aristocrática en ruinas pero que ha conservado maravillosos mosaicos. Estos no han sido trasladados y se pueden disfrutar en el lugar. Además se puede observar la disposición clásica de las domus romanas con sus patios sucesivos y el lugar para recoger el agua de lluvia. Los columbarios, sin embargo, nos remiten, no a la vida, sino a la muerte y a la forma de enterramiento del Imperio Romano.  

8.- Circo Romano de Mérida junto al acueducto y termas de San Lázaro

El gran número de espacios públicos de la antigua Emérita Augusta nos habla de una localidad boyante con una población extensa y además enriquecida. No solo disponía de un majestuoso teatro sino también de un circo donde se celebraban carreras de carros o caballos. Al lado se encuentran los restos de las termas y otro acueducto bastante bien conservado. 

9.- Iglesia de Santa Eulalia del siglo IV 

Aunque ha sido modificada a lo largo de tiempo, al parecer es el primer ejemplo de arquitectura y arte paleocristiano en Hispania.  

Datos prácticos para visitar Mérida 

1.- Mérida no dispone de buenos transportes públicos. Tanto es así que está en los periódicos cada cierto tiempo debido al fallo de estructuras logísticas obsoletas. Así que lo mejor es llegar en coche y entrar por el moderno puente colgante sobre el Guadiana. Como es complicado moverse por buena parte del casco histórico, lo sensato para no volverse loco y acabar en una calle peatonal es aparcar en Parking Atarazanas o el Cervantes. No suelen estar abarrotados y los precios no son para tirarse de los pelos. 

2.- Aunque esta maravillosa ciudad romana con sus acueductos, teatros, arcos y templos se recorre a pie en un día, dispone de buenos hoteles a precios muy contenidos como lo es Extremadura en su totalidad.  

Una buena opción es el Parador de Mérida con la calidad de la casa y también el único cinco estrellas de la ciudad, el Hotel Ilunión Mérida Palace. Los amantes de la buena mesa y de la naturaleza tienen una cita en el Embalse de Proserpina plagado de chiringuitos. Está a menos de quince minutos en coche desde el centro de la ciudad.  

Para disfrutar de todo lo que hay que ver en Mérida lo mejor es no andarse con prisas e ir recorriendo todos los restos de lo que fuera antaño una brillante ciudad romana plagada de edificios públicos y villas de retiro en las que no se escatimaron lujos de ningún tipo. 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

 

 

Cuenta la leyenda que la insignia de Segovia, su acueducto, fue levantado en una sola noche por obra del mismísimo Satanás. Una bella aguadora de la ciudad, exhausta de tanto acarrear cántaros por las empinadas cuestas, pidió (a las malas) algún ingenio que remediara su cansancio. Presto se presentó el diablo prometiéndole la obra en una sola noche. El precio pactado fue el alma de la muchacha si no lograba levantar la obra en el tiempo pactado (antes del amanecer). La joven, cuando se dio cuenta, aterrada, del nefasto trato que había hecho, se encomendó a la Virgen María y a ella le estuvo rezando toda la noche. Sus plegarias dieron resultado ya que cuando, despuntó el alba y cantó el gallo, a Satanás y a su ejército de constructores les faltaba una piedra por colocar. Perdió por tanto la apuesta y la ciudad se encontró con un acueducto gratis y la joven, por tanto, liberada de tal dolor eterno. En ese hueco, que demuestra la derrota del ángel oscuro, hoy en día, se recuerda el milagro que obró María para salvar a la aguadora. Leyendas aparte, esta maravilla de la arquitectura romana que es hoy el acueducto no es lo único que tienes que ver en Segovia, aunque ya de por sí solo merece una visita. ¿Me acompañas?  

Los cinco magníficos que ver en Segovia 

1.- El acueducto de Segovia

Esta maravilla de la ingeniería y del arte romano es uno de los mejores conservados del mundo. Se levanta sobre una doble arcada de medio punto (técnica tomada del arte etrusco) y fue utilizado desde el siglo I (fecha de su construcción) hasta bien entrado el XIX. La arcada inferior tiene más de 25 metros y sobre ella se ha colocado una nueva línea de arcos que están unidos sin argamasa ni cemento. ¡El equilibrio se ha mantenido durante más de veinte siglos! Su situación no tiene pérdida ya que está situado nada más entrar en la ciudad y es lo primero que tienes que ver en Segovia. Justo en su base se ha habilitado un parking subterráneo y, en los últimos años, se ha limitado el tráfico rodado para que la vibración de los automóviles no desbarate lo que lleva sobre la tierra tanto tiempo. Desde aquí se inicia un paseo delicioso por el resto de las maravillas de este emplazamiento castellano. 

2.- La catedral y la Plaza Mayor 

Está a poco más de diez minutos caminando de la primera maravilla que ver en Segovia (el acueducto). No tiene pérdida ya que se llega cruzando las calles principales de la localidad repletas de tiendas de todo tipo. Aunque, en los últimos años, las marcas más conocidas se han quedado con buenos locales en esta arteria, aún sobreviven negocios artesanales que ofrecen las delicias locales en forma de objetos de cuchillería o productos cárnicos.  

La Plaza Mayor no es exactamente rectangular. Uno de los laterales está ocupado por el Ayuntamiento y en otro se sitúa el teatro Juan Bravo. Tiene un ambiente sereno y cuidado con un quiosco de música en el centro. A su alrededor se desperdigan tiendas y cafés tradicionales. 

Catedral de Segovia

En el extremo de menor tamaño de la plaza se encuentra la catedral, imprescindible que ver en Segovia. Muy cuidada y accesible, fue levantada durante los siglos XVI y XVII en estilo gótico tardío. Sin embargo, el claustro es anterior y de una serena belleza. Todas las capillas se cierran con rejas aunque se puede admirar el interior al completo, así como el altar mayor y la sillería del coro. La entrada está incluida en la ruta Segovia Sacra.  

3.- El Alcázar es lo siguiente que tienes que ver en Segovia

Aunque se encuentra en el extremo de la ciudad vieja, dominando una colina. Su planta se adapta a la roca sobre la que se alza conformando una construcción que parece salir de las mismas entrañas de la tierra. Está ejecutado sobre un castillo medieval y, posteriormente, se hizo una reforma ya en el siglo XV. En 1862 sufrió tal devastador incendio que, prácticamente, tuvo que ser reconstruido. Su perfil se remata con torres terminadas en punta en las que se ha utilizado pizarra que contrasta con el ocre de sus muros. Se puede visitar las torres donde se encontraban los calabozos, el patio de armas y los exquisitos interiores decorados con yeserías en estilo gótico. No te puedes perder la sala de los Reyes, la de las Piñas o del Solio.  

4.- La Iglesia de San Martín de camino entre el acueducto y el Alcázar 

Fue levantada en el siglo XII y la visita tiene que hacerse con el guía propuesto por Segovia Sacra. A pesar de su belleza, necesita mantenimiento ya que, lo más hermoso (el pórtico) está tomado por las palomas y sus excrementos. Sin embargo, es uno de los mejores ejemplos del arte románico en España.  

5.- Casa de los Picos

Otro edificio marcado por la leyenda, la misma que cuenta que entre los cientos de picos de granito por el que se la conoce se oculta un fabuloso tesoro. Es del siglo XV y lo más interesante es su patio renacentista. Suelen realizarse exposiciones diversas en su interior.  

Mucho más que ver en Segovia con más tiempo 

6.- Iglesia de San Millán, una de las más antiguas y realizada en estilo románico. Levantada sobre un alcor. Por tanto, es uno de los puntos con vistas sobre la ciudad. 

