Comentario de La primavera de Botticelli

«La primavera» de Botticelli

«La primavera» de Botticelli

Candela Vizcaíno

 

La primavera o Alegoría de la primavera (1482) es una de las obras de Sandro Botticelli (1445-1510) más conocidas, junto con  El nacimiento de Venus. Es una pintura de gran tamaño (203x 314 cm) que se custodia actualmente en la Galería de los Uffizi de Florencia. En ella, como veremos, se hace una alegoría, esto es, un relato utilizando símbolos, del renacer tanto físico como espiritual que supone la primavera. Y lo hace utilizando los mitos y personajes protagonistas de la cultura clásica. 

Características de La primavera de Botticelli 

1.- La obra, a pesar de ser simbólica, está representada de una forma realista siguiendo buena parte de las características de la pintura renacentista en cuanto técnica y modelos. 

2.- Se hace un alegato a favor de la naturaleza que está tomada como un símbolo vital de gran importancia, incluso como arquetipo siguiendo la terminología de Jung. 

3.- En ella destaca la delicadeza del color y del tratamiento de la figura humana. En este sentido hay que anotar que Botticelli trata casi todas sus protagonistas femeninas con las características físicas de Simonetta Vespucci (Génova, 1453-Florencia, 1476). Fue la joven (ya que murió con tan solo 23 años) una aristócrata de gran belleza que sirvió tanto de musa como de modelo para buena parte de los artistas del Renacimiento italiano. Botticelli, a quien no se le conoce ningún tipo de relación amorosa, la convirtió en el canon de belleza de todas sus obras y pintó su rostro en prácticamente todas sus creaciones, incluso repitiéndolo dentro de la misma obra, como sucede en La primavera

4.- La perspectiva se consigue colocando un fondo natural, el arco de árboles frutales (naranjas o las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides) que enmarca, como si de una bóveda vegetal se tratara, toda la obra. 

5.- La pintura se divide en cinco partes y cada una de ellas tiene un protagonista distinto (o un grupo de ellos) entresacado de los mitos clásicos y con un fuerte sentido simbólico. No podemos hacer ni análisis ni comentario a La primavera de Botticelli sin identificar estos actores. 

Comentario La primavera Botticelli 

Personajes en la obra La primavera de Botticelli 

De derecha a izquierda tenemos, lo siguiente: 

1.- Una representación del mito del rapto de Perséfone por Hades, dios del infierno y de la oscuridad representando como un ser gris que inspira temor y rechazo. Él es el símbolo de todo lo que está oculto, lo que se escatima al ser humano y, también, de la muerte y del fin de un ciclo. Según la tradición clásica, Hades se enamora de Perséfone, su bella y joven sobrina. Como la muchacha lo rechaza, él la secuestra un día que estaba recogiendo flores con sus amigas. Perséfone es la representación de las doncellas, de las jóvenes que, con su fuerza vital, inician el ciclo de la fertilidad y la prosperidad. Se la representa con una corona de flores o rodeada por estos atributos. Tras una dura negociación llevada a cabo por su madre con Hades, acepta convertirse en esposa del rey del infierno.

2.- Deméter, diosa de las cosechas, de la naturaleza y de los ciclos de la vida. Tras el secuestro de su única hija, muerta de pena, abandona la tierra para adentrarse en las profundidades del infierno en rescate de Persófone. El desaguisado en el mundo de la raza humana fue de tal calibre que, sin su protección, los árboles se secaron, las cosechas se perdieron, los animales morían de hambre y la raza humana veía cómo la civilización entraba en un auténtico apocalipsis. Por eso, los dioses del Olimpo se vieron obligados a intervenir para llegar a un acuerdo entre Hades y Deméter con respeto a Perséfone. De resultas de este trato, la joven se quedaría en el infierno reinando de igual a igual y con libertad (muy importante este matiz, ya que no sería una prisionera sino una reina) durante los meses fríos. Y regresaría junto a su madre en primavera para poblar con frutos y abundancia todos los rincones de la tierra. Eso es lo que hace Deméter la figura rotulada con el número 2 que sonríe a la Primavera, símbolo del renacer, con su manto cubierto de flores. 

3.- Primavera, ataviada como una mujer joven situado justo en el centro de la obra. Funciona como una alegoría no solo del renacer físico sino también espiritual. En ella se concentra el futuro, la vuelta a la vida y la promesa de trascendencia anímica. La primavera es algo más que abrazar el espíritu positivo o hedonista, es aceptar el ciclo de la vida con todas las luces y sombras. 

4.- Cupido lanzando una flecha de oro, sobre la alegoría de la primavera. Este bromista que se representa ciego lleva en su carcaj dos tipos de flechas: las de oro que propician el enamoramiento, la pasión, el encuentro, la amistad y la reunión; y las de hierro que llenan de desdén y asco a quien las recibe. En La primavera de Botticelli, Cupido se dispone a disparar flechas de oro en la parte derecha de la obra, esto es, en las tres figuras femeninas que bailan juntas. Ellas son las gracias. 

