• Portada
  • Arte
  • El nacimiento de Venus de Botticelli, características y análisis

El nacimiento de Venus de Botticelli, características y análisis

El nacimiento de Venus de Botticelli

El nacimiento de Venus de Botticelli

Candela Vizcaíno

Espejo menos que escalofrío… a la vez pausa y caricia, pasaje de un arco líquido en un concierto de espuma.

Paul Claudel

El nacimiento de Venus de Botticelli es un canto a la vida, al amor fecundo y sereno, a la reunión de todas las fuerzas de la naturaleza… En la obra se ensalza la belleza armónica. Se espiritualiza, como veremos, la pulsión carnal a favor de una pasión emocional que se nos antoja de completez, dicha y felicidad. Pintada en 1485, es de grandes dimensiones (172 x 278 cm) y se conserva en la Galería de los Uffizi de Florencia. De todas las obras de Sandro Botticelli (1445-1510) es, quizás, la más conocida y la más admirada. En ella se aúnan las características de la pintura renacentista, con su culto a la elegancia calmada o al orden sereno y la búsqueda de la esencia del alma a través de los mitos clásicos más conocidos. El tema de la pintura es el nacimiento de la diosa griega Afrodita (transformada, como veremos, en la Venus romana) surgida de la espuma del mar. 

El nacimiento de Venus

Características de El nacimiento de Venus 

1.- TEMA. El significante de la obra (la representación básica de la misma) es el nacimiento de la diosa Venus a partir de la espuma del mar. Venus es la evolución (ya que no hay simplemente un cambio de nombre) de la diosa romana Afrodita. Era esta última la señora del amor carnal y pasional, en contraposición a Hera, regente de la familia y del matrimonio, quien representa la unión legal y el amor conyugal ordenado. Afrodita está casada con Hefesto a quien le es infiel con Ares, convertido en el Marte romano, señor de la guerra. A menudo es representada rodeada de fieras salvajes. Según la tradición, la diosa griega nació tras la guerra de los titanes y los dioses del Olimpo, batalla que ganaron estos últimos. En su alumbramiento, no intervino ningún ente femenino, ya que surgió del semen de Zeus, su padre, derramado sobre la espuma del mar. Este es el momento que capta la obra de Botticelli, en un cuadro de belleza serena y de elegancia sublime. Sin embargo, en la obra, la Afrodita griega ya no es la diosa de la pasión desenfrenada. Se ha convertido en la Venus romana. Aunque conservando toda la tradición anterior, el mito romano se ha transformado; en definitiva, se ha espiritualizado. Venus ha aparcado sus instintos sexuales animales y se ha sublimado en una diosa más dulce, serena y bella que despliega su abundancia por todos los rincones del planeta.  

2.- ORDEN GEOMÉTRICO. Los artistas del Renacimiento italiano dan la espalda a esa familiaridad con lo santo que había caracterizado la Edad Media. Se vuelve hacia la antigüedad clásica retomando sus textos. Estos se publican en las recién inauguradas imprentas que pueblan todo el territorio europeo. Algunos de estos impresores, como el conocido Aldo Manuzio, se empeñan en sacar cuidadas ediciones filológicas bilingües a un precio reducido. Es así como los mitos clásicos, los héroes o las metamorfosis de Ovidio (siglo I) empapan una cultura que cree en las posibilidades de la raza humana, sin olvidar ni aparcar la tradición cristiana. Es en este contexto en el que tenemos que entender El nacimiento de Venus. A la par, la mirada artística se vuelve hacia la elegancia armónica y hacia el orden geométrico. Es el mismo que encontramos en la pintura de Botticelli, como veremos.  

En el espacio central aparece la diosa Venus que surge, aunque pudorosa, desnuda de las aguas primigenias. Ella es el centro del universo. A un lado, se encuentra la deidad Flora ataviada con trajes bordados con motivos vegetales que arropa con un manto a la diosa. A la izquierda, los vientos soplan en favor de la diosa. Venus se convierte en una espiral tranquila hacia la que convergen todas las fuerzas de la naturaleza: el agua, la tierra, el aire y el fuego simbolizado en ese manto rojo que quiere tapar la desnudez divina. 