Interior Iglesia Santos Justo y Pastor

7.- Iglesia de los Santos Justos y Pastor, detrás del acueducto e incluida en el pase de Segovia Sacra. También está levantada en el sobrio estilo románico y aún conserva algunos frescos (como el de la imagen) que estuvieron ocultos por capas de cal. En ella también se guarda la talla de un Cristo con otra leyenda milagrosa, esta vinculada a las tropas españolas. 

8.- Los miradores de Segovia: Pradera de San Marcos y Mirador del Último Pino, donde hacerte las fotos para Instagram con el Alcázar al fondo. 

9.- Iglesia de San Esteban, se encuentra al lado de la Plaza Mayor. También es románica y destaca una torre de cinco pisos. 

10.- Jardín de los Zuloaga, junto a la Iglesia de San Juan de los Caballeros, para relajarse y descansar. Se organizan festivales de títeres y marionetas. 

11.- Casa Museo de Antonio Machado, dedicado a la vida y obra del poeta. Aquí residió desde 1919 a 1932. 

12.- Museo de Segovia, pequeño y con un recorrido por la historia de la ciudad.  

Alrededores de Segovia que ver y disfrutar

1.- La Granja de San Idelfonso y los reales sitios

Salvando las distancias, el palacio (sobre el que gira toda la localidad) fue construido a imitación de Versalles aunque es mucho menor y con un lujo contenido. Las primeras piedras fueron colocadas en 1720 bajo el patronazgo de Felipe V. Si bien los interiores hoy lucen vacíos de muebles, el edificio está diseñado para poder admirar las innumerables fuentes que se desperdigan (con el orden de los jardines a la francesa) por todo el exterior. Se hacía traer el agua de la Sierra de Guadarrama y hoy estos espectáculos solo se ofrecen en determinadas horas o días para no despilfarrar.  Sufrió un incendio en 1918 que dañó parte de su belleza aunque, al día de hoy, se pueden admirar esculturas de tema mitológico, tapices y otras muestras del arte barroco.  En los jardines de la Granja de San Idelfonso

La Granja de San Idelfonso es un imprescindible que ver en Segovia provincia ya que toda la localidad está vertebrada alrededor de los fastos de este palacio de verano. Aún pueden disfrutarse de tiendas que ofertan su lujoso cristal (carísimo), antigüedades, libros o gastronomía (donde no faltan ni los judiones ni el cochinillo). 

2.- La villa medieval de Pedraza detenida en el tiempo 

Merece la pena acercarse y perderse por sus calles encajonadas entre las murallas. Aún se conservan los blasones de las antiguas casas nobiliarias alrededor de la Plaza Mayor. Hoy es destino de paseo de fin de semana para perderse por este reducto detenido en el tiempo antes de sentarse en alguno de los innumerables restaurantes del pueblo. 

3.- Riofrío y su palacio 

Se encuentra a 11 kilómetros de Segovia en plena sierra. Fue un antiguo pabellón de caza pero decorado con todo el lujo de las cortes barrocas. Lo mandó construir Isabel Farnesio a la muerte de Felipe V. 

4.- El Monasterio del Escorial se localiza a corta distancia de Segovia 

Aunque no se encuentra ni en la misma provincia ni en la misma comunidad autónoma, está a tan solo 30 kilómetros de nuestro protagonista. Es fácil llegar en coche y aparcar ya que la explanada de este monasterio y panteón real tiene medidas gigantescas. Levantado en un páramo de difícil acceso (incluso hoy en día hay que desviarse) hasta allí se llevó la maravillosa biblioteca de Felipe II, luego enriquecida por la de los sucesivos reyes o validos como la del Conde Duque de Olivares. Se puede acceder al panteón real de reducidas dimensiones. Esta mole de granito gris (a los espíritus sensibles) les hace entender el carácter del pueblo español, entre lo triste y lo grandioso. La construcción renacentista es rotunda, sobria, serena e inmensa. 

En el interior del Monasterio del Escorial

Hoteles en Segovia y restaurantes típicos 

1.- Parador de Segovia y Parador de la Granja de San Idelfonso, ya que los dos de la provincia merecen la pena, especialmente este último situado en lo que fueran las viviendas del cuerpo de servicio y guardia de casa real. La rehabilitación ha permitido acondicionar un lujoso spa y una piscina en la azotea. 

2.- Hotel San Antonio el Real, junto al acueducto y edificado sobre un monasterio del que se conserva su bello claustro. Su restaurante se ha ganado buena fama.  

Qué comer en Segovia

De aquí no te puedes ir sin probar las verduras locales, el conocido judión que se cocina a fuego lento junto con embutidos y tocino y, por supuesto, el cochinillo. El de Segovia se caracteriza por su sabor delicado, jugosidad y ternura. La piel tiene que estar crujiente y el magro sabroso conservando la salsa de la grasa. Nombres fundamentales son, junto al acueducto, Casares o Mesón Cándido con su casa de estructura tradicional y todo el ritual del corte del cochinillo asado entero utilizando un plato que, posteriormente, se rompe tirándolo al suelo. De renombre es también José María en pleno centro y los restaurantes de todos los hoteles reseñados arriba ofrecen estas delicias locales en elaboraciones sobresalientes. 

Si hay mucho que ver en Segovia, también hay mucho que disfrutar desde el punto de vista gastronómico. En invierno, además, son frecuentes las nevadas y la ciudad adquiere un carácter especial. Las temperaturas de verano son suaves e invitan al paseo entre las cuestas que quería evitar la aguadora que pactó con el diablo nada más y nada menos que uno de los acueductos más famosos del mundo. En la distancia, no podemos negarle que hizo un buen trato para ella y para todos los que vendríamos después. 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno 

 

 

El arte bizantino se desarrolla en Bizancio (Constantinopla) a partir del reinado del Emperador Teodosio (347-395). Perdura hasta bien entrado el siglo VII. Con este monarca, nacido en Hispania y muerto en Milán, el Cristianismo pasa a ser la religión oficial del Imperio Romano, atrincherado durante siglos en la zona oriental de Mar Mediterráneo. El estilo, el mismo que se refleja en bellas iglesias y suntuosos libros, abre la puerta a lo que sería la Edad Media en Europa. Al término del periodo en el que se desarrollan las características del arte bizantino se deja atrás definitivamente todos los fastos del Imperio Romano. 

El sistema económico y social que hay detrás de las características del arte bizantino 

1.- A la hora de estudiar cualquier movimiento artístico de cualquier época no podemos dejar de lado los condicionantes históricos que lo sustentaron. El arte bizantino (el de Bizancio y los últimos reductos del Imperio Romano) surge en una sociedad en decadencia en lo que respecta a lo militar, económico y social. Atrincherados en la zona europea de la actual Estambul, los dioses paganos fueron sustituidos por el Cristianismo que se hizo oficial tras las persecuciones de los siglos anteriores. Por tanto, el discurso narrativo que anima esta forma de arte ya nada tiene que ver con los cultos a los héroes o los símbolos mitológicos. 

2.- La nueva era supuso un cambio radical en la forma de vida y no solo por el desarrollo del Cristianismo sino porque se apoderó una terrible decadencia económica. Los caminos que las milicias romanas habían levantado para ir conquistando más y más territorios fueron abandonados.  Y con ellos no solo se produjo un empobrecimiento de los recursos económicos sino también de las ideas. Tanto fue así que el saber quedó recluido entre los muros de los monasterios. Si bien los libros medievales recogieron todo el conocimiento de la civilización clásica fue tan poco lo que se innovó que apenas puede decirse que hubo avance. Incluso los bellos ejemplares minados (de los que hay ejemplos sublimes del arte bizantino) eran meras copias de otros anteriores. Eso sucedió, por poner un caso, con los maravillosos Beatos desperdigados por lo  que hoy es España o los Libros de Horas del Norte de Europa que se crearon justo antes del nacimiento de la Imprenta.  