5.- Las gracias son deidades menores en las que recaen todas las virtudes que deben adornar al ser humano. Además, están asociadas, como las musas, a la creación y al culto de la fertilidad. Las gracias se representan como tres mujeres jóvenes, bellas y semidesnudas o desnudas que danzan juntas para propiciar la fertilidad y la creación. Se recurría a ellas en los misterios elusinos, los mismos que rendían tributo a la diosa Deméter y a su hija Perséfone que se encuentran a la derecha. 

6.- Hermes es la última figura de la pintura. Mediador entre los hombres y lo divino, en él recae el espíritu creador, ya que lo mismo protege el comercio (también a los ladrones) que inventa (la lira, la flauta…) y se las ingenia para salir airoso de cualquier situación. Hermes es el dios que ayuda a los hombres, a través del espíritu creador, a comunicarse con los dioses. 

Mensajero por excelencia, llamado a veces con la palabra de que deriva Evangelio, el mensajero de la buena nueva, Hermes simboliza la mediación entre cielo y tierra, los medios de cambio que pueden pervertiste en forma de comercio simoníaco o elevarse hasta la santificación. Asegura el viaje, el pasaje entre los mundos infernales, terrenales y celestiales. 

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos 

 Obras de Botticelli La primavera 

Comentario de La primavera de Botticelli 

Con este listado de personajes dentro de la obra, no es aventurado afirmar que estamos ante una alegoría, ante un relato compuesto por piezas simbólicas, en el que se ensalza no solo la primavera en su sentido físico, natural o material sino también en el espiritual. Y cuando se tratan los asuntos del alma tenemos que hacer notar dos aspectos que distinguen la raza humana del resto de criaturas: 1) la creación y 2) el afán de trascendencia. Ambos están presentes en la obra de Botticelli. No puede haber fertilidad y abundancia sin el espíritu del hacedor. De igual manera, la oscuridad es inherente al brillo luminoso del renacer. Sin esa «muerte» simbólica de Perséfone atrapada en los infiernos, su madre Deméter no puede regar con sus dones cada rincón de la tierra. Las estaciones, en definitiva, son un todo, cada una de ellas es un engranaje en la eterna rueda de la vida.  

Las estaciones han sido diversamente representada en la artes: la primavera por un cordero, un cabrito, un arbusto o por coronas de flores; el verano por un dragón escupiendo llamas, una espiga de trigo o una hoz; el otoño por una liebre, por pámpanos o cuernos de la abundancia desbordantes de frutos; el invierno por una salamandra, por un pato salvaje, por las llamas del hogar, etc. La primavera está consagrada a Hermes, el mensajero de los dioses; el verano a Apolo, el dios solar; el otoño a Dionisios, dios de la vendimia; y el invierno a Hefaistos, dios de las artes del fuego y de los metales. La sucesión de las estaciones, como la de las fases de la luna, esconde el ritmo de la vida, las etapas de un ciclo de desarrollo: nacimiento, formación, maduración y declive; ciclo que conviene tanto a los seres humanos como a sus sociedades y sus civilizaciones. Ilustra igualmente el mito del perpetuo retorno. Simboliza la alternancia cíclica del empezar de nuevo.  

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos 

Hermes es el dios ambivalente ya que lo mismo protege a los comerciantes o a los hacedores de cosas que a los ladrones. Y ese carácter dual es potenciado por el color naranja de los frutos que, como una bóveda, arropan a todos los personajes. Apenas podemos distinguir si son naranjas y, en este caso, como cualquier fruta con pepita alude a la fertilidad o, si por el contrario, el artista, alude a las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Vigiladas por un dragón otorgaban la inmortalidad a quien las merecía. Aquellos que no eran dignos de sus frutos caían fulminados. Eran, también, un bocado ambivalente. En ellas se concentraba tanto la vida como la muerte. Este sentido simbólico también viene por el color de las frutas, el naranja que, en simbología, se considera situado en ambos extremos: puede ser el de la trascendencia pero también el de los instintos. Por los personajes de la obra de Botticelli nos atrevemos a señalar que más bien apunta al primer sentido: a la elevación del alma, a la subida hacia el cielo con todo lo que implica en el plano espiritual al que apunta el dedo y la mirada de Hermes, el dios de la comunicación.  

A medio camino entre el amarillo y el rojo, el naranja es el color más actímico. Entre el oro celeste y las fauces ctónicas, este color simboliza en primer lugar el punto de equilibrio del espíritu y de la líbido. Pero tal equilibrio tiende a romperse en un sentido o en otro, y se convierte entonces en la revelación del amor divino, o en el emblema de lujuria.  

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

La alegoría de La primavera de Botticelli es, por tanto, una obra que se articula según una narración simbólica siguiendo los mitos clásicos y los postulados estilísticos del Renacimiento.  

Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla 

 

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