3.- COLOR. Si algo caracteriza a la pintura del Quattrocento es el uso del color, que se vuelve brillante, vibrante y seductor a la vista. Este se consigue a través de una trabajada técnica que utiliza veladuras, capas de material que van aportando un extra de profundidad a obras que, en esencia, son en dos dimensiones. Las figuras, además, están rodeadas por una línea oscura que hace resaltar el fondo que, en Botticelli, casi siempre está formado por escenarios naturales o por cuidados elementos arquitectónicos. Con esta técnica se consigue aportar perspectiva a la obra.

4.- SIMONETTA VESPUCCI. Fue una joven aristócrata nacida en Génova en 1453 que se convirtió en musa y modelo favorita de los artistas del Quattrocento italiano. Fallecida con tan solo 23 años, Botticelli, que no se casó ni se le conocen amores ni amoríos, la convirtió en su ideal estético perfecto. Los rasgos serenos y claros de la joven italiana fueron repetidos una y otra vez en numerosas obras del artista. Y, en El nacimiento de Venus, lo hace por partida doble ya que es representada tanto como Flora como la misma Venus. Este ideal de belleza renacentista (piel nacarada, cabellos claros o rojizos, rasgos acompasados…) perduró incluso hasta el siglo XIX, cuando el Romanticismo impuso otros modelos basados en la libertad. Por su parte, en el Renacimiento la belleza se considera una aspiración, un canon espiritual más que la representación de una realidad.  

Análisis de El nacimiento de Venus  

La pintura de Botticelli nos remite a los mitos clásicos grecolatinos. Sin embargo, estos ya han sido transformados por la cosmovisión renacentista. La pulsión anímica de la Afrodita primigenia que se hace acompañar de animales salvajes se ha dulcificado en la Venus griega que aporta serena felicidad a todo lo creado. En el Renacimiento, además, se da otra vuelta de tuerca y Venus, como Apolo, se despoja de buena parte de su carnalidad, de su significado sexual incluso y se espiritualizan. La diosa del amor se convierte así en la representante de la creación, de las fuerzas sublimadoras que se apartan del barro de los instintos para elevarse hacia la espiritualidad intangible. Con este sentido tenemos que entender la obra. 

 Analisis de El nacimiento de Venus

En El nacimiento de Venus, la geometría es completa, si echamos un vistazo al esquema adjunto. Al dividir la obra con líneas imaginarias desde los distintos puntos de la misma, todas ellas convergen en el sexo de la diosa pudorosamente tapado con el cabello rojizo y largo que luce en la obra de Botticelli. Esta división es perfecta si nos atenemos a los distintos símbolos primigenios que se han representado en cada una de las cuadrículas, que son:  

1.- El elemento aire, representado por las deidades aladas que soplan hacia Venus levantando flores que se depositan sobre el espacio de la diosa. Están en la esquina superior izquierda, la del inconsciente espiritual según la clasificación de los arquetipos propuesta por Jung. 

2.- El agua, trasunto de la vida primigenia, de la fecundidad y de todo lo creado, se encuentra en la esquina inferior izquierda, la del inconsciente material. 

3.- La tierra consciente está representada por el reino vegetal del espacio señalado con el número tres. 

4.- Por su parte, el fuego aparece sublimado únicamente con el color del manto que arropa la diosa. Es el espacio inmaterial de la conciencia, de la razón, de lo que conocemos cuando estamos despiertos en el mundo de la carne tangible. 

La diosa está en el centro sobre una concha, símbolo de la abundancia que nace de lo femenino, y todas las líneas convergen hacia ese sexo que se encuentra «detrás». No hay una representación exhibicionista u obscena pasional. No encontramos la pulsión de los instintos en El nacimiento de Venus puesto que, entre otras características, ese elemento aparece tapado, cubierto con los cabellos, lo único que la diosa tiene a mano nada más nacer. 