Miniatura Bizantina

3.- Esto es, hasta esos hitos: la imprenta de Gutenberg y las grandes misiones exploratorias que culminó con el descubrimiento de América a ojos europeos (y estamos hablando del siglo XV), el saber quedó recluido entre los muros de iglesias, monasterios, conventos y abadías. Para la época en la que se desarrolló el arte bizantino hacía mucho tiempo que no se hacían representaciones teatrales, por poner un caso, o había ardido el último reducto del saber de la Antigüedad, la Biblioteca de Alejandría, por poner otro.    

4.- Este empobrecimiento cultural solo puede trasladarse en un retroceso social. Las guerras no se habían aparcado. Todo lo contrario. La diferencia era que ahora estallaban entre enemigos vecinos, pero no por ello menos crueles. El comercio perdió el empuje de la Antigüedad y los reinos de Europa comienzan a atrincherarse dentro de lindes muy manejables. Todo ello perduró hasta bien entrado el siglo XIV, como nos ha llegado a través de los principales autores de la Edad Media

Características del arte bizantino generales 

1.- Este mundo decadente no invitaba a levantar grandes construcciones (como las de la arquitectura egipcia o del arte griego) y la creatividad se refugió en lo pequeño. Una de las contribuciones más subyugadoras de la época lo constituyen los libros, como he anotado. Los ejemplares a disposición de eruditos o meros lectores eran mínimos. Y eso sin contar que incluso la casta guerrera o aristocrática era, a veces, analfabeta. El conocimiento se quedó encerrado en los monasterios donde se copiaba pacientemente los escritos del Nuevo Testamento, los Hechos de los Apóstoles o los retazos que llegaban del conocimiento romano o de la literatura griega. Era una tarea laboriosa y muy cara para los parámetros de la época. Los ejemplares se prestaban con celo para ser copiados y así evitar (con este método) la pérdida de ese saber (el que fuera) para siempre. Algunas de estas obras (las de carácter religioso o de más importancia) se iluminaban bellamente con materiales preciosos que incluían oro, plata, lapislázuli o la codiciada chinchilla.  

2.- Pero estos libros (que hoy están en museos fuertemente custodiados) a pocos llegaban. Por eso, muy pronto se vio la necesidad de sacar este conocimiento a la calle, a los lugares de reunión o de culto. El arte paleocristiano de las primitivas basílicas fue transformándose progresivamente para crear bellos templos en los que, mediante un fuerte simbolismo, se pudiera crear un relato comprensible para todos los estratos sociales. Surgen así edificios que están impregnados de la estética oriental en algunos de sus aspectos y que retoma toda la tradición artesana de la Antigüedad (columnas, arcos, mosaicos…) 

3.- Estas obras se van levantando (muy de tarde en tarde) en todo lo que supone el Mediterráneo Oriental hasta llegar a Turquía. Algunas (la gran mayoría) han sufrido tal modificación en época posterior que apenas se perciben las características del arte bizantino principales. Sin embargo, una de ellas ha logrado salir victoriosa de todas las brumas del tiempo: La Iglesia de San Vital de Rávena, en Italia

 

La Iglesia de San Vitale en Rávena, donde se condensan todas las características del arte bizantino

1.- Rávena sustituye a Roma a partir del 404 como capital del Imperio de Occidente. Como eje administrativo se levantaron edificios de todo tipo. De finales del siglo VI (aunque su construcción duró décadas) es la Iglesia de San Vitale, hoy declarada Patrimonio de la Humanidad.  

2.- El exterior luce el color rojo típico de la Toscana. Para los planos se utilizaron todos los avances desde el arte etrusco (el arco de medio punto o la bóveda de cañón) hasta de las arquitectura romana (la cual desarrolló cúpulas similares a la de esta iglesia) pasando por las columnas del orden griego. El edificio es octogonal y se levantó sobre un ingenioso sistema de arcos que aportan una luz especial. El interior al completo está decorado con mármoles y mosaicos.  

SanVitale20

3.- La luz entra por las ventanas, recurso que se irá afianzando conforme nos vayamos adentrando en la Edad Media. Estas tienen losas de alabastro. Toda la iglesia está adornada con mosaicos multicolores en los que se han utilizado piedras semipreciosas, mármol y oro. Las imágenes están desarrolladas de forma plana pero con un contenido visual y simbólico muy potente en torno a las bases del Cristianismo. 

4.- La cúpula está presidida por la imagen del Cristo Redentor sentado sobra una bola que simboliza el cosmos. Sostiene un Evangelio, la nueva Ley, y de aquí surgen los cuatro ríos del Paraíso (iconografía que luego recogería el arte medieval andalusí en sus fuentes). 

5.- Justiniano reinó del 527 al 565 d.C. y en ningún momento abandonó la sede de Bizancio adelantando una tendencia que sería común en la Edad Media. Sin embargo, como tenía que hacer llegar su imagen al último confín del Imperio eligió esta iglesia para hacer levantar un relato de su persona y de lo que significaba para el poder social del momento. Tanto él como su esposa Teodora  están retratados en las paredes sirviéndose de pequeñas teselas que conforman un mosaico multicolor y fascinante. En estas representaciones todos los protagonistas aparecen tanto con sus rasgos físicos como con los ropajes de la época y los elementos que llevan o portan tienen un caractér simbólico. Lo mismo ocurre con el lugar que ocupan en cada grupo de imágenes. 

6.- Entre columnas bellamente trazadas, que nos adelantan el arte islámico y que se hunde en el oriental, aparece el Emperador Justiniano revestido con su manto púrpura (un color muy costoso y difícil de hacer), calzado con sandalias rojas sosteniendo el pan de la Eucaristía. Alrededor se disponen los dignatarios de blanco y púrpura. Los escudos de la guardia hacen valer (en griego) el monograma de Cristo. La emperatriz aparece enjoyada con largas cuentas de perlas.  

Toda esta iconografía que representan las características del arte bizantino estaba dirigido a hacer llegar (mediante un mensaje de gran belleza visual y fuerza expresiva)  el código moral que sustentaba el Imperio. Nada hay al azar y cada color o posición dentro de la imagen tiene un significado. No olvidemos que todo ello estaba dirigido a un pueblo aislado que (por razones de logística) quedaba lejos del centro de poder. Y este ya estaba mermado y empobrecido con respecto a los grandes siglos de la cultura clásica. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Nada más producirse la muerte de Jesucristo la evangelización se extiende por todos los rincones de Europa. Roma seguirá siendo la capital del gran Imperio durante algunos siglos más y, sin duda, aquí se concentra una de las mayores colonias de nuevos cristianos, los seguidores del mensaje de Cristo. El arte paleocristiano quiere dar cabida a estos recién llegados que se convierten o bien desde la cultura pagana grecolatina (de la que toma prestada algunos temas y símbolos) o bien del judaísmo. Hasta el Edicto de Milán, promulgado por el Emperador Constantino en el año 313, cualquier manifestación y rito estaba perseguido y, por tanto, debía ocultarse, extremo este que se transparenta en todas las manifestaciones artísticas del arte paleocristiano. Habría que esperar unas cuantas décadas más, al 27 de febrero del 380, cuando Teodosio proclamó el cristianismo como la religión oficial del Imperio para que las primitivas manifestaciones estilísticas  afloraran (hasta en el sentido literal del termino) y se transformaran en el conocido estilo bizantino que llegará inmediatamente después.  

