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El vagón de tercera clase de Daumier | análisis y comentario

El vagón de tercera clase

El vagón de tercera clase

Candela Vizcaíno

  

Honoré Daumier (1808-1879) fue conocido y reconocido en su época por sus trabajos como ilustrador satírico. Por ello tuvo problemas con la justicia ya que se atrevió a publicar una caricatura de Luis Felipe de Orleans. La osadía le costó seis meses de cárcel. Aunque con la vuelta de la censura en Francia (1835-1848) dejó aparcada esta faceta, nunca abandonó su veta política (o más bien de denuncia social). Y con este prisma tenemos que leer El vagón de tercera clase, obra cumbre del la pintura del Romanticismo que adelanta los postulados del realismo y del naturalismo.

Datos de la obra antes de adentrarnos en su análisis 

El vagón de tercera clase de Daumier fue pintado en 1864. Es un óleo sobre tela de pequeño tamaño ya que solo tiene 0,67 x 0,93 metros. El original se conserva en la National Gallery of Canada situada en Otawa. Ha llegado hasta nosotros otras dos versiones inacabadas y una de ellas es sobre tabla. Esto es, el tema le fue querido al pintor. La obra puede considerarse de transición en la historia del arte ya que no tiene todas las características del arte del Romanticismo y adelanta, como Los fusilamientos del 3 de mayo, el expresionismo. También adquiere tintes del realismo literario e, incluso, del naturalismo, al presentar ante el espectador una narración con clara denuncia social.  

En este sentido tenemos que recordar que el Manifiesto comunista es de 1848 y la época se caracteriza por un avance de la burguesía que desplaza a la decadente y extractiva aristocracia. Los cambios económicos, además, empujan a una enorme masa de campesinos hacia las ciudades con la promesa de una mejor vida en las modernas fábricas. Todo estas circunstancias generan una legión de obreros que, a duras penas, logran alcanzar el sueño de una existencia mejor. La enorme desigualdad fue el caldo de cultivo para sucesivas revoluciones y también para los movimientos sindicales de la época. El vagón de tercera clase se encuadra en este contexto histórico en el que el mundo conocido y heroico de personajes nobles queda atrás. Ahora la mirada se centra en una nueva realidad. 

El vagon de tercera clase de Daumier 

Características estéticas principales de El vagón de tercera clase

Muy resumidamente y esquemáticamente tenemos:  

1.- El Romanticismo supone un rechazo de la convención (abonada por la cultura del Neoclasicismo) renegando de cualquier modelo tradicional. Entran, por tanto, en escena personajes nuevos nunca tratados como protagonistas. En la obra que nos ocupa son la anciana que sujeta un cesto con fuerza, una joven que amamanta y un niño adormecido. El gentío que se agolpa detrás actúa a la vez como escenario y, también, da contexto a la obra. Estamos en un espacio saturado e incómodo donde se apiñan quienes no pueden permitirse un mínimo de confort. 

2.- Se retrata además los inventos modernos tal cual es el ferrocarril que da un vuelco a las comunicaciones. 

3.- El siglo XIX es la época de la lucha por las libertades en todos los planos. El más evidente es el social con la confrontación de los de abajo contra una élite decadente, extractiva y corrupta. En el plano económico se produce el avance de la burguesía, de aquellos que llegan a la riqueza simplemente con astucia, inventiva, buena suerte e, incluso malas artes. El obrero de las ciudades aparece como una nueva clase social: pobre, desgajado de su lugar de origen y perdido. Se le niega cualquier asidero emocional como el que sí conservarían los humildes campesinos apegados a la tierra. En este sentido, El vagón de tercera clase no retrata a grandes personajes sino a seres anónimos en su día a día. Esto último supone una novedad en la historia del arte. 

4.- Por otro lado, el Romanticismo da un vuelco al concepto de lo bello. Ya no reside en lo canónicamente considerado como tal. Lo bello está en la mirada, esto es, se traslada al receptor. Estamos, por tanto y reduciendo mucho, ante ese “poesía eres tú” de Bécquer

5.- El artista se erige en el comunicador entre dos realidades distintas: una etérea e incognoscible donde surge el arte y aquella mundana donde se desarrolla la vida cotidiana. Desgarrado de este mundo por su incomprensión, solo le queda la creación de los mundos posibles. Y estas puertas pueden encontrarse en cualquier rincón de la realidad tal cual asistimos en El vagón de tercera clase de Daumier. 

