• Portada
  • Arte
  • Cartel Semana Santa Sevilla 2024, un intento de análisis de la polémica obra

Cartel Semana Santa Sevilla 2024, un intento de análisis de la polémica obra

Cartel Semana Santa Sevilla 2024

Cartel Semana Santa Sevilla 2024

 

Sevilla es una ciudad acostumbrada a la tradición, a repetir los ritos, a cuidar hasta el mimo el patrimonio histórico del que se enorgullece. No gusta de la novedad y, mucho menos, del escándalo. Su alegría es sencilla, colorida, amable y, en cierto sentido, puritana. Si por algo se caracteriza el universo cofrade (que participa tanto del sincero sentir religioso popular como de buenas dosis de espectáculo) es por alejarse de la innovación. Hay estrenos cada año, por supuesto, pero estos son siempre siguiendo unos cánones de belleza únicos que muy poco se apartan de los modelos ya conocidos. Y, quizás, aquí radique uno de los puntales que han hecho tambalear los formatos comunicativos de los fastos de la Semana Santa Sevillana: la publicación y presentación de su cartel realizado por el artista local Salustiano García (1965). 

Una somera descripción y características de la obra de Salustiano García

1.- La presencia del efebo desde el punto de vista de la tradición clásica 

La obra es, en esencia, sobria, ya que sobre un fondo de un peculiar color rojo, plano, sin veladuras ni sombras característico del estilo del artista se ha representado un efebo siguiendo los cánones de la tradición clásica. Que el hijo del pintor haya posado para la obra poca importancia tiene más allá de su representación casi simbólica. Estamos ante el efebo de la cultura greco-romana cuyos modelos nos llegan no solo por la escultura sino también por la re-lectura de la literatura contemporánea. Y nada más hay que recordar, en este sentido, al Antinoo de Memorias de Adriano (1951) de Marguerite Yourcenar (1903-1987) o  el Tadzio de Muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann (1875-1955). Además, enlaza con los jóvenes de algunas obras de Caravaggio (1571-1610) que siguen los modelos más cercanos a las características de la pintura renacentista que a la contorsión del arte Barroco. Recordemos de este artista las obras dedicadas a Narciso o a Baco o los títulos Joven con un cordero y El amor victorioso

Estamos, por tanto, ante un efebo de la tradición clásica, ante un joven de género masculino que aún no ha alcanzado la completa madurez y que despunta con una inquietante indefinición, tanto en su condición física como de gustos sexuales. Llegados a este punto cabe recordar que el efebo es un ser a medio camino entre el niño y el adulto, entre el hombre y la mujer, entre el ente virginal y el perverso que subyuga con su belleza a todo aquel que se le acerca por todo lo que en él hay de juventud, de vitalidad, de hermosura sin clasificar, de fuerza arrolladora… Un efebo, tal como le suceden a los protagonistas de las obras citadas más arriba, siempre seducirá de un manera tan arrebatadora que rozará la locura. En ellos se encuentra el empuje al que sucumbe la decrepitud de los que caen rendidos a sus pies arrastrados por una pasión difícil de clasificar. 

Cartel Semana Santa Sevilla 2024

2.- La negación del dolor

Por si esto fuera poco el Cristo resucitado que representa el cartel de Salustiano niega la pasión, el dolor, el sufrimiento y la contorsión dramática, el retorcimiento de la muerte espantosa en la cruz. Es más, la representación es tremendamente estática, sin movimiento, capturada en una pose que nos recuerda a los millones de imágenes subidas a Instagram. Incluso, atinamos a reconocer una especie de «filtro de cámara», como si todo estuviera dulcificado, reducido a aparecer amigable, indefinido, retocado… Es, quizás, este aspecto el que más choque al espectador y, a la vez, el más eficaz para devolver, como un espejo, todas las miserias y contradicciones de la sociedad actual. Sin ánimo de exhaustividad, es aquí donde el Cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2024 enlaza con el espíritu de los tiempos, es en este aspecto donde el arte de Salustiano García se eleva para abrirnos puertas hacia una oscuridad que nos negamos a reconocer y mucho menos a abrazar. El Cristo del artista sevillano nos devuelve a un joven bello, de inquietante indefinición, sin rastro de sufrimiento, luciendo un cuerpo hermoso que invita a un hedonismo que va más allá del misterio de la Resurrección.