La arquitectura paleocristiana de las catacumbas 

Hasta esa fecha, 380 d.C., las nuevas comunidades cristianas, a la par que realizaban la evangelización, debían proteger el culto frente al poder establecido. El martirio por profesar el Cristianismo estaba a la orden del día, así como la profanación en todos sus aspectos: ritos, vidas y cadáveres. No es de extrañar, por tanto, que la primera manifestación del arte paleocristiano nos la encontremos en las catacumbas. Las de la Ciudad Eterna se extienden por kilómetros siguiendo el recorrido de la Vía Apia, el camino que unía la capital con el puerto de Brindisi. En esencia, las catacumbas eran cementerios, aunque también tenían espacios reservados al culto. Están realizadas siguiendo una red de pasillos por los que apenas cabe una persona y a ambos lados se distribuyen las tumbas. Es tal el laberinto que es muy fácil perderse sin la ayuda de un guía. En algunos tramos las filas de sepulturas llegan a tener hasta trece pisos y en otros solo tres. 

Pinturas paleocristianas de Cristo como el buen pastor 

Las catacumbas se fueron excavando poco a poco conforme era necesario ir dando entierro a un número creciente de fieles que fallecían por causas diversas. Los primeros mártires fueron venerados en estos lugares y sus restos (considerados reliquias) se guardaban con especial celo. Aunque lo que prima en este espacio es una sencillez y una sobriedad tremenda, el arte paleocristiano también se manifiesta en estos espacios tanto en forma de sarcófagos tallados en piedra siguiendo las líneas de la escultura griega como de pinturas al fresco con símbolos.  Estas fueron posibles porque, entre el creciente número de nuevos devotos, se contaban gentes adineradas e influyentes de la élite romana que no tuvieron ningún reparo en permitir esta función en el subsuelo de sus tierras. La iluminación se realizaba con lámparas de aceite y existía, al parecer, un método para hacer llegar los cadáveres desde la cota de tierra. Hoy forman parte de uno de los recorridos más demandados de la Roma secreta entre aquellos viajeros ávidos de conocer los entresijos de la historia y del arte.  

El arte peleocristiano de la pintura mural

Tanto en las catacumbas excavadas en el subsuelo como en las primitivas basílicas que se construyeron a partir del siglo IV, cuando la religión ya no fue perseguida, se realizaban pinturas al fresco siguiendo el estilo griego o el encontrado en Pompeya. Estas eran muy rudimentarias y sencillas. Giraban alrededor de los nuevos símbolos y de algunos motivos tomados de la cultura helénica. De aquí proviene la decoración con hojas, hiedras o flores que, a la luz de las nuevas enseñanzas de Cristo, adquieren un sentido distinto. 

Pinturas paleocristianas representando la ltima cena

La persecución y la prohibición hacían necesario un nuevo código de comunicación que identificara a los miembros y que preservara, también,  los ritos más importantes de gentes malintencionadas. La pintura paleocristiana de las catacumbas nos muestran las primeras imágenes de la Virgen con el Niño Jesús que han llegado hasta nosotros. También en estos espacios encontramos las representaciones más tempranas de Cristo identificado como el Buen Pastor, el que cuida de su rebaño (tanto esculpido en sarcófagos o altares como en toscas pinturas). Y no son pocas las tallas recordando a los apóstoles (especialmente Pedro y Pablo). Tampoco hay que olvidar la paloma de la paz o el símbolo del pez (realizado con un solo trazo) con el que se señalaban los nuevos cristianos. El pavo real adquiere un nuevo significado simbólico al representar la resurrección de Cristo. Todo este código secreto para los iniciados o bautizados se dejaba en las catacumbas donde, al parecer, también se realizaban los primeros cultos y se celebraba la eucaristía.  

Las basílicas paleocristianas

A finales del siglo IV se levanta la ansiada prohibición de culto y los cristianos pueden celebrar misa, sacramentos y ritos sin tener por qué esconderse. Aunque las catacumbas se siguieron utilizando, progresivamente fueron abandonadas y olvidadas. Con la invasión musulmana y de los bárbaros (extranjeros, que eso significa este sustantivo), los pontífices hicieron rescatar las reliquias de los primeros mártires para custodiarlas en las primitivas basílicas. De todas ellas, no nos ha llegado ninguna. La única que conserva la planta original de estas iglesias representativas del arte paleocristiano es la de Santa María la Mayor en Roma. Sin embargo, esta maravillosa iglesia ha sido tan modificada en los siglos posteriores que queda irreconocible su esencia sencilla y primitiva. Eso no significa que no sepamos cómo eran. Aunque los primeros cristianos llegaron de Asia Menor, muy pronto avanzaron en las ciudades romanas. Por eso, las iglesias mantienen las estructuras del arte griego con su gusto por las columnas y por edificios rectangulares de una sola planta. También se encuentran reminiscencias de la arquitectura romana en el espacio del atrio donde se situaba una fuente como en las domus aristocráticas.  

Baslica de Santa Mara la Mayor

Las primeras basílicas del arte paleocristiano estaban levantadas en una sola planta y con una única nave. Se accedía a ellas a través del mencionado atrio con columnas donde se situaba una fuente. Este fue evolucionando hasta desaparecer por completo o convertirse en un pabellón de entrada al resguardo de las inclemencias. Aquí solían esperar los que no habían sido bautizados aún y no podían participar de todos los ritos. A través del atrio se llegaba a la sala o espacio central soportado por filas de columnas sencillas. Dependiendo de la importancia de la basílica, esta sala se podía dividir en naves. Al fondo se situaba el ábside de forma semicircular desde donde se oficiaban (como al día de hoy) los ritos protagonizado por el altar. Antes se encontraba un arco triunfal. Si bien los edificios de la arquitectura griega (y también romana) disponían de puertas en los laterales de mayor longitud, en las basílicas paleocristianas se sitúa en el lado de menor medida que se encuentra justo frente al altar. Así es lo primero que ven los fieles nada más acceder al espacio. 

Las basílicas toman su nombre de los edificios civiles de la antigua Roma y muy pronto se convierten en lugares de culto multitudinario. Tanto es así que evolucionaron en unas cuantas décadas convirtiendo el sencillo arte paleocristiano en otro más complejo al añadir naves laterales o al aumentar la altura de la central. 

La arquitectura paleocristiana también elaboró edificios completamente circulares que servían de tumba a los primeros mártires. Y, conforme avanza el reinado de Teodosio y la religión se hace oficial, la decoración se hace más rica en todos los sentidos al utilizar pinturas delicadas o elaborados mosaicos. Una vez han aparecido estos elementos de mayor complejidad técnica y estilística tenemos que dejar de hablar de arte paleocristiano para referirnos mejor al estilo bizantino que se desarrolla en el Mediterráneo Oriental y en Asia Menor durante todo el siglo V e, incluso, el siglo VI, justo antes de adentrarse en la Edad Media. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Cuando se estudia la cultura clásica, al profano le puede parecer que las manifestaciones artísticas giraban alrededor de la arquitectura y las grandes obras en piedra. Sin embargo, sí sabemos por las ruinas (especialmente las de Pompeya y Herculano) que realizaron exquisitas piezas de pintura mural utilizando especialmente el estuco. La escultura romana, sin embargo, ha podido superar las brumas del tiempo gracias a su mayor perdurabilidad, extremo este que juega en contra de los yesos policromados de la época. Además, si se desmontaron templos, anfiteatros o circos para realizar otras construcciones, estas piezas, por su sentido simbólico y belleza, se transportaban (cuando era posible) tal cual a otros emplazamientos. Es también una de las razones por las que han llegado en un número mayor. 

Características principales de la escultura de Roma referente al espacio privado 

1.- No existe un verdadero estilo único y propio de este pueblo. Si bien es verdad que se encuentran reminiscencias del arte etrusco, lo que los romanos apreciaban de verdad era la escultura griega. Por eso, nos han llegado copias de originales de esta civilización y cualquier nueva obra siempre sería a imitación de los helenos. En este terreno, la admiración llevó incluso al plagio.  