Comentario de El nacimiento de Venus  

El manto al aire, las flores que vuelan, el cabello que se despliega, el viento que sopla y las alas de las divinidades nos remiten a la semántica de la transformación. Y decir transformación es invocar la sublimación de la espiritualización. La diosa ya no es Afrodita, ya no representa la fuerza de los instintos descontrolados que se desboca por la deslealtad de la infidelidad. Estamos ante la belleza de Venus que desparrama sus dones por todo el mundo conocido.  

El mito de Afrodita podría seguir siendo todavía en cierto modo la imagen de una perversión, la perversión del gozo de vivir y de las fuerzas vitales, no ya porque la voluntad de transmitir la vida estuviera ausente del acto amoroso, sino porque la voluntad de transmitir la vida estuviera ausente del acto amoroso, sino porque el amor mismo no estuviera humanizado: quedaría a nivel animal, digno de esas fieras que componen el cortejo de la diosa. Al término de esta evolución, sin embargo, Afrodita podría aparecer como la diosa que sublima el amor salvaje, integrándolo a una vida verdaderamente humana. 

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

El acorde del sentido de Venus se ajusta a la perfección a la estética renacentista. La creación se despliega del barro material para elevarse hacia lo anímico intangible. Y, así, los sentidos simbólicos, tanto los que inciden en la razón como en el «soplo» del espíritu, se encuentran en la zona superior. Venus nace a un mundo nuevo, al del Renacimiento con su fe en el progreso; a un universo que se enorgullece de creer en el brillo de la humanidad. Nos dice de un mundo elegante, vibrante, brillante, luminoso, alegre sin estridencias, culto y espiritual que aúna el pasado de la tradición grecolatina con un presente que gira alrededor de la fuerza humana. 

Bajo su símbolo, reina en el ser humano la alegría de vivir, en la fiesta primaveral de la embriaguez de los sentidos, así como el placer más refinado y espiritualizado de la estética. Su reino es el de la ternura y de las caricias, del deseo amoroso y de la fusión sensual, de la admiración feliz, de la dulzura, de la bondad y del placer tanto como de la belleza. Es el reino de esa paz de corazón que se hace dicha. 

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

Y todo ello lo hace bajo la advocación del arquetipo, según la terminología de Jung, del agua. Es este un símbolo primigenio perteneciente al inconsciente colectivo cuyo sentido simbólico está presente en todas las culturas que han sido y son sobre el planeta Tierra. La universalidad, por tanto, de la obra El nacimiento de Venus es completa. La diosa se dirige a toda la raza humana, la misma que quiere despegarse del lodo instintivo de un pasado irracional y, a la luz de una espiritualidad que se amiga con la razón, elevarse hacia lo desconocido de la belleza, la verdad y la serenidad que son preludios para la felicidad en el aquí y el ahora.  

De los símbolos antiguos del agua como fuente de fecundación de la tierra y de sus habitantes, podemos volver a los símbolos analíticos del agua como fuente de fecundación del alma: el arroyo, el río, el mar representan el curso de la existencia humana y las fluctuaciones de los deseos y los sentimientos. 

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos 

Reproducida hasta la saciedad en infinidad de objetos de todo tipo, símbolo casi de la ciudad de Florencia y del Renacimiento italiano, El nacimiento de Venus pertenece a ese puñado de obras canónicas que, bajo su aparente sencillez y perfección técnica, esconde un mensaje trascendental para el alma humana. La pintura de Botticelli nos dice de la felicidad serena, del fin del camino del proceso amoroso que se despoja de la pasión instintiva. Venus ya no es Afrodita. Es una diosa de un amor espiritualizado, tranquilo, elegante y que se regocija con la naturaleza, creación divina. A través de ella, se accede a un conocimiento del espíritu que no llega por la razón ni por la pasión sino por la sencilla y discreta emoción. 

Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

  • No se han encontrado comentarios
Añadir comentarios
image.jpeg Filosofia Historia
 

Mi Último Libro

Cuento infantil
 
el bosque de las respuestas

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible cambiar la configuración u obtener más información aquí

Acepto