Es, en definitiva y reduciendo mucho, una imagen que enlaza con la superficialidad de las redes sociales contemporáneas, con el «postureo» casi, con el carpe diem, con ese atrapa el momento que ha olvidado la muerte que late detrás, negándola para entregarse a los placeres terrenales sin sentido. Todo esto lo ha captado el público entendido y lo ha hecho a nivel inconsciente, sin ser capaz de la racionalidad que también conlleva el arte y, por supuesto, sin aceptar la verdad que el arte devuelve como un espejo. Por eso ha sido tachado de blasfemo, miserable, infame…  Sin embargo, si algo ha conseguido el artista es sacudir las conciencias y lo ha hecho haciendo de su obra un reflejo exacto de la sociedad a la que se dirige. Y esta es superflua, dada al juicio fácil, olvidadiza de los modelos culturales sobre los que se sustenta y, además, es incapaz de reconocer, incluso, la base religiosa sobre la que se apoya. Es la nuestra una sociedad a la que le da miedo mirarse en la fuerza de la belleza joven y que, al reconocerse, ataca con lo que tiene (bien poco la verdad) por cobardía. 

3.- El cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024 no se regodea en el sufrimiento 

Es más, las heridas son escasas, tan leves que pudieran taparse con una tirita, tan pequeñas que cuesta recordar el sufrimiento, la pasión y la muerte cruel en la cruz. Así nos vuelve a poner frente al espejo de una sociedad hedonista que aparta de un plumazo el sacrificio, la pasión o el dolor necesarios para una auténtica «resurrección» que, creencias religiosas aparte, no es más que el trasunto de una vida consciente. No sigue, por tanto, la descripción recogida en la Biblia y se detiene en un momento de gloria, de intuida ascensión, de superación de los males terrenales… 

Ellos le contaron: —¡Hemos visto al Señor! Pero él respondió: —No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado. Ocho días después, los discípulos estaban juntos de nuevo, y esa vez Tomás se encontraba con ellos. Las puertas estaban bien cerradas; pero de pronto, igual que antes, Jesús estaba de pie en medio de ellos y dijo: «La paz sea con ustedes». Entonces le dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos; mete tu mano en la herida de mi costado. Ya no seas incrédulo. ¡Cree! —¡Mi Señor y mi Dios! —exclamó Tomás. Entonces Jesús le dijo: —Tú crees porque me has visto; benditos son los que creen sin verme.

Juan 20:25-29 NTV

El éxito, parejo al rechazo, de esta obra de arte que es el Cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024 actúa como la cara y la cruz de una misma realidad, como las luces y las sombras, imposibles unas sin las otras. El carpe diem hedonista que niega la muerte y se regodea con una versión subyugante de la belleza de un efebo actúa como un espejo de la sociedad contemporánea que ha olvidado la corrupción de la muerte y la promesa de una vida futura entregándose a los placeres terrenales más materiales y carnales. Por eso, cuando nos recuerdan tanto nuestra finitud como, el contrapunto, la pulsión de vida, actuamos como los jueces de la inquisición: negando nuestra naturaleza oscura y arrojando a quien se atreve a devolvernos nuestras miserias a las hogueras de la herejía. Algo positivo de este descreído y olvidadizo con los fundamentos de la cultura occidental que tiene este siglo XXI es que esa ira se vierte en las redes sociales y ni se nos ocurre montar un auto de fe en la plaza pública. 

Es, por tanto, una inquietante representación de lo que popularmente podemos definir como un individuo caracterizado por la indefinición sexual. Con ello el juicio está servido tanto entre los que están prestos a encender hogueras para limpiar el mundo de lo que, a sus ojos, es herejía como a los que temen verse reflejados en lo que no es normativo. Y todo ello a pesar de la orgía (casi) de nuestras libertades actuales. El cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024 es, en esencia, un canto a la vida sin pasar por el suplicio de la cruz ni la promesa de la resurrección eterna. Es, en definitiva, un símbolo perfecto de la sociedad occidental de principios de siglo XXI entregada a la pose, al disfrute, al individualismo y que se olvida de una promesa de resurrección que solo puede llegar tras el sufrimiento en la cruz. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

  • No se han encontrado comentarios
Añadir comentarios
image.jpeg Filosofia Historia
 

Mi Último Libro

Cuento infantil
 
el bosque de las respuestas

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible cambiar la configuración u obtener más información aquí

Acepto