2.- A diferencia de las obras de este género de la Antigüedad (por poner un caso, señalamos el arte egipcio), existía una élite interesada en el retrato. Por tanto, las obras abandonan el carácter simbólico (que había sido preponderante siglos antes) y sin referirse a un individuo en concreto para transformarse en realista al máximo.  

3.- Los grandes patricios o potentados no solo se hacían traer piezas de Grecia o mandaban copiar algunas que les interesaba para adornar sus domus urbanas o sus villas rurales sino que encargaban sus retratos a los mejores artistas. Estos están realizados utilizando todo tipo de materiales, pero eran muy apreciadas las obras en mármol blanco o en bronce usando la técnica de la cera perdida. Los detalles se entretienen en las arrugas, los gestos, las formas peculiares de los ojos e, incluso, en el peinado. Son tan realistas que no se obvia matiz poco favorecedor del rostro. Salvando las distancias, pretendían ser como las modernas fotografías contemporáneas. Estos se hacían para durar, para que quedaran en el clan y que el individuo en cuestión fuera recordado entre los suyos.  

4.- Muy relacionado con lo anterior se encuentran las máscaras mortuorias realizadas con molde de yeso nada más producirse el óbito. Con ellas se quería perdurar el recuerdo del difunto, como un retrato y también les servía a los artistas especialista en escultura romana como modelo para realizar sus obras.  

5.- En el ámbito privado también era frecuente que el retratado se reflejara con las imágenes (como sosteniendo bustos) de sus antepasados. Así, de una manera u otra, se daba constancia del árbol familiar. De este tenor aparece, por ejemplo, el patricio Barberini inmortalizado en edad avanzada sosteniendo en sus manos a sus ancestros.  

6.- La escultura romana realista reflejando todos los rasgos de los protagonistas alcanza también el arte funerario con bustos o grupos que se colocaban en las tumbas. También han llegado hasta nosotros las tumbas de mármol que, en época posterior, fueron reutilizadas como fuentes en espacios públicos, extremo este que puede disfrutarse en la Roma actual. 

La escultura romana en los espacios públicos 

7.- Las calles, el foro, las avenidas, los templos, los anfiteatros o los circos no solo eran grandes obras de la arquitectura romana sino que servían como emplazamiento para situar piezas de otros géneros. Se sabe, que las grandes avenidas estaban plagadas de esculturas que recordaban los grandes héroes militares. En los templos se colocaban grupos representando a los protagonistas de la mitología o dedicados a los dioses del Olimpo. Aún así, la gran mayoría de ellas (al menos las que nos han llegado) nos remiten a la gloria de la conquista y a la vanidad de las guerras ganadas.

8.- El carácter conmemorativo lleva a los conocidos arcos de triunfo. Mención especial merecen las columnas conmemorativas como la conocida Columna Trajana. Esta está construidas de forma circular y en ella se han inmortalizado (como una narración en espiral) la victoria del emperador Trajano en su campaña del Danubio la cual tuvo lugar a inicios del siglo II d.C. En la base se albergaba su tumba,  hoy perdida. La crítica ha señalado que es una obra magistral de la propaganda,  por su porte majestuoso de más de 30 metros (como un bloque de 10 pisos) y porque el enemigo solo aparece recibiendo heridas o directamente muriendo a manos de las milicias romanas que aparecen siempre en actitud de victoria. Este tipo de escultura romana era la mejor manera de inmortalizar un hecho glorioso y, a la par, se iba sellando en el inconsciente de todo un pueblo la tan alabada gloria de Roma.  

9.- La costumbre de inmortalizar a los grandes héroes militares en estatuas ecuestres también se remonta a la cultura clásica. Estas a veces toman medidas colosales y se utilizaba tanto la piedra como el bronce a la cera perdida. En todas ellas prima el realismo a la hora de representar el porte y el rostro de su protagonista. Por eso, se ha podido reproducir el aspecto de buena parte de los grandes gobernantes de la época a través de programas informáticos contemporáneos. Los modelos nos han llegado en piedra o metal.  

10.- A pesar de ese realismo de la escultura romana conmemorativa o pública, estas están revestidas de un fuerte simbolismo. Este extremo era reconocido y conocido por todos los estratos sociales.  Esta impronta simbólica siguió reproduciéndose en Europa (y también en América) hasta bien entrado el Neoclasicismo. En este sentido, las patas de los caballos indican cómo murió su protagonista o el movimiento de la mano o del rostro también tiene un sentido simbólico. Por poner un par de casos, la mano derecha siempre indica victoria, benevolencia o paz. Una estatua representando un caballo con las dos patas delanteras alzadas nos dice que su dueño murió en la batalla. Si fue por heridas, llevará una sola en cabriola y el reposo absoluto nos indica otra circunstancia. Puede ser por vejez o enfermedad. 

Y por último, en la escultura romana no hay un gusto tan frecuente por el desnudo como en la griega. Los grandes generales aparecen vestidos así como los particulares que se hacían inmortalizar en piedra. Aunque la Edad Media olvidó todo lo que supuso esta cultura (al menos a medias porque sí recopiló el saber escrito en pacientes manuscritos), con el Renacimiento se hicieron excavaciones cuyos tesoros se trasladaban a los palacios de sus promotores. Esta técnica (tan poco respetuosa con el legado de la Antigüedad) llegó incluso hasta una época tan temprana como las primeras décadas del siglo XX.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

31 Enero, 2021

Arquitectura romana

 

A finales del siglo VII a.C. surge en Roma una civilización que, andando el tiempo, conquistaría buena parte de Europa, norte de África y llegaría hasta Asia Menor. Heredera de la cultura griega y del arte etrusco, la arquitectura romana supuso trascendentales avances tanto en las obras de ingeniería (calzadas, acueductos, coaclas…) como en edificios civiles o de índole sagrada. De los etruscos tomaron la técnica del arco de medio punto y de los griegos sus construcciones a base de columnas. Sus constructores, además, inventaron un modelo de hormigón que solo ha sido superado con la aparición del armado.  

La monumentalidad de la arquitectura romana

Las incursiones bélicas de Roma dieron fruto muy pronto. Sus milicias llegaron a tierras desconocidas explotando para el Imperio todo tipo de materias primas, desde los metales preciosos hasta la madera o la ganadería. Todo ello sin contar el traslado de obras de arte, (especialmente escultura griega) que se realizaba desde todos los puntos del Mediterráneo. Con ellos viajaban sabios, maestros, artesanos, artistas tanto en calidad de esclavos como de hombres con cierto estatus de libertad. Roma muy pronto se levantó como el primer gran imperio sobre el planeta Tierra. 

Y todo ese poderío económico y trasiego de riquezas de todo tipo se representaba en la capital con una monumentalidad que solo podía eclipsar la arquitectura egipcia. Sin embargo, hay que decir que mientras esta estaba centrada en los cultos sagrados al faraón y la vida eterna, la clásica tenía otro cariz. Así, la cultura que expandió Roma por sus territorios está levantada para la vida y para el confort. Por eso, se empeñaron en canalizar el agua con inmensos acueductos, o crearon una ingeniosa red de alcantarillado. La monumentalidad estaba por todas partes desde los templos consagrados a los distintos dioses el Olimpo hasta el foro donde se realizaban transacciones o encuentros sociales pasando por los anfiteatros, circos o teatros. Todo en Roma estaba diseñado para el hombre pero en competición con los dioses, para la vida cotidiana y, a la vez, mostrando el poderío del Imperio. Por eso, las calles se llenaban con altas columnas conmemorativas, tempos, arcos de triunfos, esculturas o empedrados. 