6.- Paralelamente se olvida la serenidad de la cultura neoclásica y su afán de razón. A partir de mediados del siglo XIX el arte no se centra en escena heroicas o en personajes preeminentes de la sociedad. Como en La balsa de la medusa, serán protagonistas individuos anónimos. Todo esto dará (en unas décadas) un giro aún más radical con las denominadas vanguardias históricas: surrealismo, futurismo, fauvismo…  Las bases se sientan ahora. 

7.- Por tanto, es inevitable que el arte se tiña de tintes políticos a pesar de que se proclama que la razón del arte radica en sí mismo. El vagón de tercera clase, por tanto, adquiere denuncia social al presentarnos a esos personajes pobres aferrados (como la anciana protagonista) a lo poco que se tiene para poder sobrevivir.  Esto es, ya no se mira a la élite aristocrática decadente, corrupta y extractiva sino a las clases sociales más humildes y desfavorecidas. A la par se niega el mecenazgo de la burguesía, considerados como arribistas que aún no han descubierto el poder de lo bello. En estas décadas la pintura (y el resto de las manifestaciones artísticas) va despojándose de idealización para confluir, primero, con los postulados del realismo y del naturalismo después. 

8.- En esta línea la obra El vagón de tercera clase nos muestra un retazo de la vida cotidiana de los más desfavorecidos, de aquellos campesinos u obreros que viven para el trabajo (de ahí el cansancio de la figura central). Al retratarlos en su cruda realidad no solo se pone en foco en los desfavorecidos que nunca habían sido protagonistas de un pintura sino también se lleva a cabo un potente crítica social. 

9.- Se hace hincapié en el interior que se transparenta en el exterior. El arte ya no sirve para dar cuenta de grandes batallas o de personajes de la élite. La realidad se impone y con ella hay un cambio en la historia. El presente, por tanto, adquiere la importancia de los hechos históricos. La misma supervivencia se convierte en un acto heroico que merece ser narrado e inmortalizado.  

Análisis de El vagón de tercera clase de Daumier

También esquemáticamente tenemos: 

1.- Son los desfavorecidos los protagonistas, seres anónimos que ni han posado para crear un relato mítico ni entran con nombre propio en la historia. Estamos en la realidad de la intrahistoria, la que se crea día a día con actos cotidianos. 

2.- Es el creador y el espectador con su complicidad quien crea lo bello. El concepto ya no viene dado por la naturaleza o por el aval de la historia. En este sentido, Daumier se adelanta a algunas obras de Vicent van Gogh, como la conocida Los comedores de patatas

3.- La obra, de pequeño tamaño, capta el momento de una realidad conocida: el vagón donde se apiñan los más humildes. A la par, pone de relieve las figuras femeninas centrales acompañadas por un bebé y un niño quien muestra el mismo agotamiento que las mujeres. La más joven amamanta sin alegría a su bebé. La vieja aparece con aspecto cansado agarrando con fuerza la cesta como si de su interior dependiera su vida. El cansancio es la tónica incluso en la figura del niño que se encuentra en la esquina. 

4.- El trazo ya aparece difuminado y los claroscuros potencian el efecto de luz que cae sobre la figura central. 

5.- El ambiente se nos antoja asfixiante.  

Comentario de El vagón de tercera clase 

Como las de Goya, es una obra totalmente moderna ya que se abandonan los modelos idealizados del pasado para centrarse en una aquí y ahora. Ese cronotopo incide en la mirada de los más humildes que se vuelven protagonistas y no lo hacen por su heroísmo o porque hayan realizado hechos reseñables. En este caso se da un paso más en el expuesto en La balsa de la Medusa. Lo hacen porque se vuelven protagonistas de la historia con su existencia mundana. 

La pintura, por tanto, adelanta los postulados del expresionismo en arte con su búsqueda de la narración de los sentimientos interiores. En este caso asistimos al cansancio, a la derrota, al agarrarse a la existencia a toda costa. Esto se simbolizada en las manos que cogen las asas del canasto con fuerza. En definitiva, las puertas para el naturalismo (que tan buenos frutos dio en la literatura francesa) se encuentran abiertas. 

El arte, en definitiva, se despoja de cualquier finalidad impuesta desde fuera y su única función es reflejar lo bello. Lo bello, además, puede encontrarse en cualquier parte. Una de las características del arte del Romanticismo es que dinamita todos los conceptos preestablecidos tradicionalmente.  Y un buen ejemplo es la obra que estamos estudiando: El vagón de tercera clase

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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