Arcos, bóvedas, cúpulas y hormigón en la arquitectura romana 

Uno de los avances que posibilitó la creación de la monumental arquitectura romana fue la innovación en los materiales de construcción. Utilizan por primera vez una argamasa de cemento obtenido con una mezcla de toba calcárea, cal, arena y ladrillos triturados. Con ellos se levantaban muros que, además, se iban solidificando con el tiempo. El aspecto tosco que presentaban se embellecía (por el exterior) con bloques de piedra tallados que quedaban anclados en el hormigón. Posteriormente, se reemplazó por ladrillos cerámicos. Los interiores se revestían con yesos y estucos policromados (algunos pintados bellamente) que aportaban también durabilidad. 

Gracias a este material se dio un paso más desde donde se quedó la arquitectura griega. Si esta sostenía los edificios con columnas de piedra alrededor de todos sus lados, los romanos, sin renunciar a este elemento, incorporaron este hormigón con el que pudieron realizar no solo edificios más altos y robustos sino también rematadas con grandes bóvedas y cúpulas. 

Si las bóvedas y las cúpulas a base de hormigón fue la aportación romana a la historia de la arquitectura, no tuvieron empacho de valerse de creaciones ajenas. A las columnas griegas se le añadió el arco de medio punto procedente del pueblo etrusco. Este estaba realizado con piedras cortadas en forma de triángulo (sin llegar a rematar el vértice) que se encajaban unas contra otras a presión hasta forma el arco. Utilizando como base esta estructura se realizaban bóvedas de cañón o de crucería (uniendo dos de cañón en forma de cruz). La cúpula es el resultado de rematar cuatro o más bóvedas de cañón con una techumbre en forma de medio círculo.  

La gran obra maestra de la arquitectura romana en el que una cúpula es la protagonista la encontramos en el Panteón de Roma, hoy asfixiado entre edificios en una plaza minúscula. Sobre un pórtico con columnas se abre este espacio circular de más de 40 metro de diámetro cuyo centro está abierto con una linterna que deja pasar la luz y los rayos del sol. Los casetones del interior no solo son un recurso artístico sino también una propuesta de original ingeniería con el fin de aligerar el peso que debía soportar muros y columnas.

 

  • La arquitectura de Roma en las calles de Pompeya
    La arquitectura de Roma en las calles de Pompeya
  • Foro romano
    Foro romano
  • Ruinas de Baelo Claudia (España)
    Ruinas de Baelo Claudia (España)
  • Acueducto de los Milagros de Mérida
    Acueducto de los Milagros de Mérida
  • Templo de Diana de Mérida
    Templo de Diana de Mérida
  • Acueducto de Segovia
    Acueducto de Segovia

Los anfiteatros de Roma

De los teatros donde se representaban las obras dramáticas o cómicas de la literatura griega se evolucionó a los anfiteatros ovalados de la arquitectura romana. El carácter militar y agresivo de este pueblo llevó los juegos sangrientos a otro punto. El pueblo no solo se regocijaba con las palabras de la literatura sino también con crueles combates (a veces con gran precio de vidas humanas) en espacios realizados ad hoc.  Sobre un espacio oval se levantaban varias filas de graderíos que observaban la arena estructurados con ingeniosos sistemas de canalización y de caminos bajo el suelo. Allí se batían en duelo hombres con fieras o humanos contra humanos. En las épocas de mayor frenesí sangriento perecieron cientos de miles de animales salvajes traídos desde África, Asia o Europa y una cantidad semejante de seres humanos. La sangre era del gusto del pueblo. Por eso estos edificios se levantaban con pompa y lujo.

El más grandioso de todos ellos fue, sin duda, El Coliseo llamado así por su tamaño gigantesco aunque, en realidad  fue inaugurado con el nombre de Anfiteatro Flavio. Eso sucedió en la segunda mitad del siglo I d.C. Allí se podían congregar hasta 45000 espectadores que accedían al recinto a través de un ingenioso sistema de puertas que regulaban las salidas-entradas y los distintos asientos.  Mide 188 x 156 metros de superficie por más de 50 metros de alto.  Se realizaron 80 ventanas en forma de arco distribuidas en tres pisos. Levantado con el especial hormigón especificado más arriba, se embelleció con columnas de mármol, esculturas y tejidos suntuosos que adornaban los asientos reservados a la élite. 

La arquitectura romana y su relación con las viviendas

Las cenizas depositadas por el Vesubio sobre Pompeya o Herculano han permitido que viviendas de todo tipo hayan superado las brumas del tiempo llegando elementos intactos hasta nosotros.  Por estas excavaciones conocemos el lujo que imperaba entre las élites económicas o militares de Roma. Las paredes de las viviendas se revestían con estucos policromados o con pinturas figurativas mientras el suelo se embellecía con mosaicos sorprendentes. Esculturas, tejidos y mobiliario fino completaban estas casas. 

Las domus o casas señoriales se levantaban en una sola planta y tenía función diversa. En ellas residían no solo los dueños sino también el servicio. Estas podían estar en la ciudad o en el campo. El acceso se hacía por un pasillo estrecho paralelo a dos habitaciones que podían utilizarse con fines comerciales o de negocio ya que daban a la calle. A continuación se disponía un patio central presidido por una cisterna para recoger el agua de lluvia. Alrededor de ella se disponían habitaciones con uso diverso. De aquí se accedía a otro patio porticado con columnas y el cual también estaba rodeado de habitaciones. Las cocinas se solían colocar al final de la casa. Y algunas de las habitaciones se decoraban como comedor de diario o para invitados. Dependiendo de la economía del dueño, estas domus de la arquitectura romana se decoraban suntuosamente con mosaicos, mármoles, esculturas, estucos, marfiles, tejidos y muebles que aún hoy en día pueden utilizarse.  

Semejante a los pisos contemporáneos eran las denominadas ínsulas, las viviendas del pueblo llano. Eran edificios grandes de varias plantas (incluso cuatro o cinco) donde se agolpaba la población en estancias con mínima ventilación y espacio. El hacinamiento se compensaba con un patio interior sobre el que giraba estas viviendas muy pequeñas destinadas a alquiler. En este emplazamiento también se disponían cisternas para recoger el agua y era el utilizado para socializar entre los vecinos. 

La importancia del Foro Romano

 

Aunque las domus aristocráticas sí tenían estancias reservadas a los invitados o a la vida en común, la arquitectura romana también se plasmó en construcciones de carácter social, comercial o administrativo cuyo mejor ejemplo es el foro romano. Esta mezcla de centro comercial, plaza o lugar de encuentro se situaba en el centro de cada una de las ciudades que se levantaban. El de Roma llegó a medir kilómetros. Alrededor de él se disponían edificios sagrados o templos consagrados a distintos dioses, puestos de comida, tiendas o columnas conmemorativas. 

El de la capital estaba articulado a través de la llamada Vía Sacra por donde pasaban los vencedores de las batallas no sin antes cruzar el Arco de Tito. Esta construcción apareció alrededor del siglo II a.C. y estaba íntegramente consagrada a la vanidad de un pueblo que se sabía poderoso. En el Foro Romano también encontramos el Templo de Vesta y la casa donde vivían (con votos) la sacerdotisas. Ellas eran las encargadas de que el fuego sagrado no se apagara.  Otros templos se articulaban alrededor de esta calle comercial o de servicios como el de Cástor y Pólux que, según la leyenda, fueron los fundadores de la Ciudad Eterna. También hubo edificios civiles que servían como tribunal, centro de negocios o administrativos. Ni que decir tiene que el Foro Romano era objeto de reforma, ampliación y construcción constantemente y, por tanto, es un poco difícil hacer una radiografía fija del mismo. Una vez el Imperio fue decayendo y las comunicaciones con asentamientos alejados se fueron cerrando, este espacio comenzó a no ser utilizado y la ciudad se trasladó a otros puntos. Sus columnas, piedras, mármoles y esculturas fueron objeto de un expolio sistemático y constante.

La arquitectura romana no solo se encuentra presente en la capital sino que grandes edificios, templos o acueductos eran levantados allí por donde pasaran las milicias. A pesar de que algunos de ellos fueron desmontados concienzudamente, otros muchos se siguieron utilizando (como los puentes o acueductos) permitiendo que llegaran casi incólumes hasta nuestros días. 

Texto y fotos por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

Desde el siglo VII a.C. hasta el II a.C aproximadamente, en la actual Toscana, floreció una cultura enriquecida por el comercio con importantes influencias de la civilización griega. Aunque buena parte de sus obras (por los materiales utilizados) se han perdido, el arte etrusco se desperdigó por la actual Volterra, Mantua, Bolonia, Cortona, Caere y Veyes. Su influencia llega hasta las puertas mismas de Roma y, como el arte griego, también dejó su impronta en las creaciones del Imperio Romano. Vamos a hacer un resumen con las principales características del arte etrusco cuyas enigmáticas esculturas cinerarias aún siguen fascinando bien entrado el siglo XXI, especialmente por la reproducción de una original sonrisa en esculturas de todo tipo. 

1.- La arquitectura del arte etrusco 

El territorio era (y es) rico en arcilla roja. Y con este material realizaron la mayoría de sus construcciones. Debido al paso del tiempo y a que no tenían la monumentalidad de la arquitectura griega, por poner el caso de sus vecinos, buena parte de ella ha desaparecido. Si se conservan algunas murallas con puertas abiertas y adornadas someramente como las de Volterra, levantada en el siglo IV a.C. Aún pueden visitarse, también, las de Fiosole y otras desperdigas por la Cortina de Arezzo o lo que conocemos por Toscana. Los edificios religiosos, por su parte, no corrieron tan buena suerte ya que se levantaron con madera y terracota.  Y, por tanto, sucumbieron a los embates del tiempo. También quedan vestigios de un sistema de alcantarillado y de sus necrópolis (que estudiamos un poco más abajo). Estas nos dicen de una estructura social muy definida basada en el matrimonio y la familia.  

2.- El arco de medio punto y la bóveda de cañón 

Del arte etrusco y del pueblo que lo alumbró procede el arco de medio punto y la bóveda de cañón que surge a partir de esta estructura. Se levantaba sin argamasa (como el Acueducto de Segovia). Las piedras se tallaban formando un triángulo que no llegaba a rematarse en el vértice y se iban encajando unas con otras. La presión ejercida por las mismas soporta esta estructura perdurando incluso por siglos. Los romanos tomaron esta construcción y la multiplicaron en cientos o miles de acueductos, cloacas, templos y obra civil.  

3.- Las necrópolis en el arte etrusco  

Si hay un elemento que sobresalga en esta estructura son sus amplias necrópolis en el que se han encontrado miles de tumbas realizadas de una manera ingeniosa. Algunas de ellas están adornadas con pinturas al fresco que nos dicen de la vida cotidiana y algunos elementos de sus creencias. También han aparecido objetos pertenecientes al ajuar y de especial interés son las esculturas cinerarias; esto es, son obras de carácter realista, con rasgos antropomorfos y policromadas que servían para guardar las cenizas del difunto. A pesar de su aspecto, no son sarcófagos. En este sentido, algunas tumbas excavadas en Cerveteri, una de las necrópolis de mayor tamaño, nos habla de la familia como eje que estructura la sociedad. Estas construcciones son muy originales ya que en ellas se utilizaba todo el avance en ingeniería de este pueblo.  

En primer lugar se excavaba la piedra local y sobre este espacio se levantaba un espacio realizado con bloques cuadrados que se remataban con una bóveda cuyo aspecto se asemejaba al del huevo. La techumbre estaba sujetada por una columna central. Posteriormente se volvía a rellenar con tierra ofreciendo un paisaje de montículos o colinas tomadas en poco tiempo por la hierba.  Algunas de estas obras tenían cierta complejidad y se asemejaban a viviendas aristocráticas o palacios. Aunque es la piedra la protagonista, también se han localizado restos de estucos con los que eran recubiertas las construcciones.  Y estos, además, han sido pintados con escenas de la vida cotidiana siguiendo una técnica realista y abandonando el simbolismo propio de estas civilizaciones. 

4.- Las urnas funerarias del arte etrusco 

Este tipo de tumbas no solían albergar enterramientos sino que en ellas se depositaban las cenizas de los difuntos. Las urnas para ello eran de distintas formas pero todas se ejecutan siguiendo un patrón realista. Se han encontrado algunas con forma de vivienda utilizando la terracota que tanta preeminencia tiene en el arte etrusco. 

Además, han llegado algunas más complejas diseñadas en varias partes que posteriormente se ensamblaban. También moldeadas en arcilla con los restos de la policromía, nos encontramos los primeros elementos antropomorfos. La base se decoraba con un relieve floral y la urna se tapaba con una imagen del difunto, el cual siempre aparecía de manera serena y con los típicos peinados de la zona. Estos ejemplos son los más arcaicos y datan aproximadamente del siglo VII a.C. Otros restos nos hablan de piezas más grandes con una hermosa policromía que aún perdura y rasgos muy bien delimitados.  

Músicos y bailarines en una tumba de arte etrusco

5.- La pintura mural y los objetos de ajuar en el arte etrusco 

Sin llegar al arte funerario de la arquitectura egipcia empeñada en levantar grandes pirámides y en enterrar tesoros de todo tipo para que sirviera al faraón (o a los miembros de la aristocracia) en la otra vida, sí se han localizado algunas piezas de uso personal. Espejos o pequeñas joyas en piedras de río, bronce o hueso acompañaban las cenizas de los que allí descansaban. Paralelamente, algunas de estas tumbas se revestían con yeso y, posteriormente, se policromaban. Abundan los tonos rojos, negros y ocres. Asistimos a un arte figurativo que celebra la vida cotidiana con sus danzas y sus ciclos de las estaciones. A través de estas pinturas se llegan a conocer cómo era la vida cotidiana, centrada en la naturaleza y en el disfrute del momento sin grandes concesiones a dioses o a la vida del más allá. 

La Quimera de Arezzo 

6.- La escultura en el arte etrusco 

De estas urnas funerarias que adelantan rasgos antropomorfos se pasa a verdaderos grupos escultóricos de gran belleza y entidad como El sarcófago de los esposos (custodiado en el Museo Nacional de Villa Julia de Roma) o El sarcófago de Cerveteri guardado en el Museo del Louvre. Este, además, aún mantiene restos de la policromía que señalan los rasgos de los protagonistas con la barba en triángulo para el hombre y las trenzas largas para la mujer. Son las primeras manifestaciones en arte de un grupo familiar que está tratado con el mismo rango, con cuidado y mostrando una actitud de respeto y compañía mutuas. Las figuras (como incluso las que representan dioses) aparecen sonriendo, extremo este poco común en el arte de las civilizaciones antiguas. 

Aparte de estos ejemplos realizados en terracota policromada, el arte etrusco también dio bellas obras realizadas en bronce. Algunas tallas que han llegado hasta nosotros demuestran tal pericia y atención al detalle que no pueden más que pertenecer a una civilización que manejaba con soltura este material. Puede ilustrar este extremo la llamada Quimera de Arezzo del siglo IV a.C. y actualmente custodiada en el Museo Arqueológico de Florencia. Se encontró por casualidad en el Renacimiento y fue tal su belleza que el mismísimo Cosme de Médici la reclamó para sí. Representa a un león en posición de ataque con las garras, la mandíbula y la melena muy bien definida. La cola termina  formando una serpiente (aunque esta es una atribución del siglo XVIII ya que la original se ha perdido) y del lomo se despereza una cabra. Este ser mitológico mezcla de varios animales formaba parte del panteón divino del pueblo etrusco, aunque, al parecer, su culto fue importado de Turquía.  

7.- La sonrisa etrusca

Tan enigmática que ha sido protagonista de novelas y de estudios sesudos. Los pueblos antiguos no utilizaban la sonrisa a la hora de inmortalizar en arte a sus héroes o dioses. Todos ellos aparecían en posición serena con el rostro sin apenas expresividad. Sin embargo, el arte etrusco está repleto de todo tipo de sonrisas ya sea para señalar los esposos protagonistas de urnas cinerarias como esculturas de dioses. La felicidad para ellos, con toda probabilidad, se expresaba con este gesto y, por tanto, se inmortalizaba incluso en los elementos funerarios. Más que la majestad importaba el paso por este mundo y la dicha terrenal. 

El arte etrusco, a pesar de que fue asimilado por el romano posterior, aún tiene piezas ocultas en excavaciones de corte funerario. Lo que ya se guarda en los museos nos habla de un pueblo exquisito que hacía de la alegría el hilo conductor de la vida del más acá y también del más allá. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

El teatro barroco en España se va fraguando a partir de finales del siglo XVI. Con anterioridad, únicamente existían comparsas itinerantes más cercanas a los oficios del mester de juglaría que las representaciones que hoy conocemos. Para no haber ni siquiera existían emplazamientos específicos para reproducir las obras. Aunque en Toledo, Valencia o Sevilla existía alguna tradición dramática, fue Madrid (ya convertida en corte con Felipe II) la que levantó los toscos corrales de comedia. Los primeros estuvieron ligados a hermandades que solicitaron permiso para representar piezas que tenían la finalidad de recaudar fondos destinados a sus obras de caridad. Luego se levantó el famoso Corral de la Pacheca, o el Teatro de la Cruz o El Príncipe. Estos emprendimientos surgieron cuando nuestro protagonista tenía veinte años y supusieron un punto en el que se apoyó el revolucionario teatro de Lope de Vega.  

La importancia de los corrales de comedia en la ingente producción del teatro de Lope de Vega 

Eran espacios ganados a una plaza pequeña o una intersección de calles donde se levantaba una elemental tarima para los actores y se disponía el público de pie. Las mujeres tenían un espacio reservado y las ventanas que daban al recinto se consideraban asientos de mayor rango. Progresivamente, se fueron habilitando espacios concretos en los que se situaron bancos corridos y alguna techumbre. 

El decorado propiamente dicho no existía y toda la acción dramática se dejaba a la palabra hablada. Por eso, en el teatro de Lope de Vega existe un dinamismo tan fuerte que algunas de sus obras no pueden representarse hoy en día, acostumbrados como estamos a ayudarnos visualmente con los escenarios o el atrezzo.  El estilo barroco (tanto en literatura como en arte) daba respuesta a un estado anímico general protagonizado por el derrotismo, el abatimiento y los sentimientos de tristeza. Las guerras constantes (que se perdían) se unían a las pestes y a las crisis económicas constantes. Poco o nada podía hacer una población que no encontraba alicientes en este mundo más allá de la evasión. Y en este contexto se enmarcan todas las obras de Lope de Vega y especialmente, su teatro. El público exigía con avidez novedades, comedias ligeras, de enredo, que no hicieran pensar mucho. Y el Fénix le dio, con creces, lo que pedían.  

Los temas en el teatro de Lope de Vega 

Anotado esto, recogía cualquier temática que pudiera llevarse a la escena, que sirviera de diálogo, de debate afilado o de motivo para la carcajada fácil. Su talento hacía todo lo demás. Como en el caso de sus poemas, la biografía de Lope de Vega, también le servía para levantar algunos títulos que se representaban sin descanso los días de fiesta y algunos, incluso, de trabajo. Por su pluma pasaron historias bíblicas, de la antigüedad, mitológicas, referentes a los héroes de los cantares de gesta, a eventos contemporáneos e, incluso, entresacados de la novela pastoril. Todo le servía al Fénix para levantar obras ligeras, entretenidas, perspicaces y con un sutil lenguaje que encandilaba por igual al público popular como al más instruido. 

Aunque hay autores que señalan que escribió más de 1800 obras teatrales, se considera que fueron alrededor de 1500, un número solo posible para un genio de carácter superdotado. Quizás por este gran volumen de títulos, en Lope de Vega no encontramos ningún personaje o carácter que haya sido grabado en el canon al estilo de Don Quijote, Sancho, La Celestina o Don Juan que llegaría después. Sus obras, con las debidas salvedades, tienen un hilo conductor: las comedias de enredo, de capa y espada donde hay siempre un malentendido debido a parecidos, muertes que no son tales, confusiones, personajes que se parecen, puertas que se abren y se cierran… Las obras tienen un final feliz con una proporción de amores completos siempre emparejando a personajes del mismo estrato social o cultural.  

Lenguaje y estilo en el teatro de Lope de Vega 

Esta temática se lleva con un lenguaje ágil, lleno de gracia, de giros, de ironías y de un punto de picaresca. Lo trágico y lo cómico se mezclan sin tener en cuenta las normas canónicas clásicas. Lope innovó en el teatro de tal manera y tuvo un éxito en vida tan arrollador que fue objeto de críticas por parte de una élite culta que le reprochaba dedicar su talento a contentar a un pueblo sin instrucción. Salvando las distancias, fue capaz de conectar con el sentir de la época y su búsqueda de evasión a toda costa como hoy lo hacen las series interminables de las plataformas de Internet.  

De esas críticas respondió con ironía en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo publicada en 1609. Aquí pretende (con acierto desigual) desgranar los modos que rigen su obra. Para él, las fórmulas imperantes en la lírica renacentista suponía una tiranía o una mordaza que no dejaba expresar todo su genio mordaz, irónico, desbordante y con un punto de desfachatez. Por eso, se sirve de un lenguaje sencillo, musical, rítmico y trepidante. Si bien hace estallar la división preestablecida entre la comedia ligera (con personajes bravucones) y la tragedia (en la que se trataban temas trascendentales) al mezclarlo todo, diferencia el lenguaje dependiendo de sus personajes. 

Los protagonistas en el teatro de Lope de Vega 

Una de las figuras más exitosas de las comedias del Fénix es la figura del gracioso. Este siempre es representado por un personaje de clase popular, un criado, un sirviente o alguien ajeno a los quehaceres de la honra. Distinto a los protagonistas de la novela picaresca que tan buenos frutos dio en el barroco literario, son individuos que se nos presentan anclados en los material, en lo terrenal, en los objetivos más mundanos a corto plazo. Para ellos no existen los amores apasionados ni el esfuerzo sostenido en aras a conseguir una recompensa. Es más, no es extraño que hagan mofa de ello para regocijo del público allí congregado.  

En el otro lado están los personajes principales, siempre encarnados por protagonistas de estrato social medio o alto enredados en temas de honor, de amores platónicos e incapaces de conseguir nada del mundo terrenal. Para solventar esto tienen a su servicio los tipos anteriores (los graciosos) que no dudan en engañar, confundir o aprovecharse de la poca pericia de sus señores. Este juego de los personajes posibilita siempre el enredo que se salda con un final feliz. 

El honor en el teatro de Lope de Vega

De tanto se sirve de este sentimiento tan español que hay historiadores, incluso, que apuntan a que nuestra percepción de la época está mediatizada por estas obras. El honor pertenece a los personajes de clase alta que (en apariencia) se dejan matar antes de hacer frente a una mancha en su buen nombre. De este sentimiento hacia siempre mofa el gracioso incapaz de ver la grandeza espiritual de tal sentimiento.  

Este contraste nos lleva siempre a la dicotomía entre la realidad frente a la ficción; la fantasía o la ilusión frente al mundo tangible; la confusión frente a los hechos probados. Todo ello, se adoba con un lenguaje brillante y ligero que es una de las principales características del teatro del Lope de Vega.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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